Tal como reportamos anteriormente, la situación en Siria se intensifica. En las últimas semanas, las masas tomaron el control de la ciudad de Zabadani y todas las fuerzas del régimen huyeron. Desde entonces, un Consejo local revolucionario democráticamente electo tomó el poder en el pueblo y está operando de acuerdo a la voluntad del pueblo.

Publicamos el artículo de Hamid Alizadeh, escrito justo antes de las Navidades, conmemorando el aniversario de la muerte de Mohammad Bouazizi, que fue el pistoletazo de salida para el inicio de la revolución árabe. En el artículo se lleva a efecto un balance de fuerzas del conjunto del proceso.

Acontecimientos dramáticos han sacudido el ya tormentoso escenario de Siria en el último mes: huelgas, manifestaciones en el centro de Damasco, ataques a la sede de los servicios de inteligencia y la condena de la Liga Árabe. El régimen sirio parece más débil que nunca y bastante agotado, y un equilibrio de fuerzas favorable a la revolución parece ser la nueva realidad. La entrada en escena de una milicia de masas es un cambio importante en la situación que no sólo preocupa al régimen, sino también a la oposición burguesa y a sus aliados imperialistas.

El viernes pasado más de un millón de jóvenes, trabajadores y pobres egipcios se reunieron, una vez más, en la plaza Tahrir. Las masas se han levantado una vez más, en un intento por eliminar los restos del régimen de Mubarak, que sigue en el poder. No muy lejos de Tahrir, en la plaza Abbassiya, no más de un par de miles de personas se reunieron en una manifestación patética en apoyo al CSFA. Para los escépticos que no creían en la revolución, esto debería ser una clara demostración de la verdadera correlación de fuerzas que existe. Pero al mismo tiempo, la revolución claramente se enfrenta a obstáculos, no de fuerzas externas, sino de sus propias contradicciones internas.

Los acontecimientos en Egipto se están desarrollando a gran velocidad. Al igual que en los últimos días de Mubarak en febrero de este año, estamos viendo batallas diarias en las calles de El Cairo y de otros lugares. Las masas egipcias están decididas a llevar la revolución hasta el final. El choque entre la revolución y la contrarrevolución está provocando una crisis dentro de todas las fuerzas políticas, conforme las bases se mueven instintivamente hacia la revolución y los dirigentes vacilan y tratan de contener a las masas.

En el momento de escribir estas líneas, la revolución y la contrarrevolución están enfrentándose en las calles de Egipto. La Plaza Tahrir de El Cairo ha vuelto a ser el punto focal de la revolución. El fin de semana se produjeron enfrentamientos, una vez más, en la plaza Tahrir cuando la policía trató de dispersar a los activistas que exigían el fin del régimen militar.

5 de septiembre: El sábado 3 de septiembre, las masas de Israel anunciaron de forma inequívoca que no se dejarían desviar ni dividir por el viejo truco de la clase dominante de “divide y vencerás”, ni que tampoco permitirían que su movimiento perdiera fuelle  en el calor del verano, como lo demostró el medio millón de personas que salieron a las calles para exigir justicia social y la revolución.

Casi siete meses después de la caída de Mubarak, la revolución en Egipto está lejos de terminar. El viejo régimen sigue en el poder y las masas sienten que la revolución se les escapa de las manos. Todo ha cambiado, y sin embargo todo sigue igual. Sin embargo, la ira de los trabajadores y de la juventud no ha desaparecido, como indica la reciente oleada de huelgas.

1 de septiembre: Este artículo fue escrito días antes de la multitudinaria movilización del 3 de septiembre en Tel Aviv y otras ciudades israelíes que agrupó a cerca de medio millón de personas, la movilización popular más grande desde que comenzó el movimiento de protesta en Israel, en el mes de julio. No obstante, su análisis mantiene plena actualidad

Hace 24 horas, las calles de Trípoli estaban llenas de sonidos de júbilo. Ahora están llenas de los sonidos de tiroteos. La batalla real por Trípoli ha empezado.

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