El decreto de nacionalización del gas anunciado en Bolivia por Evo Morales el pasado primero de mayo ha tenido la virtud de desatar, simultáneamente, la euforia de las masas bolivianas y la ira y las críticas más cínicas y desvergonzadas por parte del imperialismo, de las oligarquías latinoamericanas, y de las clases pudientes del mundo en general.