El pasado sábado 450.000 personas se manifestaron en Barcelona (según la policía local) junto a decenas de miles más que se concentraron en otros pueblos y ciudades de Cataluña, para exigir la libertad de los dos Jordis (detenidos sin fianza por cargos de sedición) y rechazar el golpe del artículo 155 anunciado por Rajoy durante la mañana.

Después de 9 días de euforia españolista desatada en todo el Estado, la crisis en Catalunya podría tomar un nuevo giro con la detención de los máximos dirigentes de dos de las principales organizaciones independendistas, Jordi Sanchez y Jordi Cuixart, de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural. En la noche de ayer hubo caceloradas masivas en toda Barcelona y otras ciudades. En Girona, hubo una gran manifestación nocturna y cortes de carretera en algunas poblaciones, como El Masnou. Hoy martes, hay convocadas movilizaciones al mediodía de los estudiantes y concentraciones a la tarde en las delegaciones del gobierno de las cuatro capitales de provincia. El Estado español, envalentonado ante el impasse que atravesaba el movimiento independentista desde el paro del 3 de octubre, rebosa de soberbia. Una vez más, el látigo de la reacción puede provocar un alza del movimiento de masas en Catalunya.

El capitalismo español atraviesa su crisis política más grave desde la Transición. El movimiento por la autodeterminación de Catalunya, que tiene un contenido revolucionario indudable, ha puesto en jaque a todas las instituciones del Estado. Todas ellas: el gobierno central, la judicatura, las fuerzas represivas y la Corona se han implicado hasta el cuello para tratar de aplastarlo.

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