Más de uno lloró de emoción en Cuba al recibir la noticia. Sólo una razón muy poderosa podría provocar lágrimas a un pueblo recio y curtido en mil batallas. Si en determinados momentos de su historia su llanto enérgico y viril ha hecho temblar a la injusticia, ahora este afloraba para celebrar una decisión que hace valedera la justicia.

De verdad no lo pensamos nunca. Nos han sometido por años a tanta injusticia; se ha esmerado tanto la última administración de Estados Unidos en hacernos padecer de desesperanza crónica y es tanto el odio concentrado el que se destila desde esas autoridades hacia la revolución cubana, que el día 9 de agosto constituyó para nuestro pueblo un verdadero milagro.