El Zócalo lució sus magnificencias y esplendores, bien bañado y bien peinado, sacudió desde sus entrañas la fuerza revolucionaria del pueblo y dio lugar al nacimiento de una era nueva para México. Nadie acudió ingenuamente en cantidad y en calidad fue una Convención convencida.

Desde antes de las 12:00 horas del 16 de septiembre, los ríos de gente comenzaron a llegar a la macro plaza del zócalo capitalino. Numerosos y nutridos contingentes se apoderaron del centro histórico, consignas, algarabía, sentimiento de ser parte de algo superior a cada individualidad. La maquinaria de la Tendencia Marxista Militante empezó a intervenir desde entonces con ideas correctas conectando cabalmente con el ambiente combativo, de clase. 

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