Después de dos años de debates, el Estatut de Catalunya ha sido aprobado en referéndum con el 73,9% de votos a favor, un 20,7% en contra y una participación de sólo el 49,4%. La tramitación de la reforma estatutaria ha estado marcada por la polarización extrema que ha introducido la derecha reaccionaria del PP, que con su defensa del nacional-catolicismo español más rancio no se distingue en nada del franquismo puro y duro de la época de la transición. Ésta es una de las claves principales para interinterpretar los resultados del 18 de junio.

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