El pasado sábado, 12 de diciembre por la noche, hubo escenas de júbilo en París, cuando los delegados de casi 200 países celebraban el resultado de más de dos semanas de negociaciones en la Conferencia de Cambio Climático 2015 de las Naciones Unidas - COP21-. Los líderes mundiales han declarado que el acuerdo de París es un hito "histórico" en la lucha contra el cambio climático; un despliegue sin precedentes de cooperación en términos de los esfuerzos internacionales para frenar el calentamiento global.

Muy a menudo, en los debates del movimiento anticapitalista, y a veces sin ser conscientes, se repiten viejas temáticas y argumentos. Es por ello, para sacar las lecciones y afilar nuestras tácticas y estrategias hoy, y no por ningún tipo de academicismo, por lo que los marxistas estudiamos detenidamente las experiencias pasadas del movimiento obrero y socialista. Los dilemas a los que hoy se enfrenta la CUP recuerdan a problemáticas muy antiguas.

"Adios Año Viejo. Feliz Año Nuevo". Ese fue siempre el mensaje alentador del Año Nuevo. Pero en medio de todas las fiestas y del estallido de botellas de champán, no había señal alguna de optimismo ni esperanza en el futuro por parte de la clase dominante y sus estrategas. Por el contrario, las columnas de la prensa burguesa están llenas de pesimismo y aprensión.

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes maneras; de lo que se trata es de transformarlo. (Carlos Marx, Tesis sobre Feuerbach)

Hace 100 años, el 5 de septiembre de 1915, un pequeño grupo de socialistas internacionalistas se reunió en el pueblecito suizo de Zimmerwald. Fue el primer intento de unir a los socialistas que se oponían a la guerra.

A comienzos del siglo XX, el Imperio otomano se encontraba en un estado de decadencia terminal. En 1908, el Imperio austro-húngaro se anexionó Bosnia y Herzegovina. Tres años más tarde, la burguesía italiana proclamó sus ambiciones coloniales tomando Libia en el Norte de África a los otomanos. Más tarde se hizo con las islas de Rodas y Kos. Un año más tarde, la Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Montenegro y Grecia) expulsó a los otomanos de sus últimas posiciones en Europa.

La batalla de Waterloo fue el último gran evento que marcó el final de ese gran proceso histórico que se inició en 1789 con la Gran Revolución Francesa. Con la derrota de Napoleón, se apagaron los últimos rescoldos parpadeantes de los fuegos encendidos por la Francia revolucionaria. Un período largo y gris se estableció en Europa como una gruesa capa de polvo sofocante. Las fuerzas de la reacción triunfante parecían firmemente al mando.

Rusia entró en la sangrienta lucha por la dominación mundial como una potencia de segundo rango dentro de la Entente, la alianza de Francia, Gran Bretaña y Rusia. La fuerza aparente del imperio ruso ocultaba sus contradicciones internas y sus debilidades estructurales. El zarismo ruso combinaba elementos propios de un país semi-feudal y semi-colonial, que dependía enormemente del capital extranjero, con las características más agresivas del imperialismo. De hecho, a pesar del subdesarrollo económico de Rusia, que jamás había exportado ni un kopek en forma de capital, Lenin consideraba que Rusia estaba entre los cinco países imperialistas más importantes.

¿Cómo conmemorar una guerra que barrió a cuatro imperios, mató a 18 millones de personas y dejó decenas de millones de vidas destrozadas? Muy buena pregunta, a la que tenemos respuesta. Con la conmemoración del centenario de la Gran Matanza, las pantallas de televisión se han llenado de programas dedicados a la  banalización sistemática de la catástrofe.

Las tensiones entre las grandes potencias europeas, que estaban enraizadas en última instancia en la lucha por los mercados, las colonias y las esferas de influencia, estaban aumentando de manera constante en las décadas anteriores a 1914. Éstas encontraron su expresión en una serie de "incidentes", cada uno de los cuales contenía el potencial para el estallido de la guerra. Si no alcanzaron esta conclusión lógica fue porque las condiciones objetivas no estaban todavía suficientemente maduras. Estos incidentes son similares a los pequeños deslizamientos de tierra que preceden a una avalancha importante.

El ataque de Austria a Serbia no condujo inmediatamente a la guerra con Rusia. En San Petersburgo, los generales estaban impacientes por entrar en acción. Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores ruso Sazonov parecía no compartir la confianza ciega de sus generales. Temía los efectos de la guerra sobre la inestable situación política en Rusia y no estaba convencido de la capacidad del ejército ruso de vencer en un conflicto con la formidable. maquinaria militar alemana.

Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828) fue uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. Pero fue más que un pintor. Sus pinturas son un documento inapreciable de la historia del pueblo español. Pintó el mundo en el que vivió, lo pintó en función de un realismo sin compromiso. Toda su perspectiva se formó con los dramáticos acontecimientos que se desarrollaban a escala mundial.

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