Documento para el debate político de la CMR
A 33 años de la Revolución Portuguesa
- Lecciones para Venezuela.
El futuro de la UNT y los peligros de reformismo y el ultraizquierdismo
Introducción
Hace escasos días, el Presidente Chávez llamaba a los
sindicatos "verdaderamente revolucionarios" y a la clase obrera a jugar
el papel que les corresponde en la revolución venezolana. Ciertamente,
uno de los factores centrales que ha impedido hasta el momento que
nuestra revolución haya podido llevar a cabo las dos tareas pendientes
sin las cuales es imposible plantearse la construcción del socialismo:
la expropiación de los capitalistas y la construcción de un genuino
estado revolucionario; es la ausencia de una dirección al frente del
movimiento obrero venezolano con unas perspectivas, programa y métodos
de actuación que ayuden a lograr ese objetivo.
La clase obrera venezolana ha demostrado no una sino varias
veces durante esta revolución su capacidad de lucha y decisión de ir
hasta el final. En la lucha contra el paro petrolero los trabajadores
recuperaron varios centros petroleros y los dirigieron durante varias
semanas bajo control obrero incorporando a ese movimiento a las
comunidades e incluso a sectores revolucionarios de la Fuerza Armada
Nacional. Más tarde, fueron los trabajadores de empresas cerradas por
los empresarios como Venepal o CNV (actuales Invepal e Inveval) quienes
tomaron las fábricas y lograron su expropiación. Ahora mismo estamos
viendo la magnífica lucha que están desarrollando los trabajadores de
Sanitarios Maracay, los cuales no sólo han tomado la empresa contra el
intento del empresario golpista Álvaro Pocaterra de cerrarla sino que
la han puesto a funcionar bajo control obrero.
Todos estos casos demuestran que, cuando la clase obrera se
pone en marcha, se convierte en un punto de referencia para el conjunto
del movimiento revolucionario. Pero la pregunta es ¿Porqué si la clase
obrera ha mostrado su fuerza potencial para encabezar la construcción
del socialismo, la principal organización obrera del país, la UNT,
sigue sin jugar el papel que se esperaba cuando nació y que los
trabajadores y el resto del movimiento revolucionarios necesitamos que
desempeñe? En este trabajo intentaremos responder a esta pregunta y
sobre todo sacar conclusiones que sirvan para abrir el debate acerca de
qué programa, plan de lucha y métodos necesita la UNT para cumplir su
misión histórica.
En virtud de su posición central en el modo de producción
capitalista, la clase obrera tiende a desarrollar de forma natural
métodos de lucha colectivos y una conciencia socialista. Esto la
convierte en la única clase social capaz de agrupar a todos los demás
sectores oprimidos entorno a un programa genuinamente anticapitalista y
construir un estado revolucionario capaz de sustituir a la estructura
estatal forjada por la burguesía para preservar su dominación. Sin
embargo, esta capacidad potencial no es suficiente por sí sola. La
clave de toda revolución se encuentra en la capacidad de los
revolucionarios para construir una organización que agrupe en primer
lugar a los trabajadores más combativos y conscientes y, a través de
ellos, sepa ganar al conjunto de la clase obrera y de los demás
sectores revolucionarios para las ideas del socialismo marxista. La
historia nos ofrece numerosos ejemplos de situaciones revolucionarias
que fueron desaprovechadas porque sectores importantes de la vanguardia
obrera, en lugar de dotarse de un programa, táctica y métodos que les
permitieran ganar la confianza del resto de las masas, se dejaron
llevar por la impaciencia y acabaron adoptando métodos y consignas que
les separaban del grueso de las masas.
En otros materiales hemos desarrollado esta idea en relación a
las tareas que tienen por delante el movimiento obrero y la UNT en la
revolución venezolana, así como respecto a temas como las elecciones de
la UNT, la división que se produjo en el último Congreso. En particular
hemos insistido en que la UNT debe adoptar como eje central de su
actuación la lucha por la defensa y profundización de la revolución,
organizando la toma de empresas, poniéndolas a funcionar bajo control
de los trabajadores, desarrollando para ello Consejos de Trabajadores o
Comités de Fábrica en cada centro de trabajo y demandando al gobierno
revolucionario la estatización de estas empresas bajo control obrero.
En este artículo volveremos sobre estas y otras ideas pero lo haremos
intentando comparar nuestra revolución con otros procesos
revolucionarios en los que vivimos problemas similares y en particular
con la Revolución Portuguesa, de la cual se cumplen 33 años este
próximo mes de abril. De esta comparación podemos extraer, en nuestra
opinión, lecciones que puedan resultar muy valiosas para nuestra
revolución y en particular para los cuadros y activistas obreros de la
UNT
El ejemplo de Portugal
La revolución portuguesa, como la nuestra, no fue en un inicio
encabezada por el movimiento organizado de la clase obrera sino por un
sector de la oficialidad de ejercito. Como explicó Ted Grant, fundador
de la Corriente Marxista Internacional, en determinados contextos
históricos puede darse un impasse en la lucha de clases: la burguesía
ya no puede seguir desarrollando y dirigiendo la sociedad pero la única
clase que puede sustituirla, el proletariado, a pesar de tener la
fuerza potencial para hacerlo, ve bloqueado el cumplimiento de su rol
histórico por la ausencia de una dirección con una política que le
permita luchar por el poder. En ese contexto, otras clases sociales, o
estratos de ellas, pueden actuar como un cauce que expresa el malestar
acumulado en la sociedad y abre las puertas al movimiento
revolucionario de las masas. Esto refleja el enorme potencial
revolucionario existente, lo favorables que son las condiciones
objetivas para la revolución.
Portugal enfrentaba una guerra por mantener el dominio de sus
colonias en África que se había convertido en una pesadilla. La cuarta
parte de los adultos de sexo masculino estaba movilizada en el
ejército. La guerra era cada vez más impopular dentro del propio
Portugal y devoraba ingentes recursos humanos y económicos. A ello vino
a unirse la crisis internacional del capitalismo iniciada en 1973, que
golpeaba con especial dureza a un capitalismo débil como el portugués y
extendía el descontento por toda la sociedad.
Las masas obreras y
campesinas, empujadas a un abismo de miseria y degradación, no podían
esperar a que surgiese un partido revolucionario de la clase obrera que
las guiase al poder. El golpe de estado del 25 de Abril de 1974 fue
organizado por los capitanes del ejército, quienes hartos de la guerra
y de la ineficiencia, corrupción y decadencia de la burguesía
decidieron agruparse en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) y
derribar al dictador Caetano. El golpe militar rompió el dique que
contenía todo el inmenso malestar social acumulado y ofreció a las
masas el cauce que estaban buscando.
Tras la victoria del golpe,
trabajadores, campesinos, desempleados, la gran mayoría de las capas
medias, se echaron a la calle. Portugal, como hoy Venezuela, se tiñó de
rojo y los claveles de este color, transformados en símbolo de la
revolución, se agotaron en todo el país.
El programa de los líderes del MFA no cuestionaba inicialmente
el capitalismo, sus objetivos eran: convocar una Asamblea Constituyente
que elaborase una Constitución democrática, buscar una distribución más
justa de la riqueza y desarrollar el país. Sin embargo, como también ha
ocurrido en Venezuela, a medida que estos objetivos elementales de la
revolución chocaban con los límites del capitalismo y los burgueses,
asustados por la movilización de las masas, recurrían al saboteo y la
desestabilización, un sector de los militares del MFA, reflejando las
aspiraciones obreras y populares, giraba cada vez más a la izquierda.
Mientras, los sectores más moderados -bajo la influencia de la
burguesía- giraban a la derecha buscando un camino para frenar la
revolución.
De los claveles a la explosión del control obrero y el "poder popular"
La burguesía intentó hasta tres golpes de estado en el plazo de
un año para intentar tumbar la revolución, y todos fueron derrotados
por la movilización de las masas. El resultado, al igual que aquí, fue
-como le gusta decir al Presidente Chávez citando a Trotsky- que el
"látigo de la contrarrevolución" espoleó a la revolución. En Portugal
esto llevó incluso, tras la derrota del golpe de estado
contrarrevolucionario del 11 de marzo de 1975, a nacionalizar la banca,
las compañías de seguros y otras empresas clave. La clase obrera
desarrolló Comisiones de Trabajadores en las fábricas. Las comunidades
de las grandes ciudades -que vivían en condiciones muy parecidas a las
de nuestros cerros- crearon en los barrios más humildes (los llamados
"barrios de lata") de Lisboa, Oporto y otras ciudades Consejos
Vecinales ("Comissoes de Moradores") para organizar la lucha por la
vivienda, contra el desabastecimiento y las subidas de precios, por la
dignificación y mejora de las condiciones de vida. Los campesinos
ocuparon las tierras y empezaron a desarrollar también Comisiones
vecinales.
Tras derrotar las masas obreras y campesinas unidas a los
soldados y oficiales revolucionarios el golpe contrarrevolucionario del
11 de Marzo, el ala izquierda del MFA ganó temporalmente la mayoría en
la Asamblea del mismo. Por primera vez, el MFA definió como objetivo de
la revolución el socialismo. El Documento Guía presentado por los
militares al conjunto de organizaciones revolucionarias planteaba que
el poder popular representado por las Comisiones de Trabajadores y de
Vecinos debía ser la base del nuevo estado revolucionario y sustituir
paulatinamente al estado capitalista. Comisiones de delegados elegibles
y revocables por las bases revolucionarias asumieron el control de los
medios de comunicación golpistas y otras empresas pertenecientes a la
oligarquía. Hasta los capitalistas daban por perdido el juego. El
periódico imperialista británico The Times proclamó en su portada:
"El capitalismo ha muerto en Portugal".
Desde luego, todo parecía dispuesto para celebrar el funeral de
la burguesía portuguesa. Pero los dirigentes de las principales
organizaciones revolucionarias desaprovecharon, las numerosas
oportunidades que tuvieron de enterrar la barbarie capitalista y la
contrarrevolución pudo levantar cabeza. Sin fuerza a corto plazo para
intentar un nuevo golpe, una intervención directa del imperialismo u
otra vía violenta para aplastar la revolución, la contrarrevolución
encontró una inesperada trinchera desde la cual organizar sus planes
contrarrevolucionarios: los sectores más a la derecha del MFA y los
dirigentes socialdemócratas del PS (Partido Socialista). Estos
dirigentes aparecían ante los ojos de las masas como parte de la
revolución y hablaban en sus discursos de socialismo, "profundización
de la revolución", etc. No obstante, su concepción era reformista y en
última instancia pro-capitalista. No confiaban en la capacidad de los
trabajadores para construir una nueva sociedad. Para ellos el único
sistema posible era el basado en la propiedad privada de los medios de
producción en manos de los capitalistas.
Estos dirigentes planteaban ir despacio y mantener la propiedad
privada de los medios de producción. De palabra no se oponían al poder
popular (hacerlo significaría en ese momento desenmascararse ante las
masas y perder su apoyo) pero en la práctica, intentaban aislar y
debilitar a las Comisiones, convertirlas en órganos meramente
consultivos o en todo caso con un poder limitado a escala local o
barrial. Al tiempo, hacían todo lo posible para frenar la construcción
de un estado revolucionario basado en la unificación de todas las
Comisiones de Trabajadores y Vecinos que pudiese sustituir al estado
burgués. Su posición de cara al movimiento, mientras no podían acabar
con las Comisiones en cada barrio o centro de trabajo, era decir que
éstas podían mantenerse en esos espacios pero subordinadas y
supeditadas al aparato del estado existente que era el creado por la
burguesía.
El reformismo y el ultra-izquierdismo ayudan a recuperarse a la burguesía
La burguesía se apoyó durante un tiempo en estas ideas para
frenar la revolución y recuperar la iniciativa política. Comprendía lo
que no entendían los dirigentes políticos y sindicales de la clase
obrera: que la clave de la revolución estaba en las ocupaciones de
empresas, que seguían extendiéndose por todo el país, y en el
desarrollo y posible unificación de las Comisiones de Trabajadores y
Vecinos que estaban surgiendo. Sobre todo, la clave -para las
burgueses- estaba en que las organizaciones obreras de masas (partidos
y sindicatos) no impulsasen el desarrollo de esas Comisiones (Consejos)
que estaban surgiendo en los barrios y centros de trabajo.
Si la Intersindical, la central sindical que agrupaba a los
sindicatos creados por los trabajadores durante los últimos años de la
dictadura y tras el golpe del 25 de Abril de 1974, hubiese generalizado
la toma de empresas llamando al MFA a expropiarlas y ,unido
inseparablemente a ello, hubiese impulsado las Comisiones de
Trabajadores y planteado un plan de acción para unificar estas a nivel
local, regional y nacional entre si y con las Comisiones de Vecinos,
Campesinos, las asambleas de soldados y oficiales revolucionarios que
empezaban a desarrollarse, etc. esos organismos que agrupaban a todos
los sectores revolucionarios habrían empezado a desarrollarse como un
estado revolucionario alternativo al creado por los capitalistas. La
burguesía y la burocracia no habrían tenido fuerzas con qué oponerse a
ese desarrollo.
Pero ni los dirigentes estalinistas del Partido Comunista
(PCP), que tenían la mayoría en la Intersindical, ni los líderes
reformistas del PS (la primera fuerza de la izquierda en las elecciones
con el 37% de los votos y la segunda en el movimiento sindical)
planteaban nada de esto. Por lo que respecta a los grupos de la llamada
extrema izquierda, aunque muchos hablaban del poder popular carecían de
un programa y una orientación correcta hacia la base de los sindicatos
y los propios partidos socialista y comunista.
Estos grupos, más o menos numerosos según los casos, agrupaban
capas minoritarias de activistas obreros, campesinos y populares que
habían sacado conclusiones más avanzadas que el resto del movimiento,
pero nunca fueron vistos como una alternativa viable por las masas.
Hacían del poder popular, el control obrero y las Comisiones su bandera
y llegaron a influir e incluso dirigir varias tomas de empresas y
Comisiones de Trabajadores pero en lugar de dirigirse a los dirigentes
comunistas y socialistas con una táctica de Frente único llamándoles a
unificar la lucha por desarrollar el control obrero e impulsar las
Comisiones como hicieron los bolcheviques durante la revolución rusa
(lo que les permitió ganar la mayoría en los soviets -Consejos- de
trabajadores, campesinos y soldados) aplicaban una política sectaria y
ultra-izquierdista. La mayoría de estos grupos declaraban al Partido
Socialista un partido burgués porque sus dirigentes pactaban con la
burguesía, sin comprender que las masas que votaban al partido
socialista eran trabajadores y campesinos que querían hacer avanzar la
revolución.
De hecho, los dirigentes del PS de cara a sus bases se cuidaban
mucho de hablar de frenar la revolución: se proclamaban defensores de
la "autogestión" (aunque luego intentaban frenar o dejar aislados los
intentos de los trabajadores de gestionar las empresas), se proclamaban
"el partido del socialismo en libertad" frente al partido comunista al
que acusaban de dictatorial y autoritario, etc. No obstante, los
dirigentes de los grupos ultra-izquierdistas no entendían que lo que
era evidente para una reducida capa de activistas que les seguían (el
carácter burocrático y reformista de los dirigentes del PS o del PCP)
no lo era para las masas que votaban socialista o comunista. Se
dirigían al PS, PCP e incluso al MFA, con un método sectario que les
aislaba de las masas que apoyaban a estas organizaciones y que eran la
inmensa mayoría del movimiento revolucionario.
La política reformista de unos y ultra-izquierdista de otros
dio a la burguesía y a la burocracia el "chance" que buscaban.
Aprovechando estas contradicciones de la revolución y las crecientes
divisiones en el seno del movimiento obrero, la burguesía - a través
sobre todo de la burocracia reformista que dirigía el PS y con menos
éxito de su propio partido, el PPD, al que para la ocasión bautizó
también como "socialista y democrático" - consiguió cierto eco para su
propaganda antimarxista entre los sectores más atrasados políticamente
de los campesinos, las capas medias e incluso entre capas menos
conscientes políticamente de los trabajadores.
El mantenimiento de las viejas instituciones burguesas al lado
de los organismos del poder revolucionario, aunque al principio
pareciese que eran estos últimos los que mandaban y que el viejo estado
sólo tenía una función simbólica, fue otro elemento determinante para
la recuperación de la confianza e sí misma y la iniciativa por parte de
la burguesía. Les permitía mantener agrupadas sus fuerzas en espera de
la ocasión propicia para pasar al ataque y generaba una nueva
burocracia (disfrazada de revolucionaria pero cada vez más alejada de
las bases) al lado de la que todavía pervivía. Esto, además de sabotear
cualquier medida revolucionaria, distorsionaba el funcionamiento de la
economía pero sobre todo introducía el veneno de la desmoralización y
el escepticismo en el seno de las masas. El escepticismo, la idea de
que nada ha cambiado decisivamente y sobre todo la de que es imposible
que cambie, es el cáncer de cualquier revolución.
Estos sectores, habían despertado a la vida política consciente
con la revolución pero traían a sus espaldas décadas de prejuicios
políticos y religiosos inculcados por el atraso, la Iglesia católica y
la vida cultural limitada y asfixiante impuesta por cinco décadas de
dictadura. Aún así, apoyaban la revolución y el socialismo, esperaban
que éste solucionase sus problemas. Sin embargo, sus problemas seguían
sin encontrar solución y lo único que veían eran discursos, luchas que
no comprendía muy bien entre unas organizaciones de izquierda y otras
por controlar el movimiento, etc. Poco a poco, con un discurso
formalmente "socialista" y "revolucionario" que disfrazaba sus
verdaderos objetivos, los militares de la derecha y el centro del MFA y
los burócratas reformistas lograron desprestigiar la idea del poder
popular y crear una base social entre los sectores más atrasados de la
población para la idea de que hacía falta orden y que la revolución
sólo significaba caos y problemas. Pero el apoyo a la revolución era
tan masivo que sólo pudieron lograrlo a causa de las políticas
absolutamente equivocadas de los dirigentes obreros y particularmente
de aquellos que estaban más a la izquierda y expresaban el deseo de las
masas de avanzar pero no supieron ofrecer una táctica que les
permitiese hacerlo.
Las divisiones dentro del movimiento obrero
Como decíamos antes, una de las contradicciones de la
revolución portuguesa es que mientras que las bases del partido con más
apoyo electoral entre las masas, el PS, querían avanzar hacia el
socialismo la mayoría de sus dirigentes eran reformistas y aunque de
palabra decían apoyar el socialismo luchaban por mantener el
capitalismo. La incapacidad de todas las demás fuerzas de izquierda
para comprender esta contradicción y dotarse de una táctica y un
programa que les perdiera ganar primero el oído de las masas
socialistas y luego su apoyo, arrancándolas de la influencia de esos
dirigentes reformistas, fue determinante para el fracaso de la
revolución. Ya vimos antes como los grupos ultraizquierdistas
Sin embargo, los dirigentes de las numerosas corrientes de
izquierda críticas con la dirección burocrática y reformista del
partido que surgieron en el PS tampoco entendieron que las masas, y más
en medio de una revolución, no miran hacia los pequeños grupos sino que
se expresan a través de aquellas organizaciones que ven más fuertes y
con más capacidad para cambiar las cosas. Esta es una ley histórica. El
que no entienda esto nunca podrá ganar a las masas para una política
revolucionaria. El PS era el partido más votado de la izquierda.
Millones de trabajadores votaban socialista buscando un socialismo
genuino pero rechazaban el totalitarismo estalinista. Estaban
descontentos con las políticas reformistas que la mayoría
socialdemócrata de la dirección del partido aplicaba bajo la presión de
la burguesía pero entendían que el PS era la herramienta que tenían a
mano para llevar a cabo la transformación de la sociedad e intentaron
una y otra vez reparar esa herramienta.
Si se hubiese organizado una izquierda marxista fuerte dentro
del Partido con un programa verdaderamente socialista, marxista, habría
podido ganar a la mayoría de las bases para ese programa. Pero los
dirigentes socialistas más a la izquierda cayeron en las provocaciones
de la burocracia y cometieron el gravísimo error de irse del partido.
El resultado fue convertirse en grupos minoritarios, que nunca lograron
ser un referente para las masas y que, de paso, ni siquiera tenían un
programa marxista, oscilando entre el reformismo de izquierdas en la
mayoría de sus propuestas y posiciones ultra-izquierdistas en algunos
aspectos concretos. Esto dejó el camino libre a los burócratas
reformistas para apoderarse del aparato del Partido y que éste en lugar
de servir para dirigir la revolución pudiese ser utilizado para
descarrilarla.
El Partido Comunista era el mejor organizado y más respetado
por las masas al inicio de la revolución. La causa era su trayectoria
de lucha contra la dictadura y la honestidad, disciplina y combatividad
de sus militantes. Pero los dirigentes del PCP eran estalinistas
convencidos. Inicialmente plantearon que Portugal estaba ante una
revolución democrático-burguesa, que la dirección de la misma
correspondía al MFA y que había que buscar una alianza con los sectores
progresistas de la burguesía. Como resultado de estos análisis
teóricos, se oponían a la toma de empresas, a la consigna de
expropiación de los capitalistas y al desarrollo del control obrero y
los Consejos o Comisiones de Trabajadores. El PCP tenía la mayoría en
la Intersindical y aplicaba en ésta una política reivindicativista: la
tarea, según ellos, no era luchar por sustituir el estado burgués en
descomposición por un estado obrero revolucionario mediante la
extensión de las ocupaciones y expropiaciones de empresas y la
unificación de las Comisiones de Trabajadores, sino pelear por las
reivindicaciones inmediatas. Esto, además de desaprovechar la
oportunidad de desarrollar organismos de poder obrero, llevaba -en un
contexto donde los empresarios cerraban las empresas para sabotear la
revolución- a un callejón sin salida al movimiento obrero. Esto
generaba las condiciones para empezar a desarrollar peligrosas
divisiones y contradicciones dentro de la propia clase obrera.
La lucha reivindicativa y la lucha por el poder
Los obreros portugueses, como también vemos hoy en Venezuela,
despertado su sentimiento de dignidad por la revolución, luchaban por
sus derechos, se organizaban en sindicatos o planteaban directamente
sus demandas a los patrones. En muchos casos, viendo el saboteo de
estos intentaban movilizarse contra el mismo. Luchas que empezaban por
los salarios, menos horas de trabajo o vacaciones se trasformaban en
luchas por ver quien tenía el poder dentro de la fábrica. Si los
sindicatos organizados en la Intersindical no se ponían al frente de la
organización de Comisiones para ejercer el control obrero los propios
trabajadores, de manera instintiva, desarrollaban esos organismos, en
algunos casos con el precio de más errores, confusión y
contradicciones. Lo mismo ha ocurrido en Venezuela: al no "pararle
bola" los dirigentes de la UNT a la toma de empresas los trabajadores
de muchas fábricas cerradas tuvieron que organizarse por su cuenta para
tomar las mismas y recuperarlas.
En Portugal, en un primer momento, los dirigentes estalinistas
de la Intersindical llegaron incluso a rechazar la toma de empresas
porque decían que generaba "caos" y "anarquía" y beneficiaba a la
contrarrevolución, cuando era precisamente lo contrario: una respuesta
de los trabajadores para luchar contra la huelga de inversiones y
producción que, como hoy aquí, realizaban los burgueses contra la
revolución. Respecto a la creación de Comisiones de Trabajadores los
dirigentes de la Intersindical tachaban a las mismas de
"antisindicales", como hoy también hacen -equivocadamente- algunos
dirigentes sindicales en nuestro país con los consejos de Trabajadores
o la lucha por el control obrero que vienen desarrollando los
trabajadores de las empresas recuperadas a través del Frente
Revolucionario de Trabajadores de Empresas en cogestión y Ocupadas
(FRETECO).
Cuando la presión de las masas se hizo insostenible e incluso
el ala izquierda del MFA empezó a hablar de socialismo y expropiar
empresas, e incluso dio su apoyo a las Comisiones, los dirigentes
sindicales del PCP pasaron a intentar controlar desde arriba las
Comisiones con métodos estalinistas. Incluso inventaron otro nombre
diferente para estas (Comités en Defensa de la Revolución) y oponían
estos Comités a las Comisiones de Trabajadores que ya habían surgido,
en lugar de luchar por unificar todos estos organismos y plantearles la
perspectiva de convertirse en base de una estructura que sirviese como
base para desmantelar el estado capitalista y levantar el nuevo estado
revolucionario
La mayoría de los trabajadores rechazaba estos métodos
estalinistas instintivamente pero no encontraba auténticos métodos
revolucionarios que oponerles. Ello permitía a los dirigentes
socialdemócratas del PS acusar al PCP y a la extrema izquierda (en su
mayoría de tradición estalinista o maoísta) de querer implantar una
dictadura en el país y poner el movimiento obrero a las órdenes de la
burocracia estalinista de la URSS. De ese modo, pudieron conservar a
amplios sectores de su base que, aunque descontentos con sus políticas
reformistas, no veían ninguna alternativa ni en el estalinismo ni en
las políticas sectarias de los grupúsculos ultra-izquierdistas.
Lo que veíamos en Portugal en 1974-75 y vemos hoy día en
Venezuela es que, en una situación revolucionaria, las leyes de la
lucha de clases se expresan de forma diferente a una época no
revolucionaria. Luchas que empiezan por los cesta-ticket, por mejoras
en la seguridad o la ropa de trabajo, o incluso como pura defensa
contra los ataques del patrón, se transforman en muy poco tiempo, ante
la amenaza de cierre o el abandono de la empresa por parte de éste, en
la toma de la misma. En general es imposible separar las luchas
reivindicativas y las luchas políticas como compartimentos estancos.
Las luchas reivindicativas pueden transformarse en políticas y al
revés. Pero en medio de una revolución es cien mil veces más absurdo (y
reaccionario) separar la lucha por las reivindicaciones inmediatas de
la lucha por el poder, por expropiar a los capitalistas y levantar el
estado revolucionario que sustituya al viejo estado burgués e inicie la
construcción del socialismo.
La revolución pone en primer lugar como motor de sí misma, no los
factores económicos sino primordialmente los factores políticos y sobre
todo psicológicos entre las masas, y su reflejo en la psicología de las
diferentes clases de la sociedad. Es una relación dialéctica: la
incapacidad de la burguesía venezolana a lo largo de las últimas
décadas para desarrollar las fuerzas productivas es la causa decisiva
que origina el proceso revolucionario bolivariano. Pero, una vez que
este se desarrolla, el hecho de que los trabajadores organicen
sindicatos y estén avanzando en su conciencia y organización, que
Chávez, y una parte del gobierno y de la dirigencia bolivariana, en
lugar de aplicar las políticas que está llevando a cabo la burguesía en
todo el mundo (privatizaciones, recortes en el gasto social) intente
otros caminos, y en muchos momentos incluso anime la movilización y
organización de las masas e intente - con más o menos contradicciones -
responder a ésta (expropiaciones, solvencia laboral, inamovilidad,
nuevas leyes contra el acaparamiento, nacionalizaciones, etc) es un
factor político que influye y condiciona decisivamente la economía
porque asusta a los empresarios (que se niegan a invertir, sabotean la
economía, etc.) y anima aún más la movilización y expectativas de los
trabajadores.
En su artículo Una vez más ¿a dónde va Francia?, en el apartado
"Las reivindicaciones inmediatas y la lucha por el poder", Trotsky
explica cómo en una situación revolucionaria, surgida precisamente de
la incapacidad de la clase dominante para desarrollar las fuerzas
productivas al nivel que lo hacía antes y poder hacer concesiones
significativas a las masas, la lucha reivindicativa y la lucha por el
poder se vinculan cada vez más claramente en la conciencia y en la
realidad cotidiana que viven las masas:
"...incluso las mayores
"concesiones" de las que es capaz el capitalismo contemporáneo
(acorralado él mismo en un callejón sin salida) seguirán siendo
absolutamente insignificantes en comparación con la miseria de las
masas y la profundidad de la crisis social. He aquí por qué la más
inmediata de todas las reivindicaciones debe ser reivindicar la
expropiación de los capitalistas y la nacionalización (socialización)
de los medios de producción. ¿Que esta reivindicación es irrealizable
bajo la dominación de la burguesía? Evidentemente. Por eso es necesario
conquistar el poder. (...) En caso de reanimación de la coyuntura
económica, la lucha huelguística podrá, sin duda, tomar una extensión
mucho mayor. (...) Pero aun en el caso de una lucha huelguística
extendida, sería criminal limitarse a las reivindicaciones económicas
parciales".
La clase obrera, el desarrollo de los soviets y la táctica del frente único
Lo único que puede garantizar la unidad genuina,
revolucionaria, que las masas obreras y populares necesitan para llevar
la revolución hasta la victoria final es como hemos dicho que la clase
obrera desarrolle organismos de poder obrero y popular (soviets,
Comisiones, Consejos, Comités...) que primero unifiquen a todos los
sectores de la clase obrera y permitan vincular también a ésta con sus
aliados potenciales (campesinos, soldados, las capas inferiores de la
pequeña burguesía...). Estos organismos deben estar compuestos por
delegados elegibles y revocables en todo momento y sometidos a la
asamblea de trabajadores en cada centro de trabajo, de vecinos en un
barrio o pueblo, de cuartel en el caso de los soldados, etc.
El desarrollo de estos embriones de poder obrero permite al
movimiento desplegar toda su fuerza y ser plenamente consciente de
ella. A medida que los mismos se unifican a escala local, regional y
nacional tienden a desarrollarse como el embrión de un genuino estado
revolucionario capaz de sustituir al estado burgués que sabotea y
bloquea cualquier política revolucionaria. Ése fue el papel de los
soviets en Rusia, ése era el sentido en el que evolucionaban las
Comisiones de Trabajadores y Moradores en Portugal y ésa es hoy la
línea en la que podemos y debemos desarrollar los Consejos Comunales y
los Consejos de Trabajadores y Comités de Fábrica que han empezado a
nacer en Venezuela.
Sin embargo, los soviets en Rusia sólo pudieron convertir su
potencial revolucionario en acción revolucionaria concreta porque los
marxistas agrupados en el Partido Bolchevique ganaron la mayoría en
ellos. Ello sólo fue posible con un programa socialista y una política
y un método determinados: la táctica del frente único. Lenin en sus
"Tesis de Abril" planteó claramente al movimiento que la tarea central
de la que dependía el triunfo o la derrota de la revolución rusa era
que el poder pasase de las manos del viejo estado burgués y del
gobierno provisional a los Consejos (soviets) de Trabajadores,
campesinos y soldados que habían surgido por toda Rusia. Como ha dicho
el presidente Chávez la consigna "Todo el poder a los soviets" fue
"maravillosa", un arma imprescindible sin la cual el triunfo de la
revolución rusa habría sido imposible. Pero veamos en qué consistía
esta consigna.
¿Quién dirigía los soviets en 1917? Los mencheviques y los
social-revolucionarios, es decir: los reformistas. Los bolcheviques
eran una fuerza testimonial en ese momento. Al plantear "Todo el poder
a los soviets" Lenin estaba planteando a los dirigentes reformistas que
debían tomar el poder y romper con los capitalistas. En tal situación,
los bolcheviques se comprometían a apoyar ese paso con todas sus
fuerzas al mismo tiempo que seguían defendiendo sincera y honestamente
su programa marxista de expropiación de la burguesía en el seno de los
soviets. Si los reformistas rompían con la burguesía y tomaban el poder
eso, a ojos de las masas, sólo podía fortalecer al único partido, el
bolchevique, que había defendido esa orientación. Si no lo hacían,
sectores cada vez más amplios de las masas irían conociendo las
verdaderas posiciones de los bolcheviques. Comparándolas con la
actuación de sus dirigentes reformistas, irían descubriendo mediante la
combinación de su propia experiencia y la explicación paciente -como le
gustaba decir a Lenin- de los bolcheviques quién planteaba las
propuestas que necesitaba la revolución para triunfar.
Cuando sectores del partido bolchevique plantearon la consigna
"Abajo el Gobierno provisional" Lenin y Trotsky se opusieron
tajantemente y plantearon la consigna "Fuera del gobierno los ministros
capitalistas". De este modo, diferenciando entre los reformistas y los
capitalistas, atacando sin piedad a los segundos pero proponiendo una y
otra vez un plan de acción revolucionario y un programa a los segundos,
los bolcheviques lograron establecer un diálogo con las masas que,
aunque crecientemente críticas hacia aquellos dirigentes, seguían aún
bajo su influencia política. El resultado fue que ganaron poco a poco
su respeto y su atención. Esta es en esencia la táctica del frente
único. El objetivo es siempre permanecer con las masas, compartir su
lucha, como decía Trotsky "encontrar un lenguaje común con ellas"
Cuando Stalin tomó la dirección de la URSS y de la
Internacional Comunista también desvirtuó esta táctica y la convirtió o
en un pacto sin principios con organizaciones de la propia burguesía
(los llamados "Frentes populares") o en la teoría ultra-izquierdista y
profundamente sectaria del "frente único por la base". "No podemos
dirigirnos a los dirigentes reformistas proponiéndoles ningún plan de
lucha porque son traidores sino que llamamos a sus bases a que luchen
con nosotros". Como explicaba Trotsky:
Lenin y Trotsky y el arte de ganar la dirección de las masas
Toda revolución llega a un momento decisivo en el que es
necesario transformar las ideas, por correctas que sean, en hechos, en
un plan de acción que partiendo de las necesidades de las masas y del
desarrollo concreto de la revolución, permita hacer realidad la unidad
revolucionaria de la clase obrera. El problema de fondo es de qué
consignas y de qué propuestas hace su eje una organización
revolucionaria en cada momento para conquistar la dirección de las
masas. En su "Historia de la Revolución Rusa", Trotsky dedica un
capítulo entero titulado "El arte de la insurrección" a explicar cómo,
incluso cuando los bolcheviques ya habían logrado el apoyo mayoritario
de las masas y tenían la mayoría en los soviets, mantuvieron un método
exquisito hacia sus oponentes y cuidaron hasta el último detalle sus
consignas y propuestas con el fin de atraerse a los sectores de las
masas todavía dubitativos, o influidos por los reformistas.
Toda la lucha durante las semanas anteriores a la toma del
poder adquiere la forma de una lucha entre los bolcheviques y los
reformistas acerca de la convocatoria del II Congreso de todos los
Soviets. Los reformistas, que controlaban la dirección de los Soviets
después del I Congreso, sabían que soviet a soviet, desde los de cada
fábrica o barrio hasta los locales y regionales, habían ido perdiendo
la mayoría a manos de los bolcheviques. Era evidente para ellos que el
partido de Lenin tendría una mayoría amplísima y que propondrían al
Congreso tomar el poder y expropiar a los capitalistas. Su objetivo era
buscar una excusa que les permitiese no convocar el Congreso y quitar
legitimidad a la victoria anunciada de los bolcheviques presentando a
éstos como responsables de la ruptura y ganadores de un Congreso no
democrático. Por su parte, los bolcheviques, al mismo tiempo que
dejaban claro a los sectores más avanzados de las masas -que empezaban
a impacientarse- su firme decisión de tomar el poder, formulaban
siempre esta idea con un método cuidadosamente estudiado, sin dejar
ningún resquicio al que pudieran agarrarse los reformistas para
justificar su salida de los soviets. Al final los reformistas se vieron
obligados a convocar el Congreso y asistir a él y tuvieron que romper
de la peor forma y en el peor momento posible, quedando en evidencia
que no representaban a ningún sector importante de la clase obrera y
que actuaban bajo los dictados de la burguesía
¿Cómo lograron esto los bolcheviques? No denunciando a gritos a
los reformistas por su rechazo a legitimar su mandato o su falta de
respeto por la democracia. Tampoco convirtiendo el Congreso de los
Soviets en un fin en sí mismo o planteando cómo eje central de su
agitación la elección de una nueva dirección genuinamente
revolucionaria que sustituyese a los reformistas. Todos estos aspectos
eran ciertos pero hacer de ellos el eje hubiese significado elegir el
terreno de batalla menos comprensible para las masas y que permitía más
escapatoria a los reformistas, que siempre podían aducir que no era el
momento, que los bolcheviques sólo querían el poder para excluirles y
atacarles a ellos, etc.
El centro de la agitación bolchevique era la necesidad de
convocar el Congreso para aprobar de una vez el único plan de medidas
que podía satisfacer las necesidades de la clase obrera y el conjunto
de las masas y que éstos venían demandando desde hacía meses: fin de la
guerra, reparto de tierras a los campesinos, instaurar el control
obrero en las fábricas para garantizar la producción y acabar con el
saboteo capitalista, etc. Hicieron el eje de su agitación y propaganda
en cada momento, incluso cuando ya tenían la mayoría en los soviets, de
las consignas que mejor ayudaban a mantener unida a la clase obrera y a
ganar al resto de los explotados asociada a la unica reivindicación que
podía garantizar la victoria definitiva de la revolución: la toma del
poder por parte de los soviets para expropiar a los capitalistas.
Se puede comparar este arte de la dirección revolucionaria al
que se refiere Trotsky al arte militar. En la revolución, como en la
guerra, un buen general intenta elegir el mejor momento para lanzar la
ofensiva y el mejor para distraer al enemigo, ganar tiempo, o -cuando
es necesario- replegarse. También estudia el mapa de operaciones e
intenta, en la medida de lo posible, elegir el terreno más favorable
para dar la batalla así como cuál es el punto de ataque: cuál de todas
las posiciones del enemigo es fundamental conquistar y cuáles de las
propias sacrificar o mantener.
El punto de ataque
¿Cuál era el punto de ataque en la revolución portuguesa y cuál
es hoy el punto de ataque en la revolución venezolana? En Portugal,
como hoy en Venezuela, ese eje pasaba necesariamente por luchar contra
la desorganización y saboteo de la economía por parte de los
capitalistas, que esperaban así minar la confianza de las masas en la
revolución, especialmente de las capas medias y de los trabajadores y
campesinos menos concienciados políticamente.
El movimiento obrero, organizado en la Intersindical y las
Comisiones, debía mostrar a los demás explotados y a los militares
revolucionarios que el único modo de ganar la "batalla de la
producción" planteada por el MFA para hacer funcionar la economía y
desarrollar el país era organizando y extendiendo la toma de empresas
por parte de los trabajadores para luchar contra el saboteo
capitalista, desarrollando en todas ellas el control obrero mediante
las Comisiones o Consejos de Trabajadores y unificando estos a nivel
barrial, local, regional y nacional entre sí y con las Comisiones de
Moradores (especie de Consejos Comunales). Sólo por ese camino era
posible luchar contra el desabastecimiento, frenar las constantes
subidas de precios, erradicar el desempleo y la pobreza, llevar a cabo
a reforma agraria en el campo, acabar con la economía informal y
resolver el problema de la vivienda, ...De este modo, no proclamándolo en
abstracto sino construyéndolo en la práctica, hubiese sido posible
demostrar a las capas medias, a los sectores menos concienciados de los
campesinos y de la propia clase obrera, y a los propios militares del
MFA, que el control obrero y el poder popular no eran una idea
romántica sino la única solución a sus problemas.
El debate sobre la unidad sindical en Portugal
Un ejemplo de cómo la elección de un eje que no es el mejor
para dar la batalla contra los reformistas puede lograr todo lo
contrario de lo que pretenden los revolucionarios fue el debate que se
dio en la revolución portuguesa acerca de la "unidad sindical". Para
cualquier revolucionario es evidente que la unidad de la clase obrera
en una misma organización sindical e incluso política es un gran paso
adelante con respecto a su dispersión en distintas organizaciones
sindicales y políticas. El movimiento obrero portugués, al calor de la
situación revolucionaria, había logrado construir una central sindical
unificada, la Intersindical. A medida que la presión de las masas
empujaba a la dirección del PCP a la izquierda y estos (aunque con las
contradicciones, confusión y errores que ya hemos analizado) empezaron
a hablar también de poder popular, socialismo, etc. la burguesía estaba
cada vez más preocupada.
Si los sindicatos pasaban de la estrecha lucha reivindicativa a
desarrollar Comisiones de Trabajadores esto podía ser mortal para la
burguesía. La clase obrera podía ponerse al frente del proceso
revolucionario, desarrollar su propio estado y marcar el camino a los
sectores del MFA que, con avances y retrocesos, evolucionaban hacia el
marxismo. La burguesía animó a los dirigentes socialdemócratas del PS
-que estaban en plena lucha con el PCP por la dirección de diferentes
sindicatos- a oponerse a la línea propuesta por los dirigentes de la
Intersindical de convertir a éste en sindicato único.
Los dirigentes del PS no justificaron su posición diciendo que
fuese bueno dividir el movimiento sindical sino que inteligentemente
utilizaron las prácticas estalinistas del PCP (exclusión de cualquier
crítica y disidencia interna) y su vinculación con el totalitarismo
burocrático en la URSS y otros países como excusa para ganar apoyo a
sus planteamientos. "Queremos un movimiento sindical dirigido por los
trabajadores portugueses y no desde Moscú", decían demagógicamente.
Incluso criticaron la actuación burocrática de la Intersindical en
luchas concretas para justificar su posición. Su consigna era "ni
dirigismo ni pluralismo, sindicalismo de base". La confusión entorno a
esta cuestión era tal que incluso algunas Comisiones de Trabajadores y
sectores de la izquierda revolucionaria, temerosos de que el control de
los estalinistas sobre el movimiento obrero pudiese significar perder
efectivamente su autonomía para tomar decisiones en asamblea, etc.
llegaron a apoyar en este punto al PS.
Si los dirigentes del PCP y de la izquierda revolucionaria
hubiesen planteado una campaña, encabezada por la Intersindical, de
tomas de empresa para ponerlas a funcionar bajo control obrero al mismo
tiempo que llamaban a crear Comisiones de Trabajadores en esas empresas
y proponían, por ejemplo, una Conferencia nacional con todos los
sindicatos(incluidos , por supuesto, los controlados por el PS) y
Comisiones de Trabajadores para discutir un programa y un plan de lucha
para construir el estado revolucionario y llevar acabo la expropiación
de los capitalistas como único modo de solucionar los problemas del
desempleo, la vivienda, la carestía de la vida, etc. y ganar la
"batalla de la producción" de la que hablaban el MFA y muchos
dirigentes socialistas y comunistas habrían ganado el apoyo masivo de
toda la sociedad y los dirigentes reformistas del PS habrían quedado
aislados.
Los obreros socialistas de base habrían apoyado entusiastamente
una conferencia convocada de este modo, con el resultado de que: o bien
los dirigentes del PS se veían obligados a acudir a ese encuentro y
explicar sus verdaderas ideas: oposición al poder de las Comisiones,
rechazo al verdadero socialismo; o bien no acudían y se producía una
ruptura entre ellos y sus bases, que eran trabajadores, sufrían los
mismos problemas que el resto de la clase obrera y tenían la misma
necesidad de tomar las empresas y desarrollar un estado obrero basado
en las Comisiones. Habrían logrado así en la práctica la unidad
revolucionaria del movimiento obrero.
Pero los dirigentes de la Intersindical, del PCP y de varios
grupos de la extrema izquierda respondieron histéricamente a la
provocación organizada por la burguesía a través de los reformistas. El
1 de mayo de 1975 la dirección del PS convocó una marcha aparte de la
de organizada por la Intersindical. Militantes del PCP y de distintos
grupos de extrema izquierda se dirigieron a la misma para abuchear al
dirigente socialdemócrata del PS Mario Soares y no dejarle hablar.
Soares aprovechó para presentarse como víctima de un ataque a la
libertad de expresión y acusar a quienes le atacaban de totalitarios,
antidemocráticos, etc. Esto, en un país que venía de décadas de
dictadura y con un Partido Comunista que había apoyado la represión
contra las revoluciones en Hungría, Checoslovaquia, etc, le facilitaba
su objetivo de desviar la atención de muchos trabajadores socialistas
de la política de pactos con la burguesía que estaba realizando.
Incluso le permitía justificar esos pactos hablando del peligro de una
dictadura como la de la URSS para Portugal.
Si una organización revolucionaria se desvía un milímetro del
marxismo a la hora de elegir ese punto de ataque del que antes
hablábamos, si no elige correctamente el eje de su agitación, está
perdida. Al no plantear los dirigentes del PCP y la extrema izquierda a
los sectores de la clase obrera que agrupaban la única táctica que
podía permitirle unir a la inmensa mayoría de la clase obrera y
arrancar a las bases socialistas de la influencia de Soares y los demás
dirigentes reformistas, la correlación de fuerzas hasta entonces
enormemente favorable a los sectores más a la izquierda iba cambiando.
Incluso luchas y consignas que, tomadas en sí mismas, eran
correctas; al haber perdido el PCP y la extrema izquierda la batalla
por hacer realidad la unidad revolucionaria de la clase y ganar a las
bases socialistas, tenían un efecto contrario al buscado. Primer
ejemplo. Cuando los trabajadores de Radio Renascenca, una radio
perteneciente a la Iglesia, plantearon -dirigidos por el PCP- quitar la
propiedad de ésta a la Iglesia y ponerla bajo su gestión directa la
reacción, encabezada por la jerarquía eclsiástica, pudo movilizar a
decenas de miles de campesinos y trabajadores atrasados con el
argumento de que el PCP quería controlar los medios de comunicación,
imponer el ateísmo, etc. Los dirigentes del PS en su "cruzada" contra
el PCP apoyaron esa marcha reaccionaria. Segundo ejemplo. La asamblea
de los trabajadores del diario República, un periódico que pertenecía
al PS, decidieron tomar el control del mismo y echar a su director y
varios redactores (militantes socialistas) en protesta contra el giro a
la derecha que el PS había dado al diario en los últimos meses. El PS
organizó una campaña nacional y movilizaciones masivas con trabajadores
que le apoyaban denunciando que se trataba de impedirle su derecho a
expresar su opinión y criticar al PCP o a la extrema izquierda.
Una política correcta a nivel general por parte del PCP y la
extrema izquierda les hubiera permitido, como supieron hacer los
bolcheviques en Rusia en 1917, ganar el oído de los militantes
socialistas y establecer una cuña entre ellos y sus dirigentes. Soares
nunca habría podido movilizar a sectores de sus bases al lado de la
reacción contra estas luchas. Antes al contrario, cualquier intento de
hacerlo le hubiera desenmascarado como un agente de la burguesía ante
ellas. Este es un ejemplo dramático de como un método correcto y una
táctica adecuada a nivel general son decisivos para poder ganar incluso
las luchas más parciales y concretas.
El debate sobre las elecciones de la UNT
Este asunto de sobre qué eje hacemos girar los revolucionarios
nuestra actuación, qué consignas centrales levantamos en cada momento y
cómo las defendemos es, como hemos visto, crucial para el destino de al
revolución. En nuestra opinión, un hecho tan negativo para el
movimiento obrero venezolano como la división con la que se saldó el
último Congreso de la UNT celebrado a finales de Mayo de 2006 es
consecuencia directa de que ninguno de las dirigentes de las corrientes
que se disputaban la dirección de la central fue capaz de plantear una
política correcta que permitiera aglutinar al conjunto de las bases de
la central tras una línea correcta.
Como planteamos desde la CMR antes, durante y después del
Congreso de la UNT, la tarea central para que el movimiento obrero
venezolano pudiera ponerse al frente de las masas y lograr esos
objetivos, era que la UNT organizase un plan para tomar las empresas
cerradas e infrautilizadas que hay en el país, ponerlas a funcionar
bajo control obrero y demandar su estatización bajo control obrero al
gobierno revolucionario. Cuando se desarrolló el Congreso de la UNT en
mayo de 2006 veníamos de una situación en la que el Presidente Chávez
había expropiado CNV y Venepal para crear Inveval e Invepal y la
entonces Ministra de Trabajo, María Cristina Iglesias, habían planteado
precisamente en un reunión nacional organizada por la UNT que cuando
los trabajadores tomaban las empresas no era un problema sino la
solución al mismo. Fábrica cerrada, fábrica tomada, repetía el
presidente, y citaba 800 empresas cerradas y más de 1.000
infrautilizadas. Los trabajadores de varias empresas a lo largo y ancho
del país habían ocupado recientemente o mantenían tomadas en ese
momento sus empresas.
Si la UNT, o cualquiera de sus corrientes, hubiese organizado
la toma de todas las empresas que fuese posible a nivel nacional y las
hubiese puesto a funcionar bajo control obrero, demandando su
expropiación, habría podido acelerar enormemente el proceso
revolucionario. No sólo eso: en esos momentos desde la CMR y desde el
recién creado Frente Revolucionario de Trabajadores de Empresas en
Cogestión y Ocupadas, (que a propuesta de la célula de la CMR en
Inveval se constituyó precisamente para intentar agrupar a los
trabajadores de varias empresas ocupadas y recuperadas ante la ausencia
de una política en ese sentido por parte de la UNT) planteamos que el
congreso de la UNT debía centrarse en discutir tres ejes relacionados
entre sí: 1) qué propuesta de cómo construir el socialismo tenemos los
trabajadores para presentársela y discutirla con el presidente Chávez,
2) cómo nos poníamos al frente de la Batalla por los 10 millones
impulsando Unidades de Batalla por el socialismo y 3)cómo nos dotábamos
de un plan de acción para organizar la toma d empresas en todo el país,
hacer que el proceso de expropiaciones iniciado en 2005 no se viese
frenado por la burocracia y desarrollar la cogestión revolucionaria
hacia el control obrero y la gestión directa de las empresas por parte
de los trabajadores.
Los 2.500 dirigentes y activistas sindicales participantes en
el Congreso de la UNT venían ilusionados buscando una orientación para
llevar la revolución hasta el final, construir el socialismo y derrotar
a los capitalistas y la burocracia. Pero el resultado fue que en lugar
de eso el Congreso terminó roto, lo que sólo sirvió para decepcionar a
la mayoría de los asistentes y que los sectores reformistas que temen a
la clase obrera intentasen sembrar dudas acerca de la capacidad de los
trabajadores para ponernos al frente de la revolución. Ochocientos
trabajadores dentro de la sala seguían a Orlando Chirinos, dirigente de
la corriente C-CURA, doscientos o trescientos fuera apoyaban a Marcela
Máspero y los dirigentes de las otras corrientes (FBT, Autonomía
Sindical, etc) mientras la mayoría, alrededor de 1.200, se iban a sus
casas decepcionados. ¿Porqué?
Una vez más se trata de dónde pone uno el eje de su
intervención y cómo orienta la misma. Como marxistas, apoyamos que los
dirigentes de cualquier sindicato y más aún de la UNT san elegidos por
las bases y que la UNT sea una organización controlada democráticamente
por las bases. Pero la cuestión es cómo hacemos eso realidad. Dónde
ponemos el eje de nuestra agitación en cada momento para dificultar que
aquellos que no quieren una UNT unida, revolucionaria y controlada por
los trabajadores que se convierta en una herramienta para acabar con el
capitalismo y construir el socialismo puedan lograr sus objetivos.
En nuestra opinión si la corriente C-CURA, que tenía (y
probablemente sigue teniendo) la mayoría en la UNT ,como evidenció la
apertura del congreso, y está dirigida por camaradas que se definen
marxistas hubiese centrado el debate del Congreso en un plan de lucha
para reelegir a Chávez y al mismo tiempo organizar la toma de empresas
e impulsar las expropiaciones los sectores ultra-izquierdistas y
reformistas que querían dividir el Congreso lo hubiesen tenido mucho
más complicado por no decir imposible. Sus maniobras habrían quedado
desenmascaradas. Centrar el debate en las elecciones permitió desviar
el mismo de las necesidades inaplazables que tiene el movimiento
revolucionario: qué programa y plan de acción tiene la clase obrera
para forjar un estado revolucionario y expropiar a los capitalistas. El
resultado fue que la cuestión de las elecciones, separada de todo lo
demás, se convirtió en un arma arrojadiza que sólo ha servido para
dividir y paralizar a la UNT durante el año siguiente y reforzar ante
el conjunto el movimiento revolucionario la sensación (equivocada o no
pero real) de que cuando más necesaria es la entrada en escena de la
clase obrera sus dirigentes están metidos en pelea interna para ver
quien controla la central.
Por una Conferencia de todas las corrientes de la UNT para
organizar la toma de empresas y luchar por la expropiación de los
capitalistas
La toma de Sanitarios Maracay por parte de los trabajadores
-tras tres meses produciendo bajo control obrero- y la marcha del 8 de
febrero en apoyo a las nacionalizaciones anunciadas por Chávez y
demandando que éstas se amplíen a la propia Sanitarios Maracay y otras
empresas ha logrado por primera vez en meses que dos de las principales
corrientes de la UNT como la C-CURA y la FBT hayan confluido en una
misma acción con sus propuestas y reivindicaciones diferentes. El
propio Ministro de Trabajo acudió a la Marcha. Por cierto, tanto el
éxito de la marcha como la toma de Sanitarios Maracay confirman el
análisis y orientación defendido durante el último año por la CMR, los
cuales han contribuido de forma importante a éste desarrollo.
Tal y como decíamos sólo es posible unificar a la UNT en la
acción, en la lucha concreta. La UNT sólo desempeñará su papel
histórico y encontrará una dirección revolucionaria y legitimada si se
pone el frente de la lucha por generalizar la toma de empresas y
demandar su estatización bajo control obrero.
La UNT puede hacerlo, es
más, la C-CURA -que tiene la dirección de la UNT en zonas industriales
clave como Aragua y Carabobo y agrupa a miles de trabajadores
combativos que quieren hacer avanzar esta revolución hacia el
socialismo- puede hacerlo. Pero para ello es imprescindible que los
dirigentes de la C-CURA marquen como eje central de su actuación la
organización de un Encuentro nacional de la UNT en el que participen
todas las corrientes de la misma y donde el objetivo no sea empezar la
discusión donde la dejamos en el último congreso (en las acusaciones
mutuas entorno a las elecciones) sino centrar el debate en los
siguientes puntos:
1) Programa y plan de acción que propone el
movimiento obrero al Presidente Chávez para avanzar hacia el socialismo
y derrotar el saboteo de los capitalistas y la burocracia.
2) Organización de la toma de empresas cerradas, infrautilizadas o que
están atacando los derechos de los trabajadores para demandar su
estatización bajo control obrero (como primer paso ese Encuentro de la
UNT debería convocar una Jornada Nacional de toma de empresas y
tierras).
3) Desarrollo de Consejos de Trabajadores en todas las
empresas públicas y privadas para luchar contra el saboteo burocrático
y capitalista de la economía, el desabastecimiento, ineficiencia,
corrupción, etc.
4) Construcción de los Batallones socialistas para
construir el partido socialista unido y que éste pueda convertirse en
un instrumento al servicio de la clase obrera y los demás explotados y
llevar la revolución hasta el final.
Un Encuentro de la UNT que aprobase un plan en este sentido y
eligiese un Comité coordinador para llevar a cabo el mismo supondría un
paso decisivo en el camino de poner a la clase obrera al frente del
proceso revolucionario. Esta es también la única manera concreta de
solucionar la cuestión de la legitimación y representatividad de los
dirigentes. Si los camaradas de la C-CURA, que son los que más han
insistido en la convocatoria inmediata de las elecciones, planteasen un
plan en estas líneas el problema de qué dirigentes cuentan con la
confianza de los trabajadores y cuales no se solucionaría de una manera
bien clara y concreta: mediante la práctica revolucionaria y no de un
modo formal.
Un ejemplo concreto de cómo hacer las cosas: Sanitarios Maracay
En la lucha de Sanitarios Maracay hemos visto un ejemplo
concreto de cómo una dirección revolucionaria logra agrupar a los
trabajadores mediante una política revolucionaria. ¿Cómo se derrotó el
intento del empresario y de sectores burocráticos de apoyarse en los
empleados y las capas más atrasadas de trabajadores para intentar
dividir a la plantilla y romper la toma? En la lucha, demostrando qué
métodos sirven para avanzar y cuáles no, tomando la empresa y
poniéndola a funcionar bajo control obrero con aquellos trabajadores
que estaban dispuestos a hacerlo y demostrando al resto que ése era el
único camino para salvar la empresa.
Si en aquel momento en lugar de actuar, darse un plan de lucha
correcto y al mismo tiempo llamar con un método fraternal, compañero, a
los trabajadores que se quedaron fuera de la empresa a incorporase a la
lucha, los dirigentes de la lucha de Sanitarios (pertenecientes también
a la corriente C-CURA) en lugar de centrase en organizar la toma, la
marcha Caracas, etc. se hubiesen centrado en atacar a los dirigentes
que intentaban crear un sindicato patronal, cayendo en sus
provocaciones; o hubiesen planteado unas elecciones para ver quien
representaba realmente a los trabajadores, hubiese costado mucho más
derrotar al sindicato patronal y fortalecer la toma dirigida por el
sindicato clasista.
La C-CURA como corriente más fuerte de la UNT debe aplicar este
mismo método a nivel general y plantear un plan de acción en las líneas
que antes hemos propuesto. No nos cabe ninguna duda de que, en caso de
hacerlo, no sólo obtendría el apoyo generalizado de las bases de la UNT
para esa propuesta sino que la gran mayoría de activistas sindicales
que participan en otras corrientes (FBT, CTR, Frente Alfredo Maneiro,
Colectivo Cruz Villegas, Autonomía Sindical...) también lo apoyarían
entusiasmados. Un plan que presente al Presidente Chávez las propuestas
de la clase obrera para hacer realidad el avance hacia el socialismo
que él mismo ha planteado, proponiendo expropiar a los capitalistas y
terminar con la burocracia agruparía tras la clase obrera, organizada
en la UNT, a todo el movimiento revolucionario.
El problema de legitimación de los dirigentes en cada
sindicato se resolvería por la única vía posible: aquellos dirigentes
que estén dispuestos a ponerse al frente de la clase obrera para luchar
por este programa serán reconocidos por ésta como su legítima
dirección, los que no respondan a sus necesidades serán superados por
el propio movimiento de la clase obrera.
Orlando Chirino ha manifestado en varias ocasiones estar de
acuerdo con la propuesta de la CMR de convocar un Encuentro de la UNT
llamando a participar a todas las corrientes para discutir la toma de
empresas y luchar por su expropiación. En el Encuentro nacional de la
C-CURA se aprobó, tal como la CMR veníamos proponiendo desde diciembre,
convocar la marcha nacional antes citada para el 8 de febrero y llamar
a todos los sectores de la UNT a participar en la misma. Desde la CMR
lo valoramos como un primer paso importante en la dirección correcta.
En esa misma reunión la C-CURA tomó otra decisión que parecía apuntar
en la dirección correcta: se aprobaba una resolución apoyando la
creación del PSUV y poniéndose a la orden para incorporar a la clase
obrera al mismo luchar por el socialismo. Sin embargo, en las semanas
posteriores hemos visto como estas propuestas parecen haber ido
perdiendo protagonismo y el eje de la agitación parece volver a ser la
denuncia contra otras corrientes respecto a la cuestión de las
elecciones.
Los sectores ultra-izquierdistas que participan en la C-CURA
siguen insistindo en sus análisis acerca de que Chávez es burgués, el
objetivo de la clase obrera debe ser construir un partido al margen del
PSUV, que los Consejos de Trabajadores son antisindicales, que el eje
no es la toma d empresas y el llamado fraternal al presidente Chávez a
estatizar las empresas sino plantear la cuestión de las elecciones y
desenmascarar a las otras corrientes. Aunque los análisis de estos
sectores no tienen mucho que ver con la opinión de la mayoría de
trabajadores que apoyan a la C-CURA sus políticas representan un lastre
y un grave peligro para toda la C-CURA y para la UNT. Si se aplican los
métodos que proponen estos sectores ultraizquierdistas, y que ya en
otros momentos como el Congreso de la UNT han mostrado que no sirven,
el resultado puede ser ,como vimos que ocurrió en la revolución
portuguesa, favorecer los planes de la burocracia reformista,
profundizar la división de la UNT y paralizar a la clase obrera.
Epílogo I: Portugal
Los errores ultra-izquierdistas y sectarios en la revolución
portuguesa permitieron, como hemos visto, desaprovechar la correlación
de fuerzas más favorable para avanzar hacia el socialismo y que la
burguesía, a través de los dirigentes socialdemócratas, reformistas,
tuviese éxito en su tarea de dividir al movimiento obrero, paralizar el
desarrollo del control obrero y finalmente encontrar un punto de apoyo
para darle la vuelta a toda la situación. Hartos de divisiones en el
movimiento obrero y de que la revolución no llegase hasta el final y
cumpliese las expectativas que había generado, la mayoría de las capas
medias y de los propios oficiales del MFA giraron a la derecha y
sectores de las masas empezaron a caer en la apatía y a creer que la
revolución no servía para nada. Sobre esta base los sectores de la
derecha del MFA retomaron el control del gobierno y junto a los
dirigentes del PS e incluso partidos de derecha constituyeron el Sexto
Gobierno Provisional y sacaron a los militares más izquierdistas de sus
posiciones de poder.
La revolución había sido tan profunda que incluso en ese
momento sectores importantes de las masas se movilizaron. Por unas
semanas el riesgo de guerra civil era real. La burguesía exigía a los
reformistas y al ala centrista y derechista del MFA que acabase con las
huelgas, con los restos del poder popular, las Comisiones que todavía
luchaban por mantener el control obrero en algunas empresas, etc. Los
soldados y los trabajadores se manifestaron masivamente y la burguesía
no se sentía con fuerza para lanzar una contrarrevolución abierta.
La
revolución todavía tuvo una última oportunidad. El cese del dirigente
del ala izquierda del MFA, Otelo Saraiva de Carvalho, como jefe de la
región militar de Lisboa, provocó el descontento masivo. Este jefe
militar había estimulado el apoyo del ejército de la capital al poder
popular e incluso defendido las asambleas conjuntas de obreros, vecinos
y soldados y oficiales para debatir cómo construir el socialismo. Pero
en lugar de organizar una campaña nacional ligando esta cuestión con la
lucha por las principales demandas de los trabajadores y campesinos y
plantear la necesidad de que la revolución se completase, estimulando
nuevamente la formación de comisiones allí donde habían desaparecido y
revitalizándolas donde aún se mantenían, la respuesta de la extrema
izquierda fue una acción desesperada por parte de los soldados con el
apoyo de algunos trabajadores avanzados y militantes de la extrema
izquierda el 25 de noviembre de 1975.
La burocracia pudo derrotar y reprimir selectivamente un
movimiento que, aunque contaba con simpatías muy importantes estaba
totalmente desorganizado y carecía de dirección, una perspectiva clara
y un programa. Fue el último coletazo del proceso revolucionario.
Finalmente, por toda una serie de factores nacionales e internacionales
bastante excepcionales hicieron posible que el descarrilamiento de la
revolución en Portugal pudiera darse bajo la forma de una
"contrarrevolución por vías democráticas", con los dirigentes
reformistas del PS encabezados por Mario Soares jugando un papel
destacado en la estabilización del capitalismo portugués. Algunas
conquistas de la revolución tardaron años en ser liquidadas.
Epílogo II: Venezuela
La revolución venezolana se está dando en un contexto nacional
e internacional muy diferente a la portuguesa. Una diferencia
importante es que mientras las burocracias reformista y estalinista
tenían raíces profundas dentro del movimiento de masas y controlaban el
aparato de organizaciones con influencia en los centros de trabajo, los
barrios, etc aquí la burocracia reformista es mucho más débil y está
teniendo muchos más problemas para encontrar una mínima base social
entre las masas.
El propio Chávez, que goza de una autoridad
indiscutida entre las masas que no tuvo ningún dirigente en Portugal,
en varios momentos ya ha desequilibrado la balanza hacia la izquierda y
sigue utilizando un discurso y acciones que movilizan a las masas e
incrementan sus expectativas revolucionarias. En lugar de un factor de
contención mantiene una relación dialéctica con las masas: su discurso
refleja las aspiraciones de éstas y al mismo tiempo las incrementa lo
que a su vez es un nuevo factor de movilización y reafirma más a Chávez
en su discurso revolucionario.
Todo esto significa que aunque nuestra revolución, comparada
con la portuguesa (que se desarrolló en un año y medio), ha ido hasta
ahora a un ritmo mucho más lento la correlación de fuerzas entre las
clases hoy en Venezuela es aún más favorable para la victoria de la
revolución y la construcción del socialismo de lo que, como antes
vimos, lo era en Portugal. Eso sí, como alli, el punto central es que
la clase obrera se ponga al frente de la revolución y consiga ganarse a
los campesinos, desempleados y subempleados, oficiales y soldados
revolucionarios, a las bases del movimiento bolivariano para el
programa de expropiar a los capitalistas, construir un estado
revolucionario y edificar una economía estatizada y planificada
democráticamente, única posibilidad de hacer realidad el socialismo.
Para ello la clase obrera necesita una dirección revolucionaria armada
con el programa y los métodos del marxismo que venza tanto la presión
del reformismo como del ultra-izquierdismo. Esta es la tarea que los
trabajadores revolucionarios de la UNT y del FRETECO tenemos por
delante.
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