En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.

El Poder Judicial sigue con sus abusos de poder. El Supremo Tribunal Federal (STF) negó el pedido de Hábeas Corpus (HC) de Lula y, ya al día siguiente, antes de que nuevos embargos fueran presentados en el Tribunal Regional de la 4ª Región (TRF-4), Sérgio Moro decretó la prisión de Lula.

El empresario Sebastián Piñera fue electo para la presidencia de Chile por segunda vez en diciembre pasado. La derecha obtuvo una mayoría histórica de 55%, casi diez puntos sobre la saliente coalición de gobierno “Nueva Mayoría” (ex-Concertación + Partido Comunista) que quedó derrotada y tensionada. Piñera asumió el mando el pasado 11 de marzo cuando la ex-presidenta Michelle Bachelet le entregó por segunda vez la banda presidencial. El multimillonario presidente llega con una agenda centrada en 5 puntos, Infancia, Salud, Araucanía, Seguridad Ciudadana y Desarrollo.

Las pasadas elecciones de diputados y concejos municipales han representado un punto de inflexión en la lucha de clases del país, pues han significado el inminente desplome de la herramienta que, hasta hoy, había representado los intereses de la clase trabajadora: el FMLN.

Con una definición política esclarecedora, Jorge Capitanich precisó en una entrevista de Página 12 del 18/03 que la necesidad de reconstrucción del Peronismo supone en la actualidad que: “Hoy la identidad colectiva es distinta. Para la nueva identidad requiere entender esto de unidad en la persidad. Es el tema central.”

En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.

De repente, pero sólo de repente, parece que todo el mundo está hablando de lo mismo: la muerte de Marielle Franco es inadmisible, es necesario defender la democracia. Pero las apariencias pueden ser engañosas y detrás de la aparente unanimidad, hay una brecha insalvable.

El pasado 26 de febrero, desde la sede del comité central del Partido Comunista de Venezuela en el Edificio Cantaclaro, se firmaría el acuerdo unitario PSUV-PCV a la vez que la tolda del gallo rojo proclamaría a Nicolás Maduro como su candidato a la presidencia de la república. Días antes, el 21 de febrero, pero esta vez desde el teatro municipal de Caracas, el PPT haría lo propio, completando así los partidos del Gran Polo Patriótico que apoyarían la candidatura del PSUV. De esta manera, se cierran las consultas de ambas toldas a su militancia, tanto la Asamblea del PPT como la XIV Conferencia de los comunistas.

Este año Colombia elige Presidente de la República, Vicepresidente, Senadores y Representantes a la Cámara: prácticamente  dos tercios del poder político oficial que rige al país. Llama la atención de todos los sectores de la política nacional el ascenso en encuestas de Gustavo Petro. El país que una vez fue llamado “el Israel de Suramérica” ahora parece buscar un giro a la izquierda que atemoriza a la burguesía.

Las elecciones municipales y legislativas han sido un punto de inflexión en la lucha de clases, la derrota histórica que ha recibido el FMLN no tiene  comparación alguna con ninguna de las elecciones legislativas y municipales pasadas, incluso los resultados son más crudos que los del año 2012 cuando se recibió un voto de castigo.

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