Perspectivas para Argentina Print E-mail
By El Militante - Argentina   
Tuesday, 11 December 2007

Nuevo documento de la Corriente Socialista El Militante sobre Perspectivas para Argentina (en 5 partes: 1.-El contexto internacional 2.- La situación económica 3.- El Movimiento obrero 4.- Situación política y perspectivas para el gobierno de Cristina Kirchner y 5.- La izquierda y la construcción de un partido revolucionario). En él trataremos de ofrecer un análisis marxista de la realidad nacional y de las perspectivas a corto, medio y largo plazo para la lucha de clases en nuestro país.

En la primera parte trataremos la situación internacional, ya que es imposible comprender la situación nacional sin enmarcarlo en un contexto más amplio. En este apartado nos centraremos especialmente en la situación de la economía capitalista y en los procesos revolucionarios que sacuden América Latina.

El contexto internacional (1ª Parte)

Existe una enorme inestabilidad a nivel mundial en todos los aspectos: en la economía, en las relaciones internacionales, en la política, y en las relaciones entre las clases. Guerras, terrorismo, enfermedades y calamidades naturales como resultado de la depredación extrema de los recursos naturales y de la contaminación del planeta, etc. son lo mejor que el capitalismo, en la primera década del siglo XXI, puede ofrecer a la humanidad.

La idea de que "algo va mal" en la sociedad está sacudiendo la conciencia de millones de personas en todo el mundo, entre las masas oprimidas y entre los sectores honestos de la intelectualidad. Este malestar social ha tomado cuerpo y carne en las enormes movilizaciones de masas que hemos presenciado en una gran cantidad de países y continentes. Lo vimos en las primeras revueltas "anti-globalización" de la juventud en los EEUU y Europa, en las decenas de millones de personas que salieron a las calles de todo el mundo para protestar contra la intervención imperialista en Iraq, en las huelgas generales y las protestas obreras masivas en Europa contra la liquidación de las viejas conquistas del "Estado del Bienestar", en la movilización extraordinaria de millones de trabajadores inmigrantes indocumentados en los EEUU el año pasado, y en el fermento revolucionario que sacude América Latina desde el comienzo de este siglo.

Si alguno de estos acontecimientos hubiera tenido lugar en un país aislado o en dos, habría podido justificarse por motivos locales, pero cuando vemos repetirse el mismo fenómeno en gran cantidad de países y continentes al mismo tiempo, tenemos que hablar de una tendencia general que marca el ingreso a una etapa tormentosa de la lucha de clases a nivel mundial, como expresión de la crisis orgánica del sistema capitalista en su fase de declive senil.

LA ECONOMÍA MUNDIAL Y LOS PAÍSES CAPITALISTAS DESARROLLADOS

Lenin explicaba que la política es economía concentrada. Hay una inestabilidad general que se transmite regularmente al mercado de valores de todos los países (las Bolsas), como hemos comprobado con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos a comienzos de agosto. Este estallido ya fue anticipado en nuestros análisis de los últimos años. Y puede empujar a la economía de EEUU a una recesión severa el año que viene, con efectos demoledores en todo el mundo.

La crisis inmobiliaria

Para conjurar el peligro de la recesión, en el mes de agosto los Bancos Centrales de Europa, EEUU, Japón, Canadá y Australia inyectaron cerca de 500.000 millones de dólares en el sistema financiero para evitar la quiebra de bancos privados y otras entidades de crédito ante el impago de los créditos hipotecarios. Simultáneamente, las bolsas de todo el mundo se desplomaron durante semanas. Se estima que el valor de las acciones de las compañías en las bolsas mundiales se redujo en cerca de 200.000 millones de dólares. De esta manera el sistema capitalista consume las grasas acumuladas en los años de boom.

El aspecto central a señalar es que aquellos factores que tuvieron un efecto en prolongar el boom no han resuelto las contradicciones básicas del capitalismo. Y ahora se han convertido en su contrario. En EEUU y Europa los tipos de interés descendieron a los niveles más bajos en décadas, lo que estimuló una borrachera de préstamos de todo tipo y engordó una especulación gigantesca con el boom inmobiliario. Pero desde hace dos años hasta la fecha los tipos de interés comenzaron a subir, lo que elevó el costo de los créditos, redujo el consumo de las familias e incrementó el número de créditos impagos. Esto llevó a la quiebra de multitud de entidades financieras, y fue lo que desencadenó el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU a comienzos de agosto. Ahora los bancos reducirán sus préstamos lo que afectará negativamente a la inversión de las empresas y reducirá la actividad económica, el consumo y el empleo.

Entre los economistas reinan el pesimismo y la confusión. Están hablando simultáneamente sobre el peligro de deflación (hundimiento de los precios y de las ganancias e inversiones empresariales), y sobre el peligro de inflación (suba de precios que incrementa los costos de producción, se come los beneficios y reduce el poder adquisitivo de las masas).

Aunque una recesión en EEUU es inevitable, no puede fijarse un plazo exacto. Lo importante es señalar las tendencias generales del proceso. Lo que es cierto es que la economía norteamericana venía frenando su crecimiento. En el primer trimestre, el PBI de EEUU sólo creció un miserable 0,6%. Y el estallido de la burbuja inmobiliaria podría provocar el empujón que falta para precipitarla a la crisis.

La baja de medio punto en los tipos de interés en EEUU, del 5,75% al 5,25%, decretada en septiembre por la Reserva Federal, refleja el pánico de la clase dominante norteamericana a la crisis y sus consecuencias. Esto puede tener el efecto de prolongar la agonía un tiempo más, pero al costo de de provocar un colapso mayor y más profundo cuando se desate la crisis. A corto plazo, estimulará las tendencias inflacionistas en la economía, ya presentes, por el aumento del consumo en un contexto donde la producción de mercancías y las inversiones están estancadas. Y cuando llegue la crisis propiciará un desplome mayor del consumo al incrementarse la base de endeudamiento de la sociedad.

¿Puede China evitar la recesión?

En los últimos 20 años no hubo crisis severas en la economía mundial (fueron más bien suaves), debido al auge económico prolongado que experimentaron el sudeste asiático y China, quienes actuaron como un mercado importante para las mercancías de las potencias imperialistas y de otros países. Pero esta vez no va a ser el caso. En la economía, el pasado no es una guía para el futuro. Ahora China se ha convertido en una potencia industrial, y no sólo recibe mercancías sino que, en mayor medida, está inundando con sus mercancías baratas el mercado mundial.

La economía capitalista también se benefició en la última década de la incorporación de China, India, Rusia y Europa del Este al engranaje del mercado mundial, con la incorporación de una masa enorme de asalariados para la producción de mercancías. Esto tuvo el efecto de presionar a la baja los salarios en todas partes. Este estancamiento en los salarios a nivel mundial, se vio compensado hasta ahora con una baja inflación. Pero eso está cambiando debido al incremento de los precios de los alimentos, las materias primas y el petróleo, por las demandas de China e India y la producción de biocombustibles. Esto atizará la lucha de clases en un país tras otro.

EEUU sigue siendo la principal economía mundial, pese a que su industria está en declive. Alemania y China superaron a los EEUU como los principales países exportadores del mundo. China produce más autos que EEUU, y Toyota superó a General Motors como principal fabricante de autos en el mundo. Más importante aún, China está creciendo tres veces más rápido que los EEUU.

Estos datos han conducido a muchos economistas a predecir que los EEUU serán superados por China como potencia económica. Pero tales predicciones carecen de una base científica. Las mismas cosas se decían de Japón antes de que su economía colapsara a comienzos de los 90 y tardara 15 años en recuperarse.

Mucho antes de que China pueda superar a los EEUU, su economía experimentará una crisis seria -como le pasó a Japón. La masiva inversión en la industria china produce una cantidad espectacular de mercancías que no pueden ser absorbidas por el mercado chino, pese a que éste está expandiéndose rápidamente. China está dirigiéndose a una crisis clásica de sobreproducción de mercancías que preparará acontecimientos explosivos en este país.

China depende de la venta de sus mercancías en EEUU, y toda Asia depende de China. Una recesión en los EEUU -o incluso una desaceleración económica prolongada- precipitará una depresión económica en China que tendrá consecuencias serias en Asia y a una escala mundial.

En Europa hay un crecimiento económico débil desde hace años que no resuelve los problemas. En todos los países los gobiernos están llevando a cabo programas de ajuste contra los desempleados, contra las jubilaciones, contra la salud y la educación. La idea de que la Unión Europea capitalista era una alternativa a los EEUU y Japón está cada día más olvidada. Enfrentados a sus contradicciones nacionales, cada país pone por delante sus propios intereses antes que los del conjunto. Por eso fracasó el intento de aprobar una Constitución europea que los obligara a todos a cumplir las mismas reglas.

Por todo esto es falso, como afirman muchos economistas, que la recesión en EEUU tendrá una influencia menor en la economía mundial. El argumento de que Europa, China y Japón pueden impedir una recesión mundial no se sostiene. Toda la economía mundial depende del consumo de EEUU.

Nunca fue tan interdependiente la economía mundial; y a su vez tan frágil. Cualquier acontecimiento puede desatar la crisis. La crisis puede desatarse por las consecuencias del estallido del boom inmobiliario como comentamos antes, o por la retirada masiva de fondos de EEUU por parte de los países que sostienen la deuda pública norteamericana.

EEUU es líder mundial en todo tipo de deudas. Las familias están endeudadas, igual que las empresas y el Estado. El financiamiento de estas deudas depende del ingreso de divisas, porque la economía norteamericana no tiene los recursos suficientes para otorgar tanta cantidad de préstamos. Pero eso no puede continuar indefinidamente. Estas divisas fueron atraídas por el elevado valor del dólar. Pero el dólar lleva depreciándose cerca de dos años, y continúa cayendo, porque EEUU necesita competir con China abaratando sus exportaciones. En un momento dado, los inversores extranjeros dirán que no merece la pena seguir invirtiendo en dólares porque les dejan ganancias menores. Y una salida masiva de divisas de la economía norteamericana hundirá a los EEUU en una crisis muy profunda porque no tendrá dinero suficiente para sostener sus gastos.

Crisis de sobreproducción

Todos los factores para una recesión severa están presentes. No sólo a causa de las leyes inherentes de la economía capitalista, sino también debido a todas las distorsiones introducidas en la misma por la irresponsabilidad del gobierno de EEUU, que se lanzó a recortar impuestos a los ricos y a incrementar los gastos militares, endeudando al Estado como nunca en la historia.

Pero la causa última de la crisis económica es la sobreproducción de mercancías y no, como argumentan algunos economistas, la tendencia a la caída del beneficio capitalista. De hecho, los beneficios capitalistas están aumentando, mientras que desciende la parte de la renta destinada a los salarios.

La prolongación del boom económico en la última década fue causada por el incremento del consumo y la inversión, estimulados por el crédito barato, que incrementaron a su vez la producción de mercancías. Pero en la situación actual, con el descenso del consumo y la restricción de los créditos, gran parte de esas mercancías ya no van a encontrar un mercado suficiente, originando la clásica crisis de sobreproducción que acompañó al capitalismo desde su nacimiento.

Esta crisis no podrá resolverse por métodos keynesianos; es decir, por medio del endeudamiento del Estado. EEUU no podrá hacerlo porque ya tiene una deuda histórica. La guerra de Irak le está costando 2.000 millones de dólares semanales. Por eso, los demócratas, y también los republicanos, quieren finalizar la ocupación de Iraq. También les pesa el gasto en salud, que se recorta día a día. Todo esto está provocando un malestar muy grande de la sociedad norteamericana. La gente está cansada de Bush, cuyo índice de popularidad ha caído muy bajo. Este malestar se expresa en el rechazo masivo a la guerra y a la ocupación de Iraq, en las protestas por la situación lamentable del sistema de salud, en las movilizaciones de los trabajadores inmigrantes y en las recientes huelgas del automóvil. El proceso molecular de toma de conciencia de las masas norteamericanas está desarrollándose.

Incremento de la lucha de clases

El punto fundamental es que el boom se sustentó en la superexplotación de las masas con un aumento obsceno de la desigualdad en todas partes. La brecha entre ricos y pobres aumentó 4 veces en la última década, según un informe de Amnistía Internacional (Clarín, 29 julio 2007).

Y este último factor es el más importante a considerar en nuestras perspectivas. El malestar de la clase obrera por sus condiciones de vida y de trabajo está desatándose en todas partes. En el último período hemos visto oleadas de luchas y huelgas generales en Francia, Italia, Grecia, Bélgica, Canadá, Islandia, Perú, Chile, Sudáfrica, Nigeria, Egipto e Israel. Esto es un anticipo de los acontecimientos que veremos en un país tras otro en el futuro.

Este descontento está muy presente en Europa. El problema es que no encuentra un vehículo donde expresarse, ante la bancarrota del reformismo y del estalinismo. En las últimas décadas no ha habido ninguna reforma seria a favor de las masas. Sólo tenemos contrarreformas o migajas.

Este es el período de la crisis del reformismo. Por eso los reformistas (los partidos socialistas y ex-comunistas) son derrotados electoralmente en casi todos los países de Europa, como pasó este año en las elecciones presidenciales y locales en Francia, Grecia, España y Gran Bretaña. Justamente, en Francia, el nuevo presidente derechista Sarkozy tiene miedo a la reacción de la clase obrera contra su política. Por eso disfrazó su gobierno con el título de "unidad nacional" incorporando algunos ex-ministros socialistas. Pero, como era inevitable, ya pasó a los ataques con su intención de aumentar la edad jubilatoria de los empleados públicos y dejar sin efecto la jornada laboral semanal de 35 horas. Esto ha puesto en pie de guerra a la clase obrera francesa. El 18 de octubre hubo una huelga general masiva en el sector público y cientos de miles de trabajadores marcharon por las calles de Francia, lo mismo que el 20 de noviembre.

En Italia, el gobierno de coalición de Prodi (una coalición insana de burgueses, socialdemócratas y "comunistas") está en crisis total. Los antiguos estalinistas del PDS (socialdemócratas) recién se fusionaron con los burgueses liberales de Prodi para formar un partido burgués, el Partido Democrático. Ya hubo una escisión por izquierda en el PDS que podría unificarse con PRC ("comunistas") lo que cambiará las perspectivas para este partido, el PRC; que emergerá como el único partido reformista de masas en Italia. En las bases de PRC habrá cada vez una presión mayor para obligar a sus dirigentes a abandonar el gobierno de coalición.

Como una muestra del descontento de los trabajadores italianos con la política procapitalista de Prodi, el 20 de octubre pasado un millón de personas se manifestaron en Roma exigiendo al gobierno un giro a la izquierda en sus políticas. Es significativo que esta marcha fuera convocada, entre otros, por el PRC y tuviera el apoyo del sindicato metalúrgico.

En España, también ganó débilmente la derecha en las elecciones municipales, en un ambiente de polarización política desconocido desde la caída de la dictadura hace 30 años.

En general, en Europa vemos gobiernos débiles, producto de elecciones que se ganan con mayorías precarias. Ahora es natural ver la formación de gobiernos de coalición entre partidos burgueses y reformistas, como es el caso de Alemania y de Italia.

Inestabilidad de las relaciones internacionales

Lo más importante a señalar es la enorme interdependencia de los acontecimientos a escala mundial. Es imposible comprender las perspectivas para cada país individual sin enmarcarlo en un contexto más amplio.

Los marxistas no somos deterministas económicos, sino materialistas dialécticos. El ciclo económico capitalista es importante, pero no agota ni da respuestas acabadas a temas tan importantes como la conciencia de clase o las perspectivas revolucionarias. Los factores políticos también tienen su importancia. Por ejemplo, la inestabilidad en Medio Oriente y las invasiones de Afganistán e Iraq, han tenido un gran impacto político más allá de sus fronteras. En Italia, la primera crisis del gobierno Prodi fue producida por el rechazo del Senado a mantener las tropas italianas en Afganistán. En España, la caída del gobierno derechista del Partido Popular en el 2004 fue una consecuencia directa del atentado terrorista de Al Qaeda en Madrid, que dejó 200 muertos. También en los EEUU la ocupación de Iraq ha conducido a una crisis política aguda. En la zona opuesta del planeta, Pakistán ha sido totalmente desestabilizada por la ocupación imperialista de Afganistán.

Las relaciones internacionales ha sido otro aspecto que también está afectado por la inestabilidad. Antes, con la existencia de la URSS había un equilibrio. Pero con su desaparición todo cambió. EEUU se convirtió en la única superpotencia cambiando todo el escenario mundial. Pero la arrogancia de EEUU, que le llevó a declarar guerras en Medio Oriente, Asia y Yugoslavia, está alcanzando sus límites.

EEUU llegó a las fronteras de Rusia convirtiendo en países satélites los ex-países estalinistas del Este de Europa y de Asia Central, que antes estaban bajo la órbita de la URSS estalinista, y ha instalado en ellos bases militares. Pero Rusia ya está perdiendo la paciencia. Por eso reaccionó frente al anuncio de EEUU de instalar un "escudo antimisiles" en estos países, dirigido contra Rusia. Rusia se está rearmando para afirmarse como potencia imperialista regional, y está buscando aliados en China e Irán, quienes tratan de hacer lo mismo en el Pacífico y en Medio Oriente, respectivamente.

La lucha por el control de las fuentes de materias primas no se detiene. Además de África, Asia y América Latina las potencias imperialistas iniciaron ahora la disputa por el control de los polos, ártico y antártico, en su búsqueda irrefrenable de petróleo y minerales, lo que atizará aún más la inestabilidad internacional.

La situación mundial, en la actualidad, no es una imagen bonita y tranquila. Todo lo contrario, en todas partes existe una situación explosiva. Se abrirán grandes posibilidades para las ideas del socialismo en todo el mundo. Comenzando por las capas más avanzadas de los trabajadores, la necesidad de poner fin a este sistema caduco y opresivo encontrará un eco de masas en todas partes.

ASIA Y MEDIO ORIENTE

La intervención en Irak y Afganistán ha desestabilizado todo. Después de 6 años, los talibanes han tomado la iniciativa y están poniendo en apuros a las tropas imperialistas. Los bombardeos indiscriminados de EEUU en Afganistán han causado miles de víctimas civiles, incrementando la impopularidad del imperialismo norteamericano. Los talibanes tienen dinero procedente del narcotráfico y armas, y cuentan con el apoyo de un sector del aparato del Estado de Pakistán, en el ejército y el servicio secreto.

En Pakistán, el presidente Musharraf está acabado. Ha perdido la confianza de todo el mundo: de un sector del aparato del Estado, de los EEUU y de la población. Por eso organizó un "autogolpe" de Estado para prolongar su mandato. Pero cada vez está más aislado e inevitablemente tendrá que dejar el poder. En Enero deberían celebrarse elecciones legislativas. Para buscar una salida, están preparando un gobierno de coalición con el PPP, el partido de masas de Pakistán, cuya dirigente Benazir Bhutto regresó del exilio hace varias semanas. Es significativo que más de dos millones de personas salieran a las calles de Karachi para recibir a Bhutto. Esto confirma nuestras perspectivas para el PPP y la corrección de una orientación de los marxistas hacia sus bases. Bhutto y los imperialistas tratará de utilizar al PPP como un ariete contra las masas para imponer políticas más proimperialistas y antisociales, lo que provocará una crisis en su seno. En los últimos años, la tendencia marxista The Struggle ha conocido un desarrollo muy importante en el movimiento de masas de Pakistán, y sus fuerzas van a ser probadas en los acontecimientos. Merece el reconocimiento de los socialistas y revolucionarios de todo el mundo que deben prestarle su apoyo para que corone con éxito la lucha por la transformación socialista de Pakistán, lo que daría un impulso irresistible a la lucha por el socialismo en todo el subcontinente indio, y más allá.

La invasión imperialista de Iraq ha sido un fracaso absoluto como previmos desde el primer día. Ahora, la clase dominante estadounidense está enfrentada a Bush por Iraq. El sector decisivo de la burguesía norteamericana quiere la vuelta de las tropas a casa y un acuerdo con Siria e Irán para terminar con el caos en la región. Pero Bush necesita continuar la guerra por consideraciones de prestigio. Es un hecho sin precedentes que el Congreso de EEUU votara una resolución exigiendo la vuelta de las tropas, contra la opinión del gobierno. Aunque Bush vetó esta resolución, este hecho basta para comprobar la profundidad de la crisis política que sacude a los EEUU. Ahora la oposición a la política de Bush en Iraq también se extendió dentro de su partido, el Republicano.

Bush ha llevado a Iraq a la barbarie. Iraq era antes un país secular y un contrapeso al poder de Irán en la región. Pero ahora, los fanáticos religiosos de Al Qaeda tienen una base en Iraq, y el sectarismo religioso ha conducido a una guerra civil y a matanzas horribles entre los chiítas, los sunnitas y los kurdos.

Lo patético es que EEUU ni siquiera puede sacar el petróleo iraquí por los atentados a las instalaciones y a los oleoductos. La peor violencia tendrá lugar en el Kurdistán, al norte; porque esta parte de Iraq es multiétnica y, como pasó en los Balcanes en los años 90, el fanatismo religioso y nacionalista provocará limpiezas étnicas y sectarias.

En el Kurdistán iraquí, al norte, los kurdos son la mayoría y aspiran a la independencia y a controlar los yacimientos petrolíferos de la zona de Kirkuk, su capital. Pero Turquía jamás aceptará la independencia del Kurdistán iraquí, porque al otro lado de la frontera, en Turquía, los kurdos también son mayoría, lo que fortalecería las tendencias separatistas del kurdistán turco para unirse a sus hermanos iraquíes. Por esa razón, Turquía inició ataques militares en la frontera con Iraq, con la excusa de perseguir a las guerrillas kurdas que operan en territorio turco, amenazando con invadir el kurdistán iraquí si éste se declarara nación independiente.

EEUU destruyó el único país que podía controlar a Irán. Irán es un país importante y tiene una cierta fuerza militar. Su presidente, Ahmadineyaj, juega la carta del antiimperialismo para desviar la atención de las masas, que están muy descontentas con el régimen religioso. Irán está interviniendo en Irak a través de los chiítas, que son mayoría en Iraq. Esto preocupa a los saudíes que temen el crecimiento de la influencia iraní en la zona. Para debilitar a los chiítas, los saudíes están ayudando con armas a los sunnitas, de su misma confesión religiosa. De manera que el caos en Iraq es total.

El problema es que cualquier cosa que hagan los EEUU saldrá mal. Si se quedan, aumentarán las bajas en el ejército de EEUU y seguirán gastando recursos millonarios, lo que alimenta el descontento popular en EEUU. Pero si se marchan, Iraq se deslizaría todavía más al caos y la barbarie y, probablemente, a su desmembramiento.

Igual de mal están las cosas en Próximo Oriente. En Líbano, los imperialistas echaron al ejército sirio para poner un gobierno proimperialista. Ahora, hay una inestabilidad total. Líbano es un país árabe plurirreligioso, con musulmanes chiítas y sunnitas, y cristianos. La élite cristiana dominante es proimperialista. Los chiítas de Hezbollah son aliados de los sirios e Irán. Israel invadió el año pasado el sur del Líbano para aplastarlos pero tuvieron que retirarse sin conseguir su objetivo por la oposición interna en Israel. Esto aumentó el prestigio de Hezbollah incluso entre los cristianos pobres. También el PC libanés experimentó un crecimiento a consecuencia de esto. Pero EEUU e Israel continúan sus conspiraciones en Líbano lo que puede conducir a una guerra civil.

En el centro de la crisis de Medio Oriente se encuentran Israel y la cuestión palestina. Como consecuencia de la derrota israelí en Líbano, la coalición de gobierno de Israel está en crisis. La clase dominante israelí utiliza el tema palestino para desviar la atención de los problemas de los trabajadores israelíes, que sufren políticas de recortes y ataques a sus condiciones de vida. Este año hubo luchas estudiantiles muy importantes y una huelga general en el sector público.

Es una situación trágica la del pueblo palestino. Su única alternativa es la revolución socialista. Es una tragedia porque los palestinos tenían una tradición secular y ahora se extendió el fanatismo religioso con la irrupción del fundamentalismo islámico de Hamas.

La retirada israelí de Gaza hace dos años fue un movimiento táctico para fortalecer su control sobre el otro territorio ocupado, Cisjordania. Cuando se celebraron elecciones en los territorios palestinos ocupados, Hamas consiguió la mayoría y formó gobierno. Pero luego vimos el cinismo de los imperialistas (no sólo de EEUU sino también de la Unión Europea) cuando suspendieron automáticamente los fondos económicos al gobierno palestino de Hamas, que fue elegido democráticamente. La crisis que vimos desarrollarse en Gaza en Junio fue producto del golpe de Estado organizado por el Presidente palestino, Mahmud Abbas, para terminar con el gobierno de Hamas. Abbas es un títere de los imperialistas y quería hacerles el trabajo sucio contra Hamas. Pero esto provocó una guerra civil entre Hamas y la OLP dirigida por Abbas. Tan pronto como comenzaron los enfrentamientos entre Hamas y Abbas, los imperialistas restauraron la ayuda a Cisjordania, que quedó bajo el control de la OLP. Pero mantienen el bloqueo sobre Gaza que quedó en poder de Hamas. Los imperialistas quieren utilizar a Abbas para que los palestinos acepten la continuación del dominio israelí, a cambio de una ficción de Estado propio.

En la actual guerra civil entre Hamas y la OLP sería incorrecto dar apoyo crítico a Hamas frente a la OLP, o viceversa. Es una guerra de camarillas por el control del poder. Es verdad que la dirección de la OLP es proimperialista, pero sus bases están compuestas por trabajadores y por las masas pobres palestinas, sobre todo en Cisjordania, donde también están descontentas con su dirección corrupta. Hamas es una organización fundamentalista reaccionaria y sus dirigentes desean llegar a acuerdos con el imperialismo, lo que ocurre es que éste no está dispuesto a aceptarlos como interlocutores. Denunciamos el golpe de estado proimperialista de Abbas pero no podemos contraponer a Hamas contra la OLP porque colaboraríamos en la división del pueblo palestino, nos bloquearía el camino a las bases de la OLP y a los trabajadores israelíes y ayudaríamos a fortalecer al fundamentalismo reaccionario. Debemos denunciar a ambas direcciones y luchar por una alternativa independiente de clase con nuestro programa.

No hay ninguna solución posible al tema palestino sobre bases capitalistas. No hay solución al problema palestino mientras la población israelí se mantenga unida alrededor de su clase dominante. La única solución posible es dividir Israel en líneas de clase para romper la fortaleza del sionismo reaccionario. Pero esto requiere la defensa de un programa de clase entre los palestinos y entre los trabajadores israelíes. Nuestro programa es la lucha unida de las masas palestinas y de los trabajadores israelíes contra sus enemigos comunes: la burguesía sionista y los regímenes árabes reaccionarios de la zona, para crear una Federación Socialista del Medio Oriente.

Es difícil defender esta posición en las circunstancias actuales, dados los odios nacionales entre los palestinos y los trabajadores israelíes, pero los acontecimientos ayudarán a materializar esta perspectiva cuando las masas se hagan conscientes de la futilidad de los viejos métodos: el nacionalismo burgués y el terrorismo individual. Mientras tanto, es necesario explicar pacientemente nuestras ideas a los elementos más avanzados. En el futuro, estas ideas encontrarán un eco de masas.

AMÉRICA LATINA

Latinoamérica sigue estando en la primera línea al frente de la revolución mundial. Las débiles burguesías latinoamericanas y la opresión imperialista no pueden estabilizar la situación. La continuidad del capitalismo significa más opresión, explotación y atraso a todos los niveles. El "boom" económico de los últimos años, estimulado por el alza del precio de las materias primas, no ha tenido un efecto significativo en las condiciones de vida de las masas

Según el Banco Mundial, para que América Latina alcance el nivel de desarrollo de infraestructuras de Corea del Sur (uno de los países más avanzados del Sudeste asiático) debería invertir $US 100.000 millones anuales durante 20 años. La burguesía latinoamericana no lo puede hacer, porque este dinero es el que se destina cada año al pago de la deuda externa a las potencias imperialistas. Sólo en una economía socialista planificada, a través de una federación socialista de todo el continente, podrían solucionarse los problemas de infraestructura, pobreza, empleo, salud y educación.

Los intentos de las burguesías latinoamericanas por recrear bloques económicos para competir con sus hermanos mayores de EEUU, Europa, Japón y China están condenados al fracaso, como lo demuestra la crisis del MERCOSUR, que está desgarrado por sus contradicciones internas y los intereses nacionales de cada país miembro. Argentina le ha impuesto a Brasil cuotas de importación y subas de aranceles en casi todos los rubros: autopartes, calzado, textil, electrodomésticos, etc. Uruguay y Paraguay se quejan de que no ganan nada dentro del MERCOSUR y amenazan con marcharse y firmar acuerdos comerciales con EEUU. La burguesía de San Pablo se queja de que el MERCOSUR es un bloque muy restrictivo para sus negocios y también defiende la firma de acuerdos comerciales con EEUU y Europa.

Allá donde la burguesía ha fracasado sólo la clase obrera, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y demás capas oprimidas de la población, puede encontrar una salida.

Los acontecimientos que vemos desarrollarse en nuestro continente no son más que las primeras etapas de esta búsqueda de las masas oprimidas por sacudirse la opresión capitalista e imperialista y encontrar esta salida.

Venezuela

En el pasado, EEUU habría intervenido militarmente en Venezuela y en otras partes. Pero ahora es imposible. El fracaso de la aventura imperialista en Iraq se lo impide. Por eso recurren a presiones diplomáticas e intrigas con sus gobiernos "amigos" en la zona. No deja de ser significativo que ahora EEUU esté estrechando sus relaciones con Brasil e incluso hablando de la posibilidad de que este país tenga un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero el imperialismo y la oposición burguesa venezolana también ejercen presiones dentro del movimiento bolivariano, apoyándose en los sectores reformistas y burocráticos del aparato del Estado y del gobierno que quieren frenar el proceso revolucionario y alcanzar un acuerdo con ellos.

Los imperialistas comprenden lo que nosotros comprendemos: hay un proceso revolucionario en Venezuela, y las masas están moviéndose para cambiar la sociedad. Hace años, todos los políticos progresistas eran considerados "comunistas" por Washington, pero ahora el imperialismo norteamericano necesita tratar con los progresistas "buenos" como Lula, Kirchner, Bachelet o Tabaré, para aislar a Chávez. Este fue el objetivo de la gira de Bush por Latinoamérica y el intento de firmar acuerdos comerciales bilaterales con Brasil, Uruguay y otros países de la región.

Las revoluciones no respetan fronteras y el fermento revolucionario se ha extendido a países como Ecuador, Bolivia, etc. Por eso intentan aislar a Venezuela. El imperialismo de EEUU no puede tolerar la revolución venezolana. Pero como ocurrió con Cuba, el imperialismo de EEUU podría empujar a Chávez más allá de los límites del capitalismo. Si eso ocurriera, sus efectos se sentirían en todo el continente y más allá.

Eso es lo que explica la campaña de histeria alrededor del tema del canal privado de televisión RCTV y de la reforma constitucional impulsada por Chávez. Los imperialistas quieren mantener la presión sobre Chávez para detener la revolución. Para eso están basándose en el ala derecha de los dirigentes bolivarianos y en la burocracia contrarrevolucionaria. Pero los trabajadores y campesinos están presionando desde abajo. El resultado de esta lucha determinará el destino de la revolución, en un sentido o en el otro.

Hay un sabotaje a la economía venezolana. Hay escasez de productos básicos y una inflación del 19%. Las masas son leales a la revolución pero no van a aceptar esta situación indefinidamente. Más pronto o más tarde se alcanzará un punto decisivo. Chávez ha dado pasos adelante importantes. Es honesto y valiente, pero no es marxista. Por eso vacila y duda en cuestiones fundamentales, como en el alcance de las nacionalizaciones y en la política hacia el ejército, donde se opone a la afiliación de los soldados y oficiales revolucionarios al PSUV, lo cual es un grave error. De ahí que el resultado de la revolución no está todavía claro.

Es indudable que después de las elecciones de diciembre del 2006 la revolución dio un giro a la izquierda. Se inició un programa parcial de nacionalizaciones con la compra de los activos de algunas compañías que habían sido privatizadas, se aseguró la mayoría estatal en la producción de petróleo, se levantó la concesión al canal privado de TV golpista, RCTV, se lanzó el PSUV y se planteó un cambio constitucional que incorpora algunas reformas avanzadas. Pero justo cuando se necesita concretar en hechos algunas de las medidas planteadas, Chávez vacila: un día se declara comunista y otro dice que no es marxista, e insiste en que el socialismo es compatible con la propiedad privada. Ni el mismo Chávez sabe a dónde va. Por otro lado, mantiene su insistencia en denunciar a aquéllos que dentro del movimiento bolivariano quieren llegar a acuerdos con la oposición burguesa o quieren retrasar la reforma constitucional.

De cualquier modo, lo que haga Chávez no va a depender de su voluntad, sino de la dinámica de la revolución y la contrarrevolución. No olvidemos que Fidel y el Che, en un primer momento, no se fijaron el objetivo de una revolución socialista en Cuba. Fue el acoso de EEUU lo que los empujó a expropiar a la burguesía y las multinacionales en la isla. Por otro lado, es un error basar exclusivamente las perspectivas de la Revolución venezolana en lo que pueda hacer o no Chávez. El punto clave es construir una fuerte organización marxista revolucionaria dentro del movimiento bolivariano que emerja como un punto de referencia para las masas trabajadoras.

También la dirección de la central sindical, la UNT, tiene una responsabilidad por la lentitud de la revolución venezolana, tanto su ala reformista como su ala izquierda. El ala izquierda, controlada por la corriente Ccura, tiene una responsabilidad mayor porque es el ala mayoritaria en la UNT. No ha tomado ninguna iniciativa para impulsar la revolución hacia delante. No ha organizado tomas de fábricas, ni planteado la formación de guardias obreras con la exigencia de armas al gobierno, no ha establecido comités obreros que exijan el control obrero en las fábricas donde están presentes, etc. Sólo parece preocuparle el control de la UNT por arriba, en disputa con los sectores reformistas. Por esta razón, no está claro que la UNT juegue un papel clave en la revolución.

El nuevo factor a tener en cuenta es el surgimiento del PSUV, que tiene 5,6 millones de inscritos y 2 millones de militantes efectivos. Será en esta organización de masas donde se disputará la lucha entre revolución y contrarrevolución dentro del movimiento bolivariano porque en el PSUV están los elementos más conscientes de las masas, junto con los elementos burocráticos y reformistas del movimiento bolivariano que tratan de controlar las estructuras del partido.

Es necesario seguir atentamente el desarrollo concreto de la revolución a través de todas sus etapas y tomar en cuenta todos los hechos y datos. Los marxistas deben participar activamente en todos los debates y jugar un papel dirigente en el establecimiento del nuevo partido socialista, el PSUV. Pero deben hacerlo como ala marxista, organizando su intervención como una tendencia claramente delineada.

México

México es un buen ejemplo de la manera en que se mueven las masas. Nuestra corriente afirmó muchas veces que no existía un solo país estable en América Latina. No hace mucho tiempo México parecía un país estable. Pero nuestras perspectivas fueron confirmadas por los acontecimientos del último año. Los grupos sectarios no comprendían nada de lo que estaba ocurriendo. Nos acusaban de apoyar a un partido burgués. El PRD puede ser considerado un partido burgués si se quiere, desde el punto de vista de sus dirigentes y de su política. Pero las masas no lo ven así, como comprobamos el año pasado.

Millones salieron a las calles para protestar contra el fraude electoral y apoyar a López Obrador ¿Dónde estaban todos esos burgueses dentro del PRD? No los había. Era gente común: trabajadores y campesinos. Nuestros camaradas lucharon hombro con hombro con las masas, mientras explicaban simultáneamente su programa y su política intentando impulsar el movimiento hacia adelante.

Este movimiento colosal de millones provocó una crisis de dirección. López Obrador parecía un aprendiz de brujo: desencadenó fuerzas que no podía controlar. Debemos comprender cómo se mueve la clase obrera, a través de sus organizaciones tradicionales de masas, no a través de pequeñas sectas. Pero las masas no pueden estar siempre en la calle levantando barricadas, como imaginan los ultraizquierdistas. Si su lucha no conduce resultado decisivo, el movimiento vuelve a caer por un tiempo. Eso es normal. No tiene sentido desesperarse por eso.

Sobre la superficie, parece que el Presidente espurio, Felipe Calderón, ha ganado. Pero la lucha no ha terminado todavía. El gobierno de Calderón es débil y está dividido. La clase dominante mexicana es demasiado débil para aplastar el movimiento de masas en esta etapa, pero la clase obrera no pudo todavía terminar el trabajo, por culpa de su dirección. El resultado es un equilibrio inestable. Pero no durará mucho tiempo.

La revolución mexicana ha comenzado. Calderón está intentando reforzar el aparato del Estado, utilizando la cuestión del narcotráfico como una excusa para la represión. Pero, tarde o temprano, la burguesía mexicana y el imperialismo tendrán que entregar el gobierno al PRD como última válvula de escape para detener el movimiento revolucionario. Seguramente López Obrador ganará las próximas elecciones y la burguesía lo tendrá que aceptar. Las masas deberán pasar por la escuela del reformismo y aprenderán de su experiencia. Mientras tanto, es necesario preparar las fuerzas socialistas y revolucionarias en México y construir una organización sólida dentro del PRD que pueda emerger como una tendencia de masas en los próximos años.

La revolución andina

En Bolivia, la revolución está alcanzando un punto crítico. Morales ha promovido algunas reformas: ha nacionalizado algunas empresas, ha incrementado los recursos del Estado al conseguir mayores ingresos de la exportación de los hidrocarburos, hay mejoras en la salud y la educación, pero son reformas insuficientes.

Los hechos han confirmado la trampa que supuso la convocatoria de la Asamblea Constituyente y el carácter equivocado de esta demanda, que con tanto énfasis era reclamada por los reformistas y los grupos sectarios. Después de año y medio, la Asamblea Constituyente no ha podido aprobar ni un solo artículo de la futura Constitución boliviana. Los debates están empantanados, como preveíamos. Se necesita el 66% de los votos de la Asamblea para aprobar cada artículo y el MAS no alcanza ese porcentaje. Ahora el MAS dice que elaborará su propia Constitución y la someterá a Referéndum popular, e invita a la oposición a que haga lo mismo.

También hubo movilizaciones a favor y en contra de la propuesta de la derecha de restaurar la capitalidad política de Bolivia en Sucre, que actualmente reside en La Paz.

Por su parte, las conspiraciones de la contrarrevolución continúan. En agosto las oligarquías de Santa Cruz y otros departamentos convocaron una huelga general cívica (un paro patronal) que tuvo un seguimiento desigual en sus zonas. Los obreros y campesinos de Santa Cruz se opusieron y las bandas fascistas se dedicaron a crear el terror en los barrios. El Prefecto (gobernador) de Santa Cruz ha vuelto a defender la partición de Bolivia entre el Oriente (la zona más rica) y el Occidente (la más pobre). Ahora, el Prefecto (gobernador) de Cochabamba, que fue derribado por una movilización popular en enero pasado y repuesto por orden del gobierno, ha exigido la dimisión de Morales y el MAS respondió con un llamamiento a la movilización de obreros y campesinos.

Pese a todo Morales mantiene un apoyo superior al 60%. El problema es que no organiza esta fuerza para terminar la revolución y expropiar a la oligarquía. Los reformistas temen la guerra civil, pero si la contrarrevolución se impone habrá una carnicería contra los obreros y campesinos.

La COB, la central sindical, está borrada de los acontecimientos. El llamado a constituir un partido revolucionario quedó en la nada, por el momento.

La convocatoria de la Asamblea Constituyente tuvo el efecto de desmovilizar a las masas y extender las ilusiones en que la futura Constitución lo resolvería todo. Las masas aprenderán de la experiencia y comprenderán que fueron engañadas. Es inevitable, por lo tanto, un nuevo alza revolucionaria de las masas ante el descontento con las provocaciones de la contrarrevolución burguesa e imperialista y por el retraso de las reformas prometidas, como la reforma agraria, y otras. Lo que se necesita es un partido revolucionario de masas que dirija las energías de los trabajadores y campesinos hacia la revolución socialista. El trabajo en la COB y en la base del MAS es esencial para preparar esta perspectiva.

En Ecuador hay como una repetición del proceso venezolano, pero de manera más acelerada. Ahora tuvieron lugar elecciones a la Asamblea Constituyente donde Correa consiguió una victoria aplastante, el 70% de los votos. Como en Bolivia, la Asamblea Constituyente no resolverá nada, aunque a corto plazo despertará algunas expectativas en las masas, que abandonaron las calles temporalmente. A diferencia de Morales, Correa sí tiene la fuerza suficiente en la Asamblea para imponer su modelo constitucional. Pero las conspiraciones contrarrevolucionarias continuarán, preparando una nueva respuesta de las masas. Como en Venezuela, el proceso en Ecuador será prolongado por la debilidad de la reacción y por la ausencia del factor subjetivo en esta etapa.

En Perú, como preveíamos tras la victoria ajustada de Alan García en las elecciones hace año y medio, las masas salieron a la calle para exigir cambios en sus condiciones de vida. Hubo huelgas regionales en el interior del país y una lucha muy dura de los docentes. El pasado 11 de julio la central sindical CGTP convocó la huelga general más extensa en años. 50.000 trabajadores marcharon por las calles de Lima en la protesta más grande desde la caída de Fujimori. Ahora se formó un frente entre los sindicatos, la izquierda y los nacionalistas de Humala. No está claro que García termine su mandato de 4 años. La tarea principal ahora es impulsar una tendencia marxista en los frentes de masas que están formándose para organizar a los elementos más avanzados.

Brasil, Uruguay, Chile

La victoria de Lula en las elecciones presidenciales de 2006 confirmó la enorme lealtad de los trabajadores a sus organizaciones tradicionales de masas. Los sectores impacientes que abandonaron el PT para formar el PSOL se marginaron del movimiento real de la clase obrera y de jugar un papel determinante en los acontecimientos. Aunque recogieron bastantes votos de trabajadores descontentos con la política de Lula en la primera vuelta, esos mismos votos fueron a Lula en el Ballottage, donde incluso sacó más votos, pese a que el PSOL llamó a votar en blanco.

Ahora el PSOL está dividido y ni siquiera defiende un programa reformista de izquierda avanzado, mucho menos un programa socialista. Su principal dirigente, Heloisa Helena está contra el derecho al aborto y no defiende la expropiación de los latifundios.

Los sectarios también quedaron retratados de cuerpo entero con su intento criminal de escindir la central sindical, la CUT, con la formación de un pequeño sindicato "rojo", el CONLUTAS. El PC también se sumó a estas maniobras por intereses de aparato y encabezó otra escisión. No obstante, la CUT sigue agrupando al 70% de la clase obrera organizada sindicalmente.

Los trabajadores brasileños tienen que terminar su aprendizaje en la escuela del reformismo sin reformas y con las políticas procapitalistas de Lula. Éste, está cada vez más alejado de los trabajadores. Habla como un nacionalista burgués y, a medio plazo, terminará repudiado por sus bases.

Es significativo que mientras que Lula se abrazaba con Bush en Brasilia, el PT organizaba manifestaciones contra la presencia del presidente de EEUU. Mientras que el Senado brasileño se mostró en contra del levantamiento de la concesión a la cadena de TV golpista RCTV de Venezuela, el PT publicó un comunicado a favor de la medida.

También es significativo que el congreso del PT celebrado el 1º de septiembre, reafirmara el carácter socialista del partido y su objetivo de luchar por el socialismo, en contra de la opinión del ala derecha del PT, apoyada por Lula.

El PT, pese a la degeneración de sus dirigentes, es un partido enraizado en la clase obrera. Mañana habrá grandes posibilidades de desarrollo dentro del PT, como resultado de la lucha entre los reformistas y el ala izquierda, que debe ser fortalecida y desarrollada.

En Uruguay, el gobierno de Tabaré está cada día más comprometido con el imperialismo de EEUU y las políticas procapitalistas. Uruguay firmó un tratado sobre inversiones con EEUU, el TIFA, que si bien no es un tratado de libre comercio, con eliminación de aranceles, sí podría ser un primer paso en ese sentido. Esto ha provocado la aparición de fisuras importantes dentro del Frente Amplio (FA).

Hubo varios intentos de la burguesía para acelerar el desgaste del gobierno de Tabaré. Primero fue con el tema de las papeleras, obligando a Tabaré a defender los intereses de las multinacionales; y luego cuando la patronal organizó un paro empresarial en contra de la suba de precios de los combustibles a las empresas de transporte para financiar el congelamiento del boleto. Como prueba del temperamento revolucionario de los trabajadores uruguayos, la central sindical, PIT-CNT convocó una huelga general en respuesta, haciendo recular la medida de fuerza de los empresarios.

Es evidente que el gobierno frenteamplista sigue gozando de un apoyo aplastante en las masas, pese al descontento popular con algunas de sus políticas. Esto ha llevado al desencanto de sectores de izquierda del FA que están experimentando un cierto aislamiento porque las masas todavía no perdieron sus ilusiones en el gobierno. Hay tendencias escisionistas en estos sectores que repiten los errores sectarios del PSOL en Brasil en relación al PT. Pero no hay alternativa al FA en Uruguay.

La construcción del partido revolucionario en Uruguay se dará a través de un trabajo prolongado en el interior del FA, interviniendo en las contradicciones y crisis que estallarán en su seno. Tarde o temprano, el FA experimentará crisis y una polarización interna conforme se profundice el malestar de las masas con su gobierno. Ya hubo un anticipo de los desarrollos futuros dentro del FA, cuando las bases frenteamplistas, la PIT-CNT y otros grupos de izquierda organizaron movilizaciones de masas contra la visita de Bush a Uruguay el mes de marzo, cuando fue invitado por Tabaré.

Chile, como México hace un año, parecía el país más estable de América Latina. Pero eso ya terminó. Después de las movilizaciones de los estudiantes hace año y medio asistimos a la irrupción del proletariado chileno exigiendo mejores condiciones de vida. Vimos una huelga general indefinida del proletariado minero del cobre, y luego la huelga los trabajadores mineros de las subcontratistas de la estatal Codelco. Hace unos meses un trabajador fue asesinado por la policía en una protesta laboral. Y a fines de agosto, la central sindical, CUT, convocó una jornada nacional de lucha contra la política social del gobierno que tuvo el apoyo del Partido Comunista y, lo que es más sobresaliente, del Partido Socialista que participa en el gobierno de Concertación de Bachelet. Pese a que el gobierno prohibió la marcha en la capital Santiago, en la misma participaron decenas de miles de trabajadores que fueron reprimidos por la policía y terminó con decenas de heridos y 600 detenidos.

El "milagro económico chileno" no fue tal. Estuvo basado durante décadas en las leyes represivas de la dictadura, que aún se mantienen, y en la sobreexplotación de los trabajadores. Estos han dicho que ya es suficiente y todo el ambiente social en Chile ha cambiado completamente en unos pocos meses.

En Chile, como en el resto de América Latina, se preparan acontecimientos tormentosos que sacudirán de arriba hacia abajo a las organizaciones de masas de la clase obrera.

El proceso de la revolución latinoamericana

El proceso de la revolución socialista latinoamericana será prolongado. Esta no era la situación en el pasado, cuando una situación prerrevolucionaria se movía rápidamente a la revolución o a la contrarrevolución. ¿Por qué? Porque hay un equilibrio de fuerzas de clase muy favorable. Como en México, Venezuela, y en todas partes, la burguesía no es suficientemente fuerte para aplastar el movimiento revolucionario, pero los trabajadores no pueden tomar el poder por la falta de una dirección revolucionaria. Esto explica la naturaleza prolongada del proceso. Pero más pronto que tarde esto debe solucionarse en un sentido o en el otro. Los imperialistas comprenden lo que nosotros comprendemos. Ellos saben que la actual correlación de fuerzas inestable no puede mantenerse. Y están preparándose.

Es necesario construir las fuerzas del socialismo revolucionario genuino. Se dispone de algo de tiempo para construir estas fuerzas, pero no un tiempo indefinido. La clave de la revolución es construir una poderosa organización de cuadros en los países más relevantes en el tiempo más corto posible.

Los marxistas debemos basarnos en los procesos fundamentales, y no en éste o aquél hecho accidental. No existen esquemas que lo expliquen todo. Debemos partir del mundo tal cómo es y de la lucha de clases y del movimiento obrero tal cómo son. Tenemos que aproximarnos a las cosas dialécticamente. Verlas en su presente y en su pasado, y tratar de prever cómo se desarrollarán en el futuro. La lucha de clases tiene un cierto ritmo. Las treguas en la lucha de clases son inevitables. Más aún, no siempre es conveniente que las masas estén en una agitación constante.

Existen muchas analogías entre la lucha de clases y las guerras. Las guerras no consisten en batallas permanentes. Las batallas son la excepción y en medio de ellas hay períodos largos de inactividad. Tales períodos deben ser utilizados para limpiar las armas, cavar trincheras, instruirse y reclutar fuerzas nuevas. Todo ello con el objetivo de preparar la próxima batalla, que vendrá más pronto de lo que imaginamos. Debemos razonar como buenos soldados. Debemos utilizar las pausas de la lucha de clases para construir nuestras fuerzas y perfeccionar nuestra organización. Los trabajadores no siempre están preparados para luchar, es verdad. Pero tomemos el caso de Bolivia, donde la clase obrera protagonizó dos huelgas generales insurreccionales y derribó dos gobiernos en el espacio de 18 meses ¿Qué más se le puede pedir a la clase obrera? El fracaso en la toma del poder no fue debido al bajo nivel de conciencia de las masas sino a la ausencia de una dirección revolucionaria.

En todos los países la situación puede cambiar muy rápidamente. Hay que estar preparados para no ser tomados por sorpresa. Bajo ciertas condiciones, los elementos más atrasados pueden convertirse en los más avanzados, como conocemos por la dialéctica y la historia. La revolución rusa de 1905 comenzó con una marcha pacífica de obreros que llevaban imágenes del zar e íconos religiosos, y estaban dirigidos por un sacerdote. Los marxistas eran una pequeña minoría y estaban completamente aislados de las masas. Luego se produjo la masacre del 9 de enero y la conciencia de las masas se transformó en 24 horas.

¿Qué lección podemos sacar de la revolución venezolana? ¿Cómo puede explicarse la rápida subida de Chávez al poder? No por sus poderes mágicos. El proceso de descontento ya estaba presente en las masas, pero no encontraba un vehículo a través del cual pudiera expresarse. Una vez que encontró un medio de expresión, inundó las calles en un movimiento imparable que ha durado cerca de 10 años. Es realmente sorprendente que un movimiento revolucionario dure tanto tiempo. Las elecciones de diciembre del 2006 mostraron un apoyo del 63% de la población a Chávez, después de 9 años de iniciado el proceso ¡Esto muestra una elevada conciencia revolucionaria por parte de las masas! La conciencia de clase no viene medida solamente por las huelgas. Si los trabajadores son bloqueados en el frente industrial buscarán una salida en el frente político, y viceversa. Pero se moverán sólo a través de sus organizaciones tradicionales de masas, porque las masas no se interesan por los grupos pequeños, incluso si tienen ideas correctas, que nunca es el caso de los grupos sectarios.

En el período turbulento que está abriéndose veremos grandes crisis en las organizaciones tradicionales de masas en una cierta etapa y si se ha sido capaz de construir fuertes organizaciones de cuadros en su interior, todo estará preparado para el surgimiento de tendencias marxistas revolucionarias de masas que estarán en condiciones de dirigir a la clase obrera a la toma del poder.

(2ª Parte) La situación económica

INTRODUCCIÓN

Este trabajo, que comenzó en su preámbulo con un esbozo de la situación internacional, nos lleva ahora a un estudio cuidadoso de la economía, de las condiciones de vida de la clase obrera, del movimiento obrero, y de la situación política de nuestro país. Es necesario tomar en cuenta la máxima cantidad posible de factores que inciden en la sociedad, para sacar a la luz sus tendencias fundamentales e intervenir en ella lo más correctamente posible.

Dada la complejidad de la realidad social, unas perspectivas sólo pueden aspirar a conformar un cuadro general. Seguir en detalle cada aspecto de la vida de la sociedad y su interrelación dialéctica es una tarea imposible. Las perspectivas son sólo una guía para la acción, que deben ser completadas, desarrolladas y cambiadas con el devenir de la propia lucha de clases y sobre la base de la intervención práctica en la misma.

LA SITUACIÓN ECONÓMICA

En otros trabajos hemos explicado las causas del auge prolongado de la economía argentina. No obstante, es necesario citarlas nuevamente para comprender su dinámica actual y sus perspectivas. En primer lugar, fue la gran capacidad productiva ociosa que dejó la crisis de 1998-2002 la que permitió a los capitalistas retomar la producción sin necesidad de hacer grandes inversiones. Esto coincidió con el aumento de la demanda exterior y la suba histórica de los precios de las materias primas (granos, carne, hidrocarburos, acero, metales y minerales) que estimularon la producción y permitieron a este sector de los capitalistas (el más concentrado de la economía) obtener enormes ganancias que luego derivaron parcialmente a la inversión para aumentar la escala de su producción y de sus ganancias.

Otra causa fue la devaluación monetaria que llevó a reducir el valor del peso a un tercio del valor del dólar lo que abarató las exportaciones y redujo los salarios (en valor dólar), incrementando aún más las ganancias capitalistas.

El pánico que estremeció a la clase obrera argentina por la experiencia traumática de la crisis del 2001-2002, fue utilizado por los empresarios para incrementar la explotación de los trabajadores, reducir los salarios, y extender las condiciones de trabajo precarias con la generalización del empleo "en negro". Por supuesto, que a esto contribuyó la complicidad de las direcciones sindicales de la CGT principalmente, pero también de la CTA, que hicieron un frente común con los gobiernos de Duhalde primero, y Kirchner después, y aceptaron sin protestar esta situación en las empresas.

Estos aumentos de la plusvalía absoluta (trabajando más horas) y de la plusvalía relativa (trabajando más intensamente), incrementaron aún más la productividad en las empresas y las ganancias empresariales.

Pero también hubo medidas políticas que ayudaron a conformar el carácter del auge actual de la economía argentina. Conscientes del volcán social sobre el que estaban asentados, primero Duhalde pero, sobre todo, Kirchner, utilizaron el poder concentrado del Estado para incautar una parte de las ganancias de los sectores capitalistas exportadores (agroindustria, petroleras, etc.) con el aumento de los impuestos a las exportaciones y así llenar las arcas vacías del Estado para otorgar subsidios y ayudas a los sectores empresarios con problemas, congelar las tarifas de los servicios públicos, incrementar salarios y pensiones por decreto, y aumentar significativamente la obra pública. Además, el gobierno de Kirchner disciplinó parcialmente a los capitalistas aumentando la eficiencia en la recaudación de impuestos. Esto indudablemente ayudó a consolidar el crecimiento económico.

La economía argentina también se benefició durante 3 años del impago de la deuda externa ("default") a los acreedores extranjeros privados, lo que permitió al Estado ahorrarse varios miles de millones de dólares anuales en ese lapso.

Todas estos factores, interrelacionados dialécticamente, crearon las condiciones para un aumento significativo de la actividad económica y del empleo, incrementando el consumo y alargando el ciclo expansivo de la economía, que dura hasta hoy.

La debilidad industrial

Durante 5 años la economía argentina ha venido creciendo a una tasa superior al 8% anual. La desocupación bajó del 22% al 10% actual. La recaudación del fisco andará cerca de los $200.000 millones este año, lo que elevará el superávit estatal a $30.000 millones.
En el 2006, el consumo aumentó cerca de un 18%. La demanda actual de electrodomésticos es la mayor en 20 años, según los empresarios del sector. También aumentaron las ventas de autos, un 35% más que en el 2005.

En este festival de cifras brillantes contrasta sin embargo, la ralentización de la Construcción que sólo creció un 6% con respecto al año pasado, frente al 20% anual de los últimos años. Esto está relacionado en parte con el límite alcanzado por el mercado inmobiliario debido al bajo poder adquisitivo de las masas y el elevado precio de los inmuebles. El valor de la vivienda se triplicó desde la salida de la convertibilidad, como consecuencia de la especulación inmobiliaria, y los intereses de los bancos son muy altos (cerca del 25%).
Pero aunque la economía argentina parezca ir viento en popa, la situación creada por la escasez de energía, la suba de precios o el aumento de la deuda externa están revelando su verdadera faz, como luego veremos.

El déficit industrial argentino sigue presente. La utilización de la capacidad productiva instalada está en el 75%, que no alcanza el 80% considerado normal en una situación de "boom" económico.

Pese a que la riqueza generada en el país (el PBI) creció un 45% desde el 2002, Argentina no ha podido remontar su decadencia industrial. En el 2006, el sector industrial manufacturero sólo representaba el 18% del PBI nacional, cuando a finales de los años 80 del pasado siglo representaba el 30%, un promedio similar al de los países capitalistas más desarrollados. Un solo sector industrial, el del automóvil, pese a su alcance limitado, es responsable del 34% de las exportaciones industriales del país y del 11% de las exportaciones totales.

El análisis del comercio exterior también revela la debilidad industrial de Argentina. En el 2006 las exportaciones alcanzaron $US 46.569 millones en valor, dejando un superávit comercial de $US 12.409 millones, que se debe al gran peso que tienen las exportaciones de productos primarios, agroindustriales e hidrocarburos. Para el 2007, se prevé exportar por valor de $US 52.000 millones, pero el superávit será inferior, unos $US 11.000 millones, como consecuencia de un incremento de las importaciones. Esta reducción del superávit comercial revela un déficit comercial importante en el sector industrial. Efectivamente, la balanza comercial en el sector industrial fue deficitaria en el 2006 en $US 4.800 millones; y en el 2007 se superará ampliamente esta cifra.

Esta debilidad industrial del capitalismo argentino lleva al gobierno a tomar medidas proteccionistas contra sus competidores más directos, como Brasil, lo que conduce a continuos choques con este país, con el que se prevé un déficit comercial de $US 4.000 millones este año. Pese a que el tratado del MERCOSUR impone el libre flujo de mercaderías entre ambos países con arancel reducido o nulo, Argentina ha impuesto cupos a la importación y aranceles adicionales a una multitud de productos brasileños: autopartes, textil, calzado, electrodomésticos, etc.

Ahora, el gobierno de Kirchner también anunció medidas contra las importaciones industriales de China, país con el que Argentina tuvo un déficit en el comercio industrial de $US 1.000 millones en el 2006.

El problema de la inversión

Aunque en el Gobierno se felicitan porque la economía argentina crece a "tasas chinas", asoman dudas razonables sobre su solidez. En cualquier país, el motor del crecimiento económico es la inversión destinada a incrementar la capacidad productiva. Pero mientras que China destina a la inversión el 40% de la riqueza creada cada año (PBI), Argentina sólo dedica el 22%. Además, la composición de esta inversión tiene bases poco sanas. El 60% corresponde a la Construcción, muy vinculada a la especulación inmobiliaria y a los gastos estatales; y sólo el 40% corresponde a la inversión en maquinaria y equipos, lo cual no es enteramente real porque en este apartado se computa como inversión la importación de artículos de consumo, como teléfonos celulares, computadoras o aparatos de aire acondicionado.

A fines del 2006, la inversión en equipo durable (fundamentalmente maquinaria industrial) todavía era un 0,8% inferior que en 1998, y sólo si se suma la inversión en la construcción de infraestructuras e instalaciones industriales, alcanzaría un nivel similar al de 1998, según los datos aportados por el economista Miguel Bein (Clarín, 10 enero 2007).

La inversión destinada a innovación y desarrollo mide la perspectiva de desarrollo a medio y largo plazo de la economía de un país. Según la UNESCO, la inversión destinada a la innovación de bienes y servicios en Argentina era del 0,67% del PBI. Hacemos notar que la UNESCO recomienda invertir por este concepto, al menos, el 1% del PBI. Pero frente al 0,67% del PBI que dedica Argentina a este concepto, Brasil le dedica el 1,3%, y Chile el 0,80%; mientras que EEUU le destina el 2,6% de su PBI.

Esta falta de inversiones privadas se observa en la cantidad creciente de sectores que están funcionando al límite de su capacidad productiva, como energía, neumáticos, acero, refino de petróleo, etc.
Esta escasez de inversiones se refleja en el bajo nivel de endeudamiento de las empresas. Actualmente, los préstamos bancarios por todo concepto sólo equivalen al 11,1% del PBI, frente al 28% de Brasil, el 62% de Chile, ó el 18% de México.

Según el Ministerio de Economía, el 69% de las inversiones anunciadas en el 2006 fueron hacia bienes "transables", bienes destinados a la exportación. Esta inversión se focaliza en sectores vinculados a la exportación y a la producción bienes de consumo (industria agroalimentaria, hidrocarburos, minería, automóvil, etc.) que son los más vulnerables al cambio del ciclo económico, frente a la mayor solidez que representa la inversión en la industria de base (siderurgia, bienes de equipo-maquinaria, infraestructuras-trenes, rutas, generación de energía, etc.).

La falta de inversiones, que obstaculiza una producción mayor, unida a la exportación masiva de productos básicos (alimentos, hidrocarburos, etc.) es lo que explica, en gran medida, los aumentos de precios, debido al faltante de estos bienes en el mercado local.

Pero esta escasez de inversiones no es por falta de plata. Según el INDEC, la tasa de ganancia de las 200 grandes empresas del país es del 11% sobre el capital invertido, cuando la rentabilidad empresaria considerada "normal" es del 5%.

En el 2006, los dividendos en efectivo repartidos por las empresas domésticas a sus accionistas fue de $3.395,2 millones, la cifra más alta desde 2001 (Instituto Argentino de Mercados de Capitales). También en el 2006, el giro de las ganancias de las empresas al exterior fue de $US 4.500 millones, $US 1.635 más que en el 2005. En el 1º trimestre del 2007, se giraron otros $US 523 millones ($US 300 millones más que en el mismo período del 2006).

La bolsa ganó un 35% más en el 2006 (suba del valor promedio de las acciones). Grupos como Tenaris (Techint) vieron subir el valor de sus acciones el 110%. Los capitalistas prefieren orientar sus ganancias a la bolsa y la compra de deuda pública que les rinden rentas mayores que la producción industrial sin crear un átomo de riqueza.

La situación sería algo diferente si los capitalistas invirtieran sus ganancias para incrementar la producción, pero no es el caso. Según el INDEC, a fines del 2006 había 143.000 millones de dólares de activos argentinos en el exterior (dinero e inversiones), de los que 35.000 millones corresponden a divisas depositadas en cuentas en el extranjero. Y estas son las cifras conocidas, que subestiman a las reales.

El proceso de liquidación de inversiones nacionales que se dio en los últimos 30 años, ha corrido en paralelo a la extranjerización creciente de la economía argentina, proceso que no se ha detenido con el actual "boom". La enorme dependencia de Argentina del capital extranjero se percibe en la composición nacional de las 500 empresas más grandes del país (sin incluir el sector financiero). En el 2005, 337 (el 67,4%) eran extranjeras y le correspondían además el 92,1% de las ganancias, según un informe del INDEC.

Esto ha incrementado la concentración de la propiedad capitalista y de las ganancias. Estas 500 grandes empresas (sin contar los bancos y demás empresas financieras) pasaron de obtener $19.350 millones en ganancias en el 2003, a conseguir $38.000 millones en el 2005, ¡duplicaron sus ganancias en 3 años!, correspondiéndoles una tasa de ganancia del 12,6% sobre el capital invertido. Y según este mismo informe, de estas 500 empresas, 50 acaparan el 68% de las ganancias.

La política monetaria y la suba de precios

La política monetaria y cambiaria es un eje central de la política económica del gobierno. Tras el Argentinazo, los sectores clave del capitalismo argentino decidieron que había que abandonar la política suicida de la paridad peso-dólar e impusieron la política de la devaluación del peso para aumentar sus exportaciones. Pero esta política sólo puede funcionar a medio plazo si la devaluación va acompañada de un aumento correspondiente de la producción de mercaderías; es decir, si va acompañada de un incremento sostenido y suficiente de la inversión productiva. De otro modo, la devaluación tiende a producir inflación, incremento de precios, que es lo que ahora vemos en la economía argentina. La razón de esto es que hay más dinero en poder de la gente que mercaderías para comprar en los comercios. Y no porque a la gente le sobre la plata, lo que faltan son mercaderías suficientes para cubrir la demanda.

Podemos entender esto con un ejemplo simple. Con la actual tasa de cambio monetaria, se vuelca a la economía nacional $3,17 pesos por cada dólar cambiado; es decir, más del triple que en la época de la convertibilidad (cuando era el 1 a 1), lo que genera una demanda mayor de bienes y de consumo, como consecuencia de esa mayor cantidad de pesos en circulación. Hay que tener en cuenta que cada año se cambian en el país decenas de miles de millones de dólares en pesos. Al no haber suficientes productos y artículos de consumo en el mercado local para atender esta mayor demanda, por la falta de inversiones, aparecen los faltantes y la escasez, y por consiguiente el aumento de los precios, lo que se ve agravado por el incremento de las exportaciones, que vacía aún más el mercado interior de estas mercaderías.

Por este motivo, todos los intentos del gobierno de Kirchner por impedir la suba de precios de los productos básicos se ha estrellado contra el muro de la realidad, por una razón muy simple: no puede controlarse lo que no se posee. Nadie puede prohibirles a los empresarios subir los precios como quieran, ante un aumento de la demanda. Y si el gobierno pudiera hacerlo, aquéllos siempre podrán responder con una huelga de inversiones, cerrando la producción, o reteniendo las mercaderías (como hemos visto con los combustibles, la carne, la leche, etc.), chantajeando al gobierno hasta imponer sus intereses.

Pese a que las cifras oficiales prevén un aumento de la inflación del 8%-9% este año, otros índices privados más realistas prevén cerca del 20%. Sólo en el mes de agosto, la asociación de consumidores Adelco registró un aumento del 7,36% en una canasta de 28 productos de alimentación e higiene (Clarín, 30 agosto 2007), mientras que el índice oficial sólo midió un aumento del 1,5% en la canasta básica de alimentos. Esta última cifra contradice completamente la tendencia a la suba de precios mostrada a lo largo del año por los supermercados, centrados en la venta de productos de consumo básico, donde el propio INDEC midió un aumento en los precios del 12,4% hasta el mes de julio (Clarín, 30 agosto 2007).

Hay que tener en cuenta que, según el mismo INDEC, los salarios crecieron un 9,28% en promedio en el primer semestre del año (Clarín, 10 agosto 2007), lo que demuestra que hubo un congelamiento en el poder adquisitivo, en el mejor de los casos; y una caída del mismo para los trabajadores peor pagos que recibieron aumentos menores.

Lo que está claro es que el gobierno ha introducido una manipulación escandalosa del índice oficial de precios medido por el INDEC para contener la lucha salarial y para impedir pagos mayores de la deuda pública, que está compuesta en un 48% por bonos en pesos, ajustables con la inflación.

Esta política monetaria tiene otras consecuencias que pueden afectar a la estabilidad del sistema financiero argentino. Actualmente, las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) superan los $US 43.300 millones (agosto 2007). El gobierno justifica este nivel de reservas ante la eventualidad de enfrentar una crisis económica y una salida masiva de capitales. En teoría este dinero serviría para sostener el valor de cambio de la moneda nacional, otorgar préstamos a bajo interés y subsidios a los empresarios ante la falta de capital inversor en el país. Así, el gobierno gastó 900 millones de dólares de estas reservas para sostener el precio del peso en la crisis monetaria de agosto provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU.

Pero sostener el tipo de cambio actual con el dólar (a $3,17) implica una continua compra de dólares para que la divisa estadounidense no baje de ese valor (el dinero también es una mercadería y mientras más se la compra más incrementa su precio). Pero este esfuerzo que hace el BCRA (para este año se estima que comprará unos $US 17.000 millones) muchas veces resulta inútil por la entrada masiva de dólares al país procedentes de grandes grupos financieros internacionales que se dedican a comprar bonos de la deuda pública que les dejan enormes ganancias al revenderlos. Este ingreso masivo de dólares hace bajar el valor de esta moneda y obliga al BCRA a comprar más dólares de los que tenía previsto, recurriendo al endeudamiento con las llamadas Letras del Tesoro (bonos de deuda del BCRA).

Actualmente, las Letras del Tesoro emitidas equivalen a un 44% de las reservas del BCRA, unos $50.411 millones ó $US 16.400 millones, cuando en el 2005 sólo representaban el 30% de las mismas.

El problema es que si el endeudamiento del BCRA se acerca cada vez más al 100% de sus reservas, no tendrá dinero para inyectar recursos a la economía cuando sea necesario hacerlo y pagar sus deudas al mismo tiempo. Entraría en quiebra hundiendo todo el sistema financiero del país. Por eso debemos prestar atención a los vaivenes de la política monetaria del gobierno y de los flujos monetarios en el país. Por ahora tienen un cierto margen, pero nada asegura que siempre será así.

El gasto público

El gobierno de Kirchner está especialmente orgulloso de su desempeño en las finanzas públicas. La recaudación del Estado ha ido creciendo año tras año, situándose en niveles históricos. Hasta el mes de agosto, la Nación recaudó $127.000 millones, un 32% más que en el mismo período del 2006. El superávit fiscal alcanzado hasta el mes de julio fue de $16.900 millones (aunque incluye los aportes jubilatorios de los aportantes recién ingresados al sistema público de pensiones). Para el conjunto del año se prevé una recaudación de $195.000 millones, un 15% más de lo presupuestado.

En el 2006 los ingresos públicos de la Nación y de las provincias fueron de $179.241 millones, equivalente al 27,32% del PBI. Aun así, quedan muy por debajo del 35% del PBI recaudado por Brasil o España. Lo que demuestra que en Argentina, los empresarios pagan menos impuestos que en estos países. El año pasado, el superávit fiscal, antes del pago de los intereses de la deuda pública, fue de $25.737 millones, un 4% del PBI ($23.164 millones de la Nación y $2.573 millones de las provincias).

Mostramos ahora cómo se desglosan los ingresos impositivos por concepto y porcentaje:

IVA: 29,5%
Impuesto a las Ganancias: 22,0%
Contribuciones patronales: 11,4%
Derechos de Exportación: 9,3%
Débitos y créditos bancarios: 7,1%
Otros: 20,7%

Como podemos ver, el apartado más importante es el del IVA; es decir, los impuestos indirectos. Son los más injustos porque gravan a todos los productos que pagamos por igual ricos y pobres.

No obstante, es interesante detenerse en el dato siguiente que muestra el peso descendente de los sueldos de los empleados públicos y de la seguridad social (pensiones y jubilaciones, salud, etc.) dentro del gasto total.

Así, mientras que el Enero del 2003, los sueldos de los empleados públicos y los gastos de la Seguridad Social representaban, respectivamente, el 16,6% y el 37% del gasto total, en Marzo del 2007, ambos conceptos se habían reducido hasta el 13,8% y el 32,8%, respectivamente, según datos de la Asociación Argentina de Presupuestos y Administraciones Públicas-ASAP. Como puede apreciarse, pese a la bonanza económica, el Estado destina una cantidad relativa de dinero a estos gastos sociales menor que hace 4 años.

La inversión pública durante el gobierno de Kirchner se duplicó, y representa el 13% del total de la inversión en el país. El 89% de esta inversión se destina a la construcción pública (viviendas e infraestructuras), pero también incluye subvenciones y subsidios al sector privado ($7.512,8 millones en el 2006). Estos subsidios al sector privado superan a la inversión real directa de la Nación, que es de $4.670 millones. Dichos subsidios alimentan las ganancias empresariales de muchos sectores. Además del dinero de la obra pública del que se benefician las empresas constructoras, estos subsidios se destinan a la compra de combustible (por el faltante energético), a financiar el sector del transporte (trenes, colectivos, gasoil barato, combustible aeronáutico, etc.), etc. además de sostener las empresas públicas.

En las siguientes cifras, que miden los ingresos y gastos del gobierno nacional en relación a la riqueza total generada en el país (el PBI), se aprecian más claramente las tendencias de las cuentas públicas:

INGRESOS PÚBLICOS (% PBI)

IVA: 7% en 1997 y 7% en 2006
Contribuciones patronales: 2,5% en 1997 y 2,7% en 2006
Impuesto a las Ganancias: 2,8% en 1997 y 5,2% en 2006
Débitos y créditos bancarios: 0% en 1997 y 1,7% en 2006
Retenciones a las exportaciones: 0% en 1997 y 2,3% en 2006
Otros: 6,3% en 1997 y 4,9% en 2006

TOTAL INGRESOS PÚBLICOS (1): 18,6% del PBI en 1997 y 23,8% del PBI en 2006


GASTO PÚBLICO (% PBI)

Transferencias Corrientes (a provincias y planes sociales): 7,7% en 1997 y 10% en 2006
Seguridad social: 5,9% en 1997 y 4,8% en 2006
Gastos de consumo y operaciones (incluye sueldos de empleados públicos): 3,2% en 1997 y 2,9% en 2006
Inversión (incluye subsidios a empresas): 1,3% en 1997 y 2,5% en 2006

TOTAL GASTO PÚBLICO (2): 18,1% del PBI en 1997 y 20,2% del PBI en 2006

Intereses de la Deuda Pública: 2% del PBI en 1997 y 1,8% en 2006

Superávit estatal primario (sin pago de deuda pública) (1) -(2): 0,5% del PBI en 1997 y 3,6% del PBI en 2006
Superávit estatal final (con pago Deuda): -1,5% en 1997 y 1,8% en 2006


Como podemos apreciar, los ingresos públicos pasaron de representar el 18,6% del PBI en 1997 al 23,8% en 2006, un 5,2% más. Y el gasto público pasó de un 18,1% del PBI al 20,2% en el 2006, un 2,1% más. De manera que el superávit fiscal primario (que no incluye el pago de los intereses de la deuda pública) pasó del 0,5% del PBI al 3,6% del PBI actual, lo que da mayor margen al gobierno para afrontar sus gastos.

Con respecto a los ingresos públicos podemos decir lo siguiente. Como sucede con el IVA, el peso de las contribuciones patronales se mantuvo prácticamente igual en 10 años. A la clase capitalista, por lo tanto, no se le exige un sacrificio adicional en sus contribuciones ordinarias. Hay que añadir que las rebajas de los aportes patronales introducida con la Reforma de Cavallo en 1994 redujo los ingresos del Estado en $60.000 millones. Actualmente, eso significa que las empresas dejan de pagar al Estado $6.000 millones anuales, según datos de la Secretaría de la Seguridad Social (Clarín, 28 agosto 2006).

Sí hay un aumento importante en la recaudación del impuesto a las ganancias, que está vinculado a la actual coyuntura de auge económico. También se destacan dos impuestos nuevos creados a raíz de la crisis económica que son el llamado Impuesto al Cheque y las retenciones a las exportaciones. Los capitalistas se quejan de estos impuestos "distorsivos", ya que les afectan directamente y son una fuente de conflicto permanente con el gobierno de Kirchner.

Por el lado del Gasto Público lo más llamativo es lo referido en un párrafo anterior, como es el menor peso que tienen la Seguridad Social y los salarios de los empleados públicos en el mismo. Las jubilaciones, pensiones y el gasto en salud, así como los sueldos del sector público, han sido los más perjudicados ya que aunque los montos destinados han subido en cifras absolutas han descendido en porcentaje y en poder de compra comparado con el resto de los gastos estatales y el aumento de los precios. Han subido, sin embargo las transferencias a las provincias y la inversión pública, como explicamos antes.

Ya señalamos el gran peso que tienen en los ingresos estatales el impuesto a las ganancias y las retenciones a las exportaciones, lo que está claramente vinculado al "boom" económico actual. Pero esto anuncia dificultades futuras cuando cambie el ciclo económico, de "boom" a recesión, con una reducción muy grande de ingresos por ambos conceptos. Inevitablemente, esto implicará un ajuste en los gastos públicos y particularmente en los gastos sociales.

Como decíamos al principio, para este año se espera un superávit fiscal cercano a los $30.000 millones, cuyo monto principal irá destinado al pago de la deuda pública. Es irónico que los capitalistas y los políticos burgueses estén poniendo el grito en el cielo por el aumento del gasto público dedicado a la obra pública, a incrementar las jubilaciones, a atender algunas subas de los salarios de los empleados públicos, o al mantenimiento de planes sociales, mientras no dicen ni una palabra de los $15.000 millones en exenciones y reducciones de impuestos otorgados a las empresas en los Presupuestos del Estado del 2007, a lo que hay que añadir los cerca de $8.000 millones en ayudas directas (subsidios y subvenciones) destinados a diversos sectores empresariales; o los $20.000 millones netos que se pagan cada año por la deuda pública, que también van a embolsar los bolsillos de los grandes financieros nacionales y extranjeros.

La deuda pública

A fines del 2006 la deuda pública ascendía a $US 136.700 millones, $US 8.100 millones más que en 2005. Esto equivale al 64% del PBI. Aún así, todavía hay $US 26.100 millones en manos de los acreedores a quienes el gobierno no les reconoce sus deudas, porque se negaron a aceptar el acuerdo sobre la quita de la deuda en el 2005, y con quienes todo el mundo reconoce en privado que habrá que arreglar más tarde o más temprano.

En cualquier caso, lo relevante no es el monto de la deuda sino los $35.000 millones anuales ($US 11.000-12.000 millones) que vienen pagándose cada año por la misma y que seguirán pagándose en los próximos años. Como el Estado no tiene todo este dinero debe volver a endeudarse conforme va cancelando deuda vieja, por eso el monto de la deuda no desciende, pese a los pagos efectuados.

La renegociación de la deuda en el 2005, que culminó con una reducción nominal de su monto (de $US 180.000 millones a $US 120.000 millones), incluyó concesiones muy beneficiosas para los acreedores, pero muy perjudiciales para el país.

Así, la parte de la deuda pública contraída en pesos, el 48% del total, está ajustada automáticamente con la inflación de manera que los acreedores son compensados por el aumento de los precios. Así, por cada 1% de inflación el Estado debe desembolsar una cantidad adicional de $1.629 millones a estos acreedores.

Otra de las concesiones es el llamado cupón atado al PBI, que implica pagos adicionales para determinados bonos de la deuda pública, cada año que el PBI de Argentina crezca por encima del 5%. En el 2006 esto implicó un pago adicional de $US 390 millones por la deuda pública, y en el 2007 serán $US 810 millones. Para el 2008 se prevé un pago de $US1.314 millones y para el 2009 de $US 1.701 millones.

Según un informe del Ministerio de Economía, el año pasado se pagaron, sólo por intereses de la deuda, unos 4.000 millones de dólares, el 1,8% del PBI, pero si se añaden las cancelaciones de deuda habidas más el pago extraordinario para cancelar la deuda con el FMI, ese monto subió a un increíble ¡10,5% del PBI!, 22.000 millones de dólares.

Para este año, se realizarán pagos totales (por intereses y cancelaciones de las deudas vencidas) por valor de unos $US 13.300 millones. Sin embargo, los Presupuestos del 2007 sólo tienen previsto destinar $14.133 millones para la deuda pública (unos $US 3.600 millones). Para hacer frente a los $US 9.700 millones restantes el gobierno deberá destinar una parte mayor del superávit fiscal y tomar deuda nueva a intereses crecientes. Por eso la deuda pública sube, pese a las decenas de miles de millones de dólares pagados durante décadas.

Argentina es el 5º país deudor del Banco Mundial, por detrás de China, Brasil, Indonesia y Turquía. Le debe cerca de $US 6.000 millones. Además le debe $US 8.500 millones al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y $US 6.000 millones al Club de París. En total, le debe $US 20.500 millones a las entidades imperialistas de crédito. Y eso, pese a que estos organismos, incluyendo el FMI, recibieron de Argentina $US 26.376 millones entre el 2002 y el 2006.

La deuda pública, detentada fundamentalmente por los organismos internacionales imperialistas y los grandes grupos financieros nacionales y extranjeros, supone un enorme lastre para el desarrollo del país y las condiciones de vida de los trabajadores, y explica el atraso de nuestras infraestructuras, las jubilaciones de hambre, y la falta de insumos en los hospitales y escuelas.

El pago actual de la deuda pública será insostenible a mediano plazo. Un cambio en el ciclo económico, con la caída de las exportaciones y de los ingresos del Estado, volvería a llevar al Estado a la quiebra y a depositar todas sus consecuencias sobre las masas trabajadoras.

La crisis energética y las empresas privatizadas

La crisis energética está directamente relacionada con la falta de inversiones que mencionábamos en un apartado anterior. Los responsables de esto son las multinacionales que controlan el petróleo, el gas y la electricidad, así como sus infraestructuras anexas: gasoductos, oleoductos, centrales distribuidoras, destilerías, etc. Todo esto les fue entregado a precios de saldo por los gobiernos de turno que estuvieron al frente del país, con la complacencia de la burguesía nacional.

La producción de petróleo está estancada desde hace 10 años y la de gas cayó un 5,4% el año pasado. No se invierte en la búsqueda de nuevos yacimientos. Las petroleras exportan, en grandes cantidades, recursos tan básicos para llenarse los bolsillos, y chantajean al gobierno con la paralización de la distribución en el mercado local, para que les permita incrementar sus exportaciones.

Es absolutamente falso, como afirman los voceros de las petroleras y sus lacayos nacionales, que esta falta de inversiones se deba al congelamiento de las tarifas. El 51% de las ganancias que obtienen las 200 empresas más grandes del país corresponden a las petroleras, cuya tasa de ganancia es del 25% sobre el capital invertido (INDEC). La renta anual petrolera que se llevan las multinacionales supera los 12.000 millones de dólares cada año.

Y como afirma la Federación de Trabajadores de la Energía (FeTERA): "Con respecto a las inversiones, no es cierto que no se hicieron, ya que el Estado Argentino autorizó la inversión de cientos de millones de dólares en gasoductos y poliductos para exportar a Chile, a Brasil y a Uruguay; lo que no se hizo, fue invertir en redes de distribución troncal para que los argentinos puedan tener gas; así el 40% de nuestra población depende del gas envasado, fundamentalmente la garrafa, que es cara y difícil de conseguir. Asimismo a los que tienen redes, también les falta gas". (FeTERA. ArgenPress 30/5/07).

La situación del sistema eléctrico es similar. Su capacidad está al límite, lo que provocó su colapso en varias ocasiones en los últimos meses con apagones en amplias zonas del país. Mientras que la demanda de electricidad aumentó un 43,5% entre el 2003 y el 2006, la capacidad de generación sólo lo hizo un 2,5%.

Las únicas inversiones en infraestructuras para el consumo local (como destilerías, centrales térmicas e hidroeléctricas) recién empezó a acometerlas ahora el Estado, pero su terminación demorará varios años.

Aunque el gobierno de Kirchner sea la versión más "izquierdista" producida por la burguesía nacional en las últimas décadas, no puede ni quiere enfrentar a las grandes corporaciones multinacionales.

La misma historia se cuenta en las provincias. Este año, la provincia de Chubut amplió hasta el 2047 la concesión que tiene la Pan American Energy en Cerro Dragón, el yacimiento más importante del país; y Santa Cruz amplió a esta misma empresa la concesión que tiene en el Golfo de San Jorge, hasta el 2027.

La privatización energética supone para el país un drenaje intolerable de recursos naturales no renovables y de dinero. El año pasado, el gobierno gastó $4.500 millones en importar energía (gas, fuel oil, gasoil, electricidad). Y sólo hasta el mes de julio de este año ya gastó $3.575 millones (Clarín, 27 agosto 2007).

¿Y qué tiene que decir la burguesía nacional de todo esto? Ante las restricciones del suministro energético a la grandes empresas ordenado por el gobierno, el jefe de la patronal (UIA) en Córdoba, Oscar Guardinelli, afirmó: "La industria no puede ser el fusible del sistema, los cortes deben llegar a los consumidores" (Clarín, 29 junio) ¡Ahí está! En lugar de señalar la responsabilidad en las petroleras, prefieren depositar sobre su propio pueblo ("los consumidores") las consecuencias de la depredación de nuestros recursos por las multinacionales. Esto no nos puede extrañar. Los vínculos de la burguesía nacional con las multinacionales extranjeras instaladas en el país son claros. Es común que grandes empresarios nacionales integren los Consejos de Administración de estas empresas y tomen parte de su capital accionarial. Un ejemplo claro es YPF, en cuyo directorio participan representantes de empresas argentinas como Aluar, Banco Macro, Arcor, y de la Cámara de Comercio.

Los planes de Repsol de reorganizar sus inversiones en Argentina y América Latina no van a cambiar sustancialmente la situación. Repsol pretende unificar sus inversiones latinoamericanas en una nueva empresa, adonde también ingresaría YPF, vendiendo a inversores privados el 45% de su capital. El probable ingreso del grupo privado argentino Eskenazi (que tomará el 25% del capital de YPF) no tiene nada que ver con la "argentinización" de esta compañía. Nacionales o extranjeros los capitalistas sólo piensan en sus ganancias y, como hizo Pérez Cómpanc cuando le vendió su petrolera a Petrobrás hace 5 años, mañana pueden entregar nuevamente sus inversiones al capital extranjero a cambio de miles de millones de dólares.

Lo que busca Repsol con esta jugada es asegurarse la renovación de las concesiones petroleras, que vencen entre el 2001 y el 2017, reforzando sus vínculos con el gobierno a través de empresarios locales, además de beneficiarse de unos ingresos estimados entre $US10.000 millones y $US 12.000 millones por la venta de estas acciones, mientras mantiene en sus manos el control firme del holding.

Es una broma que el gobierno considere un paso adelante, como también lo hacen algunos nacionalistas pequeñoburgueses, esta "argentinización" de YPF porque, supuestamente, fortalece nuestra "soberanía" sobre los hidrocarburos. El propio Eskenazi lo dejó claro en declaraciones publicadas en Clarín: "Este es un negocio privado, Repsol es privado, nosotros somos privados, y no iremos con ENARSA de socios ni con garantía del Estado, como algunos dicen por ahí. Nada con el Estado" (Clarín, 17 junio 2007).

Es la misma situación que en las empresas eléctricas. Aquí puede hablarse, incluso, de una "argentinización" mayor. El hueco dejado por la salida de inversores multinacionales en los últimos años ha sido ocupado por grupos de capitalistas nacionales que piensan seguir engordando sus ganancias con más subvenciones del Estado. Actualmente, el sistema de generación eléctrica está en un 52% en manos de capitales nacionales, frente al 33% en el 2003. Grupos como Mindlin, Electroingienería, Miguens (prohombre de la Sociedad Rural), Werthein, etc. tienen intereses en las empresas eléctricas, pero su condición de argentinos no los hace menos parásitos e insensibles a las necesidades populares que sus hermanos mayores de las multinacionales.

La lucha por la recuperación de los hidrocarburos y demás fuentes energéticas debe ir en paralelo a la lucha por el socialismo, expropiando sin indemnización a estos usureros ¡No puede controlarse lo que no se posee! De la misma manera que el faltante de alimentos (carne, lácteos, etc.) o el encarecimiento de los mismos, hunden sus raíces en la propiedad privada de un puñado de terratenientes y empresarios parásitos.

La política del gobierno de Kirchner en el resto de los servicios públicos privatizados (trenes, subte, líneas aéreas, telefónicas, etc.) es la misma: mantener la privatización y afrontar las obras de infraestructuras mínimas necesarias para evitar su colapso, ante la ausencia escandalosa de inversiones privadas para que los servicios puedan funcionar de manera eficiente.

Los subsidios al transporte aumentan año tras año. Con la excusa del congelamiento de los boletos de tren, subte y colectivos, este sector ha recibido del Estado más de $2.500 millones en los últimos dos años. La cancelación de las 3 líneas ferroviarias metropolitanas de la Capital que estaban en manos del empresario Taselli no significó su estatización sino su entrega a un consorcio formado por las demás empresas privadas que gestionan el transporte ferroviario y que ofrecen un servicio igual de malo que el que ofertaba Taselli.

En lugar de reestatizar el sistema ferroviario y afrontar un plan serio de modernización de sus infraestructuras (locomotoras, vagones, estaciones, señales, soterramiento, etc.) el gobierno pretende embarcarse en un proyecto faraónico y carísimo como es el "tren bala" para Rosario, Córdoba y Mar del Plata, que costará, al menos, $US 2.500 millones, para usufructo de la burguesía, la pequeñaburguesía adinerada y los funcionarios que puedan pagarse el boleto, condenado a la clase obrera a soportar un transporte ferroviario metropolitano horrible, lento, sucio e inseguro y la utilización de colectivos y micros cada vez más caros e igualmente inseguros.

Como hemos explicado muchas veces, la negativa del gobierno de Kirchner a reestatizar los servicios públicos esenciales se debe al miedo a dar una señal equivocada a la clase obrera. No quiere despertar el entusiasmo en los trabajadores para que piensen que se avecina la recuperación de "la soberanía nacional", para emplear términos propios de la demagogia peronista, pero que calaron en la conciencia de la clase obrera durante décadas como expresión instintiva de un sentimiento genuino antiimperialista y anticapitalista.

Las escasas renacionalizaciones habidas, como las de Correos, Aguas Argentinas, o la última de los astilleros Tandanor se produjeron solamente por el abandono del capital privado de estos sectores estratégicos de la economía y los servicios públicos, y porque ningún inversor privado quiso hacerse cargo de las mismas. Esta es toda la verdad sobre el carácter "nacional y popular" del gobierno de Kirchner.

El sector agropecuario

La agricultura argentina vive una época dorada. Es una agricultura extensiva, moderna y eficiente tecnológicamente que se ha beneficiado en los últimos años de una suba espectacular de los precios de las materias primas.

En el campo se espera esta temporada la cosecha de granos más grande de la historia, cerca de 100 millones de toneladas. Esto coincide con los precios más altos que se recuerdan de la soja, el trigo, el maíz, el girasol y la carne.

La Bolsa de Rosario calcula que la utilidad, una vez descontado el impuesto a las ganancias, será de 2.460 millones de dólares para los propietarios de la cosecha, fundamentalmente terratenientes, que "es el doble de la rentabilidad histórica de la pradera pampeana" (Clarín, 22 junio 2007). En el negocio de la carne se cuenta la misma historia.

En el primer semestre del año, el valor de las exportaciones de los productos primarios subió un 25% respecto del mismo período del año anterior. La mayor parte de este aumento se debió al aumento del precio en los mercados internacionales de los productos exportados.

Para apreciar mejor la situación de la agricultura conviene echar una mirada a las dos grillas que reproducimos debajo, que muestran una comparación entre las cosechas del 2005/2006 y del 2006/2007:

Volumen (Tn): 94 millones de toneladas (Tn) en 2006/2007 y 76 millones de Tn en 2005/2006
Superficie sembrada: 30 millones hectáreas en 2006/2007 y 28 millones hectáreas en 2005/2006
Soja: 47,5 millones Tn en 2006/2007 y 43 millones Tn en 2005/2006
Maíz: 22 millones Tn en 2006/2007 y 14 millones Tn en 2005/2006
Trigo: 5,4 millones Tn en 2006/2007 y 9 millones Tn en 2005/2006
Girasol: 3,4 millones Tn en 2006/2007 y 1,2 millones Tn en 2005/2006
Exportación: 72,5 millones Tn (77,1% de la cosecha) en 2006/2007 y 63 millones Tn en 2005/2006
Consumo interno: 13,5 millones Tn (14,4% cosecha) en 2006/2007
Piensos animales y otros: 8 millones (8,5% de la cosecha) en 2006/2007

La comparación en los precios de los productos en 2006 y 2007 es la siguiente, medido el precio de la tonelada en dólares:

Soja: $277 (2007) y $243 (2006)
Maíz: $121 (2007) y $91 (2006)
Trigo: $160 (2007)
Girasol: $208 (2007), y $250 se espera en el 2008
Aceite de Girasol: $785 (2007)

Además, de las extraordinarias ganancias, la agroindustria (que incluye la producción aceitera, productos lácteos, y otras elaboraciones) proporciona al Estado unos $12.000 millones en impuestos a las retenciones por exportación (el valor de lo exportado alcanza los $US 16.000 millones), el 60% de las retenciones totales por exportación.

Todas las cifras están en el mejor nivel de la historia. La molienda de soja se triplicó en 13 años, hasta alcanzar los 37 millones de tn en el 2006, y se prevén 40 millones en el 2007. El impulso que se está dando a la demanda de biocombustibles está empujando mucho más al alza los precios del girasol y del maíz, y la extensión de la cosecha. Así, en el 2008 la exportación del girasol se elevará desde los $US 700 millones hasta los $US 1.000 millones, por la mayor demanda de biocombustibles, y para la temporada 2007/2008 se destinará el 30% de la cosecha de maíz a la producción de etanol.

La búsqueda descontrolada de ganancias está introduciendo nuevas contradicciones en la producción agroindustrial, en la economía nacional y en los ecosistemas. El aumento anual de la superficie sembrada está dándose a costa de la producción de trigo y de la ganadería, esenciales para la producción de pan, leche y carne. Pero también está incidiendo gravemente en el desmonte de la selva. Las enfermedades respiratorias están extendiéndose en toda la zona del Litoral como consecuencia del polvo expulsado a la atmósfera por la molienda masiva de granos.

Pero el efecto más inmediato es la imparable suba de precios de los alimentos básicos. La exportación del 77% de la cosecha, estimulada por el aumento de los precios internacionales está socavando la estabilidad de la economía y el poder adquisitivo de las masas que cada vez tienen que pagar más ante la caída de la oferta en el mercado interior.

Sólo en el mes de abril, las exportaciones de hortalizas frescas y legumbres aumentaron un 38,5% en volumen y un 64,7% en precio, respecto del mismo mes del 2006. La miel aumentará sus exportaciones un 11% más este año. Y en los primeros 8 meses del año, las exportaciones de pollo aumentaron un 29% en volumen y un 51% en dinero con respecto al mismo período del 2006.

La anarquía de la producción capitalista y el hambre insaciable por las ganancias adquieren en el sector agroindustrial su perfil más acusado. No existe otro sector de la economía nacional donde la contradicción básica del capitalismo, la que se da entre el carácter social de la producción y su apropiación individual por un puñado de ricachones, se manifieste más claramente. No existe otro sector de la economía donde las masas trabajadoras sientan tan agudamente en sus condiciones de vida el carácter reaccionario de la propiedad privada capitalista.

Y no contentos con acumular las ganancias más grandes de la historia, los terratenientes y agroindustriales continúan insatisfechos, exigiendo al Estado compensaciones por la venta de sus productos en el mercado interno con la excusa de que en el extranjero les pagan precios más altos. Lo más irónico de todo es que estas "compensaciones" se exigen a cambio de un supuesto congelamiento en los precios.

Lo grave es que el gobierno acepta este chantaje y ha respondido favorablemente a las demandas de estos parásitos. En febrero, se aprobaron subsidios a los productores de leche, pollo, cerdo, aceites y molineros, por valor de $US 600 millones anuales, más $280 millones para los ganaderos. A cambio, se supone que deben comprometerse a no aumentar los precios y sí a reducirlos. Para ello, las retenciones a las exportaciones de soja, trigo, maíz, harina y aceites aumentarán hasta situarse entre el 25% y el 35% del valor exportado, según el tipo de grano y de producto. Pese al incremento de las retenciones, la rentabilidad que sacarán los empresarios agroindustriales quedará entre un 3% y un 39% (según el tipo de grano y de producto) por encima de la obtenida el año pasado, cuando consiguieron ganancias históricas.

Como en el caso de los recursos energéticos y en el sistema de transporte, sólo la nacionalización de la tierra y de los monopolios alimentarios, incluyendo las grandes cadenas de comercialización, sin indemnización y bajo el control de los trabajadores, sería posible armonizar la producción alimentaria sana, abundante y de calidad para toda la población, a precios baratos.

Perspectivas económicas

Las perspectivas para la economía argentina están completamente subordinadas a las perspectivas para la economía mundial. El 80% de la economía argentina está orientada a la exportación, una parte sustancial de los sectores clave están en manos de multinacionales, casi todos los bienes de equipo son importados, la deuda externa sigue jugando un papel determinante en la política presupuestaria y monetaria del gobierno, y por lo tanto la suba o baja de los tipos de interés en los mercados internacionales y las oscilaciones del dólar van a tener una incidencia fundamental.

Aún están por determinarse los efectos a medio plazo del reciente desplome de la burbuja inmobiliaria en los EEUU, que ya ha tenido consecuencias en Europa y Japón y ha afectado a los mercados bursátiles de todo el mundo. Pero un cierto retraimiento en las inversiones extranjeras será inevitable, por el miedo a la crisis. Los bancos, que hasta ahora se han mostrado muy remisos a prestar dinero en Argentina, profundizarán esta actitud. Una menor actividad en la economía mundial tendría un efecto depresor en los precios de las materias primas, por la caída de la demanda, lo que podría afectar de manera importante a los ingresos estatales por las exportaciones, y a las ganancias de la agroindustria y de las petroleras. Esto incidiría también desfavorablemente en amplias zonas del interior del país, donde predomina el monocultivo cerealero e hidrocarburífero.

En esas condiciones, se haría notar rápidamente un exceso de la capacidad productiva en el complejo agroindustrial y en otros sectores de la economía que ahora están al tope en la utilización de la capacidad productiva: acero, neumáticos, refino de petróleo, etc, lo que provocaría un hundimiento de las inversiones, incrementando el desempleo y los cierres de empresas. Dependiendo de la rapidez con que la economía mundial se precipite a una crisis, el descenso de la actividad económica en Argentina será más acelerado o más lento.

Más allá de esto, la principal debilidad de la economía argentina es la falta de inversiones sin las cuales parece difícil sostener el ritmo de crecimiento económico actual. Sólo observamos inversiones relevantes en la agroindustria, la minería, el automóvil (pese a que todavía no alcanzó su techo histórico de fines de los 90), y en empresas aisladas, como Aluar, la principal productora de aluminio. Algunos economistas reducen la tasa de crecimiento de la economía argentina al 6% del PBI el año que viene, lo cual es bastante probable si no hay un cambio en la economía mundial.

Por el momento, no existen signos que nos indiquen un cambio en la tendencia alcista de los precios, que está vinculado también a la falta de inversiones y al aumento de la demanda mundial de alimentos. Pero, como decíamos antes, una caída en la actividad económica como consecuencia de la entrada en la crisis de la economía mundial provocaría un descenso en el valor de las materias primas que debería conducir a un aumento menor de los precios, o a un descenso de los mismos.

En cualquier caso, lo más relevante para nosotros, como marxistas, no son las cifras económicas sino los efectos reales de la economía en las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera. Muchos países latinoamericanos y asiáticos ostentan índices de crecimiento económico similares a la Argentina lo que no ha impedido el incremento de la pobreza y de las desigualdades sociales. En los próximos apartados estudiaremos estos efectos y cómo influyen en las perspectivas para la lucha de clases en nuestro país.

(3ª Parte) El Movimiento obrero

En esta tercera parte de nuestro documento Perspectivas para Argentina tratamos sobre las condiciones de vida de las masas trabajadoras y la situación del movimiento sindical. Se hace un énfasis especial en las perspectivas para el nuevo Pacto Social antiobrero que están preparando el gobierno, la patronal y la burocracia sindical de la CGT. Analizamos el papel del MIC y la necesidad de que éste dé pasos firmes para su conversión en una genuina corriente sindical clasista de oposición dentro de la CGT y la CTA.

LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA CLASE OBRERA

En los últimos años se ha producido un cambio importante en las condiciones de vida de las masas, como consecuencia de un crecimiento económico que se ha mantenido ininterrumpidamente durante 5 años. No obstante, estos cambios favorables en el empleo, los salarios y las jubilaciones han generado condiciones de vida que aún están por debajo de las que disfrutaban los trabajadores a mediados de los años 90, por no hablar de épocas más distantes. Por eso los trabajadores miran el futuro con desconfianza e incertidumbre.

En materia de empleo, la desocupación descendió a su mínimo histórico desde 1993, en torno al 10%. Según el Ministerio de Trabajo a fines del 2006 había 1,2 millones más de trabajadores registrados que en el 2001. El empleo industrial aumentó un 30% desde el 2003, y ahora abarca a 1,1 millones de trabajadores.

Sin embargo, donde no se produjo una modificación significativa fue en la cantidad de trabajadores "en negro". De los 11 millones de asalariados, 4,5 millones son trabajadores registrados en el sector privado, 2 millones son empleados públicos registrados, y 4,5 millones son trabajadores "en negro" (el 41% del total).

En este capitalismo débil, la división del trabajo de la economía capitalista coloca a las pequeñas empresas (lugar donde se concentra la mayor cantidad de empleo informal) en el papel de suministradoras de mercaderías y servicios de bajo costo para las medianas y grandes empresas.

La elevada tasa de empleo "informal" muestra la fragilidad del capitalismo argentino pero también la apuesta estratégica de la clase dominante, con la complicidad del gobierno, para mantener una bolsa importante de trabajadores precarios que actúe como un efecto disuasorio ante los reclamos laborales. Hay que tener en cuenta que los trabajadores "en negro" ganan la mitad que los registrados.

En la medida que los dirigentes sindicales se niegan sistemáticamente a organizar la lucha contra el empleo "en negro" en las empresas, la única manera efectiva de obtener avances en este terreno, tratan de concentrar su accionar en influir en el gobierno para que, a través del Parlamento, se sancionen decretos y leyes que mejoren la situación de los trabajadores. De esta manera profundizan su acercamiento al aparato del Estado.

Por el lado del "empleo en negro" no hubo ningún avance significativo. En otros temas, el gobierno aceptó algunos reclamos de los dirigentes de la CGT que intentan revertir algunas contrarreformas de los 90, pero que son de poca relevancia: que los despidos sean por escrito, el derecho del trabajador de pedir comprobantes de los aportes patronales a la Segur