En los últimos días, una erupción social ha sacudido Senegal. El movimiento, surgido aparentemente de la nada, ha adquirido rápidamente rasgos insurreccionales y el Estado ha perdido por completo el control de grandes zonas de la capital, Dakar, a manos de los manifestantes.

La juventud de Nigeria se ha rebelado contra la brutalidad de la odiada unidad de policía del SARS. Ni las concesiones ni el látigo de la reacción han hecho retroceder al movimiento #EndSARS, solo lo han impulsado hacia adelante. Este torrente espontáneo de ira debe colocarse sobre una base política organizada, dirigida directamente al putrefacto régimen capitalista.

La agitación en el país africano de Malí se profundizó esta semana después de que un grupo de soldados y oficiales subalternos con base en la capital, Bamako, detuviera al presidente Ibrahim Boubacar Keita, al primer ministro Boubou Cissé y a otros altos funcionarios del gobierno y los obligaran a renunciar.