El domingo por la noche los candidatos Republicano y Demócrata se reunieron en la Universidad de Washington en St. Louis, Missouri, para enfrentarse en un segundo debate televisivo. En un país asediado por los llamados payasos asesinos, el bufón más odiado por los medios liberales y “Killary” Clinton salieron a la palestra para “debatir” los problemas a los que se enfrentan los EEUU y el mundo. Lo que sucedió después no fue más que un desastre a cámara lenta – un reflejo fidedigno de la clase capitalista un siglo después de su fecha de caducidad.

En la antigua Roma, la clase dominante mantenía su posición en el poder, ofreciendo al pueblo pan y circo. Ayer [26 de septiembre] millones de personas vieron el primer debate de la campaña a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que se celebró en la Universidad de Hofstra, Nueva York. Este fue el equivalente moderno al tipo de circo que solía servir de espectáculo para desviar la atención de las masas de sus miserables condiciones de existencia.

Con la coronación de Hillary Clinton en la Convención Nacional Demócrata (DNC) en Filadelfia en julio pasado, el ciclo electoral de 2016 parece haber dado un giro completo. Ella comenzó como la candidata favorita hace doce meses, y ahora es la candidata oficial del Partido. Sin embargo, por lo que hemos pasado a través de los últimos meses no ha sido un círculo, sino un contradictorio desarrollo en espiral. El río de la lucha política estadounidense se ha desbordado, y mientras que la capitulación de Sanders inevitablemente conducirá a un reflujo temporal de la marea, su curso ha cambiado para siempre.

Los últimos resultados de las primarias [en EEUU] no sorprenden demasiado. Hillary Clinton, que ha contado con el aval de los medios de comunicación, la maquinaria del Partido Demócrata y enormes cantidades de dinero, ha conseguido más delegados que Bernie Sanders y el apoyo de cientos de superdelegados, convirtiéndose así en la nominada virtual del partido. No obstante, Bernie Sanders ganó en 22 estados y consiguió más de 11 millones de votos. El tremendo impacto de Sanders, incluyendo sus últimas victorias en Dakota del Norte y Montana, es la prueba de que millones de personas no quieren conformarse con Hillary Clinton versus Donald Trump.

A pesar de que había sido ampliamente predicha, la aplastante victoria de Bernie Sanders en las primarias de New Hampshire provocó ondas de choque. Después de perder por poco en Iowa (y es muy probable que el resultado haya sido manipulado), Sanders venció a Clinton por un margen de más de 20 puntos el pasado martes 9 de febrero.   Este resultado ha producido desconcierto entre los comentaristas. Eso era algo que se suponía que no podía suceder.

Los resultados del Caucus en Iowa están ahí. Bernie Sanders, que se identifica como socialista y pide una "revolución política contra la clase multimillonaria", fue derrotado por Hillary Clinton por un mero 0,3% -mucho menos que el margen de error estadístico. Hace un año, Clinton fue designada para alcanzar la nominación del Partido Demócrata sin oposición. Sanders fue retratado, en cambio, como un candidato de protesta irrelevante al que sacaba una ventaja de 50 puntos.

Los canadienses votaron el 28 de octubre a favor del cambio y rechazaron la austeridad de los conservadores de Stephen Harper. Tras una década en el gobierno y una larga campaña, se ha puesto fin a la era conservadora de recortes y divisiones. Sin embargo, el Partido Laborista de Canadá, el Nuevo Partido Democrático (NDP, por sus siglas en inglés) no supo aprovechar este estado de ánimo anti-austeridad.

La muerte de Freddie Gray en Baltimore, Maryland, es sólo el último de una serie de asesinatos de hombres negros a manos de la policía que han alcanzado los titulares de la prensa nacional. Pero parece que puede marcar el final del reflujo nacional del movimiento #BlackLivesMatter (#LasVidasNegrasImportan). En la medida que las cosas van a ir caldeándose en los próximos meses, hay que hacerse una pregunta importante: ¿cuál es el camino que debe seguir el movimiento?

El movimiento ha perdido a un gran luchador. Camilo Cahis sucumbió a su enfermedad mental en la noche del pasado sábado 25 de abril. Nosotros, sus compañeros, estaremos siempre en deuda con él.

Estados Unidos es el número uno. . . en población carcelaria. En la "tierra de la libertad," varios millones de seres humanos se  consumen en jaulas en el nombre de la ley y el orden. Desde su crecimiento exponencial en las últimas cuatro décadas, no hay otra nación en el planeta que se acerque a la tasa de encarcelamiento de los Estados Unidos. En vez de darles  la ayuda que más necesitan, los trabajadores y los jóvenes que son los más afectados por la pobreza, el desempleo, el deterioro social inherentes al capitalismo, éstos son tratados brutalmente por la policía y traumatizados por las condiciones carcelarias infernales hasta que ya no representan un problema para el sistema.

Primero fue el escándalo provocado por Chelsea Manning y Julian Assange, sobre los escalofriantes crímenes de guerra de EE.UU. en Irak y Afganistán y la cínica conducta de la diplomacia norteamericana. Después, vinieron las revelaciones de Edward Snowden sobre la recopilación masiva de información ejercida por la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional del gobierno de EE.UU.): supimos que todo lo que hemos leído, escrito, o hablado por teléfono o Internet en la última década o más, se ha registrado y archivado y puede recuperarse a discreción. Se les tildó de enemigos de Estado, de traidores, y se les amenazó con la pena de muerte, los tres o se encuentran en prisión o se han visto forzados a esconderse o exiliarse. Ahora, el gobierno de EE.UU., en una cínica maniobra pre-electoral, está sacando los trapos sucios a relucir hipócritamente, corroborando estas revelaciones, y otras depravaciones aún mayores del gobierno.

Cerca de tres  meses después de la muerte de Michael Brown, un joven negro desarmado de 18 años de edad, Darren Wilson, el agente de policía que le disparó varias veces a pesar de que Brown había levantado los brazos en señal de rendición, permanece libre y seguramente en la clandestinidad. La región de St. Louis se encuentra tensa a la espera de la decisión del gran jurado sobre si debe o no presentar cargos en contra de Wilson. El crimen de Brown ha llamado la atención sobre el hecho escalofriante de que un promedio de dos hombres negros son asesinados por la policía cada semana en los Estados Unidos.

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