"El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico. (Marx, Segunda Tesis sobre Feuerbach.)

Si algún compositor merece el nombre de revolucionario ése es Beethoven. Él llevó a cabo lo que probablemente fue la revolución más grande de la música moderna y cambió la manera en que la música se componía y apreciaba. La suya es música que no calma, sino que conmociona y perturba. Alan Woods describe cómo el mundo en el que nació Beethoven era un mundo agitado, un mundo en transición, un mundo de guerras, revolución y contrarrevolución: un mundo como nuestro propio mundo.

Recientemente salió a la luz, en su traducción al castellano, una nueva biografía de Trotsky escrita por el historiador liberal conservador Robert Service: Trotski, una biografía, Ediciones b, Barcelona, 2010. Según el reporte del periódico londinense Evening Stadard (del 23 de octubre del 2009) cuando el autor presentó su obra en Londres (en Holland Park) presumió que su biografía significaba el segundo asesinato de Trotsky: “[…] si el picahielos no acabó de hacer el trabajo de matarlo, espero haberlo conseguido yo”. Más allá de esta tétrica declaración, que dice mucho sobre la calidad y el enfoque del libro, es sabido que el autor material del asesinato fue recompensado por el stalinismo con la “Orden Lenin” y con recursos monetarios abundantes; por su parte el intento de asesinar moralmente a Trotsky le valió a Service el premio literario Duff Cooper y 5.000 libras esterlinas, a pesar de que su obra no tiene ningún merito ni de orden literario ni científico. ¡Pero los asesinatos pagados por la clase dominante suelen recompensarse bien!

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