“[…] propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencia del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc.” [Lenin]

En el ámbito de lo cotidiano, es decir ahí donde lo que priva no es un estudio científico de la realidad sino el sentido común, o más bien el prejuicio de la gente, resulta fácil encontrar opiniones que sin proponèrselo señalan muy bien el contenido ideológico de una época. La ideología entendida como un sistema de ideas que justifica un sistema dado y a la vez crea condiciones para su reproducción, no surge de la nada. Procede de las necesidades de la clase dominante, no obstante estas necesidades no se plasman en el conjunto de la sociedad de clases de manera automática. Toda nueva ideología tiene que enfrentarse con otra precedente o el algunos casos confundirse con ella, así mismo la ideología dominante para establecer su hegemonía tiene que enfrentarse a los demás sectores sociales apareciendo como su representante general, aunque en los hechos las combata con muchísimo más furor que a las viejas clases, tal es el caso de la burguesía respecto al proletariado.

El marxismo abarca un campo más amplio que la economía y la política. Abarca todo el panorama del desarrollo de la sociedad humana, del pensamiento y de la naturaleza. En este sentido, el marxismo es una filosofía. Toda filosofía intenta explicar el mundo en que vivimos y las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. La filosofía del marxismo representa la síntesis más elaborada del pensamiento humano que se ha alcanzado bajo el capitalismo. El nombre que recibe esta filosofía es el de Materialismo Dialéctico, y es su método de análisis para conocer, interpretar y transformar la realidad.

“La dignidad fundamental de la mujer como ser humano exige que no se la considere simplemente como gestadora y criadora de hijos, sino como individuo pleno con derecho a administrar su propia vida. La imposibilidad de controlar las funciones mismas que diferencian biológicamente a la mujer del hombre es de por sí una violación de los derechos humanos”. Radhika Coomaraswamy, relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, 31 de enero de 2002

La revista iraní La escena contemporánea me ha pedido que contribuya con un artículo a un número especial sobre el tema «El capitalismo y el arte». Esta publicación, de la que solo recientemente he tenido conocimiento de su existencia, es una revista teórica relacionada con el arte y, en particular, el arte escénico. Creo que el creciente interés en las ideas marxistas entre los jóvenes, artistas e intelectuales en Irán está extendiéndose significativamente y estoy encantado de poder participar en esta importante discusión [Se puede ver la edición en farsi aquí].

Hace doscientos años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad alemana de Tréveris, nació una de las más grandes figuras de la historia de la humanidad. Doscientos años más tarde, a pesar de todos los furiosos ataques, las distorsiones maliciosas y los rencorosos intentos de socavar su imagen como hombre y pensador, Karl Marx ha consolidado su lugar en la historia como un destacado genio en el ámbito de la teoría.

La Revolución de Octubre cambió radicalmente la situación de los homosexuales en Rusia, como lo hizo para las mujeres. En 1922, se aprobó el primer Código Penal de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Todas las viejas leyes zaristas fueron suspendidas hacia 1918 y cuando, finalmente, después de algunos años de debate, se adoptó la nueva constitución, la homosexualidad o "sodomía" como se la llamaba, fue despenalizada. Fue un avance enorme para los homosexuales, a quienes el régimen zarista podía arrestar, condenar a años de prisión o enviar a campos de trabajo forzado.

El asesinato de Trotsky por un agente estalinista es reprobable desde muchos puntos de vista. Destaca sobre todo la forma particularmente cobarde, primitiva y vil del asesinato; que no fue más que un reflejo del carácter cobarde, primitivo y vil del régimen de Stalin en la URSS y del propio carácter del dictador.

100 años atrás en Rusia, en medio de lo que fue la primera gran carnicería humana del siglo XX –la Primera Guerra Mundial-, el pueblo ruso, el Partido Bolchevique y su dirección, especialmente Lenin y Trotsky, tomaron el poder y derrumbaron el imperio de los Zares. Si omitimos el breve periodo en que los trabajadores parisinos que gloriosamente se organizaron y tomaron el poder en los tres meses que duró la comuna de París, en 1871; se demostró, por la vía de los hechos, que la clase obrera era capaz, no solo de derribar la vieja oligarquía zarista sino hacer a un lado a la cobarde burguesía rusa y sus partidos y llegar de forma pacífica al poder.

Lenin en El Estado y la revolución escribió: “Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar' y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”.

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