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Las últimas noticias procedentes de Myanmar (Antigua Birmania) son que
los soldados han disparado gas lacrimógeno contra la multitud de
manifestantes. Ayer, otras noticias decían que al menos un manifestante
había muerto y otros estaban seriamente heridos. Las fuerzas de
seguridad han asaltado varios monasterios porque se han convertido en
el centro de atención del actual malestar.
El régimen intenta contener a las masas
con la fuerza bruta. En 1988, según todas las noticias disponibles,
unas 3.000 personas fueron asesinadas en las protestas de masas. Por lo
tanto, no puede haber ninguna duda de la brutalidad de este régimen ni
de la intensidad que pueda alcanzar en sus intentos de contener la
marea de protesta.
Lo que está aún por ver es si la actual
correlación de fuerzas permite que esta situación se repita a la misma
escala que antes. Desde 1988 han cambiado muchas cosas, en el pasado,
el régimen se había basado en el modelo del estalinismo chino, pero la
Unión Soviética desapareció y China ha tomado el camino del
capitalismo, pero algo más importante ha cambiado dentro de la propia
Birmania, y es precisamente el empeoramiento de las condiciones
económicas y sociales.
La hipocresía del imperialismo
Después de las protestas de masas y de la amenaza de represión
brutal por parte del régimen, George W. Bush y Gordon Brown, como era
de esperar, han hecho sonar los tambores de la "democracia" y los
"derechos humanos". A principios de esta semana el presidente Bush
anunció nuevas sanciones norteamericanas a Myanmar, atacó al régimen
militar por imponer un "reinado de terror que dura 19 años", negando
cualquier libertad básica, discurso, reunión y culto.
En su reciente discurso ante la
Asamblea General de la ONU en Nueva York, dijo que los "estadounidenses
están escandalizados por la situación en Birmania". La Unión Europea
también ha añadido su voz a la protesta, el primer ministro británico
Gordon Brown declaró: "Todo el mundo ahora observa a Birmania y su
régimen, ilegítimo y represivo, debería
saber que todo el mundo lo tendrá en cuenta. La época de la impunidad
en el cumplimiento e ignorancia de los derechos humanos ha terminado".
Los medios de comunicación occidentales publican un artículo tras otro
sobre la ausencia de democracia en Birmania.
Gordon Brown, también ha defendido en
el Consejo de Seguridad de la ONU una reunión para discutir la crisis,
sin duda con la propuesta de que la UNU de pasos para resolver la
crisis. Ha pedido que la ONU mande a un enviado a Myanmar.
Este llamamiento a la ONU es un intento
de confundir las cosas y presentar a la "opinión pública" mundial la
idea de que la ONU es un árbitro independiente que puede resolver este
tipo de conflictos. Hemos repetido en muchas ocasiones que la ONU no
puede jugar un papel independiente. No puede garantizar la paz ni
solucionar conflictos importantes. La ONU sólo puede expresar los
intereses de las grandes potencias, si éstas llegan a un acuerdo sobre
una cuestión, entonces la ONU puede ser utilizado como una cobertura
para demostrar "imparcialidad". Donde las potencias imperialistas no
llegan a un acuerdo entonces la ONU es inútil, lo vimos con claridad en
el caso de la guerra de Iraq y como la potencia más fuerte es la que
decide. En el caso de Myanmar, si la ONU consigue hacer algo,
simplemente será poner un sello sobre las decisiones adoptadas por las
grandes potencial.
Un régimen brutal
Nadie puede tener alguna duda sobre la
naturaleza brutal del régimen de Myanmar. Se trata de uno de los más
brutales y corruptos del mundo, las masas tienen muchas razones para
protestar. Sus condiciones de vida se han hundido a partir de un nivel
ya muy bajo. Pero Bush y Brown no tienen capacidad para sentirse
avergonzados o apenados, ni hacer declaraciones que expresen su
indignación. Al mismo tiempo que desencadenan unas condiciones
espantosas sobre la población de Iraq y Afganistán, mientras continúan
apoyando a un golpe militar tras otro, de repente descubren un amor por
la democracia en Myanmar.
Los verdaderos socialistas defienden el
derecho de las masas de Myanmar a decidir s destino, a eliminar este
régimen opresivo y sustituirlo por un gobierno que defienda sus
intereses reales. Pero no lo van a conseguir de EEUU o Gran Bretaña, ni
de la UE u otra potencia imperialista. La actual "oposición" tampoco
cumplirá los deseos de la población. Simplemente explota el genuino
descontento de las masas para, sobre sus espaldas, llegar al poder. No
son los representantes de las masas.
Lo que tenemos es una lucha por esferas
de influencia, particularmente entre EEUU y China. India también tiene
una apuesta importante y compite con China para conseguir el control de
las materias primas, en lo que Myanmar es rico. Como en Ucrania,
Georgia y en otras muchas situaciones similares, EEUU ha maniobrado
para conseguir poner en el poder a sus títeres, y el caso de Myanmar no
es diferente. EEUU quiere marginar a China e imponer un régimen
"democrático" que aplique las políticas del Banco Mundial y el FMI, es
decir, la política dictada por el imperialismo que incluiría la
extensión de las privatizaciones, los recortes del gasto social y un
ataque general al ya miserable nivel de vida de las masas. Para
comprenderlo sólo hace falta mirar lo que ha ocurrido en Ucrania
después de la llamada "revolución naranja".
Por esa razón debemos hacer una
distinción entre las genuinas aspiraciones de la población y los
objetivos y pretensiones de la "oposición" apoyada por Occidente. Para
conseguirlo necesitamos desenmarañar lo que ha ocurrido en Myanmar
durante las décadas pasadas.
Antecedentes históricos
El régimen actual tiene sus orígenes en
los acontecimientos ocurridos en 1962, cuando Ne Win dio un golpe de
estado y siguió el modelo de la China maoísta, nacionalizó toda la
tierra, la industria y el comercio, y creó un régimen totalitario de un
solo partido. Incluso adoptó el título de "presidente". Se eliminó el
capitalismo y se estableció la economía planificada. Que esto fuera
posible sólo era un reflejo de la incapacidad de la entonces burguesía
birmana para desarrollar la economía del país. También demuestra el
papel del imperialismo británico en el pasado, cuando Birmania era su
colonia. Tardaron 62 años en conquistar todo el país, entre 1824 y
1886, y después lo controlaron hasta 1948. Durante todo ese período no
consiguieron desarrollar el país de forma significativa.
Incluso después de la independencia
formal, siguió totalmente dominado por el imperialismo. En esas
condiciones Ted Grant analizaba en 1964 los acontecimientos en Birmania
y explicaba el proceso:
"Es la incapacidad de la burguesía,
semi-burguesía, clases medias superiores, terratenientes y pequeña
burguesía a la hora de resolver estas tareas lo que plantea el problema
de la revolución permanente de una forma distorsionada. Si en las zonas
coloniales del mundo hubieran existido partidos y tendencias marxistas
fuertes, el problema se habría planteado de una forma completamente
diferente. Se habría planteado desde una perspectiva internacionalista.
Incluso más que en los países industrialmente desarrollados de
occidente, el socialismo en un solo país o, se podría añadir, en una
serie de países atrasados, es una quimera imposible. Sin embargo, las
tareas del desarrollo de estos países se plantean de una forma
imperiosa. Con la correlación mundial de fuerzas, con el retraso de la
revolución en occidente, con la ausencia de partidos marxistas y con
las clases sociales en estos países, es inevitable un fenómeno nuevo y
peculiar.
"Con la poderosa revolución china en
sus fronteras, los acontecimientos en Birmania, por ejemplo, han
adoptado una forma peculiar. Desde el final de la guerra la sociedad
birmana ha estado desorganizada. Las minorías nacionales han luchado
constantemente por la autodeterminación y por la autonomía nacional en
sus propios estados (Kachnis, Shans, etc.) y al mismo tiempo las
diferentes fracciones del partido estalinista han llevado a cabo una
terrible guerra de guerrillas. Un gobierno ha sucedido a otro, pero
todos han sido incapaces de poner su sello en la sociedad. Como le
ocurrió a la burguesía china antes, han sido incapaces de unificar la
sociedad, dar cohesión social, satisfacer la sed de tierra de los
campesinos o romper el poder económico del imperialismo. Un síntoma
importante de los nuevos procesos que se darán en estos países
atrasados es que todas las fracciones en Birmania se autodenominen
‘socialistas'. El imperialismo dominaba la economía gracias a que
poseía una gran parte de la industria y las principales fuerzas
económicas como son las plantaciones de teca, el petróleo y el
transporte.
"Con el ejemplo chino en su frontera,
cada vez era más evidente para las capas superiores de la pequeña
burguesía que por el camino de la sociedad burguesa no había salida
para Birmania. Como en China, en las décadas anteriores a la revolución
la burguesía fue incapaz de llevar hasta el final la guerra de
guerrillas y asegurar el desarrollo de una sociedad estable, la
inauguración de la industrialización y la creación de un estado
moderno.
"Cada uno de los gobiernos sólo intentó débilmente desarrollar la
economía. La debilidad del imperialismo, la correlación de fuerzas
nacional e internacional, llevó a una situación donde la casta de
oficiales se planteó el problema de encontrar cierta estabilidad dentro
de la sociedad. En todos estos países el desarrollo de la revolución
burguesa ¾un estado democrático burgués y un proceso hacia una democracia burguesa moderna¾
, teniendo en cuenta las relaciones de clase existentes, las fuerzas
nacionales y la presión de la economía mundial, es imposible durante un
largo período de tiempo.
"Consecuentemente, en Birmania era
inevitable alguna forma de bonapartismo, alguna clase de estado
policiaco-militar. La casta de oficiales se veía a sí misma en el papel
de único estrato social que podría ‘salvar' a la sociedad de la
desintegración y el colapso, ya que la débil burguesía obviamente no
ofrecía ninguna solución. Por consiguiente, la casta de oficiales que
había participado en una de las fracciones ‘socialistas' decidió que la
única forma de avanzar era siguiendo el modelo de la China
‘socialista', el llamado ‘modelo birmano hacia el socialismo'.
Rápidamente han emprendido un camino familiar, un estado totalitario de
un solo partido y la nacionalización de las propiedades extranjeras,
incluido el petróleo, la teca, el transporte, etc. Han comenzado la expropiación de la burguesía indígena. Incluso amenazan con la nacionalización de los pequeños comercios. Se han basado en los campesinos y en la clase obrera. Pero no tienen un modelo de socialismo científico, todo lo contrario, su programa es el del ‘socialismo birmano y budista'". (Ted Grant. La revolución colonial y la disputa chino-soviética. Agosto 1964)
Birmania nunca fue "socialista" como dicen los medios de comunicación
de la burguesía, era una horrible caricatura de socialismo, los medios
de producción fueron expropiados pero el poder no estaba en manos de
los trabajadores y los campesinos. El poder estaba en manos de una
elite militar burocrática.
Deberíamos añadir que el régimen que
llegó al poder, tenía una idea particularmente distorsionada de cómo se
debería desarrollar la economía. No sólo nacionalizó los altos mandos
de la economía, sino también la pequeña parcela de tierra o pequeño
negocio. Los efectos de estas medidas lejos de ayudar a desarrollar la
economía, en realidad contribuyeron a sofocar el desarrollo. EL régimen
llegó incluso a cerrar las salas de baile, eliminar el turismo y
expulsar a los extranjeros. Se convirtió en uno de los regímenes más
autárquicos jamás visto, en muchos sentidos similar al régimen
norcoreano.
Aunque se desarrolló algo la economía,
las restricciones burocráticas finalmente ahogaron a la economía,
particularmente la agricultura. Birmania era el mayor exportador
mundial de arroz, pero a mediados de los años setenta apenas producía
suficiente comida para alimentar a su propia población. El ingreso per
cápita también cayó, de 670 dólares en 1960 a 200 dólares en 1989. La
casta burocrática militar rápidamente se convirtió en un freno absoluto
para el desarrollo de las fuerzas productivas. El que era un país
potencialmente rico se convirtió en uno de los más pobres del mundo.
En los años ochenta la situación se
deterioró más. En 1987 el régimen anunció que los billetes de banco ya
no eran una moneda válida, esta medida destruyó los ahorros de la
población y llevó directamente a la insurrección de 1988 que fue
ahogada en sangre. En el mismo año, el viejo dictador retirado Ne Win y
un grupo de generales tomaron el poder, apartando a codazos a la
anterior fracción que tenía el control del Estado. Este nuevo régimen
en 1989 cambió el nombre del país a Myanmar, abandonó el nombre
anterior de: República Socialista de la Unión de Birmania, convocó
elecciones libres en 1990, la Liga Nacional por la Democracia (NLD) de
Aung San Suu Kyi's consiguió una victoria arrolladora: el 80 por ciento
de la población.
Las indicaciones son que, en la línea
de lo que está ocurriendo en China, los jefes del ejército presionan al
régimen para que abra la economía, pero no pueden soportar la idea de
perder su control sobre ella, sus privilegios se basan en este control.
No están en contra de la "liberalización", es decir, privatización y
desmantelamiento de la vieja economía planificada propiedad del estado,
pero sí quieren garantizar que mantienen el control y se convierten en
los propietarios directos de los medios de producción. En este sentido,
su modelo sigue al de China, un país donde el viejo aparato del estado
sigue intacto pero la base económica del país gira hacia el
capitalismo.
De esta manera, al mismo tiempo que se
negaron a reconocer los resultados de las elecciones de 1990, dieron
pasos a principios de los años noventa para abrir la economía y
permitir cierto desarrollo del mercado, pero los imperialistas no
tenían suficiente. ¡El régimen se detuvo a medio camino! Esa es la
verdadera preocupación del imperialismo, no la ausencia de
"democracia". Después de todo, tienen muy buenos negocios con China,
donde un régimen totalitario de partido único aún está en el poder. La
razón de su defensa de la "democracia" es que ven un régimen
democrático burgués como algo más flexible y más fácil de presionar
para que aplique su política económica.
Economía subdesarrollada
La realidad es que la economía de
Myanmar sigue estando muy subdesarrollada. Después de la represión de
1988 y que los militares se negaran a aceptar los resultados de las
elecciones de 1990, la mayor parte de la ayuda e inversión extranjera
se agotó. En 2003, la presión económica extranjera se intensificó
después de que el régimen atacara a un convoy de Aung San Suu Kyi, EEUU
impuso nuevas sanciones que asfixiaron aún más a la economía.
Las estadísticas económicas de Myanmar
no son fáciles de conseguir. Desde 1997, los generales no han hecho
público un presupuesto formal, las cifras que dan no son de confianza.
En el mismo período, las cifras de sanidad, educación, etc., son muy
escasas. Pero según algunas estimaciones: "se cree que la junta militar
gasta más del 40 por ciento de su presupuesto en armas y defensa", en
cambio, gasta menos del 1 por ciento del PIB en sanidad y educación
juntos.
Las estadísticas disponibles revelan el
terrible sufrimiento de la población de Myanmar y también el bajo nivel
de desarrollo de la economía. De una población cercana a los 50
millones, la fuerza laboral es de aproximadamente 29 millones, pero el
70 por ciento trabaja en la agricultura. Este sector supone el 50 por
ciento del PIB, mientras que la industria sólo representa el 15 por
ciento, se calcula que el desempleo supera el 10 por ciento. El PIB per
cápita anual en 2006 era de 1.800 dólares.
Sin embargo, estos datos ocultan la
distribución real de la riqueza. El 10 por ciento más pobre de la
población consume sólo el 2,8 por ciento de la riqueza nacional,
mientras que el 10 por ciento más ricos tiene el 32,4 por ciento (datos
de 1998). Esta situación ha empeorado por que la inflación se disparó y
superó el 20 por ciento. Eso explica por qué el 25 por ciento de la
población vive por debajo del nivel de pobreza. Existe un riesgo muy
elevado de enfermedad, sobre todo diarrea, hepatitis, fiebre tifoidea,
dengue y malaria. El
VIH se extiende, la esperanza de vida hasta hace unos años era de 62,
pero ahora se calcula que estaría por debajo de los 50 años. Esta es
una prueba del declive general de la infraestructura en estos últimos
años.
En medio de esta decadencia económica u
social general, la cuestión nacional se ha exacerbado aún más. La
mayoría de la población es birmana (aproximadamente un 68 por ciento),
pero el resto está formada por minorías étnicas: shans, karenni,
rakhine, china, india, mons y otros grupos más pequeños. Hay
conflictos, principalmente en las fronteras orientales y ofensivas del
gobierno que han provocado un gran número de refugiados y desplazados,
sobre todo, karenni, san, tavoyan y mon.
El grado de colapso de la economía y de
la infraestructura general se puede ver en el hecho de que el tráfico
de personas se convertido en la principal exportaciones del país, con
hombres, mujeres y niños llevados al Este y Sudeste de Asia para la
explotación sexual, el servicio doméstico y el trabajo forzoso. Muchos
de los emigrantes de Myanmar terminan como esclavos laborales y las
mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Aunque el país es rico en
materias primas, se ha convertido en el segundo productor mundial de
opio. Esta situación es una absoluta condena de estos oficiales del
ejército corruptos que están ocupados en acumular riqueza personal
mientras millones sufren una abyecta pobreza.
Movimiento de masas
En esta situación ya desesperada, el
régimen anunció en agosto medidas económicas severas, de repente retiró
los subsidios al combustible. El 15 de agosto, sin aviso previo, el
gobierno anunció que los precios del combustible subirían un 500 por
ciento.
El precio del gas se multiplicó por
cinto, el petróleo y el diesel se doblaron, el precio del autobús
también dobló. El régimen adoptó medidas desesperadas para reducir el
déficit estatal. Todo llegó de golpe sobre una población ya
empobrecida, sólo hacía falta la chispa necesaria y los generales la
proporcionaron con sus medidas económicas draconianas.
Estas medidas desencadenaron un
movimiento que ha llevado a esta situación. El 19 de agosto unos 400
"activistas pro-democracia" organizaron una manifestación en Rangún
contra el aumento de los precios. El régimen reaccionó como siempre,
arrestó a 150 manifestantes. A principios de septiembre, el movimiento,
con amplia participación de los monjes budistas, fue ganando fuerza con
los días.
Los jóvenes monjes budistas llenaron el
vacío y se convirtieron en el punto de atención del movimiento de
masas, pero no tienen una expresión política propia. El 22 de
septiembre, se manifestaron ante la casa de la líder de la oposición:
Aung San Suu Kyi, lleva allí años bajo arresto domiciliario. El 24 de
septiembre, 100.000 personas salieron a las calles de Rangún.
Divisiones dentro del régimen
En el momento de escribir este artículo, llegan noticias de nuevas
medidas represivas con detenciones de masas y disparos. Sin embargo,
también llegan noticias de que el régimen está dividido sobre la forma
de proceder. Podrían optar por el escenario de 1988, pero a largo plazo
para ellos no resolvería nada. En realidad, un intento similar podría
desatar un movimiento aún mayor que podrían derribar al régimen y dejar
en su lugar un enorme vacío de poder. Eso sería visto como una
situación muy peligrosa tanto para el régimen como para la oposición
burguesa.
Eso explica por qué algunos oficiales
se inclinan más por iniciar un diálogo con Aung San Suu Kyi. Ella tiene
autoridad moral para controlar a las masas, pero para conseguirlo,
tendría que demostrar que puede conseguir algunas conquistas, eso
significaría que el régimen debería iniciar algún tipo de transición
hacia la "democracia". También tendría que combinarlo con algunas
medidas económicas que alivien algo la presión sobre las masas.
Aquí los chinos pueden jugar un papel
importante. Ellos tienen grandes inversiones en Birmania y no quieren
ponerlas en riesgo. Según The FInancial Times
(25/9/07): "En privado, en conversaciones con EEUU, y en público estas
últimas semanas, aunque menos explícitamente, China ha pedido a
Birmania que la premio Nobel en la actualidad detenida, Aung San Suu
Kyi, reconozca directamente su mandato democrático.
"En septiembre, Tang Jiaxuan, anterior
ministro de exteriores que fue utilizado como enviado por Pekín, señaló
a los dirigentes birmanos que ‘China espera con entusiasmo que Birmania
inicie el proceso democrático apropiado para el país.
"Xinhua, la agencia de
noticias oficial, añadió que China, ‘como vecino amigo, espera con
sinceridad que Birmania restaure la estabilidad interna lo más pronto
posible, manejando adecuadamente todas las cuestiones y promueva
activamente la reconciliación nacional'.
"China teme que cualquier represión
violenta sobre manifestantes pacíficos por parte de la junta, afecte
negativamente a Pekín y se entienda como su voluntad a apoyar regímenes
dictatoriales.
"China ha invertido mucho en los
gaseoductos birmanos, a menudo en competencia con la India. También
está construyendo un puerto en Kyauk Phyu, en Birmania, que estará
conectado por una autopista de 1.950 kilómetros con Kynming, la capital
de la provincia china de Yunnan".
El régimen chino es un factor
importante en la situación, como se puede ver en estas citas. El hecho
de que aproximadamente el 35 por ciento de las importaciones birmanas
procedan de China, destaca la influencia que China puede tener sobre el
régimen.
Si esto basta para cambiar la actitud
de los generales lo veremos muy pronto. Una cosa sí está clara: los
días del régimen están contados. Tarde o temprano caerá. Lo trágico de
la situación es que las masas trabajadoras no tienen una alternativa
real. Los trabajadores no tienen una voz independiente. Los fracasos
del viejo régimen estalinista son utilizados por los medios de
comunicación para desacreditar la idea del socialismo. Esta situación
deja un enorme vacío que alguien debe llenar.
La naturaleza de la oposición
Como hemos visto, la dirección llegó al principio de los jóvenes
monjes budistas, alrededor del movimiento de masas que se ha
desarrollado, pero tampoco tienen voz política propia. Ante esta
situación, ellos miran a Aung San Suu Kyi y a la Liga Nacional por la
Democracia. Esta mujer, gracias a los años de arresto domiciliario ha
acumulado una autoridad moral que la permite presentarse como "líder"
del movimiento de masas.
Como ya hemos subrayado, ni ella ni su
partido son los promotores de este movimiento. Este movimiento es una
reacción a las terribles condiciones en las que viven las masas, sin
embargo, aunque ella no ha promovido el movimiento, la más probable es
que sea su principal beneficiaria.
Aung San Suu Kyi es la hija de uno de
los "héroes de la independencia" de Birmania y se ha convertido en "el
símbolo vivo de las aspiraciones birmanas de una vida mejor", como la
describe The Financial Times.
Sin embargo, algunos "hechos" históricos nos pueden ayudar a arrojar
luz sobre los antecedentes de esta mujer. Su padre realmente colaboró
con los japoneses contra los británicos durante la Segunda Guerra
Mundial, y contó con la ayuda de Ne Win, el hombre que encabezó el
golpe de estado de 1962. Cuando los japoneses se retiraron, estos dos
"héroes" cambiaron de bando y se unieron a los británicos. Ese es el
"antiimperialismo" de estos dos caballeros. Muchos años después, vemos
a la hija de Aung San, Suu Kyi, utilizada como un instrumento de la
política imperialista, en esta ocasión el imperialismo norteamericano.
El cinismo del imperialismo y sus estrategas a sueldo, se puede ver en el siguiente análisis publicado hace poco por The Financial Times:
"Kyaw Yin Hlaing, un profesor de
política de la Universidad de Hong Kong, dice que algunas concesiones,
incluidas medidas para aliviar las condiciones de vida cotidianas,
podrían reducir el impulso de las manifestaciones. ‘La gente pide
cambios', señala él. ‘La manera más fácil de tranquilizar la situación
es hacer algo que les haga sentir que se han producido algunos cambios
y que en el futuro habrá más'.
"Medidas económicas limitadas sin la
promesa de un cambio político fundamental puede que no basten para
acabar con las protestas, dado el calado de la furia popular. Y
‘obtener un acuerdo pacífico negociado que permita un avance política,
requiere un líder fuerte por ambas partes, que esté dispuesto al
compromiso y que pueda controlar sus componentes', estas son las
palabras de un diplomático en Bangkok y durante mucho tiempo observador
en Birmania". (The Financial Times. 25/9/07).
Así que todo lo necesario es "ver" qué se puede hacer y quién controla
a sus "componentes". Nada de un cambio real, ni de una mejora genuina
de los problemas de las masas. Estas palabras no deben sorprendernos.
La elite militar quiere mantener el poder por temor a perder sus
privilegios. Quieren el capitalismo para sí mismos y así seguir como la
elite de la sociedad. La oposición quiere un capitalismo en la línea de
los intereses del imperialismo. Sobre esta base, ambas partes van en
contra de los verdaderos intereses de las masas explotadas.
Perspectiva socialista
En 1988, el movimiento de masas habría podido derribar al régimen si
hubiese tenido una dirección correcta, con una perspectiva socialista y
verdaderamente revolucionaria. La solución no era sembrar ilusiones en
el "mercado", sino arrebatar el poder al ejército y sustituirlo por un
genuino poder obrero y campesino. Esta medida no implicaba la
privatización, sino la economía planificada y estatal bajo el control
democrático de los trabajadores y campesinos, a través de organismos
elegidos democráticamente.
Como no existía tal dirección, entonces
Aung San Suu Kyi y su parte han conseguido la autoridad y ahora pueden
llenar el vacío. Esto significa que las masas de Myanmar tendrán que
pagar un precio elevado. Si el movimiento finalmente es ahogado por la
casta militar corrupta que está en el poder, será sobre la espalda de
este movimiento como llegará al poder la oposición burguesa. Entonces
acelerará las privatizaciones y abrirá la economía al mercado mundial.
Los recursos del país ya son saqueados por las potencias extranjeras,
en particular China. Este saqueo se multiplicará por mil y las masas de
Myanmar no vivirán mejor.
En cierta etapa, las masas comprenderán
la retórica vacía de la oposición Aung San Suu Kyi y la Liga Nacional
por la Democracia perderán su brillo. En estas condiciones, una
verdadera alternativa socialista podría ganar el oído de las masas, la
tarea es construir esa alternativa.
Esta tarea se puede ver facilitada por
los acontecimientos de los países que le rodean, sobre todo India y
China, donde existe una clase obrera poderosa. Debido al extremo
subdesarrollo de Myanmar, la solución de la crisis actual no reside
sólo dentro de sus fronteras. Incluso un régimen socialista sano, con
una verdadera democracia obrera sufriría una presión internacional
inmensa. Si la democracia obrera que existía al principio en la Unión
Soviética no superó el aislamiento de la revolución, cómo se puede
esperar que Myanmar tenga mejor suerte.
La solución a la crisis actual está en
la lucha por una Federación Socialista de Asia, dentro de la cual, los
trabajadores y los campesinos de Myanmar encontrarían su papel. Los
marxistas tenemos el deber de decir a las masas la verdad, no podemos
caer en la trampa de crear ilusiones en la oposición que hoy existe en
el país. Reconocemos la inmensa voluntad revolucionaria de las masas,
apoyamos sus aspiraciones, pero también debemos decirle que sólo pueden
basarse en sus propias fuerzas, tomar el poder y unirse a los
trabajadores de la región para poder encontrar una solución duradera.
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