El espectro de la “seguridad democrática” recorre las aulas universitarias de Colombia, sembrando a su paso el terror, el silencio, la sacrosanta complicidad de estudiantes y maestros con el status quo imperante, no por su complacencia con las políticas de amedrentamiento que reprimen la protesta popular, sino por el miedo a las repercusiones que puede tener la libre, argumentada crítica, cuando las fuerzas de seguridad moran en las facultades de las universidades públicas.

Como previmos claramente1, el llamado “diálogo” nació muerto. Incluso en presencia de las delegaciones de la OEA el 7 de octubre, los golpistas reprimieron brutalmente al pueblo con centenares de bombas lacrimógenas. El papel de la OEA siempre fue buscar una salida negociada para impedir un derrocamiento revolucionario del golpe por parte de las masas, su actuación ha sido simplemente patética, no sólo no ha contribuido en nada favorable, sino que en la práctica, le ha hecho el juego al imperialismo al seguir prolongando, prolongando y prolongando la restitución de Zelaya que originalmente se planteó para el 15 de octubre.

El agrupamiento de izquierda Frente Amplio (FA), con "Pepe" Mujica como candidato a presidente, obtuvo un 48,16% de los votos emitidos el domingo 25 de octubre. Pese a derrotar a los dos partidos tradicionales sumados (consiguieron el 45,84%: 28,94% el Partido Nacional y 16,9% los Colorados) el sistema electoral obliga a realizar una segunda vuelta el próximo 29 de noviembre, ya que ninguna lista consiguió el 50% más 1 de los votos emitidos.

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