Un partido revolucionario es en primer término ideas, métodos, programa y tradiciones y solo en segundo lugar un aparato. La fuerza del bolchevismo, aquel partido que con Lenin y Trotsky dirigieron a la clase obrera a la toma del poder, residía en la corrección y superioridad de las ideas del marxismo sobre el resto de las corrientes del pensamiento.

En 1872, en respuesta a las intrigas de Bakunin y su sociedad secreta, la Conferencia de La Haya de la Primera Internacional aprobó una resolución prohibiendo cualquier organización con un programa independiente que funcionase dentro del conjunto de la Internacional y procedió a expulsar a Bakunin y sus seguidores, poniendo fin a las diatribas y las intrigas internas, y estableciendo los principios sobre los que la funcionaría organización. [Primera parte]

La capacidad de los socialistas revolucionarios de extender sus ideas e influencia dependerá decisivamente de su capacidad para ganar para las mismas a las bases de las organizaciones de masas, especialmente de los sindicatos, pero también de los partidos y movimientos tradicionales de masas. De este hecho se desprenden las tácticas a desarrollar en cada país para conectar con el movimiento vivo y real de las masas trabajadoras.

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