En la última semana de marzo, la crisis capitalista mundial se expresó en la caída, en dos jornadas consecutivas, de las bolsas más importantes del mundo; en el derrumbe diario de las monedas de los países llamados emergentes, en el agudizamiento de la guerra comercial entre China y EEUU que, aunque se encuentra en sus primeros temblores anticipa un verdadero terremoto de la economía mundial; en síntesis, nos encontramos ante una recesión de la que aún no hemos visto su verdadera magnitud.

El golpe en Venezuela parece estancado, la oposición pierde su empuje y las divisiones internas resurgen. El imperialismo no ha logrado por ahora su objetivo de colocar a Guaidó en el poder, pero eso no impide que multiplique las sanciones y siga promoviendo más bloqueos. Mientras todo esto pasa, el gobierno venezolano comienza una tímida ofensiva, como tanteando cada paso, esperando la reacción del imperialismo. Y en medio de todo este caos, un pueblo que, sin servicio eléctrico, sin agua y en medio de una feroz crisis económica, se niega a rendirse.

La delegación de Homicidios de Río de Janeiro y el Grupo de Acción Especial de Combate al Crimen Organizado arrestaron al sargento retirado de la Policía Militar (PM), Ronnie Lessa, y el ex PM, Elcio Vieira de Queiroz (expulsado de la fuerza) por la implicación en el asesinato de Marielle y del chofer Anderson.

El show de la “ayuda humanitaria” en Venezuela impulsado el mes pasado desde Washington fue un fracaso y no logró el objetivo principal de hacer caer el gobierno de Nicolás Maduro, dividir a un sector de las fuerzas armadas y con esto asestar un golpe decisivo a la revolución bolivariana que sirviera además de lección para todos los pueblos latinoamericanos.

El fracaso de la provocación de “ayuda humanitaria” del 23 de febrero en la frontera con Venezuela fue un duro golpe para el intento de golpe de estado de Trump. Provocó recriminaciones mutuas entre el autoproclamado Guaidó, el presidente colombiano Duque y el vicepresidente de Estados Unidos Pence. Estados Unidos no pudo obtener un consenso de sus propios aliados del Cártel de Lima a favor de una intervención militar.

El episodio de crisis social del que fuimos testigos durante los últimos días como consecuencia de la caída abrupta del suministro eléctrico en todo el país desde el pasado jueves, ha sido el más severo en los últimos 15 años, desde el paro petrolero y sabotaje patronal que llevó adelante la burguesía nacional junto al imperialismo para derrocar al camarada presidente Hugo Chávez en diciembre de 2002.

Las protestas masivas y una huelga general contra la pobreza creciente, la corrupción y a favor de la exigencia de la renuncia del presidente Jovenel Moïse han paralizado completamente Haití en las últimas dos semanas. Este movimiento de masas es una continuación directa de la huelga general que estalló el verano pasado contra los aumentos propuestos del costo del combustible, así como las protestas masivas que tuvieron lugar en noviembre pasado en relación con un escándalo de corrupción que involucra a los fondos de PetroCaribe.

El 23 de febrero vino y se fue. Este fue el día que Estados Unidos y sus títeres locales calificaron como el "Día D", cuando se suponía que la "ayuda humanitaria" ingresaría al país contra la voluntad del malvado Maduro, algo que, como incluso admitió el corresponsal de la BBC, casi nada tenía que ver con la ayuda y mucho que ver con desafiar la autoridad del presidente Maduro.

El golpe de Estado en Venezuela se ha seguido desarrollando conforme al plan trazado por el imperialismo norteamericano, y esto no debe sorprendernos, pues siguen un manual preestablecido y aplicado con anterioridad en distintas partes del mundo.

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