Trotsky y la lucha por una Internacional revolucionaria (1933-1946) - Cuarta parte

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En la cuarta y última parte del artículo sobre la lucha de Trotsky y sus seguidores por una auténtica Internacional revolucionaria, se hace un estudio de las situaciones revolucionarias que se presentaron en Europa durante 1943 y 1945, y cómo estas posibilidades fueron secuestradas y desviadas por las fuerzas dominantes dentro del movimiento obrero: los reformistas y los estalinistas. Esta traición contundente abrió el camino para una nueva situación a nivel mundial que la mayoría de los seguidores de Trotsky no fueron capaces de comprender.

La perspectiva central de Lev Davidovich era que la Segunda Guerra Mundial, al igual que la primera, terminase con una oleada revolucionaria en los principales países capitalistas. Recordando que la Tercera Internacional se había fundado en la práctica sobre la base del movimiento revolucionario de la postguerra en países como Alemania, Francia, Italia, etc., el “viejo” hizo la previsión en 1938 que, en el espacio de tiempo de una década, no quedaría piedra sobre piedra de las viejas Internacionales (la Segunda reformista y la Tercera estalinista), y que la Cuarta Internacional se transformaría en la fuerza revolucionaria dominante en el planeta.

Los acontecimientos en Europa, y también en el mundo colonial, confirmaron parte de esta perspectiva, aunque también se vieron elementos contradictorios fundados en el propio resultado de la guerra que dificultaron enormemente el trabajo de las fuerzas bolcheviques-leninistas.

Grecia: La revolución estrangulada

La Guerra Civil griega fue un acontecimiento que desenmascaró con toda claridad la engañosa propaganda de los imperialistas sobre una supuesta “guerra por la democracia”. Durante años, el movimiento obrero griego había sido fuertemente reprimido por la dictadura de Metaxas, lo que se vio reforzado por la ocupación de Grecia desde 1940 por las fuerzas italianas y alemanas del Tercer Reich. Pero ya a finales de 1941 comenzaron a verse huelgas sectoriales e incluso marchas obreras en las calles.

En la clandestinidad, se formó el movimiento de resistencia griego, el EAM, cuya ala armada era el ELAS (ejército nacional de liberación). El partido comunista griego, el KKE, sin contacto regular con Moscú, jugó un papel destacado en este movimiento y levantó correctamente la consigna de una asamblea constituyente para decidir sobre el futuro del país, sin la intervención extranjera ni de los italianos y alemanes ni del imperialismo británico. No obstante, el EAM fue fundado sobre la base frentepopulista de “unidad nacional”, negándose a diferenciar entre las clases y a vincular firmemente las reivindicaciones democráticas con la emancipación de la clase trabajadora griega.

Aún así, la heroica resistencia de los trabajadores y campesinos comenzó a dejarse sentir en el país. Los partisanos del ELAS tomaron una ciudad tras otra y cuando los británicos llegaron a Grecia, el país ya estaba efectivamente tomado por las fuerzas armadas de la EAM. La clase obrera griega también actuó decisivamente para derrotar la ocupación; el 25 de junio de 1943 se dio una gran huelga general en Atenas que efectivamente impidió el fusilamiento de líderes obreros del tranvía que habían sido encarcelados y condenados a muerte por haber organizado una huelga anterior.

En Moscú, Stalin estaba extremadamente preocupado por la situación. Quería evitar la revolución en Grecia a toda costa ya que no solo pondría en peligro su alianza con los imperialistas británicos y norteamericanos, sino también porque una sola revolución en un país europeo podría desencadenar un poderoso movimiento en todo el continente, desestabilizando completamente la situación. Por este motivo mandó a un emisario, el coronel Popov, que llegó a Grecia poco después la caída definitiva del régimen ocupante alemán-italiano en octubre de 1944, para ordenar que los comunistas abandonaran cualquier pretexto de lucha de clases y que obedecieran al nuevo gobierno de coalición de Georgios Papandreu.

Pero el 3 de diciembre de 1944 se llegó a una confrontación directa entre los “libertadores” británicos y los seguidores del EAM, cuando los primeros atacaron una marcha pacífica de los últimos en Atenas y mataron a 28 manifestantes e hirieron a otros 148. Esto fue el comienzo de los acontecimientos llamados Dekemvriana. El tema central del conflicto era la posesión de las armas. Los integrantes del ELAS se negaron a entregarlas a las fuerzas británicas y, consecuentemente, los ministros del EAM salieron del gobierno de coalición.

Curiosamente, Churchill definió a los rebeldes del EAM-ELAS en Grecia – quienes en su mayoría eran miembros del KKE – como “trotskistas”. En un discurso ante la Cámara de los Comunes, dijo lo siguiente:

“Creo que 'trotskismo' es una definición mejor del comunismo griego y de algunas otras sectas, que el término habitual. Tiene la ventaja de ser igualmente odiado en Rusia”i

El mismo Churchill, con la aceptación explícita de Stalin, viajó a Grecia en la navidad de 1944 para dirigir la represión contra la revolución griega. En su libro de memorias, el primer ministro británico explica cómo Stalin y él decidieron la división de Europa entre ellos en un pequeño papel en el lapso de unos minutosii. También relata cómo la URSS mantuvo un silencio total sobre la virulenta represión de la revolución griega:

“Stalin se adhirió estricta y lealmente al acuerdo de octubre con nosotros, y durante todas las largas semanas de lucha contra los comunistas en las calles de Atenas no salió ni una palabra de reproche en Pravda ni en Izvestiaiii

A pesar del acuerdo de conciliación que se firmó en Varkiza el 15 de febrero de 1945, con el apoyo del KKE, las fuerzas del ELAS en Atenas rechazaron el desarme y el conflicto duró hasta la victoria decisiva de la contrarrevolución en 1949.

Italia: El movimiento partisano y el estalinismo

La caída y el ajusticiamiento del dictador fascista Mussolini en 1943, a manos de las masas insurgentes de Roma, abrió una nueva etapa en la revolución italiana. El movimiento partisano, en su mayor parte dirigido por el PC italiano, consistía de más de 100 mil hombres armados y lograron conquistar grandes partes del país sin la ayuda de las fuerzas de los aliados. Incluso dirigentes comunistas como Luigi Longo, admitieron que existía una situación de doble poder con ciudades enteras controladas por el movimiento de resistencia.

Tuvieron lugar huelgas de masas en Milán, Génova, Bolonia, Turín y otras ciudades claves. Los ferrocarriles del norte del país quedaron paralizados por días por la huelga de sus trabajadores. Las masas asaltaron las viejos cárceles fascistas y liberaron a todos los prisioneros políticos. Los viejos locales fascistas fueron saqueados y las grandes imprentas tomadas por los trabajadores en Milán y otras localidades. Toda aquella persona que se vestía con el uniforme o símbolos fascistas fue atacada en las callesiv.

El desembargo de tropas aliadas al sur de Sicilia, fue en realidad otra medida desesperada para controlar la situación. Los aliados intentaron formar un gobierno de coalición, pero con el conocido fascista, el mariscal Badoglio, a la cabeza y con el simultáneo restablecimiento de la monarquía. ¡Esto expone claramente la mentirosa propaganda sobre una “guerra por la democracia”! Presionados por las masas tuvieron que retroceder y proponer un gobierno dirigido por Bonomi con la participación directa del Partido Comunista.

Aunque el régimen fascista en este momento estaba claramente cayendo, los aliados comenzaron a bombardear Milán entre el 12 y el 15 de agosto ¿Por qué? Milán había sido el centro de las huelgas y de las marchas de masas, la clase obrera estaba disputando abiertamente el poder. En esta situación, los aliados intentaron debilitar el espíritu combativo del proletariado con una destrucción mayor de los barrios obreros milaneses.

La situación era extremadamente grave para la burguesía italiana y solo fue mediante la llegada de Togliatti, el Secretario General del PCI, que lograron formar un gobierno de coalición estable. Se firmó el “Protocolo de Roma” y el movimiento partisano se comprometió a acatar los órdenes de las tropas anglo-americanas. En el periódico estalinista inglés Daily Worker, el corresponsal en Italia, James S. Allen, denominó a los ejércitos de los imperialismos británico y norteamericano como “amigos del pueblo italiano”v.

Años más tarde, el propio Togliatti explicó la línea del PCI durante la fracasada revolución italiana:

“Si nos reprochan no haber sabido tomar el poder o habernos dejado excluir del gobierno les diréis que no podíamos transformar Italia en una nueva Grecia; no solamente por nuestro interés sino por el de los mismos soviéticos”vi

Dinamarca, la huelga general revolucionaria y la insurrección de Copenhague

Un caso muy desconocido, pero en realidad bastante sintomático de toda la situación europea, son los acontecimientos que se vivieron en Dinamarca entre 1943 y 1945. Ubicada al norte de Alemania, y con el control de todo el tráfico marítimo entre el mar Báltico y el Atlántico, la ocupación de esta pequeña nación se volvió una necesidad absoluta para Hitler.

Desde el comienzo de la ocupación, el 9 de abril de 1941, los socialdemócratas pactaron con el ejército alemán, dejando al país sin defensa y entregando el poder al dominio nazi sin disparar un tiro. Era una repetición de la cobardía de Pétain en Francia, un desarrollo que Trotsky había previsto brillantemente. Como en las otras zonas ocupadas, la explotación de la clase obrera se intensificó ya que el país sirvió como retaguardia alemana, forzado a proveer el ejército del wehrmacht con comida y armamento.

En la clandestinidad se formaron centenares de círculos de resistencia a la ocupación nazi, la mayor parte de ellos organizados por el Partido Comunista que había sido ilegalizado y cuyos dirigentes fueron encarcelados a partir de junio de 1941, salvo algunos que lograron esconderse y seguir la lucha desde la clandestinidad. Durante los cuatro años de ocupación alemana, se efectuaron 2.674 actos de sabotaje industrialvii (bombas contra el sistema ferroviario y el transporte de armamentos, etc.). Pero lo más importante fue el maravilloso movimiento de la clase obrera que comenzó con la huelga general de julio-agosto de 1943 contra la presencia de un barco de guerra alemán en el puerto de Odense. Rápidamente, la huelga se extendió de Odense a ciudades importantes como Esbjerg, Kolding y Vejle y posteriormente hubo manifestaciones en la capital, Copenhague.

Aunque el ejército alemán, con la ayuda de los socialdemócratas, consiguió poner fin a este movimiento a través de la represión, el descontento en la clase obrera no disminuyó. Un año más tarde, al finales de julio de 1944, estallaron las famosas “huelgas populares”, comenzando como una protesta de los trabajadores del B&W en el puerto de Copenhague contra las restricciones al movimiento nocturno, que habían impuesto los invasores alemanes. Rápidamente, esto se convirtió en una insurrección en los barrios obreros más importantes de la ciudad; Los trabajadores de la capital danesa levantaron barricadas y durante días hubo enfrentamientos sangrientos en Copenhague. Solo tras haber cedido en todas las demandas de la protesta, se hizo una tregua temporal.

Cuando el fin del imperio de Hitler era inminente, hacia marzo de 1945, se creó una situación de vacío de poder en Dinamarca. Los comités de la resistencia, dirigidos en su mayor parte por el Partido Comunista, estaban armados y solo mediante su colaboración fue posible que los ingleses controlaran la situación. Incluso los historiadores más conservadores, hablan de un mínimo de 43 mil milicianos armados. La clase obrera danesa estaba rompiendo con el Partido Socialdemócrata y pasando en masa al Partido Comunista, que antes de la ocupación había sido una organización minúscula sin representación parlamentaria.

Las consignas de los trabajadores no eran solo de carácter democrático sino por encima de todo de carácter social; reivindicaban que se recuperara todo el poder adquisitivo perdido durante la ocupación, y la expropiación de todos los capitalistas que habían colaborado con los invasores (incluido Mærsk, el máximo representante de la burguesía danesa). Estas demandas estuvieron presentes en una marcha histórica el 4 de julio de 1945 con más de 100 mil trabajadores en la Plaza de Christiansborg en Copenhague. Fue solo tras la aparición de los parlamentarios comunistas que lograron persuadir a las masas, cuando la gente abandonó la plaza. El estalinismo había traicionado otra revoluciónviii.

Repercusiones en el mundo colonial

El mismo fenómeno que hemos explicado en los casos de Italia, Grecia y Dinamarca vimos reflejado en países como Finlandia, Bélgica, y en el derrocamiento por vía electoral del gobierno conservador en Gran Bretaña y la llegada al poder del Partido Laborista. Pero la oleada revolucionaria que siguió al fin de la guerra no se restringió a Europa. En los países bajo dominio imperialista vimos un movimiento realmente sin precedentes.

Como mencionamos en la parte anterior de este articulo, este fue el caso en la India donde el imperialismo británico se vio enfrentado a la mayor sublevación de la historia de su marina. El 18 de febrero de 1946, los marineros del barco de guerra británico HMS Talwaar, ubicado en el puerto de Bombay, se declararon en huelga a causa de las malas condiciones de los alimentos.

Rápidamente, la huelga se extendió a las patrullas terrestres de Bombay y los soldados tomaron varias guarniciones y levantaron banderas rojas. En 48 horas, este episodio se repitió en una división tras otras, en 74 barcos de guerra, 20 flotas y 22 unidades de la marina, incluyendo tropas de Calcuta, Karachi, Madrás, Cochín y Vishakapatamix.

No obstante, la política de colaboración con el imperialismo por parte de los estalinistas del Partido Comunista de la India, y también por parte de Gandi y de los nacionalistas burgueses, significó el aislamiento de la rebelión de los marineros. No se pudo vincular la lucha con las grandes huelgas que tuvieron lugar en el sector textil, y cuando los imperialistas británicos comenzaron a reprimir a sangre fría, matando a 228 marineros y dejando un saldo de 1,046 heridos, el movimiento se quedó sin otra alternativa que la rendición.

A pesar de todo eso, se dieron grandes movimientos de los trabajadores en la India, entre ellos 60 mil trabajadores ferroviarios que fueron a la huelga y, posteriormente, 100,000 trabajadores del servicio de correos. También se vio una huelga regional en Bombay, organizada inicialmente por el Partido Comunista.

El imperialismo británico estaba seriamente preocupado y decidió mandar una comisión especial para intentar utilizar los antagonismos religiosos para evitar la revolución socialista a toda costa. Fue en este contexto que surgió la criminal división de la India, con la creación de un estado musulmán (Pakistán) en agosto de 1947, y la posterior masacre que tuvo lugar. De esta manera se aniquiló la revolución del sub-continente con la aceptación explícita del estalinismo.

En otras partes del mundo colonial, el mismo fermento causó estallidos revolucionarios. En Argentina, los trabajadores de Buenos Aires derrotaron una intentona golpista contra el gobierno nacionalista de Juan Domingo Perón, radicalizando así el proceso de lucha de clases en este país y debilitando seriamente al imperialismo británico.

En China vimos la guerra campesina de las fuerzas de Mao Zedong que terminó con el dominio de Chang-Kai-Shek en 1949. La emancipación de China de las cadenas del imperialismo, a pesar del régimen estalinista de Mao, fue un acontecimiento absolutamente progresista y debe considerarse parte de la misma oleada revolucionaria del mundo colonial.

África también se vio afectada por el ambiente revolucionario con un crecimiento notable del movimiento a favor de la independencia, entre ellos en Argelia contra los franceses, y en Egipto donde un ala nacionalista-revolucionaria dentro del ejército se organizó alrededor de Nasser, preparando a su vez su llegada al poder en 1952.

El estalinismo y el reformismo – ¿Debilitados o reforzados?

Para resumir, podemos decir que la perspectiva de Trotsky de una enorme oleada revolucionaria tras la guerra fue confirmada por el desarrollo de los acontecimientos. Pero esto no resultó, salvo en casos muy excepcionales, en un crecimiento explosivo de las fuerzas del trotskismo. La Cuarta Internacional no quedó como la “fuerza política dominante del planeta”, y ni el estalinismo ni el reformismo socialdemócrata colapsaron como corrientes en el movimiento obrero. Evidentemente, esto requiere una explicación.

Es importante recordar que cualquier perspectiva es condicional y su pronóstico depende de toda una serie de factores. Si estos factores cambien, el resultado también puede alterarse. Para entender esto, es imprescindible analizar a fondo el resultado militar de la guerra, que sorprendió a todos, incluidos los estrategas militares más avanzados y los propios presidentes de los EE.UU. y Gran Bretaña.

En realidad casi toda la guerra contra Hitler tuvo lugar en el frente oriental, en suelo ruso. Los imperialistas británicos estaban luchando por sus intereses en el norte de África y los norteamericanos por el control del pacífico en su guerra contra Japón. Todas las batallas decisivas tuvieron lugar entre Rusia y Alemania, siendo las más importantes las de Estalingrado y Kursk en 1942-43. Después esto, el ejército rojo avanzó, haciendo retroceder a los alemanes a una velocidad muy alta.

Los imperialistas habían esperado que Rusia y Alemania se destruyeran mutuamente para asegurar las condiciones para el dominio total con Europa por parte de los aliados. Pero la guerra se desarrolló de otra manera, sobre todo por las dos grandes ventajas soviéticas: la economía planificada y la heroica resistencia de las masas, que permitieron reagrupar las fuerzas y derrotar a los invasores alemanes.

El llamado “Día-D” con el desembarco de tropas aliadas en el norte de Francia en julio de 1944, no fue un acto para “liberar los pueblos europeos del fascismo”, sino un acto desesperado de los imperialistas para no dejar que toda Europa quedara en manos de los soviéticos. Aún así, fueron los rusos quienes llegaron primero a Berlín e hicieron ondear la bandera roja en el edificio del Reichstag.

Lejos de debilitar al estalinismo, el avance histórico del ejército rojo, liberando todo Europa del Este de la ocupación alemana, lo reforzó como corriente política en el movimiento obrero. Muchos trabajadores pensaban que el ejército rojo estaba sembrando semillas del socialismo en cada país liberado. La situación creó una tremenda confusión, incluso en las filas del trotskismo, donde muchos activistas comenzaron a tener ilusiones en el estalinismo.

Por el otro lado, la ayuda económica del imperialismo norteamericano, el llamado Plan Marshall, jugó un cierto papel en reforzar la autoridad del reformismo socialdemócrata. Los líderes socialdemócratas prometieron grandes reformas en los países de Europa occidental y en algunos países, como Gran Bretaña, las masas de trabajadores giraron hacía ellos, esperando una transformación radical de la sociedad.

Fue así, sobre la base del fortalecimiento del estalinismo y del reformismo y de su capacidad para traicionar las revoluciones, que se pudo consolidar, temporalmente, el capitalismo. Esta fue la base política que posibilitó el gran boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial.

Las tesis catastróficas de Canon y cía.

¿Que hicieron los seguidores de Trotsky frente a esta realidad? Lejos de reconocer la nueva situación y cambiar la táctica de acuerdo con ella, los principales dirigentes de la Cuarta Internacional mantuvieron la vieja perspectiva y repitieron las mismas frases.

En primer lugar, James Cannon, el dirigente del SWP norteamericano, negó que la guerra hubiera terminado. En segundo lugar, insistió junto al dirigente belga Ernest Mandel, en la imposibilidad de una recuperación económica del capitalismo a nivel mundial. En las “Perspectivas sobre la revolución americana”, escritas en 1946, Cannon predijo una contracción inmediata en la economía norteamericana:

“El imperialismo norteamericano, que se mostró incapaz de recuperarse de su crisis y estabilizarse en los diez años anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial, está yéndose hacia una explosión aún más catastrófica en la actual etapa de postguerra”x.


Las mismas ideas se repetían en todos los escritos de los principales dirigentes de la Cuarta Internacional, con muy pocas excepciones. En la resolución principal de la conferencia mundial de la Cuarta Internacional, celebrada en Paris en 1946, la misma perspectiva equivocada estuvo presente.

Además, había otros errores fundamentales en este texto. En el borrador original se decía que la URSS había emergido debilitada de la guerra y que “podría caer como resultado de una combinación de presión económica, política y diplomática, y las amenazas militares del imperialismo norteamericano y británico.xi

Pensamos que estas líneas hablan por si solas. En un momento donde las fuerzas armadas de la Unión Soviética habían logrado quizás la mayor victoria en la historia de batallas militares, estos señores ¡pensaban que el régimen estalinista podría caer por presiones diplomáticas y amenazas militares!

Como si estas malinterpretaciones no fueran suficientes, Cannon, Frank, Pablo, Mandel y los otros principales dirigentes, también declararon que la burguesía no podía gobernar en los países europeos ¡sino a través de dictaduras militares bonapartistas!xii La única base para este argumento era que las potencias aliadas habían intentado llegar a un acuerdo para instalar una dictadura en Italia en 1944 después la caída de Mussolini con el general Badoglio a la cabecera.

Esta concepción chocó otra vez con la realidad que se vivía en Europa. Lejos de poder instalar dictaduras, la burguesía estaba de hecho en una posición dónde tenía que gobernar a través de la democracia burguesa, por la simple razón de que no tenía la fuerza para destruir las poderosas organizaciones de la clase obrera. En esta situación decidió usar otra táctica, el viejo método de la colaboración de clases, en la forma de gobiernos de frente popular.

La contrarrevolución en una forma democrática

Todas estas cuestiones no tenían un significado meramente académico, sino que eran de gran importancia para elaborar las consignas y las tácticas de los revolucionarios. Como explicó muchas veces Ted Grant, en la guerra, la calidad de los generales es esencial a la hora de dirigir el avance. Pero en tiempos de dificultades y retrocesos, el papel de la dirección se vuelve aún más decisivo. Con buenos generales, se puede hacer un retroceso exitoso para reagrupar los soldados y preparar la próxima batalla, pero con malos generales el retroceso temporal se vuelve en una derrota.

Había, por supuesto, gente en la Cuarta Internacional que hicieron un balance bastante más sobrio de la correlación de fuerzas y se opusieron a las tendencias ultraizquierdistas de la mayoría. En los Estados Unidos, una minoría del SWP dirigida por Albert Goldman (el abogado de Trotsky), Félix Morrow (el autor del famoso libro sobre la revolución española) y Jean Van Heijenoort (Secretario personal de Trotsky durante siete años), comenzaron desde 1943 a analizar los cambios que tuvieron lugar, comenzando por Italiaxiii. Llegaron a algunas conclusiones correctas – sobre la necesidad de vincular las luchas democráticas con las sociales, la participación orgánica en el movimiento armado, la imposibilidad de dictaduras militares en Europa a corto plazo, etc. – pero también cometieron algunos errores, entre ellos el fallido intento de unidad con el Workers' Party de Max Shatchmann. Posteriormente, casi todos los integrantes del grupo Morrow-Goldman se desilusionaron y abandonaron la política.

No obstante, la oposición más consistente, y políticamente más clarividente, fue por parte del PCR (Partido Comunista Revolucionario, abreviado RCP en inglés), la sección británica dirigida por Jock Haston y Ted Grant. En sus documentos vemos una defensa meticulosa del método de Trotsky, aplicado a la nueva realidad en la Europa de la postguerra. En un documento de Marzo de 1945 explicaron que Europa estaba atravesando un período de contrarrevolución bajo una forma democráticaxiv.Subrayaron que, históricamente, la burguesía no solo ha podido liquidar revoluciones con la instalación de regímenes dictatoriales, sino también a través de la democracia burguesa. Con una claridad increíble, hicieron la analogía con el aborto de la primera revolución alemana en 1918-9 y el régimen Noske-Sheidemann.

Otra gran muestra de claridad política contenida en este documento fue cómo el PCR comprendió “el significado contradictorio” del avance de la URSS. Explicaron que, por un lado, las victorias del ejército rojo hicieron a las masas europeas recordar la revolución rusa de octubre, pero a la misma vez el triunfo militar permitió que la burocracia soviética estrangulara la revolución proletaria en Europa. Concluyeron que era perfectamente posible que el estalinismo pudiera sobrevivir por un periodo substancial de tiempo. Incluso llegaron a prever cómo Stalin, tres años después en 1948, iba a implementar economías planificadas en Europa del Este, pero controladas desde arriba, al estilo bonapartista.xv

Aunque Ted Grant y el PCR no podían prever toda la magnitud del boom de la postguerra (un fenómeno que iba a influenciar toda la política europea hasta 1973), sí tenían claro que no íbamos a ver una recesión en lo inmediato, sino una recuperación económica del capitalismo. En la pre-conferencia de la Cuarta Internacional en abril de 1946, presentaron unas enmiendas al documento de la mayoría que hablan por si mismas:

“En oposición a los reformistas y a los estalinistas, quienes buscan cansar a las masas con la perspectiva de un renacimiento del capitalismo y un gran futuro para la democracia, la resolución de la pre-conferencia Internacional está cien por ciento acertada en subrayar la época de declive y de colapso de la economía capitalista mundial. Pero en una resolución que busca orientar a nuestros cuadros en las perspectivas económicas inmediatas – de la cual se deriva a grandes rasgos la próxima etapa de la lucha de clases, y consecuentemente, nuestra propaganda y tácticas inmediatas – la perspectiva es claramente falsa.”

(...)

“La teoría sobre el colapso espontáneo del capitalismo es completamente ajena a las concepciones del bolchevismo. Lenin y Trotsky subrayaron una y otra vez que el capitalismo siempre encontraría una salida, en caso de no ser destruido por la intervención consciente de un partido revolucionario que, a la cabeza de las masas, tomen ventaja de las dificultades y de las crisis del capitalismo para derrocarlo. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial subraya la certeza de las concepciones de Lenin y Trotsky”

“Dada la paralización del proletariado, por la traición de sus organizaciones de masas, el auge cíclico de las fuerzas productivas, el desgaste de la maquinaria, la degradación de los salarios, todo conduce a una absorción de las mercancías almacenadas y a la recuperación, o a la recuperación parcial de la tasa de ganancia. Así, el camino está preparado para un nuevo auge cíclico que a su vez genera el fundamento para otra recesión aún más fuerte.

(...)

“No importa cuán devastadora sea una recesión, si los trabajadores no logran [el poder], el capitalismo siempre encontrará una salida a su estancamiento económico, al costo de los explotados y de la preparación de nuevas contradicciones. La crisis mundial del sistema capitalista no termina con el ciclo económico pero lo da un carácter diferente. La teoría de los estalinistas, que argumentaban durante la última crisis que ésta era la última crisis del capitalismo de la cual nunca se recuperaría, ha sido expuesta totalmente como antimarxista. Hay un peligro grave de que esta teoría reaparezca en nuestras filas hoy.”xvi


Pero la mayoría de los dirigentes de la Cuarta Internacional no hicieron caso a los argumentos del PCR. Su incomprensión causó una tremenda confusión en el movimiento trotskista, y toda la historia y evolución posteriores de la Cuarta Internacional está dominada por este hecho. La línea destructiva de subordinarse a todos los movimientos pequeño-burgueses - la adaptación al guerillerismo y sus consecuencias nefastas en Argentina y Perú, el flirteo con el estalinismo en Yugoslavia y China, el “invento” del estudiantado como un nuevo “sujeto” revolucionario – todo esto fue el resultado de la incomprensión del nuevo periodo que se abrió tras la Segunda Guerra Mundial y, por ende, de la “búsqueda” de soluciones mágicas a los problemas reales en la construcción del partido revolucionario.

El legado de Trotsky

El “viejo” no podía haber previsto todos los acontecimientos en detalle ni la manera cómo terminó la Segunda Guerra Mundial. No obstante, sus escritos dan la clave, el método dialéctico, para entender no solo la nueva situación, sino también las tareas de los revolucionarios. A pesar del fracaso histórico de los líderes de la Cuarta Internacional, que efectivamente destruyeron la organización fundada por Trotsky, su lucha por una Internacional revolucionaria no fue en vano.

Aunque el movimiento marxista experimentó un gran retroceso después la guerra, sobre todo con la disolución del PCR en 1949, el hilo rojo se mantuvo a través del incansable trabajo de Ted Grant. Los escritos de Ted son la continuación directa de Trotsky y su continuo análisis de la situación mundial ayudó a toda una generación comprender la compleja realidad y seguir la lucha contra viento y marea. El hilo rojo continuador entre Ted, quien falleció hace tan sólo cinco años, y Trotsky es lo que une a los cuadros agrupados en la Corriente Marxista Internacional con las mejores tradiciones del bolchevismo.

A 71 años de su muerte, muchos de los pronósticos de Lev Davidovich se vieron confirmados por el desarrollo de los acontecimientos. La caída de la URSS, cuya posibilidad fue negada durante décadas por los estalinistas, reveló la imposibilidad de construir el socialismo en un solo país. Hoy en día, muchos comunistas, entre ellos cubanos, están leyendo los escritos de Trotsky por primera vez, descubriendo cómo previó, casi sesenta años antes, el colapso del llamado “socialismo real”.

Las ideas de Trotsky también están siendo objeto de debate en Venezuela, dónde el presidente Chávez lo ha nombrado en varias ocasiones y recomendado la lectura del Programa de transición. La revolución venezolana, que aún no ha sido completada, es una confirmación brillante de la teoría de Trotsky de la revolución permanente, la imposibilidad de que la burguesía nacional lleve a cabo una reforma agraria y una industrialización integral del país. Ésta tarea cae sobre los hombros del proletariado venezolano, que actualmente está organizando un gran movimiento por el Control Obrero en las industrias básicas y en la compañía petrolera.

En este artículo hemos intentado mostrar el método de Trotsky en la construcción del partido revolucionario. Pensamos que la heroica lucha por una internacional revolucionaria no fue una pérdida de tiempo ni un proyecto utópico, sino un intento audaz y valiente por armar una nueva generación con las herramientas teóricas que pudieran asegurar la victoria final. La crisis actual del capitalismo, descrita por los propios comentaristas burgueses como la peor recesión desde la depresión de 1929, nos obliga a estudiar de nuevo el método de Trotsky. Si este artículo ha servido para ayudar en ello, su objetivo se ha cumplido.

iCitado en “Guerra y revolución. Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial”, CEIP, Buenos Aires, 2004. Página 24.

iiWinston S. Churchill: “Triunfo y tragedía”, pag.228-29

iiiIbid. pág. 262

ivInformaciones suministradas por: Ted Grant: The Italian revolution and the tasks of British workers, Workers’ International News, Vol.5 No.12, August 1943: http://www.marxists.org/history/etol/writers/grant/works/4/3/italian_revolution.html

vCitado en Felix Morrow: The Italian Revolution, Fourth International, New York, September 1943, Vol.4 No.9, pp.263-73.

viCitado en “Guerra y revolución. Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial”, CEIP, Buenos Aires, 2004. Página 28.

viiDato suministrado por la encyclopedia leksikon.orghttp://www.leksikon.org/art.php?n=299

viiiA pesar del la política conciliadora y traicionera de sus dirigentes, el Partido Comunista danés vio un crecimiento explosivo en su militancia, saltando de 4 mil a 60 mil justo después la liberación de Dinamarca. En el plano electoral crecieron del 2,4 al 12,5% del voto en octubre de 1945. Pero una vez que el partido había revelado sus intenciones reformistas, fue abandonado y perdió nueve escaños en las elecciones parlamentarias de octubre de 1947.

ixPara una explicación detallada, recomendamos la lectura de: Lal Khan: Pakistan's Other Story, Aakar Books, Delhi, 2009. pág. 72-83

xJames P. Cannon: Theses on the American Revolutionhttp://www.marxists.org/archive/cannon/works/1946/thesis.htm

xiCitado en Ted Grant: History of British Trotskyism, Wellred, London, 2002, pág. 130

xiiLa posición de la mayoría sobre la inevitabilidad de un período de Bonapartismo en Europa se reflejó en muchos de sus escritos de aquel entonces, entre ellos los artículos de Pierre Frank:http://www.marxists.org/history/etol/writers/frank/1945/11/demobonapart.htm yhttp://www.marxists.org/history/etol/writers/frank/1945/11/bonapart2.htm

xiiiLos documentos de la fracción Morrow-Goldman están disponibles en los siguientes archivos: 
Félix Morrow: http://www.marxists.org/archive/morrow-felix/index.htm 
Albert Goldman: http://www.marxists.org/history/etol/writers/goldman/index.htm 
Jean Van Heijenoort: http://www.marxists.org/history/etol/writers/heijen/index.htm

xiv“El cambio de la correlación de fuerzas en Europa y el papel de la Cuarta Internacional”, publicado en: Ted Grant: The Unbroken Thread, Fortress Books, London, 1989, pág.83-110.

xvIbid. Pág, 92-93

xvi“Proposed line of amendment to International Conference Resolution “New Imperialist Peace and the Building of the Parties of the Fourth International””. Workers’ International News, November-December 1946:http://www.marxists.org/history/etol/newspape/win/vol06/no10/amendment2.htm

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