La crisis del capitalismo va acompañada por una crisis del pensamiento burgués: la filosofía, la economía, la moral…  Todo está en un estado de efervescencia. En lugar del anterior optimismo que manifestaba confiadamente que el capitalismo había solucionado todos sus problemas, hay un estado de ánimo que todo lo impregna de tristeza.

"Ahora todos somos keynesianos". Así lo dijo Richard Nixon, el entonces presidente republicano de los EEUU, en 1971. Cuarenta años después, parece que John Maynard Keynes ha vuelto a ponerse de moda, especialmente entre los líderes del movimiento obrero británico. Las direcciones reformistas del Partido Laborista y los sindicatos se aferran a la idea keynesiana de que la economía sólo ha de ser "estimulada" para volver al crecimiento. Pero tal y como los marxistas ya hemos explicado antes, la crisis económica actual no es sólo parte de una crisis cíclica de auge y recesión, sino que es una crisis orgánica del capitalismo, y el crecimiento económico no puede generarse a voluntad.

Tres de las más grandes revoluciones científicas del siglo XX –la Teoría de la relatividad, la física cuántica y la teoría del Caos- han fortalecido, cada una a su manera, la concepción filosófica de la naturaleza sostenida por Engels en su obra Dialéctica de la naturaleza. Se trata de la concepción del mundo con la cual Marx realizó el estudio más serio acerca de la dinámica del capitalismo. El materialismo dialéctico no es sólo un método de análisis para estudiar al capitalismo, sino, como señalaba Engels, una concepción general del mundo: la naturaleza, el pensamiento y la sociedad que encuentra sus raíces en el maravilloso pensamiento del antiguo filósofo griego Heráclito y en el método dialéctico de Hegel.

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