El parlamento surgido del 20 de diciembre plantea un escenario político de enorme  inestabilidad. La clase dominante está aterrada ante las dificultades existentes para formar un gobierno viable que mantenga la dura política de ajuste que exige la crisis del capitalismo español. A esto se añade la pretensión del nuevo gobierno de la Generalitat de mantener su agenda independentista. Por eso, todos los medios de comunicación  repiten la voz de orden de la burguesía: “Hay que formar un gobierno fuerte y estable”. Pero, ¿será posible?

Las elecciones del próximo 20 de diciembre son la gran oportunidad que tenemos millones de trabajadores, jóvenes y desempleados de tirar a la basura esta pesadilla de gobierno del PP de Rajoy, el más antiobrero, antisocial y corrupto desde el inicio de la llamada Transición.

La gira de Stamatis Karagiannopoulos por el Estado español ha sido un gran éxito. En apenas 6 días, del 15 al 21 de noviembre, el compañero Stamatis ha participado en 10 actos públicos en las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Zaragoza, Pamplona y Vitoria, con la asistencia de 400 personas.

Los ataques en París han despertado la repulsión y la ira de millones de trabajadores y jóvenes franceses. Tres días después, estos sentimientos están aún muy lejos de desaparecer. El temor de nuevos ataques es palpable. Es alimentado por el evidente fracaso de las autoridades para evitar la matanza del viernes, diez meses después del ataque a Charlie Hebdo. Este fin de semana las calles de las principales ciudades de Francia estaban casi desiertas, dando testimonio de esta ansiedad colectiva.

El viernes pasado, París fue el escenario de una masacre masiva en la que al menos ciento veinte y nueve personas, la mayoría chicos jóvenes que se divertían en los cafés y en un concierto de rock, fueron asesinados a sangre fría. Los asesinos, gritando Allahu Akbar, descargaron recámara tras recámara de sus ametralladoras, recargando con calma antes de matar a más personas indefensas mientras yacían a su merced en el suelo.

Ayer por la tarde, 10 de noviembre, el antiguo gobierno nombrado hace 11 días de la coalición de derechas en Portugal, fue derribado por los partidos de izquierda en el Parlamento. Ese día, la CGTP, el mayor sindicato, llamó a una manifestación frente al Parlamento, mientras tenía lugar el debate sobre el programa presentado por el gobierno de la minoría. Me encontraba allí ese día para experimentar el estado de ánimo de la gente: era vibrante, alegre y prometedor. Habían ganado una primera batalla.

La política portuguesa se ha vuelto muy interesante en las últimas semanas. Las elecciones parlamentarias del 4 de octubre vieron un giro a la izquierda en la sociedad que refleja el descontento y la radicalización sembrados por la crisis del capitalismo en uno de los países que más ha sido afectado por la misma.

La convocatoria de elecciones para el 20 de diciembre pone fin al período de provisionalidad política, iniciado tras las elecciones europeas del 24 de mayo de 2014. Aquellas elecciones establecieron un punto de inflexión que marcó el declive de los partidos –PP y PSOE– en los que se había apoyado el régimen capitalista español durante décadas. Ahora, todas las encuestas pronostican para ambos partidos sus peores resultados en unas elecciones generales. Su voto combinado se estima  alrededor de un 50% del electorado.

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