En estas fechas conmemoramos 200 años del estallido del proceso revolucionario que dio origen a la independencia política de México. Su significado está en función de distintas interpretaciones: por un lado están los apologistas del régimen actual, que tratan de transmitir la idea de un recorrido histórico que culmina con su llegada al poder, para estos la independencia fue un acontecimiento trágico que se suscito por la falta de reglas democráticas que al existir en nuestros tiempos eliminan no solo la posibilidad sino la legitimidad de un nuevo proceso, para estos elementos la revolución es un raro objeto que deben estudiarlos anticuarios y sus conclusiones deben servir para entretenimiento de las discusiones doctas de alguna reunión de eruditos.

La política que ha llevado acabo la actual dirección del PRD ha significado el aislamiento del partido de las luchas sociales y populares, lo que ha llevado a el descalabro electoral de la izquierda, en las últimas elecciones no ganamos absolutamente nada: Zacatecas, un estado bastión de la izquierda, nos lo arrebató el PRI; en Oaxaca, el candidato postulado no provenía de las filas de nuestro partido; en Hidalgo y Puebla, las alianzas triunfaron, pero con personajes cercanos al PRI y Elba Esther Gordillo; en Guerrero ya se ha acordado postular un conocido priísta y la actual dirección ya amenaza con ir en alianza con el PAN en el Estado de México.

El comienzo de la campaña electoral ha estado marcado por una gran ofensiva por parte de la derecha señalando (como no lo van a hacer) todas las deficiencias del gobierno revolucionario; desde la inflación, la delincuencia y el alto costo de la vida. Vemos propuestas como "un país de propietarios", "dile no a la delincuencia" o cosas por el estilo. Sin embargo sus propuestas no resolveran el problema; el de defender un modo de producción completamente inviable basado en la explotación.