Este año es el 97º aniversario de la ofensiva de Kiev de 1920 por el ejército polaco y la derrota decisiva de las tropas soviéticas en la Batalla de Varsovia: un acontecimiento de gran importancia histórica que marcó un punto de inflexión en el curso de la revolución europea. Este frente de la Guerra Civil rusa fue una prueba grave e importante para el partido bolchevique, que provocó un debate sostenido e intenso entre sus filas.

El Estado español pretende aparecer como el vencedor en la batalla inacabada contra el independentismo catalán, pero el hecho más significativo de lo sucedido en estos dos meses ha sido el desarrollo del mayor movimiento de desobediencia civil habido en el Estado español en 40 años. Este movimiento ha sido protagonizado por millones de personas comunes y corrientes, ha tenido características revolucionarias y ha puesto en jaque al régimen del 78 y a su aparato de Estado heredado del franquismo. Las lecciones a sacar de este conflicto, que está lejos de haber concluido, son preciosas; y ayudarán a forjar la conciencia revolucionaria de la nueva generación, en Catalunya y en todo el Estado.

Tal como analiza Josh Holroyd, el futuro para el Reino Unido y la UE bajo el capitalismo es: estancamiento, depresión y austeridad. El caos del Brexit es un precursor de nuevas crisis en Europa mientras el sistema continúa desmoronándose.

El pasado sábado 450.000 personas se manifestaron en Barcelona (según la policía local) junto a decenas de miles más que se concentraron en otros pueblos y ciudades de Cataluña, para exigir la libertad de los dos Jordis (detenidos sin fianza por cargos de sedición) y rechazar el golpe del artículo 155 anunciado por Rajoy durante la mañana.

Después de 9 días de euforia españolista desatada en todo el Estado, la crisis en Catalunya podría tomar un nuevo giro con la detención de los máximos dirigentes de dos de las principales organizaciones independendistas, Jordi Sanchez y Jordi Cuixart, de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural. En la noche de ayer hubo caceloradas masivas en toda Barcelona y otras ciudades. En Girona, hubo una gran manifestación nocturna y cortes de carretera en algunas poblaciones, como El Masnou. Hoy martes, hay convocadas movilizaciones al mediodía de los estudiantes y concentraciones a la tarde en las delegaciones del gobierno de las cuatro capitales de provincia. El Estado español, envalentonado ante el impasse que atravesaba el movimiento independentista desde el paro del 3 de octubre, rebosa de soberbia. Una vez más, el látigo de la reacción puede provocar un alza del movimiento de masas en Catalunya.

El capitalismo español atraviesa su crisis política más grave desde la Transición. El movimiento por la autodeterminación de Catalunya, que tiene un contenido revolucionario indudable, ha puesto en jaque a todas las instituciones del Estado. Todas ellas: el gobierno central, la judicatura, las fuerzas represivas y la Corona se han implicado hasta el cuello para tratar de aplastarlo.

Parecía como si todo estuviera decidido de antemano. El presidente catalán, Carles Puigdemont, iba a acudir al Parlamento catalán y anunciar la formación de una república independiente, como estaba obligado a hacer por los resultados del referéndum del 1 de octubre. Esto sería seguido por la suspensión de la autonomía catalana por parte del Estado español, que había declarado ilegal el referéndum, y tal vez incluso por la detención de los miembros del gobierno catalán por rebelión. Al final, el choque se retrasó, pero con toda probabilidad no se evitó.

El proceso independentista catalán se encuentra en un momento crítico. La disyuntiva es avanzar o retroceder. El Tribunal Constitucional ha prohibido la celebración del pleno del Parlament de Catalunya del lunes, que debía ratificar el resultado del Referéndum del 1-O y proclamar la República catalana. Desairando el discurso Real, han surgido iniciativas de diálogo por todas partes, con escasa probabilidad de salir adelante. Por su parte, la burguesía catalana se ha alineado abiertamente con el régimen español, y ha iniciado una guerra mediática de amenazas económicas contra su propio pueblo.

Ayer 3 de octubre, Catalunya vivió una protesta gigantesca contra la represión del Estado, en un clima insurreccional en algunas partes de la comunidad. El gobierno del PP quemó en apenas 15 días todo su arsenal represivo en su intento vano de abortar el Referéndum sobre la independencia del 1-O, y lo hizo arrojando gasolina sobre el fuego en un pastizal seco, provocando un incendio de dimensiones colosales. La acción directa de las masas en la calle ha maniatado todo intento del Estado de aplastar el movimiento por la autodeterminación. Desairado por todo un pueblo, y suspendido en el aire sin apoyos parlamentarios sólidos, el Rey ha acudido en ayuda del gobierno del PP y de Ciudadanos, en un intento agónico de disciplinar las filas “constitucionalistas” y de cortar cualquier vía de negociación con la Generalitat. La monarquía ha atado así su destino a lo que pase en Catalunya.

La represión policial brutal no logró detener el referéndum de la independencia catalana ante la determinación de cientos de miles de personas de superar todos los obstáculos para participar.Lo que vimos ayer en Catalunya fue, por un lado, la verdadera fea cara del régimen español creada durante la llamada "Transición" al final del franquismo y, por otro lado, la movilización masiva y la autoorganización del pueblo catalán para ejercer su derecho a la autodeterminación.

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