El miércoles 9 de diciembre, el gobierno de Sudáfrica quedó expuesto a una nueva crisis cuando el presidente Jacob Zuma despidió inesperadamente a  su ministro de Finanzas, Nhlanhla Nene, y lo reemplazó con David van Rooyen, un diputado del CNA (Congreso Nacional Africano) poco conocido. Esta decisión fue tan inesperada que ni el CNA ni los miembros de su propio gabinete fueron conscientes de ello. Los acontecimientos de los cuatro días siguientes, una vez más sacudieron al país hasta sus cimientos y marcó el comienzo de una nueva etapa en la lucha de clases.

El viernes 23 de octubre, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, anunció que no habrá aumentos de las matrículas universitarias de los estudiantes para el próximo año. Este fue un claro intento por parte del gobierno para contener un movimiento que se ha hecho demasiado grande para poder ser controlado.

En los últimos días, los acontecimientos en Burkina Faso se han transformado vertiginosamente. A sólo unas semanas de celebrar elecciones presidenciales, el ala más reaccionaria del régimen, el Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP), derrocó al gobierno de transición con un golpe de Estado. El supuesto período de transición que vivía el país ha quedado interrumpido y ha dejado al régimen sumido en un verdadero caos.

La reaparición de la violencia brutal contra los inmigrantes africanos, principalmente en algunas partes de Sudáfrica en la última semana, ha vuelto a destacar como centro de atención el empeoramiento de la situación que está desarrollándose en el país. Estos ataques reaccionarios van contra toda la esencia de la historia del movimiento obrero sudafricano, que nació principalmente de la necesidad de combatir este tipo de violencia y discriminación racista y xenófoba, para unir a todas las capas oprimidas de la sociedad bajo el paraguas de la solidaridad obrera.

Las aguas no están todavía calmadas después de la tormenta con la que ha comenzado el curso parlamentario este año. Los sucesos del 12 de febrero y los días que siguieron han sumergido a Sudáfrica en un ciclón político que refleja en última instancia la crisis que sufre el sistema capitalista.

En las primeras horas de la mañana del sábado 8 de noviembre, el Comité Ejecutivo Central de la mayor federación sindical de Sudáfrica, COSATU, votó por un margen de 33 a 24 expulsar de la federación a su mayor sindicato afiliado, el NUMSA (Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica). Esta decisión tendrá consecuencias de largo alcance, no sólo para el COSATU, sino también para el Movimiento de Liberación y la dirección de la lucha de clases.

Durante la semana pasada los actos de barbarie de la organización islamista nigeriana Boko Haram, como el secuestro de más de 200 niñas y jóvenes para utilizarlas o venderlas como esclavas sexuales, han causado repulsión general en todo el mundo. Barak Obama, junto con otros líderes de gobiernos occidentales han denunciado estos actos como “de maldad pura”. Sin embargo, estos señores olvidan convenientemente su propio papel en la creación de este monstruo. Aquí vamos a republicar un artículo que explica los orígenes de Boko Haram y de cómo es en sí mismo un producto del imperialismo.

El viernes 4 de abril, el Tribunal Superior de Gauteng en Johannesburgo falló a favor del Sindicato del Metal NUMSA y de Zwelinzima Vavi, contra la suspensión de este último como Secretario General del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU, en inglés). Vavi había sido suspendido ilegalmente como Secretario General de la Federación desde el 14 de agosto de 2013.

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