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Colombia está viviendo un estallido social sin precedentes. Ya han pasado 11 días desde la proclamación del Paro Nacional, con una brutal represión con cerca de cincuenta personas asesinadas, cientos de desaparecidos y heridos. Por tal motivo entrevistamos a una joven trabajadora colombiana residente en el Estado español para conocer sus impresiones sobre lo que sucede en su país.

  1. El Paro Nacional que inició el 28 de abril marca un punto de inflexión en la lucha de clases en Colombia. La retirada de la reforma tributaria es una victoria monumental, aunque parcial. Históricamente, la clase dominante colombiana ha manejado un aparato de represión con impunidad y sin importarle la percepción de la comunidad internacional. En esta ocasión se ha visto obligada a retroceder ante la fuerza del movimiento de masas de trabajadores, campesinos, indígenas, con la juventud jugando un papel de avanzada. Ni la represión, ni la militarización, ni el miedo a la pandemia lograron detener la poderosa movilización de las masas, que aún abandonadas por las centrales
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Tras lograr la renuncia de Carrasquilla y después del retiro de la reforma tributaria, el Paro Nacional cuenta su décima tercera jornada de lucha y el movimiento continúa vivo en las calles. Sus pulmones, que no enferman, están cada vez más llenos de aire y fuerza. De nada han servido los ataques hechos por el Gobierno, buscando liquidarle pues, con cada herida nueva y mutilación, su rabia revive, su consciencia crece y su determinación arrecia. Es un movimiento embriagado con la energía del cambio que se abreva de la dignidad que han querido arrebatarle.

Al contrario del dogma de los economistas burgueses de que el Estado no debe jugar ningún papel en la vida económica, el Estado se ha involucrado muchísimo en ella debido a la pandemia. El supuesto infalible libre mercado ha fallado y el sistema capitalista se sustenta gracias al enorme gasto de dinero público.

En su desesperada búsqueda de campos de inversión rentables, la clase capitalista, especialmente la oligarquía financiera, ha presidido un crecimiento explosivo de gastos improductivos que hoy amenaza con socavar los mismos fundamentos del capitalismo. A medida que más y más plusvalía se desvía hacia actividades improductivas, la cuestión del trabajo «productivo» e «improductivo» ha resurgido una vez más como un factor que contribuye y refleja el actual declive terminal del capitalismo mundial.

La izquierda ha sufrido una durísima derrota en Madrid. Quien fuera señalado estos años por la reacción como el enemigo público número uno del régimen, Pablo Iglesias, abandona todos sus cargos políticos. La derecha festeja por todo lo alto e incrementará su arrogancia. La militancia de izquierda debe sacar las lecciones de todo esto. Como dijo el filósofo Spinoza, no se trata de reír ni de llorar, sino de comprender.

Ayer, 3 de mayo, Alberto Carrasquilla, quien fuera el impulsor de la Reforma Tributaria, salió por la puerta de atrás, renunciando junto con el viceministro general de esta cartera, Juan Alberto Londoño, y el viceministro Técnico de Hacienda, Juan Pablo Zárate. La presión del Paro Nacional, que hoy cumple 6 días, y la bancarrota total del gobierno de Duque- Uribe han puesto a prueba a estos funcionarios de papel, que al subestimar la fuerza del levantamiento popular fueron calcinados por el mismo.

La institucionalidad burguesa chilena, como un viejo armario desvencijado, cruje por todas sus hendijas ante la menor brisa. Este último mes, el ventarrón que desencadenó una interminable letanía de quejidos ha sido el proyecto que autoriza un tercer retiro del 10% de los fondos de pensiones desde las aseguradoras privadas por parte de los cotizantes. El fuelle impulsor que derrotó la tenaz oposición del Presidente Sebastián Piñera ha sido, como siempre, la organización de los trabajadores, expresada en una formidable movilización de los trabajadores portuarios y la amenaza de una huelga general.

Después de cinco días de protestas en 23 ciudades colombianas en contra de la Reforma Tributaria de Iván Duque, el gobierno ha retirado el proyecto de ley. Esto es una victoria contundente para la clase obrera. Por cuatro días, más de 50.000 personas según cifras oficiales (un subestimado, considerado las movilizaciones fuera de la capital) se tomaron las calles para protestar contra un proyecto de ley que forzaba a la clase obrera a pagar por la crisis del capitalismo causada por la burguesía.

Una escalada de tensión en la región del Donbás evocó el espectro de un conflicto abierto, que sumergiría a la población de ambos lados en una pesadilla de derramamiento de sangre una vez más. Aunque las tropas se han retirado ahora de la frontera, ¿por qué ocurrió esta amenaza? ¿Y quién puede beneficiarse de los continuos conflictos en la región?

Tras varios meses de discusiones y debates sostenidos en el seno de la Comisión Política Nacional de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), y del esfuerzo colectivo de las diferentes organizaciones nacionales que la integran, el pasado lunes 19 de abril tuvo lugar el lanzamiento público del Congreso Fundacional de la alianza, proceso que debe propiciar, durante varias semanas, el encuentro, la discusión y la articulación de activistas y líderes sociales de izquierda, con miras a construir un nuevo referente político al servicio de todas las luchas obreras y populares y con claras perspectivas de transformación revolucionaria de la sociedad.

En los últimos días un artículo de Olimpo Fonseca en el medio cubano Tremenda Nota argumentaba que el 27N no era anti-comunista y que Tania Bruguera, una de sus portavoces más destacadas era de izquierda. Unos días más tarde el historiador Frank García, que se declara abiertamente comunista, salía con otro artículo en el mismo medio a apoyar la tesis de Fonseca. Tengo que decir claramente que discrepo de ambos, y que en mi opinión su planteamiento no

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