Los marxistas reconocen los enormes logros de la Revolución china de 1949. Como era de esperar, muchas consignas de Mao Tse-tung encontraron un eco en todo el mundo como una alternativa a la burocracia de la URSS después de la división chino-soviética. Sin embargo, existen diferencias políticas significativas entre las ideas del marxismo genuino y las del maoísmo, las cuales deben aclararse.

Del 8 al 9 de enero, alrededor de 200 millones de trabajadores secundaron una huelga de dos días en toda la India, que dejó paralizado el país. La huelga fue convocada por 10 de los sindicatos más fuertes del país contra las políticas anti-obreras del gobierno de Modi. El BMS, afiliado al partido gobernante Bharatiya Janata Party (BJP), fue el único sindicato que estuvo en contra de la huelga y trató de sabotearla. Todos los demás apoyaron la huelga e hicieron grandes esfuerzos para que fuera un éxito.

La Revolución Alemana de noviembre de 1918 implicó a millones de personas, que en su mayoría nunca habían participado en política hasta ese momento. Como en Rusia, la mayoría de los que entraron a la escena política de manera tardía se orientó hacia los partidos que conocían. En Rusia, después de Febrero, el poder pasó a los Mencheviques y a los Social Revolucionarios. En Alemania, las masas empezaron con el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y, en menor medida, los Socialdemócratas Independientes (el USPD). Sólo a través de la experiencia práctica las más amplias masas aprendieron que ni los dirigentes del SPD ni los del USPD podían resolver sus problemas.

El movimiento de los chalecos amarillos es un seísmo social de una potencia excepcional. Es un punto de inflexión en el curso de la lucha de clases en Francia, y una fuente de inspiración para los trabajadores del mundo entero. Tendrá un impacto profundo y duradero en la vida política del país.

La decisión de Theresa May, a finales del pasado año, de posponer la votación de su acuerdo sobre el Bréxit con la UE ha hecho poco más que proporcionar un breve respiro a su insoluble dilema. Su paquete negociado sigue siendo odiado por todos los sectores. En lugar de atraer a la gente a su propuesta, el período navideño ha endurecido por igual la determinación de los partidarios del Bréxit (Brexiteers) y de los que quieren quedarse en la UE (Remainers).

En medio de una turbulencia política y diplomática, Nicolás Maduro Moros ha sido investido para ejercer un nuevo mandato presidencial. El injerecismo imperialista encabezado por la Casa Blanca, y secundado por gobiernos e instituciones multilaterales como: Canadá, la Unión Europea, el Grupo de Lima y la OEA; sumado a las maniobras desestabilizadoras de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora; han abierto una crisis política de gran envergadura en Venezuela y la región.

Hay que decirlo claramente, lo que está sucediendo en Venezuela es un intento de golpe de estado. El 10 de enero se juramentó el presidente Maduro para un nuevo mandato. Había ganado las elecciones del pasado 20 de mayo, en las que un sector de la oposición decidió participar y otro boicotearlas. El 11 de enero, Juan Guaidó, el presidente de la opositora Asamblea Nacional (en desacato desde 2015) desconoce al presidente Maduro y se declara dispuesto a asumir la Presidencia “con el apoyo de las fuerzas armadas, el pueblo y la comunidad internacional”.

Este jueves 10 de enero, Maduro se ha juramentado ante el Tribunal Supremo de Justicia para un nuevo periodo presidencial que terminaría en 2025. Mientras, la oposición que parece unificada entorno al desconocimiento de las elecciones, en realidad reincide en sus divisiones: los radicales, insisten en que hay un vacío de poder que debe ser llenado por la Asamblea Nacional; otros, mas cautelosos, señalan que no hay un vacío de poder porque el mismo está siendo “usurpado”, una posición que a todas luces busca librarse de la corona de espinas ofrecida por los radicales, ya que la juramentación de un gobierno presidido por el parlamento seguramente tendría que gobernar desde el “exilio” o la prisión, como ocurrió con los magistrados nombrados también por la AN.

“Muero por la revolución”, fueron las últimas palabras que pronunció Julio Antonio Mella. Su cuerpo quedó abatido a balazos en las calles de la Ciudad de México el 10 de enero de 1929. Este joven cubano fue un ejemplo para los revolucionarios, iniciando por los de su natal país. Su actividad política inició en el movimiento estudiantil en 1921, su pensamiento evolucionó y llegando a conclusiones comunistas, formando parte de la generación de primeros marxistas latinoamericanos. Sería fundador del Partido Comunista Cubano en 1925. Julio Antonio se enfrentó al dictador Gerardo Machado y no capituló a pesar de caer en la cárcel donde hizo una mítica huelga de hambre apoyada con un movimiento de masas. Su vida corría peligro y tuvo que exiliarse en México.

Desde el comienzo de la crisis de 2008, los partidos y movimientos anti-inmigración han avanzado en Europa y los Estados Unidos. Incluso han logrado ganar a ciertas capas de la clase trabajadora para su programa. Esto ha llevado a un sector del movimiento obrero a adaptarse a estas ideas, pidiendo controles fronterizos más estrictos, justificando su posición con citas de Marx. Tales políticas miopes no tienen nada que ver con Marx ni con las tradiciones de la Primera, la Segunda o la Tercera Internacional, como demostraremos.

Poco más de 25 años después de su fundación, la Unión Europea parece que podría desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. En todos los países donde se mire, los partidos principales se ven sometidos a una enorme presión debido al aumento de la lucha de clases como resultado de 10 años de crisis. El resultado es que, un país tras otro, la clase dominante ya no puede gobernar a la antigua usanza

En el momento en que entramos a un nuevo año, el mundo se enfrenta a un punto de inflexión decisivo. La crisis del capitalismo está alcanzando un nuevo nivel, que amenaza con derrocar todo el orden mundial existente que fue organizado laboriosamente después de la Segunda Guerra Mundial. 10 años después del colapso financiero de 2008, la burguesía no está cerca en modo alguno de resolver la crisis económica.

La agenda represiva del gobierno de Piñera no para de generar incidentes que causan cada vez mayor indignación, agravando la crisis de legitimidad de las instituciones en Chile. En horas de la tarde del lunes 17 de diciembre, Carabineros de Fuerzas Especiales ingresó violentamente al edificio del sindicato de estibadores en Valparaíso que llevan más de un mes en huelga, con un saldo de 16 detenidos y 2 heridos. Los puertos respondieron con un paro nacional portuario que doblegó la iniciativa del gobierno. El mismo día, el presidente Sebastián Piñera se reunió temprano con el empresariado chileno. Además de los representantes de la CPC (Cámara de Producción y Comercio), se encontraba Ricardo Von Appen, sentado a la cabecera, presidente del Terminal Pacífico Sur (TPS) que por su intransigencia ha prolongado el conflicto laboral que mantiene a los trabajadores y familias del puerto en amarga espera. Los portuarios han advertido que si no tienen Navidad, entonces no habrá Año Nuevo en el puerto.

Un ajuste de cuentas con la ‘izquierda caviar’ y las políticas de identidad – Cuando el sistema capitalista global se enfrenta a la crisis social, económica y medioambiental más gran­de de su historia, amenazando con conducir a la so­ciedad humana a la barbarie, no vemos ni rastro de un gran ideal por el qué luchar en la izquierda oficial, ni en la “vieja” ni en la “nueva”. El socialismo no es una “buena idea” ni un ideal ro­mántico.

En la última entrega de la respuesta a las calumnias de la Casa Blanca contra el socialismo, Alan Woods analiza el terrible costo económico y humano del imperialismo capitalista estadounidense. Señala la clara superioridad de una economía planificada y explica que una transición al socialismo en los Estados Unidos (dadas sus grandes fuerzas productivas) sería mucho más fácil que en países atrasados ​​como era Rusia en 1917, y sería un avance colosal hacia la meta del socialismo mundial.

La situación social y política en Francia evoluciona a una velocidad vertiginosa. En menos de un mes, el desarrollo del movimiento de los chalecos amarillos ha puesto al país en el umbral de una crisis revolucionaria. En los próximos días, dicho umbral puede ser traspasado.

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