|
Nuevo documento de la Corriente Socialista El Militante sobre Perspectivas para Argentina (en 5 partes: 1.-El contexto internacional 2.- La situación económica 3.- El Movimiento obrero 4.- Situación política y perspectivas para el gobierno de Cristina Kirchner y 5.- La izquierda y la construcción de un partido revolucionario).
En él trataremos de ofrecer un análisis marxista de la realidad
nacional y de las perspectivas a corto, medio y largo plazo para la
lucha de clases en nuestro país.
En la primera parte trataremos
la situación internacional, ya que es imposible comprender la situación
nacional sin enmarcarlo en un contexto más amplio. En este apartado nos
centraremos especialmente en la situación de la economía capitalista y
en los procesos revolucionarios que sacuden América Latina.
El contexto internacional (1ª Parte)
Existe
una enorme inestabilidad a nivel mundial en todos los aspectos: en la
economía, en las relaciones internacionales, en la política, y en las
relaciones entre las clases. Guerras, terrorismo, enfermedades y
calamidades naturales como resultado de la depredación extrema de los
recursos naturales y de la contaminación del planeta, etc. son lo mejor
que el capitalismo, en la primera década del siglo XXI, puede ofrecer a
la humanidad.
La idea de que "algo va mal" en la sociedad está
sacudiendo la conciencia de millones de personas en todo el mundo,
entre las masas oprimidas y entre los sectores honestos de la
intelectualidad. Este malestar social ha tomado cuerpo y carne en las
enormes movilizaciones de masas que hemos presenciado en una gran
cantidad de países y continentes. Lo vimos en las primeras revueltas
"anti-globalización" de la juventud en los EEUU y Europa, en las
decenas de millones de personas que salieron a las calles de todo el
mundo para protestar contra la intervención imperialista en Iraq, en
las huelgas generales y las protestas obreras masivas en Europa contra
la liquidación de las viejas conquistas del "Estado del Bienestar", en
la movilización extraordinaria de millones de trabajadores inmigrantes
indocumentados en los EEUU el año pasado, y en el fermento
revolucionario que sacude América Latina desde el comienzo de este
siglo.
Si alguno de estos acontecimientos hubiera tenido lugar
en un país aislado o en dos, habría podido justificarse por motivos
locales, pero cuando vemos repetirse el mismo fenómeno en gran cantidad
de países y continentes al mismo tiempo, tenemos que hablar de una
tendencia general que marca el ingreso a una etapa tormentosa de la
lucha de clases a nivel mundial, como expresión de la crisis orgánica
del sistema capitalista en su fase de declive senil.
LA ECONOMÍA MUNDIAL Y LOS PAÍSES CAPITALISTAS DESARROLLADOS
Lenin
explicaba que la política es economía concentrada. Hay una
inestabilidad general que se transmite regularmente al mercado de
valores de todos los países (las Bolsas), como hemos comprobado con el
estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos a comienzos de
agosto. Este estallido ya fue anticipado en nuestros análisis de los
últimos años. Y puede empujar a la economía de EEUU a una recesión
severa el año que viene, con efectos demoledores en todo el mundo.
La crisis inmobiliaria
Para
conjurar el peligro de la recesión, en el mes de agosto los Bancos
Centrales de Europa, EEUU, Japón, Canadá y Australia inyectaron cerca
de 500.000 millones de dólares en el sistema financiero para evitar la
quiebra de bancos privados y otras entidades de crédito ante el impago
de los créditos hipotecarios. Simultáneamente, las bolsas de todo el
mundo se desplomaron durante semanas. Se estima que el valor de las
acciones de las compañías en las bolsas mundiales se redujo en cerca de
200.000 millones de dólares. De esta manera el sistema capitalista
consume las grasas acumuladas en los años de boom.
El aspecto
central a señalar es que aquellos factores que tuvieron un efecto en
prolongar el boom no han resuelto las contradicciones básicas del
capitalismo. Y ahora se han convertido en su contrario. En EEUU y
Europa los tipos de interés descendieron a los niveles más bajos en
décadas, lo que estimuló una borrachera de préstamos de todo tipo y
engordó una especulación gigantesca con el boom inmobiliario. Pero
desde hace dos años hasta la fecha los tipos de interés comenzaron a
subir, lo que elevó el costo de los créditos, redujo el consumo de las
familias e incrementó el número de créditos impagos. Esto llevó a la
quiebra de multitud de entidades financieras, y fue lo que desencadenó
el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU a comienzos de agosto.
Ahora los bancos reducirán sus préstamos lo que afectará negativamente
a la inversión de las empresas y reducirá la actividad económica, el
consumo y el empleo.
Entre los economistas reinan el pesimismo
y la confusión. Están hablando simultáneamente sobre el peligro de
deflación (hundimiento de los precios y de las ganancias e inversiones
empresariales), y sobre el peligro de inflación (suba de precios que
incrementa los costos de producción, se come los beneficios y reduce el
poder adquisitivo de las masas).
Aunque una recesión en EEUU
es inevitable, no puede fijarse un plazo exacto. Lo importante es
señalar las tendencias generales del proceso. Lo que es cierto es que
la economía norteamericana venía frenando su crecimiento. En el primer
trimestre, el PBI de EEUU sólo creció un miserable 0,6%. Y el estallido
de la burbuja inmobiliaria podría provocar el empujón que falta para
precipitarla a la crisis.
La baja de medio punto en los tipos
de interés en EEUU, del 5,75% al 5,25%, decretada en septiembre por la
Reserva Federal, refleja el pánico de la clase dominante norteamericana
a la crisis y sus consecuencias. Esto puede tener el efecto de
prolongar la agonía un tiempo más, pero al costo de de provocar un
colapso mayor y más profundo cuando se desate la crisis. A corto plazo,
estimulará las tendencias inflacionistas en la economía, ya presentes,
por el aumento del consumo en un contexto donde la producción de
mercancías y las inversiones están estancadas. Y cuando llegue la
crisis propiciará un desplome mayor del consumo al incrementarse la
base de endeudamiento de la sociedad.
¿Puede China evitar la recesión?
En
los últimos 20 años no hubo crisis severas en la economía mundial
(fueron más bien suaves), debido al auge económico prolongado que
experimentaron el sudeste asiático y China, quienes actuaron como un
mercado importante para las mercancías de las potencias imperialistas y
de otros países. Pero esta vez no va a ser el caso. En la economía, el
pasado no es una guía para el futuro. Ahora China se ha convertido en
una potencia industrial, y no sólo recibe mercancías sino que, en mayor
medida, está inundando con sus mercancías baratas el mercado mundial.
La
economía capitalista también se benefició en la última década de la
incorporación de China, India, Rusia y Europa del Este al engranaje del
mercado mundial, con la incorporación de una masa enorme de asalariados
para la producción de mercancías. Esto tuvo el efecto de presionar a la
baja los salarios en todas partes. Este estancamiento en los salarios a
nivel mundial, se vio compensado hasta ahora con una baja inflación.
Pero eso está cambiando debido al incremento de los precios de los
alimentos, las materias primas y el petróleo, por las demandas de China
e India y la producción de biocombustibles. Esto atizará la lucha de
clases en un país tras otro.
EEUU sigue siendo la principal
economía mundial, pese a que su industria está en declive. Alemania y
China superaron a los EEUU como los principales países exportadores del
mundo. China produce más autos que EEUU, y Toyota superó a General
Motors como principal fabricante de autos en el mundo. Más importante
aún, China está creciendo tres veces más rápido que los EEUU.
Estos
datos han conducido a muchos economistas a predecir que los EEUU serán
superados por China como potencia económica. Pero tales predicciones
carecen de una base científica. Las mismas cosas se decían de Japón
antes de que su economía colapsara a comienzos de los 90 y tardara 15
años en recuperarse.
Mucho antes de que China pueda superar a
los EEUU, su economía experimentará una crisis seria -como le pasó a
Japón. La masiva inversión en la industria china produce una cantidad
espectacular de mercancías que no pueden ser absorbidas por el mercado
chino, pese a que éste está expandiéndose rápidamente. China está
dirigiéndose a una crisis clásica de sobreproducción de mercancías que
preparará acontecimientos explosivos en este país.
China
depende de la venta de sus mercancías en EEUU, y toda Asia depende de
China. Una recesión en los EEUU -o incluso una desaceleración económica
prolongada- precipitará una depresión económica en China que tendrá
consecuencias serias en Asia y a una escala mundial.
En Europa
hay un crecimiento económico débil desde hace años que no resuelve los
problemas. En todos los países los gobiernos están llevando a cabo
programas de ajuste contra los desempleados, contra las jubilaciones,
contra la salud y la educación. La idea de que la Unión Europea
capitalista era una alternativa a los EEUU y Japón está cada día más
olvidada. Enfrentados a sus contradicciones nacionales, cada país pone
por delante sus propios intereses antes que los del conjunto. Por eso
fracasó el intento de aprobar una Constitución europea que los obligara
a todos a cumplir las mismas reglas.
Por todo esto es falso,
como afirman muchos economistas, que la recesión en EEUU tendrá una
influencia menor en la economía mundial. El argumento de que Europa,
China y Japón pueden impedir una recesión mundial no se sostiene. Toda
la economía mundial depende del consumo de EEUU.
Nunca fue tan
interdependiente la economía mundial; y a su vez tan frágil. Cualquier
acontecimiento puede desatar la crisis. La crisis puede desatarse por
las consecuencias del estallido del boom inmobiliario como comentamos
antes, o por la retirada masiva de fondos de EEUU por parte de los
países que sostienen la deuda pública norteamericana.
EEUU es
líder mundial en todo tipo de deudas. Las familias están endeudadas,
igual que las empresas y el Estado. El financiamiento de estas deudas
depende del ingreso de divisas, porque la economía norteamericana no
tiene los recursos suficientes para otorgar tanta cantidad de
préstamos. Pero eso no puede continuar indefinidamente. Estas divisas
fueron atraídas por el elevado valor del dólar. Pero el dólar lleva
depreciándose cerca de dos años, y continúa cayendo, porque EEUU
necesita competir con China abaratando sus exportaciones. En un momento
dado, los inversores extranjeros dirán que no merece la pena seguir
invirtiendo en dólares porque les dejan ganancias menores. Y una salida
masiva de divisas de la economía norteamericana hundirá a los EEUU en
una crisis muy profunda porque no tendrá dinero suficiente para
sostener sus gastos.
Crisis de sobreproducción
Todos
los factores para una recesión severa están presentes. No sólo a causa
de las leyes inherentes de la economía capitalista, sino también debido
a todas las distorsiones introducidas en la misma por la
irresponsabilidad del gobierno de EEUU, que se lanzó a recortar
impuestos a los ricos y a incrementar los gastos militares, endeudando
al Estado como nunca en la historia.
Pero la causa última de
la crisis económica es la sobreproducción de mercancías y no, como
argumentan algunos economistas, la tendencia a la caída del beneficio
capitalista. De hecho, los beneficios capitalistas están aumentando,
mientras que desciende la parte de la renta destinada a los salarios.
La
prolongación del boom económico en la última década fue causada por el
incremento del consumo y la inversión, estimulados por el crédito
barato, que incrementaron a su vez la producción de mercancías. Pero en
la situación actual, con el descenso del consumo y la restricción de
los créditos, gran parte de esas mercancías ya no van a encontrar un
mercado suficiente, originando la clásica crisis de sobreproducción que
acompañó al capitalismo desde su nacimiento.
Esta crisis no
podrá resolverse por métodos keynesianos; es decir, por medio del
endeudamiento del Estado. EEUU no podrá hacerlo porque ya tiene una
deuda histórica. La guerra de Irak le está costando 2.000 millones de
dólares semanales. Por eso, los demócratas, y también los republicanos,
quieren finalizar la ocupación de Iraq. También les pesa el gasto en
salud, que se recorta día a día. Todo esto está provocando un malestar
muy grande de la sociedad norteamericana. La gente está cansada de
Bush, cuyo índice de popularidad ha caído muy bajo. Este malestar se
expresa en el rechazo masivo a la guerra y a la ocupación de Iraq, en
las protestas por la situación lamentable del sistema de salud, en las
movilizaciones de los trabajadores inmigrantes y en las recientes
huelgas del automóvil. El proceso molecular de toma de conciencia de
las masas norteamericanas está desarrollándose.
Incremento de la lucha de clases
El
punto fundamental es que el boom se sustentó en la superexplotación de
las masas con un aumento obsceno de la desigualdad en todas partes. La
brecha entre ricos y pobres aumentó 4 veces en la última década, según
un informe de Amnistía Internacional (Clarín, 29 julio 2007).
Y
este último factor es el más importante a considerar en nuestras
perspectivas. El malestar de la clase obrera por sus condiciones de
vida y de trabajo está desatándose en todas partes. En el último
período hemos visto oleadas de luchas y huelgas generales en Francia,
Italia, Grecia, Bélgica, Canadá, Islandia, Perú, Chile, Sudáfrica,
Nigeria, Egipto e Israel. Esto es un anticipo de los acontecimientos
que veremos en un país tras otro en el futuro.
Este
descontento está muy presente en Europa. El problema es que no
encuentra un vehículo donde expresarse, ante la bancarrota del
reformismo y del estalinismo. En las últimas décadas no ha habido
ninguna reforma seria a favor de las masas. Sólo tenemos
contrarreformas o migajas.
Este es el período de la crisis del
reformismo. Por eso los reformistas (los partidos socialistas y
ex-comunistas) son derrotados electoralmente en casi todos los países
de Europa, como pasó este año en las elecciones presidenciales y
locales en Francia, Grecia, España y Gran Bretaña. Justamente, en
Francia, el nuevo presidente derechista Sarkozy tiene miedo a la
reacción de la clase obrera contra su política. Por eso disfrazó su
gobierno con el título de "unidad nacional" incorporando algunos
ex-ministros socialistas. Pero, como era inevitable, ya pasó a los
ataques con su intención de aumentar la edad jubilatoria de los
empleados públicos y dejar sin efecto la jornada laboral semanal de 35
horas. Esto ha puesto en pie de guerra a la clase obrera francesa. El
18 de octubre hubo una huelga general masiva en el sector público y
cientos de miles de trabajadores marcharon por las calles de Francia,
lo mismo que el 20 de noviembre.
En Italia, el gobierno de
coalición de Prodi (una coalición insana de burgueses, socialdemócratas
y "comunistas") está en crisis total. Los antiguos estalinistas del PDS
(socialdemócratas) recién se fusionaron con los burgueses liberales de
Prodi para formar un partido burgués, el Partido Democrático. Ya hubo
una escisión por izquierda en el PDS que podría unificarse con PRC
("comunistas") lo que cambiará las perspectivas para este partido, el
PRC; que emergerá como el único partido reformista de masas en Italia.
En las bases de PRC habrá cada vez una presión mayor para obligar a sus
dirigentes a abandonar el gobierno de coalición.
Como una
muestra del descontento de los trabajadores italianos con la política
procapitalista de Prodi, el 20 de octubre pasado un millón de personas
se manifestaron en Roma exigiendo al gobierno un giro a la izquierda en
sus políticas. Es significativo que esta marcha fuera convocada, entre
otros, por el PRC y tuviera el apoyo del sindicato metalúrgico.
En
España, también ganó débilmente la derecha en las elecciones
municipales, en un ambiente de polarización política desconocido desde
la caída de la dictadura hace 30 años.
En general, en Europa
vemos gobiernos débiles, producto de elecciones que se ganan con
mayorías precarias. Ahora es natural ver la formación de gobiernos de
coalición entre partidos burgueses y reformistas, como es el caso de
Alemania y de Italia.
Inestabilidad de las relaciones internacionales
Lo
más importante a señalar es la enorme interdependencia de los
acontecimientos a escala mundial. Es imposible comprender las
perspectivas para cada país individual sin enmarcarlo en un contexto
más amplio.
Los marxistas no somos deterministas económicos,
sino materialistas dialécticos. El ciclo económico capitalista es
importante, pero no agota ni da respuestas acabadas a temas tan
importantes como la conciencia de clase o las perspectivas
revolucionarias. Los factores políticos también tienen su importancia.
Por ejemplo, la inestabilidad en Medio Oriente y las invasiones de
Afganistán e Iraq, han tenido un gran impacto político más allá de sus
fronteras. En Italia, la primera crisis del gobierno Prodi fue
producida por el rechazo del Senado a mantener las tropas italianas en
Afganistán. En España, la caída del gobierno derechista del Partido
Popular en el 2004 fue una consecuencia directa del atentado terrorista
de Al Qaeda en Madrid, que dejó 200 muertos. También en los EEUU la
ocupación de Iraq ha conducido a una crisis política aguda. En la zona
opuesta del planeta, Pakistán ha sido totalmente desestabilizada por la
ocupación imperialista de Afganistán.
Las relaciones
internacionales ha sido otro aspecto que también está afectado por la
inestabilidad. Antes, con la existencia de la URSS había un equilibrio.
Pero con su desaparición todo cambió. EEUU se convirtió en la única
superpotencia cambiando todo el escenario mundial. Pero la arrogancia
de EEUU, que le llevó a declarar guerras en Medio Oriente, Asia y
Yugoslavia, está alcanzando sus límites.
EEUU llegó a las
fronteras de Rusia convirtiendo en países satélites los ex-países
estalinistas del Este de Europa y de Asia Central, que antes estaban
bajo la órbita de la URSS estalinista, y ha instalado en ellos bases
militares. Pero Rusia ya está perdiendo la paciencia. Por eso reaccionó
frente al anuncio de EEUU de instalar un "escudo antimisiles" en estos
países, dirigido contra Rusia. Rusia se está rearmando para afirmarse
como potencia imperialista regional, y está buscando aliados en China e
Irán, quienes tratan de hacer lo mismo en el Pacífico y en Medio
Oriente, respectivamente.
La lucha por el control de las
fuentes de materias primas no se detiene. Además de África, Asia y
América Latina las potencias imperialistas iniciaron ahora la disputa
por el control de los polos, ártico y antártico, en su búsqueda
irrefrenable de petróleo y minerales, lo que atizará aún más la
inestabilidad internacional.
La situación mundial, en la
actualidad, no es una imagen bonita y tranquila. Todo lo contrario, en
todas partes existe una situación explosiva. Se abrirán grandes
posibilidades para las ideas del socialismo en todo el mundo.
Comenzando por las capas más avanzadas de los trabajadores, la
necesidad de poner fin a este sistema caduco y opresivo encontrará un
eco de masas en todas partes.
ASIA Y MEDIO ORIENTE
La
intervención en Irak y Afganistán ha desestabilizado todo. Después de 6
años, los talibanes han tomado la iniciativa y están poniendo en apuros
a las tropas imperialistas. Los bombardeos indiscriminados de EEUU en
Afganistán han causado miles de víctimas civiles, incrementando la
impopularidad del imperialismo norteamericano. Los talibanes tienen
dinero procedente del narcotráfico y armas, y cuentan con el apoyo de
un sector del aparato del Estado de Pakistán, en el ejército y el
servicio secreto.
En Pakistán, el presidente Musharraf está
acabado. Ha perdido la confianza de todo el mundo: de un sector del
aparato del Estado, de los EEUU y de la población. Por eso organizó un
"autogolpe" de Estado para prolongar su mandato. Pero cada vez está más
aislado e inevitablemente tendrá que dejar el poder. En Enero deberían
celebrarse elecciones legislativas. Para buscar una salida, están
preparando un gobierno de coalición con el PPP, el partido de masas de
Pakistán, cuya dirigente Benazir Bhutto regresó del exilio hace varias
semanas. Es significativo que más de dos millones de personas salieran
a las calles de Karachi para recibir a Bhutto. Esto confirma nuestras
perspectivas para el PPP y la corrección de una orientación de los
marxistas hacia sus bases. Bhutto y los imperialistas tratará de
utilizar al PPP como un ariete contra las masas para imponer políticas
más proimperialistas y antisociales, lo que provocará una crisis en su
seno. En los últimos años, la tendencia marxista The Struggle ha
conocido un desarrollo muy importante en el movimiento de masas de
Pakistán, y sus fuerzas van a ser probadas en los acontecimientos.
Merece el reconocimiento de los socialistas y revolucionarios de todo
el mundo que deben prestarle su apoyo para que corone con éxito la
lucha por la transformación socialista de Pakistán, lo que daría un
impulso irresistible a la lucha por el socialismo en todo el
subcontinente indio, y más allá.
La invasión imperialista de
Iraq ha sido un fracaso absoluto como previmos desde el primer día.
Ahora, la clase dominante estadounidense está enfrentada a Bush por
Iraq. El sector decisivo de la burguesía norteamericana quiere la
vuelta de las tropas a casa y un acuerdo con Siria e Irán para terminar
con el caos en la región. Pero Bush necesita continuar la guerra por
consideraciones de prestigio. Es un hecho sin precedentes que el
Congreso de EEUU votara una resolución exigiendo la vuelta de las
tropas, contra la opinión del gobierno. Aunque Bush vetó esta
resolución, este hecho basta para comprobar la profundidad de la crisis
política que sacude a los EEUU. Ahora la oposición a la política de
Bush en Iraq también se extendió dentro de su partido, el Republicano.
Bush
ha llevado a Iraq a la barbarie. Iraq era antes un país secular y un
contrapeso al poder de Irán en la región. Pero ahora, los fanáticos
religiosos de Al Qaeda tienen una base en Iraq, y el sectarismo
religioso ha conducido a una guerra civil y a matanzas horribles entre
los chiítas, los sunnitas y los kurdos.
Lo patético es que
EEUU ni siquiera puede sacar el petróleo iraquí por los atentados a las
instalaciones y a los oleoductos. La peor violencia tendrá lugar en el
Kurdistán, al norte; porque esta parte de Iraq es multiétnica y, como
pasó en los Balcanes en los años 90, el fanatismo religioso y
nacionalista provocará limpiezas étnicas y sectarias.
En el
Kurdistán iraquí, al norte, los kurdos son la mayoría y aspiran a la
independencia y a controlar los yacimientos petrolíferos de la zona de
Kirkuk, su capital. Pero Turquía jamás aceptará la independencia del
Kurdistán iraquí, porque al otro lado de la frontera, en Turquía, los
kurdos también son mayoría, lo que fortalecería las tendencias
separatistas del kurdistán turco para unirse a sus hermanos iraquíes.
Por esa razón, Turquía inició ataques militares en la frontera con
Iraq, con la excusa de perseguir a las guerrillas kurdas que operan en
territorio turco, amenazando con invadir el kurdistán iraquí si éste se
declarara nación independiente.
EEUU destruyó el único país
que podía controlar a Irán. Irán es un país importante y tiene una
cierta fuerza militar. Su presidente, Ahmadineyaj, juega la carta del
antiimperialismo para desviar la atención de las masas, que están muy
descontentas con el régimen religioso. Irán está interviniendo en Irak
a través de los chiítas, que son mayoría en Iraq. Esto preocupa a los
saudíes que temen el crecimiento de la influencia iraní en la zona.
Para debilitar a los chiítas, los saudíes están ayudando con armas a
los sunnitas, de su misma confesión religiosa. De manera que el caos en
Iraq es total.
El problema es que cualquier cosa que hagan los
EEUU saldrá mal. Si se quedan, aumentarán las bajas en el ejército de
EEUU y seguirán gastando recursos millonarios, lo que alimenta el
descontento popular en EEUU. Pero si se marchan, Iraq se deslizaría
todavía más al caos y la barbarie y, probablemente, a su
desmembramiento.
Igual de mal están las cosas en Próximo
Oriente. En Líbano, los imperialistas echaron al ejército sirio para
poner un gobierno proimperialista. Ahora, hay una inestabilidad total.
Líbano es un país árabe plurirreligioso, con musulmanes chiítas y
sunnitas, y cristianos. La élite cristiana dominante es
proimperialista. Los chiítas de Hezbollah son aliados de los sirios e
Irán. Israel invadió el año pasado el sur del Líbano para aplastarlos
pero tuvieron que retirarse sin conseguir su objetivo por la oposición
interna en Israel. Esto aumentó el prestigio de Hezbollah incluso entre
los cristianos pobres. También el PC libanés experimentó un crecimiento
a consecuencia de esto. Pero EEUU e Israel continúan sus conspiraciones
en Líbano lo que puede conducir a una guerra civil.
En el
centro de la crisis de Medio Oriente se encuentran Israel y la cuestión
palestina. Como consecuencia de la derrota israelí en Líbano, la
coalición de gobierno de Israel está en crisis. La clase dominante
israelí utiliza el tema palestino para desviar la atención de los
problemas de los trabajadores israelíes, que sufren políticas de
recortes y ataques a sus condiciones de vida. Este año hubo luchas
estudiantiles muy importantes y una huelga general en el sector
público.
Es una situación trágica la del pueblo palestino. Su
única alternativa es la revolución socialista. Es una tragedia porque
los palestinos tenían una tradición secular y ahora se extendió el
fanatismo religioso con la irrupción del fundamentalismo islámico de
Hamas.
La retirada israelí de Gaza hace dos años fue un
movimiento táctico para fortalecer su control sobre el otro territorio
ocupado, Cisjordania. Cuando se celebraron elecciones en los
territorios palestinos ocupados, Hamas consiguió la mayoría y formó
gobierno. Pero luego vimos el cinismo de los imperialistas (no sólo de
EEUU sino también de la Unión Europea) cuando suspendieron
automáticamente los fondos económicos al gobierno palestino de Hamas,
que fue elegido democráticamente. La crisis que vimos desarrollarse en
Gaza en Junio fue producto del golpe de Estado organizado por el
Presidente palestino, Mahmud Abbas, para terminar con el gobierno de
Hamas. Abbas es un títere de los imperialistas y quería hacerles el
trabajo sucio contra Hamas. Pero esto provocó una guerra civil entre
Hamas y la OLP dirigida por Abbas. Tan pronto como comenzaron los
enfrentamientos entre Hamas y Abbas, los imperialistas restauraron la
ayuda a Cisjordania, que quedó bajo el control de la OLP. Pero
mantienen el bloqueo sobre Gaza que quedó en poder de Hamas. Los
imperialistas quieren utilizar a Abbas para que los palestinos acepten
la continuación del dominio israelí, a cambio de una ficción de Estado
propio.
En la actual guerra civil entre Hamas y la OLP sería
incorrecto dar apoyo crítico a Hamas frente a la OLP, o viceversa. Es
una guerra de camarillas por el control del poder. Es verdad que la
dirección de la OLP es proimperialista, pero sus bases están compuestas
por trabajadores y por las masas pobres palestinas, sobre todo en
Cisjordania, donde también están descontentas con su dirección
corrupta. Hamas es una organización fundamentalista reaccionaria y sus
dirigentes desean llegar a acuerdos con el imperialismo, lo que ocurre
es que éste no está dispuesto a aceptarlos como interlocutores.
Denunciamos el golpe de estado proimperialista de Abbas pero no podemos
contraponer a Hamas contra la OLP porque colaboraríamos en la división
del pueblo palestino, nos bloquearía el camino a las bases de la OLP y
a los trabajadores israelíes y ayudaríamos a fortalecer al
fundamentalismo reaccionario. Debemos denunciar a ambas direcciones y
luchar por una alternativa independiente de clase con nuestro programa.
No hay ninguna solución posible al tema palestino sobre bases
capitalistas. No hay solución al problema palestino mientras la
población israelí se mantenga unida alrededor de su clase dominante. La
única solución posible es dividir Israel en líneas de clase para romper
la fortaleza del sionismo reaccionario. Pero esto requiere la defensa
de un programa de clase entre los palestinos y entre los trabajadores
israelíes. Nuestro programa es la lucha unida de las masas palestinas y
de los trabajadores israelíes contra sus enemigos comunes: la burguesía
sionista y los regímenes árabes reaccionarios de la zona, para crear
una Federación Socialista del Medio Oriente.
Es difícil
defender esta posición en las circunstancias actuales, dados los odios
nacionales entre los palestinos y los trabajadores israelíes, pero los
acontecimientos ayudarán a materializar esta perspectiva cuando las
masas se hagan conscientes de la futilidad de los viejos métodos: el
nacionalismo burgués y el terrorismo individual. Mientras tanto, es
necesario explicar pacientemente nuestras ideas a los elementos más
avanzados. En el futuro, estas ideas encontrarán un eco de masas.
AMÉRICA LATINA
Latinoamérica
sigue estando en la primera línea al frente de la revolución mundial.
Las débiles burguesías latinoamericanas y la opresión imperialista no
pueden estabilizar la situación. La continuidad del capitalismo
significa más opresión, explotación y atraso a todos los niveles. El
"boom" económico de los últimos años, estimulado por el alza del precio
de las materias primas, no ha tenido un efecto significativo en las
condiciones de vida de las masas
Según el Banco Mundial, para
que América Latina alcance el nivel de desarrollo de infraestructuras
de Corea del Sur (uno de los países más avanzados del Sudeste asiático)
debería invertir $US 100.000 millones anuales durante 20 años. La
burguesía latinoamericana no lo puede hacer, porque este dinero es el
que se destina cada año al pago de la deuda externa a las potencias
imperialistas. Sólo en una economía socialista planificada, a través de
una federación socialista de todo el continente, podrían solucionarse
los problemas de infraestructura, pobreza, empleo, salud y educación.
Los
intentos de las burguesías latinoamericanas por recrear bloques
económicos para competir con sus hermanos mayores de EEUU, Europa,
Japón y China están condenados al fracaso, como lo demuestra la crisis
del MERCOSUR, que está desgarrado por sus contradicciones internas y
los intereses nacionales de cada país miembro. Argentina le ha impuesto
a Brasil cuotas de importación y subas de aranceles en casi todos los
rubros: autopartes, calzado, textil, electrodomésticos, etc. Uruguay y
Paraguay se quejan de que no ganan nada dentro del MERCOSUR y amenazan
con marcharse y firmar acuerdos comerciales con EEUU. La burguesía de
San Pablo se queja de que el MERCOSUR es un bloque muy restrictivo para
sus negocios y también defiende la firma de acuerdos comerciales con
EEUU y Europa.
Allá donde la burguesía ha fracasado sólo la
clase obrera, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y demás
capas oprimidas de la población, puede encontrar una salida.
Los
acontecimientos que vemos desarrollarse en nuestro continente no son
más que las primeras etapas de esta búsqueda de las masas oprimidas por
sacudirse la opresión capitalista e imperialista y encontrar esta
salida.
Venezuela
En el pasado, EEUU habría
intervenido militarmente en Venezuela y en otras partes. Pero ahora es
imposible. El fracaso de la aventura imperialista en Iraq se lo impide.
Por eso recurren a presiones diplomáticas e intrigas con sus gobiernos
"amigos" en la zona. No deja de ser significativo que ahora EEUU esté
estrechando sus relaciones con Brasil e incluso hablando de la
posibilidad de que este país tenga un lugar permanente en el Consejo de
Seguridad de la ONU. Pero el imperialismo y la oposición burguesa
venezolana también ejercen presiones dentro del movimiento bolivariano,
apoyándose en los sectores reformistas y burocráticos del aparato del
Estado y del gobierno que quieren frenar el proceso revolucionario y
alcanzar un acuerdo con ellos.
Los imperialistas comprenden lo
que nosotros comprendemos: hay un proceso revolucionario en Venezuela,
y las masas están moviéndose para cambiar la sociedad. Hace años, todos
los políticos progresistas eran considerados "comunistas" por
Washington, pero ahora el imperialismo norteamericano necesita tratar
con los progresistas "buenos" como Lula, Kirchner, Bachelet o Tabaré,
para aislar a Chávez. Este fue el objetivo de la gira de Bush por
Latinoamérica y el intento de firmar acuerdos comerciales bilaterales
con Brasil, Uruguay y otros países de la región.
Las
revoluciones no respetan fronteras y el fermento revolucionario se ha
extendido a países como Ecuador, Bolivia, etc. Por eso intentan aislar
a Venezuela. El imperialismo de EEUU no puede tolerar la revolución
venezolana. Pero como ocurrió con Cuba, el imperialismo de EEUU podría
empujar a Chávez más allá de los límites del capitalismo. Si eso
ocurriera, sus efectos se sentirían en todo el continente y más allá.
Eso
es lo que explica la campaña de histeria alrededor del tema del canal
privado de televisión RCTV y de la reforma constitucional impulsada por
Chávez. Los imperialistas quieren mantener la presión sobre Chávez para
detener la revolución. Para eso están basándose en el ala derecha de
los dirigentes bolivarianos y en la burocracia contrarrevolucionaria.
Pero los trabajadores y campesinos están presionando desde abajo. El
resultado de esta lucha determinará el destino de la revolución, en un
sentido o en el otro.
Hay un sabotaje a la economía
venezolana. Hay escasez de productos básicos y una inflación del 19%.
Las masas son leales a la revolución pero no van a aceptar esta
situación indefinidamente. Más pronto o más tarde se alcanzará un punto
decisivo. Chávez ha dado pasos adelante importantes. Es honesto y
valiente, pero no es marxista. Por eso vacila y duda en cuestiones
fundamentales, como en el alcance de las nacionalizaciones y en la
política hacia el ejército, donde se opone a la afiliación de los
soldados y oficiales revolucionarios al PSUV, lo cual es un grave
error. De ahí que el resultado de la revolución no está todavía claro.
Es
indudable que después de las elecciones de diciembre del 2006 la
revolución dio un giro a la izquierda. Se inició un programa parcial de
nacionalizaciones con la compra de los activos de algunas compañías que
habían sido privatizadas, se aseguró la mayoría estatal en la
producción de petróleo, se levantó la concesión al canal privado de TV
golpista, RCTV, se lanzó el PSUV y se planteó un cambio constitucional
que incorpora algunas reformas avanzadas. Pero justo cuando se necesita
concretar en hechos algunas de las medidas planteadas, Chávez vacila:
un día se declara comunista y otro dice que no es marxista, e insiste
en que el socialismo es compatible con la propiedad privada. Ni el
mismo Chávez sabe a dónde va. Por otro lado, mantiene su insistencia en
denunciar a aquéllos que dentro del movimiento bolivariano quieren
llegar a acuerdos con la oposición burguesa o quieren retrasar la
reforma constitucional.
De cualquier modo, lo que haga Chávez
no va a depender de su voluntad, sino de la dinámica de la revolución y
la contrarrevolución. No olvidemos que Fidel y el Che, en un primer
momento, no se fijaron el objetivo de una revolución socialista en
Cuba. Fue el acoso de EEUU lo que los empujó a expropiar a la burguesía
y las multinacionales en la isla. Por otro lado, es un error basar
exclusivamente las perspectivas de la Revolución venezolana en lo que
pueda hacer o no Chávez. El punto clave es construir una fuerte
organización marxista revolucionaria dentro del movimiento bolivariano
que emerja como un punto de referencia para las masas trabajadoras.
También
la dirección de la central sindical, la UNT, tiene una responsabilidad
por la lentitud de la revolución venezolana, tanto su ala reformista
como su ala izquierda. El ala izquierda, controlada por la corriente
Ccura, tiene una responsabilidad mayor porque es el ala mayoritaria en
la UNT. No ha tomado ninguna iniciativa para impulsar la revolución
hacia delante. No ha organizado tomas de fábricas, ni planteado la
formación de guardias obreras con la exigencia de armas al gobierno, no
ha establecido comités obreros que exijan el control obrero en las
fábricas donde están presentes, etc. Sólo parece preocuparle el control
de la UNT por arriba, en disputa con los sectores reformistas. Por esta
razón, no está claro que la UNT juegue un papel clave en la revolución.
El nuevo factor a tener en cuenta es el surgimiento del PSUV,
que tiene 5,6 millones de inscritos y 2 millones de militantes
efectivos. Será en esta organización de masas donde se disputará la
lucha entre revolución y contrarrevolución dentro del movimiento
bolivariano porque en el PSUV están los elementos más conscientes de
las masas, junto con los elementos burocráticos y reformistas del
movimiento bolivariano que tratan de controlar las estructuras del
partido.
Es necesario seguir atentamente el desarrollo
concreto de la revolución a través de todas sus etapas y tomar en
cuenta todos los hechos y datos. Los marxistas deben participar
activamente en todos los debates y jugar un papel dirigente en el
establecimiento del nuevo partido socialista, el PSUV. Pero deben
hacerlo como ala marxista, organizando su intervención como una
tendencia claramente delineada.
México
México
es un buen ejemplo de la manera en que se mueven las masas. Nuestra
corriente afirmó muchas veces que no existía un solo país estable en
América Latina. No hace mucho tiempo México parecía un país estable.
Pero nuestras perspectivas fueron confirmadas por los acontecimientos
del último año. Los grupos sectarios no comprendían nada de lo que
estaba ocurriendo. Nos acusaban de apoyar a un partido burgués. El PRD
puede ser considerado un partido burgués si se quiere, desde el punto
de vista de sus dirigentes y de su política. Pero las masas no lo ven
así, como comprobamos el año pasado.
Millones salieron a las
calles para protestar contra el fraude electoral y apoyar a López
Obrador ¿Dónde estaban todos esos burgueses dentro del PRD? No los
había. Era gente común: trabajadores y campesinos. Nuestros camaradas
lucharon hombro con hombro con las masas, mientras explicaban
simultáneamente su programa y su política intentando impulsar el
movimiento hacia adelante.
Este movimiento colosal de millones
provocó una crisis de dirección. López Obrador parecía un aprendiz de
brujo: desencadenó fuerzas que no podía controlar. Debemos comprender
cómo se mueve la clase obrera, a través de sus organizaciones
tradicionales de masas, no a través de pequeñas sectas. Pero las masas
no pueden estar siempre en la calle levantando barricadas, como
imaginan los ultraizquierdistas. Si su lucha no conduce resultado
decisivo, el movimiento vuelve a caer por un tiempo. Eso es normal. No
tiene sentido desesperarse por eso.
Sobre la superficie,
parece que el Presidente espurio, Felipe Calderón, ha ganado. Pero la
lucha no ha terminado todavía. El gobierno de Calderón es débil y está
dividido. La clase dominante mexicana es demasiado débil para aplastar
el movimiento de masas en esta etapa, pero la clase obrera no pudo
todavía terminar el trabajo, por culpa de su dirección. El resultado es
un equilibrio inestable. Pero no durará mucho tiempo.
La
revolución mexicana ha comenzado. Calderón está intentando reforzar el
aparato del Estado, utilizando la cuestión del narcotráfico como una
excusa para la represión. Pero, tarde o temprano, la burguesía mexicana
y el imperialismo tendrán que entregar el gobierno al PRD como última
válvula de escape para detener el movimiento revolucionario.
Seguramente López Obrador ganará las próximas elecciones y la burguesía
lo tendrá que aceptar. Las masas deberán pasar por la escuela del
reformismo y aprenderán de su experiencia. Mientras tanto, es necesario
preparar las fuerzas socialistas y revolucionarias en México y
construir una organización sólida dentro del PRD que pueda emerger como
una tendencia de masas en los próximos años.
La revolución andina
En
Bolivia, la revolución está alcanzando un punto crítico. Morales ha
promovido algunas reformas: ha nacionalizado algunas empresas, ha
incrementado los recursos del Estado al conseguir mayores ingresos de
la exportación de los hidrocarburos, hay mejoras en la salud y la
educación, pero son reformas insuficientes.
Los hechos han
confirmado la trampa que supuso la convocatoria de la Asamblea
Constituyente y el carácter equivocado de esta demanda, que con tanto
énfasis era reclamada por los reformistas y los grupos sectarios.
Después de año y medio, la Asamblea Constituyente no ha podido aprobar
ni un solo artículo de la futura Constitución boliviana. Los debates
están empantanados, como preveíamos. Se necesita el 66% de los votos de
la Asamblea para aprobar cada artículo y el MAS no alcanza ese
porcentaje. Ahora el MAS dice que elaborará su propia Constitución y la
someterá a Referéndum popular, e invita a la oposición a que haga lo
mismo.
También hubo movilizaciones a favor y en contra de la
propuesta de la derecha de restaurar la capitalidad política de Bolivia
en Sucre, que actualmente reside en La Paz.
Por su parte, las
conspiraciones de la contrarrevolución continúan. En agosto las
oligarquías de Santa Cruz y otros departamentos convocaron una huelga
general cívica (un paro patronal) que tuvo un seguimiento desigual en
sus zonas. Los obreros y campesinos de Santa Cruz se opusieron y las
bandas fascistas se dedicaron a crear el terror en los barrios. El
Prefecto (gobernador) de Santa Cruz ha vuelto a defender la partición
de Bolivia entre el Oriente (la zona más rica) y el Occidente (la más
pobre). Ahora, el Prefecto (gobernador) de Cochabamba, que fue
derribado por una movilización popular en enero pasado y repuesto por
orden del gobierno, ha exigido la dimisión de Morales y el MAS
respondió con un llamamiento a la movilización de obreros y campesinos.
Pese a todo Morales mantiene un apoyo superior al 60%. El
problema es que no organiza esta fuerza para terminar la revolución y
expropiar a la oligarquía. Los reformistas temen la guerra civil, pero
si la contrarrevolución se impone habrá una carnicería contra los
obreros y campesinos.
La COB, la central sindical, está
borrada de los acontecimientos. El llamado a constituir un partido
revolucionario quedó en la nada, por el momento.
La
convocatoria de la Asamblea Constituyente tuvo el efecto de
desmovilizar a las masas y extender las ilusiones en que la futura
Constitución lo resolvería todo. Las masas aprenderán de la experiencia
y comprenderán que fueron engañadas. Es inevitable, por lo tanto, un
nuevo alza revolucionaria de las masas ante el descontento con las
provocaciones de la contrarrevolución burguesa e imperialista y por el
retraso de las reformas prometidas, como la reforma agraria, y otras.
Lo que se necesita es un partido revolucionario de masas que dirija las
energías de los trabajadores y campesinos hacia la revolución
socialista. El trabajo en la COB y en la base del MAS es esencial para
preparar esta perspectiva.
En Ecuador hay como una repetición
del proceso venezolano, pero de manera más acelerada. Ahora tuvieron
lugar elecciones a la Asamblea Constituyente donde Correa consiguió una
victoria aplastante, el 70% de los votos. Como en Bolivia, la Asamblea
Constituyente no resolverá nada, aunque a corto plazo despertará
algunas expectativas en las masas, que abandonaron las calles
temporalmente. A diferencia de Morales, Correa sí tiene la fuerza
suficiente en la Asamblea para imponer su modelo constitucional. Pero
las conspiraciones contrarrevolucionarias continuarán, preparando una
nueva respuesta de las masas. Como en Venezuela, el proceso en Ecuador
será prolongado por la debilidad de la reacción y por la ausencia del
factor subjetivo en esta etapa.
En Perú, como preveíamos tras
la victoria ajustada de Alan García en las elecciones hace año y medio,
las masas salieron a la calle para exigir cambios en sus condiciones de
vida. Hubo huelgas regionales en el interior del país y una lucha muy
dura de los docentes. El pasado 11 de julio la central sindical CGTP
convocó la huelga general más extensa en años. 50.000 trabajadores
marcharon por las calles de Lima en la protesta más grande desde la
caída de Fujimori. Ahora se formó un frente entre los sindicatos, la
izquierda y los nacionalistas de Humala. No está claro que García
termine su mandato de 4 años. La tarea principal ahora es impulsar una
tendencia marxista en los frentes de masas que están formándose para
organizar a los elementos más avanzados.
Brasil, Uruguay, Chile
La
victoria de Lula en las elecciones presidenciales de 2006 confirmó la
enorme lealtad de los trabajadores a sus organizaciones tradicionales
de masas. Los sectores impacientes que abandonaron el PT para formar el
PSOL se marginaron del movimiento real de la clase obrera y de jugar un
papel determinante en los acontecimientos. Aunque recogieron bastantes
votos de trabajadores descontentos con la política de Lula en la
primera vuelta, esos mismos votos fueron a Lula en el Ballottage, donde
incluso sacó más votos, pese a que el PSOL llamó a votar en blanco.
Ahora
el PSOL está dividido y ni siquiera defiende un programa reformista de
izquierda avanzado, mucho menos un programa socialista. Su principal
dirigente, Heloisa Helena está contra el derecho al aborto y no
defiende la expropiación de los latifundios.
Los sectarios
también quedaron retratados de cuerpo entero con su intento criminal de
escindir la central sindical, la CUT, con la formación de un pequeño
sindicato "rojo", el CONLUTAS. El PC también se sumó a estas maniobras
por intereses de aparato y encabezó otra escisión. No obstante, la CUT
sigue agrupando al 70% de la clase obrera organizada sindicalmente.
Los
trabajadores brasileños tienen que terminar su aprendizaje en la
escuela del reformismo sin reformas y con las políticas procapitalistas
de Lula. Éste, está cada vez más alejado de los trabajadores. Habla
como un nacionalista burgués y, a medio plazo, terminará repudiado por
sus bases.
Es significativo que mientras que Lula se abrazaba
con Bush en Brasilia, el PT organizaba manifestaciones contra la
presencia del presidente de EEUU. Mientras que el Senado brasileño se
mostró en contra del levantamiento de la concesión a la cadena de TV
golpista RCTV de Venezuela, el PT publicó un comunicado a favor de la
medida.
También es significativo que el congreso del PT
celebrado el 1º de septiembre, reafirmara el carácter socialista del
partido y su objetivo de luchar por el socialismo, en contra de la
opinión del ala derecha del PT, apoyada por Lula.
El PT, pese
a la degeneración de sus dirigentes, es un partido enraizado en la
clase obrera. Mañana habrá grandes posibilidades de desarrollo dentro
del PT, como resultado de la lucha entre los reformistas y el ala
izquierda, que debe ser fortalecida y desarrollada.
En
Uruguay, el gobierno de Tabaré está cada día más comprometido con el
imperialismo de EEUU y las políticas procapitalistas. Uruguay firmó un
tratado sobre inversiones con EEUU, el TIFA, que si bien no es un
tratado de libre comercio, con eliminación de aranceles, sí podría ser
un primer paso en ese sentido. Esto ha provocado la aparición de
fisuras importantes dentro del Frente Amplio (FA).
Hubo varios
intentos de la burguesía para acelerar el desgaste del gobierno de
Tabaré. Primero fue con el tema de las papeleras, obligando a Tabaré a
defender los intereses de las multinacionales; y luego cuando la
patronal organizó un paro empresarial en contra de la suba de precios
de los combustibles a las empresas de transporte para financiar el
congelamiento del boleto. Como prueba del temperamento revolucionario
de los trabajadores uruguayos, la central sindical, PIT-CNT convocó una
huelga general en respuesta, haciendo recular la medida de fuerza de
los empresarios.
Es evidente que el gobierno frenteamplista
sigue gozando de un apoyo aplastante en las masas, pese al descontento
popular con algunas de sus políticas. Esto ha llevado al desencanto de
sectores de izquierda del FA que están experimentando un cierto
aislamiento porque las masas todavía no perdieron sus ilusiones en el
gobierno. Hay tendencias escisionistas en estos sectores que repiten
los errores sectarios del PSOL en Brasil en relación al PT. Pero no hay
alternativa al FA en Uruguay.
La construcción del partido
revolucionario en Uruguay se dará a través de un trabajo prolongado en
el interior del FA, interviniendo en las contradicciones y crisis que
estallarán en su seno. Tarde o temprano, el FA experimentará crisis y
una polarización interna conforme se profundice el malestar de las
masas con su gobierno. Ya hubo un anticipo de los desarrollos futuros
dentro del FA, cuando las bases frenteamplistas, la PIT-CNT y otros
grupos de izquierda organizaron movilizaciones de masas contra la
visita de Bush a Uruguay el mes de marzo, cuando fue invitado por
Tabaré.
Chile, como México hace un año, parecía el país más
estable de América Latina. Pero eso ya terminó. Después de las
movilizaciones de los estudiantes hace año y medio asistimos a la
irrupción del proletariado chileno exigiendo mejores condiciones de
vida. Vimos una huelga general indefinida del proletariado minero del
cobre, y luego la huelga los trabajadores mineros de las
subcontratistas de la estatal Codelco. Hace unos meses un trabajador
fue asesinado por la policía en una protesta laboral. Y a fines de
agosto, la central sindical, CUT, convocó una jornada nacional de lucha
contra la política social del gobierno que tuvo el apoyo del Partido
Comunista y, lo que es más sobresaliente, del Partido Socialista que
participa en el gobierno de Concertación de Bachelet. Pese a que el
gobierno prohibió la marcha en la capital Santiago, en la misma
participaron decenas de miles de trabajadores que fueron reprimidos por
la policía y terminó con decenas de heridos y 600 detenidos.
El
"milagro económico chileno" no fue tal. Estuvo basado durante décadas
en las leyes represivas de la dictadura, que aún se mantienen, y en la
sobreexplotación de los trabajadores. Estos han dicho que ya es
suficiente y todo el ambiente social en Chile ha cambiado completamente
en unos pocos meses.
En Chile, como en el resto de América
Latina, se preparan acontecimientos tormentosos que sacudirán de arriba
hacia abajo a las organizaciones de masas de la clase obrera.
El proceso de la revolución latinoamericana
El
proceso de la revolución socialista latinoamericana será prolongado.
Esta no era la situación en el pasado, cuando una situación
prerrevolucionaria se movía rápidamente a la revolución o a la
contrarrevolución. ¿Por qué? Porque hay un equilibrio de fuerzas de
clase muy favorable. Como en México, Venezuela, y en todas partes, la
burguesía no es suficientemente fuerte para aplastar el movimiento
revolucionario, pero los trabajadores no pueden tomar el poder por la
falta de una dirección revolucionaria. Esto explica la naturaleza
prolongada del proceso. Pero más pronto que tarde esto debe
solucionarse en un sentido o en el otro. Los imperialistas comprenden
lo que nosotros comprendemos. Ellos saben que la actual correlación de
fuerzas inestable no puede mantenerse. Y están preparándose.
Es
necesario construir las fuerzas del socialismo revolucionario genuino.
Se dispone de algo de tiempo para construir estas fuerzas, pero no un
tiempo indefinido. La clave de la revolución es construir una poderosa
organización de cuadros en los países más relevantes en el tiempo más
corto posible.
Los marxistas debemos basarnos en los procesos
fundamentales, y no en éste o aquél hecho accidental. No existen
esquemas que lo expliquen todo. Debemos partir del mundo tal cómo es y
de la lucha de clases y del movimiento obrero tal cómo son. Tenemos que
aproximarnos a las cosas dialécticamente. Verlas en su presente y en su
pasado, y tratar de prever cómo se desarrollarán en el futuro. La lucha
de clases tiene un cierto ritmo. Las treguas en la lucha de clases son
inevitables. Más aún, no siempre es conveniente que las masas estén en
una agitación constante.
Existen muchas analogías entre la
lucha de clases y las guerras. Las guerras no consisten en batallas
permanentes. Las batallas son la excepción y en medio de ellas hay
períodos largos de inactividad. Tales períodos deben ser utilizados
para limpiar las armas, cavar trincheras, instruirse y reclutar fuerzas
nuevas. Todo ello con el objetivo de preparar la próxima batalla, que
vendrá más pronto de lo que imaginamos. Debemos razonar como buenos
soldados. Debemos utilizar las pausas de la lucha de clases para
construir nuestras fuerzas y perfeccionar nuestra organización. Los
trabajadores no siempre están preparados para luchar, es verdad. Pero
tomemos el caso de Bolivia, donde la clase obrera protagonizó dos
huelgas generales insurreccionales y derribó dos gobiernos en el
espacio de 18 meses ¿Qué más se le puede pedir a la clase obrera? El
fracaso en la toma del poder no fue debido al bajo nivel de conciencia
de las masas sino a la ausencia de una dirección revolucionaria.
En
todos los países la situación puede cambiar muy rápidamente. Hay que
estar preparados para no ser tomados por sorpresa. Bajo ciertas
condiciones, los elementos más atrasados pueden convertirse en los más
avanzados, como conocemos por la dialéctica y la historia. La
revolución rusa de 1905 comenzó con una marcha pacífica de obreros que
llevaban imágenes del zar e íconos religiosos, y estaban dirigidos por
un sacerdote. Los marxistas eran una pequeña minoría y estaban
completamente aislados de las masas. Luego se produjo la masacre del 9
de enero y la conciencia de las masas se transformó en 24 horas.
¿Qué
lección podemos sacar de la revolución venezolana? ¿Cómo puede
explicarse la rápida subida de Chávez al poder? No por sus poderes
mágicos. El proceso de descontento ya estaba presente en las masas,
pero no encontraba un vehículo a través del cual pudiera expresarse.
Una vez que encontró un medio de expresión, inundó las calles en un
movimiento imparable que ha durado cerca de 10 años. Es realmente
sorprendente que un movimiento revolucionario dure tanto tiempo. Las
elecciones de diciembre del 2006 mostraron un apoyo del 63% de la
población a Chávez, después de 9 años de iniciado el proceso ¡Esto
muestra una elevada conciencia revolucionaria por parte de las masas!
La conciencia de clase no viene medida solamente por las huelgas. Si
los trabajadores son bloqueados en el frente industrial buscarán una
salida en el frente político, y viceversa. Pero se moverán sólo a
través de sus organizaciones tradicionales de masas, porque las masas
no se interesan por los grupos pequeños, incluso si tienen ideas
correctas, que nunca es el caso de los grupos sectarios.
En el
período turbulento que está abriéndose veremos grandes crisis en las
organizaciones tradicionales de masas en una cierta etapa y si se ha
sido capaz de construir fuertes organizaciones de cuadros en su
interior, todo estará preparado para el surgimiento de tendencias
marxistas revolucionarias de masas que estarán en condiciones de
dirigir a la clase obrera a la toma del poder.
(2ª Parte) La situación económica
INTRODUCCIÓN
Este
trabajo, que comenzó en su preámbulo con un esbozo de la situación
internacional, nos lleva ahora a un estudio cuidadoso de la economía,
de las condiciones de vida de la clase obrera, del movimiento obrero, y
de la situación política de nuestro país. Es necesario tomar en cuenta
la máxima cantidad posible de factores que inciden en la sociedad, para
sacar a la luz sus tendencias fundamentales e intervenir en ella lo más
correctamente posible.
Dada la complejidad de la realidad
social, unas perspectivas sólo pueden aspirar a conformar un cuadro
general. Seguir en detalle cada aspecto de la vida de la sociedad y su
interrelación dialéctica es una tarea imposible. Las perspectivas son
sólo una guía para la acción, que deben ser completadas, desarrolladas
y cambiadas con el devenir de la propia lucha de clases y sobre la base
de la intervención práctica en la misma.
LA SITUACIÓN ECONÓMICA
En
otros trabajos hemos explicado las causas del auge prolongado de la
economía argentina. No obstante, es necesario citarlas nuevamente para
comprender su dinámica actual y sus perspectivas. En primer lugar, fue
la gran capacidad productiva ociosa que dejó la crisis de 1998-2002 la
que permitió a los capitalistas retomar la producción sin necesidad de
hacer grandes inversiones. Esto coincidió con el aumento de la demanda
exterior y la suba histórica de los precios de las materias primas
(granos, carne, hidrocarburos, acero, metales y minerales) que
estimularon la producción y permitieron a este sector de los
capitalistas (el más concentrado de la economía) obtener enormes
ganancias que luego derivaron parcialmente a la inversión para aumentar
la escala de su producción y de sus ganancias.
Otra causa fue
la devaluación monetaria que llevó a reducir el valor del peso a un
tercio del valor del dólar lo que abarató las exportaciones y redujo
los salarios (en valor dólar), incrementando aún más las ganancias
capitalistas.
El pánico que estremeció a la clase obrera
argentina por la experiencia traumática de la crisis del 2001-2002, fue
utilizado por los empresarios para incrementar la explotación de los
trabajadores, reducir los salarios, y extender las condiciones de
trabajo precarias con la generalización del empleo "en negro". Por
supuesto, que a esto contribuyó la complicidad de las direcciones
sindicales de la CGT principalmente, pero también de la CTA, que
hicieron un frente común con los gobiernos de Duhalde primero, y
Kirchner después, y aceptaron sin protestar esta situación en las
empresas.
Estos aumentos de la plusvalía absoluta (trabajando
más horas) y de la plusvalía relativa (trabajando más intensamente),
incrementaron aún más la productividad en las empresas y las ganancias
empresariales.
Pero también hubo medidas políticas que
ayudaron a conformar el carácter del auge actual de la economía
argentina. Conscientes del volcán social sobre el que estaban
asentados, primero Duhalde pero, sobre todo, Kirchner, utilizaron el
poder concentrado del Estado para incautar una parte de las ganancias
de los sectores capitalistas exportadores (agroindustria, petroleras,
etc.) con el aumento de los impuestos a las exportaciones y así llenar
las arcas vacías del Estado para otorgar subsidios y ayudas a los
sectores empresarios con problemas, congelar las tarifas de los
servicios públicos, incrementar salarios y pensiones por decreto, y
aumentar significativamente la obra pública. Además, el gobierno de
Kirchner disciplinó parcialmente a los capitalistas aumentando la
eficiencia en la recaudación de impuestos. Esto indudablemente ayudó a
consolidar el crecimiento económico.
La economía argentina
también se benefició durante 3 años del impago de la deuda externa
("default") a los acreedores extranjeros privados, lo que permitió al
Estado ahorrarse varios miles de millones de dólares anuales en ese
lapso.
Todas estos factores, interrelacionados
dialécticamente, crearon las condiciones para un aumento significativo
de la actividad económica y del empleo, incrementando el consumo y
alargando el ciclo expansivo de la economía, que dura hasta hoy.
La debilidad industrial
Durante
5 años la economía argentina ha venido creciendo a una tasa superior al
8% anual. La desocupación bajó del 22% al 10% actual. La recaudación
del fisco andará cerca de los $200.000 millones este año, lo que
elevará el superávit estatal a $30.000 millones.
En el 2006, el
consumo aumentó cerca de un 18%. La demanda actual de electrodomésticos
es la mayor en 20 años, según los empresarios del sector. También
aumentaron las ventas de autos, un 35% más que en el 2005.
En
este festival de cifras brillantes contrasta sin embargo, la
ralentización de la Construcción que sólo creció un 6% con respecto al
año pasado, frente al 20% anual de los últimos años. Esto está
relacionado en parte con el límite alcanzado por el mercado
inmobiliario debido al bajo poder adquisitivo de las masas y el elevado
precio de los inmuebles. El valor de la vivienda se triplicó desde la
salida de la convertibilidad, como consecuencia de la especulación
inmobiliaria, y los intereses de los bancos son muy altos (cerca del
25%).
Pero aunque la economía argentina parezca ir viento en popa,
la situación creada por la escasez de energía, la suba de precios o el
aumento de la deuda externa están revelando su verdadera faz, como
luego veremos.
El déficit industrial argentino sigue presente.
La utilización de la capacidad productiva instalada está en el 75%, que
no alcanza el 80% considerado normal en una situación de "boom"
económico.
Pese a que la riqueza generada en el país (el PBI)
creció un 45% desde el 2002, Argentina no ha podido remontar su
decadencia industrial. En el 2006, el sector industrial manufacturero
sólo representaba el 18% del PBI nacional, cuando a finales de los años
80 del pasado siglo representaba el 30%, un promedio similar al de los
países capitalistas más desarrollados. Un solo sector industrial, el
del automóvil, pese a su alcance limitado, es responsable del 34% de
las exportaciones industriales del país y del 11% de las exportaciones
totales.
El análisis del comercio exterior también revela la
debilidad industrial de Argentina. En el 2006 las exportaciones
alcanzaron $US 46.569 millones en valor, dejando un superávit comercial
de $US 12.409 millones, que se debe al gran peso que tienen las
exportaciones de productos primarios, agroindustriales e hidrocarburos.
Para el 2007, se prevé exportar por valor de $US 52.000 millones, pero
el superávit será inferior, unos $US 11.000 millones, como consecuencia
de un incremento de las importaciones. Esta reducción del superávit
comercial revela un déficit comercial importante en el sector
industrial. Efectivamente, la balanza comercial en el sector industrial
fue deficitaria en el 2006 en $US 4.800 millones; y en el 2007 se
superará ampliamente esta cifra.
Esta debilidad industrial del
capitalismo argentino lleva al gobierno a tomar medidas proteccionistas
contra sus competidores más directos, como Brasil, lo que conduce a
continuos choques con este país, con el que se prevé un déficit
comercial de $US 4.000 millones este año. Pese a que el tratado del
MERCOSUR impone el libre flujo de mercaderías entre ambos países con
arancel reducido o nulo, Argentina ha impuesto cupos a la importación y
aranceles adicionales a una multitud de productos brasileños:
autopartes, textil, calzado, electrodomésticos, etc.
Ahora, el
gobierno de Kirchner también anunció medidas contra las importaciones
industriales de China, país con el que Argentina tuvo un déficit en el
comercio industrial de $US 1.000 millones en el 2006.
El problema de la inversión
Aunque
en el Gobierno se felicitan porque la economía argentina crece a "tasas
chinas", asoman dudas razonables sobre su solidez. En cualquier país,
el motor del crecimiento económico es la inversión destinada a
incrementar la capacidad productiva. Pero mientras que China destina a
la inversión el 40% de la riqueza creada cada año (PBI), Argentina sólo
dedica el 22%. Además, la composición de esta inversión tiene bases
poco sanas. El 60% corresponde a la Construcción, muy vinculada a la
especulación inmobiliaria y a los gastos estatales; y sólo el 40%
corresponde a la inversión en maquinaria y equipos, lo cual no es
enteramente real porque en este apartado se computa como inversión la
importación de artículos de consumo, como teléfonos celulares,
computadoras o aparatos de aire acondicionado.
A fines del
2006, la inversión en equipo durable (fundamentalmente maquinaria
industrial) todavía era un 0,8% inferior que en 1998, y sólo si se suma
la inversión en la construcción de infraestructuras e instalaciones
industriales, alcanzaría un nivel similar al de 1998, según los datos
aportados por el economista Miguel Bein (Clarín, 10 enero 2007).
La
inversión destinada a innovación y desarrollo mide la perspectiva de
desarrollo a medio y largo plazo de la economía de un país. Según la
UNESCO, la inversión destinada a la innovación de bienes y servicios en
Argentina era del 0,67% del PBI. Hacemos notar que la UNESCO recomienda
invertir por este concepto, al menos, el 1% del PBI. Pero frente al
0,67% del PBI que dedica Argentina a este concepto, Brasil le dedica el
1,3%, y Chile el 0,80%; mientras que EEUU le destina el 2,6% de su PBI.
Esta falta de inversiones privadas se observa en la cantidad
creciente de sectores que están funcionando al límite de su capacidad
productiva, como energía, neumáticos, acero, refino de petróleo, etc.
Esta
escasez de inversiones se refleja en el bajo nivel de endeudamiento de
las empresas. Actualmente, los préstamos bancarios por todo concepto
sólo equivalen al 11,1% del PBI, frente al 28% de Brasil, el 62% de
Chile, ó el 18% de México.
Según el Ministerio de Economía, el
69% de las inversiones anunciadas en el 2006 fueron hacia bienes
"transables", bienes destinados a la exportación. Esta inversión se
focaliza en sectores vinculados a la exportación y a la producción
bienes de consumo (industria agroalimentaria, hidrocarburos, minería,
automóvil, etc.) que son los más vulnerables al cambio del ciclo
económico, frente a la mayor solidez que representa la inversión en la
industria de base (siderurgia, bienes de equipo-maquinaria,
infraestructuras-trenes, rutas, generación de energía, etc.).
La
falta de inversiones, que obstaculiza una producción mayor, unida a la
exportación masiva de productos básicos (alimentos, hidrocarburos,
etc.) es lo que explica, en gran medida, los aumentos de precios,
debido al faltante de estos bienes en el mercado local.
Pero
esta escasez de inversiones no es por falta de plata. Según el INDEC,
la tasa de ganancia de las 200 grandes empresas del país es del 11%
sobre el capital invertido, cuando la rentabilidad empresaria
considerada "normal" es del 5%.
En el 2006, los dividendos en
efectivo repartidos por las empresas domésticas a sus accionistas fue
de $3.395,2 millones, la cifra más alta desde 2001 (Instituto Argentino
de Mercados de Capitales). También en el 2006, el giro de las ganancias
de las empresas al exterior fue de $US 4.500 millones, $US 1.635 más
que en el 2005. En el 1º trimestre del 2007, se giraron otros $US 523
millones ($US 300 millones más que en el mismo período del 2006).
La
bolsa ganó un 35% más en el 2006 (suba del valor promedio de las
acciones). Grupos como Tenaris (Techint) vieron subir el valor de sus
acciones el 110%. Los capitalistas prefieren orientar sus ganancias a
la bolsa y la compra de deuda pública que les rinden rentas mayores que
la producción industrial sin crear un átomo de riqueza.
La
situación sería algo diferente si los capitalistas invirtieran sus
ganancias para incrementar la producción, pero no es el caso. Según el
INDEC, a fines del 2006 había 143.000 millones de dólares de activos
argentinos en el exterior (dinero e inversiones), de los que 35.000
millones corresponden a divisas depositadas en cuentas en el
extranjero. Y estas son las cifras conocidas, que subestiman a las
reales.
El proceso de liquidación de inversiones nacionales
que se dio en los últimos 30 años, ha corrido en paralelo a la
extranjerización creciente de la economía argentina, proceso que no se
ha detenido con el actual "boom". La enorme dependencia de Argentina
del capital extranjero se percibe en la composición nacional de las 500
empresas más grandes del país (sin incluir el sector financiero). En el
2005, 337 (el 67,4%) eran extranjeras y le correspondían además el
92,1% de las ganancias, según un informe del INDEC.
Esto ha
incrementado la concentración de la propiedad capitalista y de las
ganancias. Estas 500 grandes empresas (sin contar los bancos y demás
empresas financieras) pasaron de obtener $19.350 millones en ganancias
en el 2003, a conseguir $38.000 millones en el 2005, ¡duplicaron sus
ganancias en 3 años!, correspondiéndoles una tasa de ganancia del 12,6%
sobre el capital invertido. Y según este mismo informe, de estas 500
empresas, 50 acaparan el 68% de las ganancias.
La política monetaria y la suba de precios
La
política monetaria y cambiaria es un eje central de la política
económica del gobierno. Tras el Argentinazo, los sectores clave del
capitalismo argentino decidieron que había que abandonar la política
suicida de la paridad peso-dólar e impusieron la política de la
devaluación del peso para aumentar sus exportaciones. Pero esta
política sólo puede funcionar a medio plazo si la devaluación va
acompañada de un aumento correspondiente de la producción de
mercaderías; es decir, si va acompañada de un incremento sostenido y
suficiente de la inversión productiva. De otro modo, la devaluación
tiende a producir inflación, incremento de precios, que es lo que ahora
vemos en la economía argentina. La razón de esto es que hay más dinero
en poder de la gente que mercaderías para comprar en los comercios. Y
no porque a la gente le sobre la plata, lo que faltan son mercaderías
suficientes para cubrir la demanda.
Podemos entender esto con
un ejemplo simple. Con la actual tasa de cambio monetaria, se vuelca a
la economía nacional $3,17 pesos por cada dólar cambiado; es decir, más
del triple que en la época de la convertibilidad (cuando era el 1 a 1),
lo que genera una demanda mayor de bienes y de consumo, como
consecuencia de esa mayor cantidad de pesos en circulación. Hay que
tener en cuenta que cada año se cambian en el país decenas de miles de
millones de dólares en pesos. Al no haber suficientes productos y
artículos de consumo en el mercado local para atender esta mayor
demanda, por la falta de inversiones, aparecen los faltantes y la
escasez, y por consiguiente el aumento de los precios, lo que se ve
agravado por el incremento de las exportaciones, que vacía aún más el
mercado interior de estas mercaderías.
Por este motivo, todos
los intentos del gobierno de Kirchner por impedir la suba de precios de
los productos básicos se ha estrellado contra el muro de la realidad,
por una razón muy simple: no puede controlarse lo que no se posee.
Nadie puede prohibirles a los empresarios subir los precios como
quieran, ante un aumento de la demanda. Y si el gobierno pudiera
hacerlo, aquéllos siempre podrán responder con una huelga de
inversiones, cerrando la producción, o reteniendo las mercaderías (como
hemos visto con los combustibles, la carne, la leche, etc.),
chantajeando al gobierno hasta imponer sus intereses.
Pese a
que las cifras oficiales prevén un aumento de la inflación del 8%-9%
este año, otros índices privados más realistas prevén cerca del 20%.
Sólo en el mes de agosto, la asociación de consumidores Adelco registró
un aumento del 7,36% en una canasta de 28 productos de alimentación e
higiene (Clarín, 30 agosto 2007), mientras que el índice oficial sólo
midió un aumento del 1,5% en la canasta básica de alimentos. Esta
última cifra contradice completamente la tendencia a la suba de precios
mostrada a lo largo del año por los supermercados, centrados en la
venta de productos de consumo básico, donde el propio INDEC midió un
aumento en los precios del 12,4% hasta el mes de julio (Clarín, 30
agosto 2007).
Hay que tener en cuenta que, según el mismo
INDEC, los salarios crecieron un 9,28% en promedio en el primer
semestre del año (Clarín, 10 agosto 2007), lo que demuestra que hubo un
congelamiento en el poder adquisitivo, en el mejor de los casos; y una
caída del mismo para los trabajadores peor pagos que recibieron
aumentos menores.
Lo que está claro es que el gobierno ha
introducido una manipulación escandalosa del índice oficial de precios
medido por el INDEC para contener la lucha salarial y para impedir
pagos mayores de la deuda pública, que está compuesta en un 48% por
bonos en pesos, ajustables con la inflación.
Esta política
monetaria tiene otras consecuencias que pueden afectar a la estabilidad
del sistema financiero argentino. Actualmente, las reservas del Banco
Central de la República Argentina (BCRA) superan los $US 43.300
millones (agosto 2007). El gobierno justifica este nivel de reservas
ante la eventualidad de enfrentar una crisis económica y una salida
masiva de capitales. En teoría este dinero serviría para sostener el
valor de cambio de la moneda nacional, otorgar préstamos a bajo interés
y subsidios a los empresarios ante la falta de capital inversor en el
país. Así, el gobierno gastó 900 millones de dólares de estas reservas
para sostener el precio del peso en la crisis monetaria de agosto
provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU.
Pero
sostener el tipo de cambio actual con el dólar (a $3,17) implica una
continua compra de dólares para que la divisa estadounidense no baje de
ese valor (el dinero también es una mercadería y mientras más se la
compra más incrementa su precio). Pero este esfuerzo que hace el BCRA
(para este año se estima que comprará unos $US 17.000 millones) muchas
veces resulta inútil por la entrada masiva de dólares al país
procedentes de grandes grupos financieros internacionales que se
dedican a comprar bonos de la deuda pública que les dejan enormes
ganancias al revenderlos. Este ingreso masivo de dólares hace bajar el
valor de esta moneda y obliga al BCRA a comprar más dólares de los que
tenía previsto, recurriendo al endeudamiento con las llamadas Letras
del Tesoro (bonos de deuda del BCRA).
Actualmente, las Letras
del Tesoro emitidas equivalen a un 44% de las reservas del BCRA, unos
$50.411 millones ó $US 16.400 millones, cuando en el 2005 sólo
representaban el 30% de las mismas.
El problema es que si el
endeudamiento del BCRA se acerca cada vez más al 100% de sus reservas,
no tendrá dinero para inyectar recursos a la economía cuando sea
necesario hacerlo y pagar sus deudas al mismo tiempo. Entraría en
quiebra hundiendo todo el sistema financiero del país. Por eso debemos
prestar atención a los vaivenes de la política monetaria del gobierno y
de los flujos monetarios en el país. Por ahora tienen un cierto margen,
pero nada asegura que siempre será así.
El gasto público
El
gobierno de Kirchner está especialmente orgulloso de su desempeño en
las finanzas públicas. La recaudación del Estado ha ido creciendo año
tras año, situándose en niveles históricos. Hasta el mes de agosto, la
Nación recaudó $127.000 millones, un 32% más que en el mismo período
del 2006. El superávit fiscal alcanzado hasta el mes de julio fue de
$16.900 millones (aunque incluye los aportes jubilatorios de los
aportantes recién ingresados al sistema público de pensiones). Para el
conjunto del año se prevé una recaudación de $195.000 millones, un 15%
más de lo presupuestado.
En el 2006 los ingresos públicos de
la Nación y de las provincias fueron de $179.241 millones, equivalente
al 27,32% del PBI. Aun así, quedan muy por debajo del 35% del PBI
recaudado por Brasil o España. Lo que demuestra que en Argentina, los
empresarios pagan menos impuestos que en estos países. El año pasado,
el superávit fiscal, antes del pago de los intereses de la deuda
pública, fue de $25.737 millones, un 4% del PBI ($23.164 millones de la
Nación y $2.573 millones de las provincias).
Mostramos ahora cómo se desglosan los ingresos impositivos por concepto y porcentaje:
IVA: 29,5%
Impuesto a las Ganancias: 22,0%
Contribuciones patronales: 11,4%
Derechos de Exportación: 9,3%
Débitos y créditos bancarios: 7,1%
Otros: 20,7%
Como
podemos ver, el apartado más importante es el del IVA; es decir, los
impuestos indirectos. Son los más injustos porque gravan a todos los
productos que pagamos por igual ricos y pobres.
No obstante,
es interesante detenerse en el dato siguiente que muestra el peso
descendente de los sueldos de los empleados públicos y de la seguridad
social (pensiones y jubilaciones, salud, etc.) dentro del gasto total.
Así,
mientras que el Enero del 2003, los sueldos de los empleados públicos y
los gastos de la Seguridad Social representaban, respectivamente, el
16,6% y el 37% del gasto total, en Marzo del 2007, ambos conceptos se
habían reducido hasta el 13,8% y el 32,8%, respectivamente, según datos
de la Asociación Argentina de Presupuestos y Administraciones
Públicas-ASAP. Como puede apreciarse, pese a la bonanza económica, el
Estado destina una cantidad relativa de dinero a estos gastos sociales
menor que hace 4 años.
La inversión pública durante el
gobierno de Kirchner se duplicó, y representa el 13% del total de la
inversión en el país. El 89% de esta inversión se destina a la
construcción pública (viviendas e infraestructuras), pero también
incluye subvenciones y subsidios al sector privado ($7.512,8 millones
en el 2006). Estos subsidios al sector privado superan a la inversión
real directa de la Nación, que es de $4.670 millones. Dichos subsidios
alimentan las ganancias empresariales de muchos sectores. Además del
dinero de la obra pública del que se benefician las empresas
constructoras, estos subsidios se destinan a la compra de combustible
(por el faltante energético), a financiar el sector del transporte
(trenes, colectivos, gasoil barato, combustible aeronáutico, etc.),
etc. además de sostener las empresas públicas.
En las
siguientes cifras, que miden los ingresos y gastos del gobierno
nacional en relación a la riqueza total generada en el país (el PBI),
se aprecian más claramente las tendencias de las cuentas públicas:
INGRESOS PÚBLICOS (% PBI)
IVA: 7% en 1997 y 7% en 2006
Contribuciones patronales: 2,5% en 1997 y 2,7% en 2006
Impuesto a las Ganancias: 2,8% en 1997 y 5,2% en 2006
Débitos y créditos bancarios: 0% en 1997 y 1,7% en 2006
Retenciones a las exportaciones: 0% en 1997 y 2,3% en 2006
Otros: 6,3% en 1997 y 4,9% en 2006
TOTAL INGRESOS PÚBLICOS (1): 18,6% del PBI en 1997 y 23,8% del PBI en 2006
GASTO PÚBLICO (% PBI)
Transferencias Corrientes (a provincias y planes sociales): 7,7% en 1997 y 10% en 2006
Seguridad social: 5,9% en 1997 y 4,8% en 2006
Gastos de consumo y operaciones (incluye sueldos de empleados públicos): 3,2% en 1997 y 2,9% en 2006
Inversión (incluye subsidios a empresas): 1,3% en 1997 y 2,5% en 2006
TOTAL GASTO PÚBLICO (2): 18,1% del PBI en 1997 y 20,2% del PBI en 2006
Intereses de la Deuda Pública: 2% del PBI en 1997 y 1,8% en 2006
Superávit estatal primario (sin pago de deuda pública) (1) -(2): 0,5% del PBI en 1997 y 3,6% del PBI en 2006
Superávit estatal final (con pago Deuda): -1,5% en 1997 y 1,8% en 2006
Como
podemos apreciar, los ingresos públicos pasaron de representar el 18,6%
del PBI en 1997 al 23,8% en 2006, un 5,2% más. Y el gasto público pasó
de un 18,1% del PBI al 20,2% en el 2006, un 2,1% más. De manera que el
superávit fiscal primario (que no incluye el pago de los intereses de
la deuda pública) pasó del 0,5% del PBI al 3,6% del PBI actual, lo que
da mayor margen al gobierno para afrontar sus gastos.
Con
respecto a los ingresos públicos podemos decir lo siguiente. Como
sucede con el IVA, el peso de las contribuciones patronales se mantuvo
prácticamente igual en 10 años. A la clase capitalista, por lo tanto,
no se le exige un sacrificio adicional en sus contribuciones
ordinarias. Hay que añadir que las rebajas de los aportes patronales
introducida con la Reforma de Cavallo en 1994 redujo los ingresos del
Estado en $60.000 millones. Actualmente, eso significa que las empresas
dejan de pagar al Estado $6.000 millones anuales, según datos de la
Secretaría de la Seguridad Social (Clarín, 28 agosto 2006).
Sí
hay un aumento importante en la recaudación del impuesto a las
ganancias, que está vinculado a la actual coyuntura de auge económico.
También se destacan dos impuestos nuevos creados a raíz de la crisis
económica que son el llamado Impuesto al Cheque y las retenciones a las
exportaciones. Los capitalistas se quejan de estos impuestos
"distorsivos", ya que les afectan directamente y son una fuente de
conflicto permanente con el gobierno de Kirchner.
Por el lado
del Gasto Público lo más llamativo es lo referido en un párrafo
anterior, como es el menor peso que tienen la Seguridad Social y los
salarios de los empleados públicos en el mismo. Las jubilaciones,
pensiones y el gasto en salud, así como los sueldos del sector público,
han sido los más perjudicados ya que aunque los montos destinados han
subido en cifras absolutas han descendido en porcentaje y en poder de
compra comparado con el resto de los gastos estatales y el aumento de
los precios. Han subido, sin embargo las transferencias a las
provincias y la inversión pública, como explicamos antes.
Ya
señalamos el gran peso que tienen en los ingresos estatales el impuesto
a las ganancias y las retenciones a las exportaciones, lo que está
claramente vinculado al "boom" económico actual. Pero esto anuncia
dificultades futuras cuando cambie el ciclo económico, de "boom" a
recesión, con una reducción muy grande de ingresos por ambos conceptos.
Inevitablemente, esto implicará un ajuste en los gastos públicos y
particularmente en los gastos sociales.
Como decíamos al
principio, para este año se espera un superávit fiscal cercano a los
$30.000 millones, cuyo monto principal irá destinado al pago de la
deuda pública. Es irónico que los capitalistas y los políticos
burgueses estén poniendo el grito en el cielo por el aumento del gasto
público dedicado a la obra pública, a incrementar las jubilaciones, a
atender algunas subas de los salarios de los empleados públicos, o al
mantenimiento de planes sociales, mientras no dicen ni una palabra de
los $15.000 millones en exenciones y reducciones de impuestos otorgados
a las empresas en los Presupuestos del Estado del 2007, a lo que hay
que añadir los cerca de $8.000 millones en ayudas directas (subsidios y
subvenciones) destinados a diversos sectores empresariales; o los
$20.000 millones netos que se pagan cada año por la deuda pública, que
también van a embolsar los bolsillos de los grandes financieros
nacionales y extranjeros.
La deuda pública
A
fines del 2006 la deuda pública ascendía a $US 136.700 millones, $US
8.100 millones más que en 2005. Esto equivale al 64% del PBI. Aún así,
todavía hay $US 26.100 millones en manos de los acreedores a quienes el
gobierno no les reconoce sus deudas, porque se negaron a aceptar el
acuerdo sobre la quita de la deuda en el 2005, y con quienes todo el
mundo reconoce en privado que habrá que arreglar más tarde o más
temprano.
En cualquier caso, lo relevante no es el monto de la
deuda sino los $35.000 millones anuales ($US 11.000-12.000 millones)
que vienen pagándose cada año por la misma y que seguirán pagándose en
los próximos años. Como el Estado no tiene todo este dinero debe volver
a endeudarse conforme va cancelando deuda vieja, por eso el monto de la
deuda no desciende, pese a los pagos efectuados.
La
renegociación de la deuda en el 2005, que culminó con una reducción
nominal de su monto (de $US 180.000 millones a $US 120.000 millones),
incluyó concesiones muy beneficiosas para los acreedores, pero muy
perjudiciales para el país.
Así, la parte de la deuda pública
contraída en pesos, el 48% del total, está ajustada automáticamente con
la inflación de manera que los acreedores son compensados por el
aumento de los precios. Así, por cada 1% de inflación el Estado debe
desembolsar una cantidad adicional de $1.629 millones a estos
acreedores.
Otra de las concesiones es el llamado cupón atado
al PBI, que implica pagos adicionales para determinados bonos de la
deuda pública, cada año que el PBI de Argentina crezca por encima del
5%. En el 2006 esto implicó un pago adicional de $US 390 millones por
la deuda pública, y en el 2007 serán $US 810 millones. Para el 2008 se
prevé un pago de $US1.314 millones y para el 2009 de $US 1.701
millones.
Según un informe del Ministerio de Economía, el año
pasado se pagaron, sólo por intereses de la deuda, unos 4.000 millones
de dólares, el 1,8% del PBI, pero si se añaden las cancelaciones de
deuda habidas más el pago extraordinario para cancelar la deuda con el
FMI, ese monto subió a un increíble ¡10,5% del PBI!, 22.000 millones de
dólares.
Para este año, se realizarán pagos totales (por
intereses y cancelaciones de las deudas vencidas) por valor de unos $US
13.300 millones. Sin embargo, los Presupuestos del 2007 sólo tienen
previsto destinar $14.133 millones para la deuda pública (unos $US
3.600 millones). Para hacer frente a los $US 9.700 millones restantes
el gobierno deberá destinar una parte mayor del superávit fiscal y
tomar deuda nueva a intereses crecientes. Por eso la deuda pública
sube, pese a las decenas de miles de millones de dólares pagados
durante décadas.
Argentina es el 5º país deudor del Banco
Mundial, por detrás de China, Brasil, Indonesia y Turquía. Le debe
cerca de $US 6.000 millones. Además le debe $US 8.500 millones al Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y $US 6.000 millones al Club de
París. En total, le debe $US 20.500 millones a las entidades
imperialistas de crédito. Y eso, pese a que estos organismos,
incluyendo el FMI, recibieron de Argentina $US 26.376 millones entre el
2002 y el 2006.
La deuda pública, detentada fundamentalmente
por los organismos internacionales imperialistas y los grandes grupos
financieros nacionales y extranjeros, supone un enorme lastre para el
desarrollo del país y las condiciones de vida de los trabajadores, y
explica el atraso de nuestras infraestructuras, las jubilaciones de
hambre, y la falta de insumos en los hospitales y escuelas.
El
pago actual de la deuda pública será insostenible a mediano plazo. Un
cambio en el ciclo económico, con la caída de las exportaciones y de
los ingresos del Estado, volvería a llevar al Estado a la quiebra y a
depositar todas sus consecuencias sobre las masas trabajadoras.
La crisis energética y las empresas privatizadas
La
crisis energética está directamente relacionada con la falta de
inversiones que mencionábamos en un apartado anterior. Los responsables
de esto son las multinacionales que controlan el petróleo, el gas y la
electricidad, así como sus infraestructuras anexas: gasoductos,
oleoductos, centrales distribuidoras, destilerías, etc. Todo esto les
fue entregado a precios de saldo por los gobiernos de turno que
estuvieron al frente del país, con la complacencia de la burguesía
nacional.
La producción de petróleo está estancada desde hace
10 años y la de gas cayó un 5,4% el año pasado. No se invierte en la
búsqueda de nuevos yacimientos. Las petroleras exportan, en grandes
cantidades, recursos tan básicos para llenarse los bolsillos, y
chantajean al gobierno con la paralización de la distribución en el
mercado local, para que les permita incrementar sus exportaciones.
Es
absolutamente falso, como afirman los voceros de las petroleras y sus
lacayos nacionales, que esta falta de inversiones se deba al
congelamiento de las tarifas. El 51% de las ganancias que obtienen las
200 empresas más grandes del país corresponden a las petroleras, cuya
tasa de ganancia es del 25% sobre el capital invertido (INDEC). La
renta anual petrolera que se llevan las multinacionales supera los
12.000 millones de dólares cada año.
Y como afirma la
Federación de Trabajadores de la Energía (FeTERA): "Con respecto a las
inversiones, no es cierto que no se hicieron, ya que el Estado
Argentino autorizó la inversión de cientos de millones de dólares en
gasoductos y poliductos para exportar a Chile, a Brasil y a Uruguay; lo
que no se hizo, fue invertir en redes de distribución troncal para que
los argentinos puedan tener gas; así el 40% de nuestra población
depende del gas envasado, fundamentalmente la garrafa, que es cara y
difícil de conseguir. Asimismo a los que tienen redes, también les
falta gas". (FeTERA. ArgenPress 30/5/07).
La situación del
sistema eléctrico es similar. Su capacidad está al límite, lo que
provocó su colapso en varias ocasiones en los últimos meses con
apagones en amplias zonas del país. Mientras que la demanda de
electricidad aumentó un 43,5% entre el 2003 y el 2006, la capacidad de
generación sólo lo hizo un 2,5%.
Las únicas inversiones en
infraestructuras para el consumo local (como destilerías, centrales
térmicas e hidroeléctricas) recién empezó a acometerlas ahora el
Estado, pero su terminación demorará varios años.
Aunque el
gobierno de Kirchner sea la versión más "izquierdista" producida por la
burguesía nacional en las últimas décadas, no puede ni quiere enfrentar
a las grandes corporaciones multinacionales.
La misma historia
se cuenta en las provincias. Este año, la provincia de Chubut amplió
hasta el 2047 la concesión que tiene la Pan American Energy en Cerro
Dragón, el yacimiento más importante del país; y Santa Cruz amplió a
esta misma empresa la concesión que tiene en el Golfo de San Jorge,
hasta el 2027.
La privatización energética supone para el país
un drenaje intolerable de recursos naturales no renovables y de dinero.
El año pasado, el gobierno gastó $4.500 millones en importar energía
(gas, fuel oil, gasoil, electricidad). Y sólo hasta el mes de julio de
este año ya gastó $3.575 millones (Clarín, 27 agosto 2007).
¿Y
qué tiene que decir la burguesía nacional de todo esto? Ante las
restricciones del suministro energético a la grandes empresas ordenado
por el gobierno, el jefe de la patronal (UIA) en Córdoba, Oscar
Guardinelli, afirmó: "La industria no puede ser el fusible del sistema,
los cortes deben llegar a los consumidores" (Clarín, 29 junio) ¡Ahí
está! En lugar de señalar la responsabilidad en las petroleras,
prefieren depositar sobre su propio pueblo ("los consumidores") las
consecuencias de la depredación de nuestros recursos por las
multinacionales. Esto no nos puede extrañar. Los vínculos de la
burguesía nacional con las multinacionales extranjeras instaladas en el
país son claros. Es común que grandes empresarios nacionales integren
los Consejos de Administración de estas empresas y tomen parte de su
capital accionarial. Un ejemplo claro es YPF, en cuyo directorio
participan representantes de empresas argentinas como Aluar, Banco
Macro, Arcor, y de la Cámara de Comercio.
Los planes de Repsol
de reorganizar sus inversiones en Argentina y América Latina no van a
cambiar sustancialmente la situación. Repsol pretende unificar sus
inversiones latinoamericanas en una nueva empresa, adonde también
ingresaría YPF, vendiendo a inversores privados el 45% de su capital.
El probable ingreso del grupo privado argentino Eskenazi (que tomará el
25% del capital de YPF) no tiene nada que ver con la "argentinización"
de esta compañía. Nacionales o extranjeros los capitalistas sólo
piensan en sus ganancias y, como hizo Pérez Cómpanc cuando le vendió su
petrolera a Petrobrás hace 5 años, mañana pueden entregar nuevamente
sus inversiones al capital extranjero a cambio de miles de millones de
dólares.
Lo que busca Repsol con esta jugada es asegurarse la
renovación de las concesiones petroleras, que vencen entre el 2001 y el
2017, reforzando sus vínculos con el gobierno a través de empresarios
locales, además de beneficiarse de unos ingresos estimados entre
$US10.000 millones y $US 12.000 millones por la venta de estas
acciones, mientras mantiene en sus manos el control firme del holding.
Es
una broma que el gobierno considere un paso adelante, como también lo
hacen algunos nacionalistas pequeñoburgueses, esta "argentinización" de
YPF porque, supuestamente, fortalece nuestra "soberanía" sobre los
hidrocarburos. El propio Eskenazi lo dejó claro en declaraciones
publicadas en Clarín: "Este es un negocio privado, Repsol es privado,
nosotros somos privados, y no iremos con ENARSA de socios ni con
garantía del Estado, como algunos dicen por ahí. Nada con el Estado"
(Clarín, 17 junio 2007).
Es la misma situación que en las
empresas eléctricas. Aquí puede hablarse, incluso, de una
"argentinización" mayor. El hueco dejado por la salida de inversores
multinacionales en los últimos años ha sido ocupado por grupos de
capitalistas nacionales que piensan seguir engordando sus ganancias con
más subvenciones del Estado. Actualmente, el sistema de generación
eléctrica está en un 52% en manos de capitales nacionales, frente al
33% en el 2003. Grupos como Mindlin, Electroingienería, Miguens
(prohombre de la Sociedad Rural), Werthein, etc. tienen intereses en
las empresas eléctricas, pero su condición de argentinos no los hace
menos parásitos e insensibles a las necesidades populares que sus
hermanos mayores de las multinacionales.
La lucha por la
recuperación de los hidrocarburos y demás fuentes energéticas debe ir
en paralelo a la lucha por el socialismo, expropiando sin indemnización
a estos usureros ¡No puede controlarse lo que no se posee! De la misma
manera que el faltante de alimentos (carne, lácteos, etc.) o el
encarecimiento de los mismos, hunden sus raíces en la propiedad privada
de un puñado de terratenientes y empresarios parásitos.
La
política del gobierno de Kirchner en el resto de los servicios públicos
privatizados (trenes, subte, líneas aéreas, telefónicas, etc.) es la
misma: mantener la privatización y afrontar las obras de
infraestructuras mínimas necesarias para evitar su colapso, ante la
ausencia escandalosa de inversiones privadas para que los servicios
puedan funcionar de manera eficiente.
Los subsidios al
transporte aumentan año tras año. Con la excusa del congelamiento de
los boletos de tren, subte y colectivos, este sector ha recibido del
Estado más de $2.500 millones en los últimos dos años. La cancelación
de las 3 líneas ferroviarias metropolitanas de la Capital que estaban
en manos del empresario Taselli no significó su estatización sino su
entrega a un consorcio formado por las demás empresas privadas que
gestionan el transporte ferroviario y que ofrecen un servicio igual de
malo que el que ofertaba Taselli.
En lugar de reestatizar el
sistema ferroviario y afrontar un plan serio de modernización de sus
infraestructuras (locomotoras, vagones, estaciones, señales,
soterramiento, etc.) el gobierno pretende embarcarse en un proyecto
faraónico y carísimo como es el "tren bala" para Rosario, Córdoba y Mar
del Plata, que costará, al menos, $US 2.500 millones, para usufructo de
la burguesía, la pequeñaburguesía adinerada y los funcionarios que
puedan pagarse el boleto, condenado a la clase obrera a soportar un
transporte ferroviario metropolitano horrible, lento, sucio e inseguro
y la utilización de colectivos y micros cada vez más caros e igualmente
inseguros.
Como hemos explicado muchas veces, la negativa del
gobierno de Kirchner a reestatizar los servicios públicos esenciales se
debe al miedo a dar una señal equivocada a la clase obrera. No quiere
despertar el entusiasmo en los trabajadores para que piensen que se
avecina la recuperación de "la soberanía nacional", para emplear
términos propios de la demagogia peronista, pero que calaron en la
conciencia de la clase obrera durante décadas como expresión instintiva
de un sentimiento genuino antiimperialista y anticapitalista.
Las
escasas renacionalizaciones habidas, como las de Correos, Aguas
Argentinas, o la última de los astilleros Tandanor se produjeron
solamente por el abandono del capital privado de estos sectores
estratégicos de la economía y los servicios públicos, y porque ningún
inversor privado quiso hacerse cargo de las mismas. Esta es toda la
verdad sobre el carácter "nacional y popular" del gobierno de Kirchner.
El sector agropecuario
La agricultura
argentina vive una época dorada. Es una agricultura extensiva, moderna
y eficiente tecnológicamente que se ha beneficiado en los últimos años
de una suba espectacular de los precios de las materias primas.
En
el campo se espera esta temporada la cosecha de granos más grande de la
historia, cerca de 100 millones de toneladas. Esto coincide con los
precios más altos que se recuerdan de la soja, el trigo, el maíz, el
girasol y la carne.
La Bolsa de Rosario calcula que la
utilidad, una vez descontado el impuesto a las ganancias, será de 2.460
millones de dólares para los propietarios de la cosecha,
fundamentalmente terratenientes, que "es el doble de la rentabilidad
histórica de la pradera pampeana" (Clarín, 22 junio 2007). En el
negocio de la carne se cuenta la misma historia.
En el primer
semestre del año, el valor de las exportaciones de los productos
primarios subió un 25% respecto del mismo período del año anterior. La
mayor parte de este aumento se debió al aumento del precio en los
mercados internacionales de los productos exportados.
Para
apreciar mejor la situación de la agricultura conviene echar una mirada
a las dos grillas que reproducimos debajo, que muestran una comparación
entre las cosechas del 2005/2006 y del 2006/2007:
Volumen (Tn): 94 millones de toneladas (Tn) en 2006/2007 y 76 millones de Tn en 2005/2006
Superficie sembrada: 30 millones hectáreas en 2006/2007 y 28 millones hectáreas en 2005/2006
Soja: 47,5 millones Tn en 2006/2007 y 43 millones Tn en 2005/2006
Maíz: 22 millones Tn en 2006/2007 y 14 millones Tn en 2005/2006
Trigo: 5,4 millones Tn en 2006/2007 y 9 millones Tn en 2005/2006
Girasol: 3,4 millones Tn en 2006/2007 y 1,2 millones Tn en 2005/2006
Exportación: 72,5 millones Tn (77,1% de la cosecha) en 2006/2007 y 63 millones Tn en 2005/2006
Consumo interno: 13,5 millones Tn (14,4% cosecha) en 2006/2007
Piensos animales y otros: 8 millones (8,5% de la cosecha) en 2006/2007
La comparación en los precios de los productos en 2006 y 2007 es la siguiente, medido el precio de la tonelada en dólares:
Soja: $277 (2007) y $243 (2006)
Maíz: $121 (2007) y $91 (2006)
Trigo: $160 (2007)
Girasol: $208 (2007), y $250 se espera en el 2008
Aceite de Girasol: $785 (2007)
Además,
de las extraordinarias ganancias, la agroindustria (que incluye la
producción aceitera, productos lácteos, y otras elaboraciones)
proporciona al Estado unos $12.000 millones en impuestos a las
retenciones por exportación (el valor de lo exportado alcanza los $US
16.000 millones), el 60% de las retenciones totales por exportación.
Todas
las cifras están en el mejor nivel de la historia. La molienda de soja
se triplicó en 13 años, hasta alcanzar los 37 millones de tn en el
2006, y se prevén 40 millones en el 2007. El impulso que se está dando
a la demanda de biocombustibles está empujando mucho más al alza los
precios del girasol y del maíz, y la extensión de la cosecha. Así, en
el 2008 la exportación del girasol se elevará desde los $US 700
millones hasta los $US 1.000 millones, por la mayor demanda de
biocombustibles, y para la temporada 2007/2008 se destinará el 30% de
la cosecha de maíz a la producción de etanol.
La búsqueda
descontrolada de ganancias está introduciendo nuevas contradicciones en
la producción agroindustrial, en la economía nacional y en los
ecosistemas. El aumento anual de la superficie sembrada está dándose a
costa de la producción de trigo y de la ganadería, esenciales para la
producción de pan, leche y carne. Pero también está incidiendo
gravemente en el desmonte de la selva. Las enfermedades respiratorias
están extendiéndose en toda la zona del Litoral como consecuencia del
polvo expulsado a la atmósfera por la molienda masiva de granos.
Pero
el efecto más inmediato es la imparable suba de precios de los
alimentos básicos. La exportación del 77% de la cosecha, estimulada por
el aumento de los precios internacionales está socavando la estabilidad
de la economía y el poder adquisitivo de las masas que cada vez tienen
que pagar más ante la caída de la oferta en el mercado interior.
Sólo
en el mes de abril, las exportaciones de hortalizas frescas y legumbres
aumentaron un 38,5% en volumen y un 64,7% en precio, respecto del mismo
mes del 2006. La miel aumentará sus exportaciones un 11% más este año.
Y en los primeros 8 meses del año, las exportaciones de pollo
aumentaron un 29% en volumen y un 51% en dinero con respecto al mismo
período del 2006.
La anarquía de la producción capitalista y
el hambre insaciable por las ganancias adquieren en el sector
agroindustrial su perfil más acusado. No existe otro sector de la
economía nacional donde la contradicción básica del capitalismo, la que
se da entre el carácter social de la producción y su apropiación
individual por un puñado de ricachones, se manifieste más claramente.
No existe otro sector de la economía donde las masas trabajadoras
sientan tan agudamente en sus condiciones de vida el carácter
reaccionario de la propiedad privada capitalista.
Y no
contentos con acumular las ganancias más grandes de la historia, los
terratenientes y agroindustriales continúan insatisfechos, exigiendo al
Estado compensaciones por la venta de sus productos en el mercado
interno con la excusa de que en el extranjero les pagan precios más
altos. Lo más irónico de todo es que estas "compensaciones" se exigen a
cambio de un supuesto congelamiento en los precios.
Lo grave
es que el gobierno acepta este chantaje y ha respondido favorablemente
a las demandas de estos parásitos. En febrero, se aprobaron subsidios a
los productores de leche, pollo, cerdo, aceites y molineros, por valor
de $US 600 millones anuales, más $280 millones para los ganaderos. A
cambio, se supone que deben comprometerse a no aumentar los precios y
sí a reducirlos. Para ello, las retenciones a las exportaciones de
soja, trigo, maíz, harina y aceites aumentarán hasta situarse entre el
25% y el 35% del valor exportado, según el tipo de grano y de producto.
Pese al incremento de las retenciones, la rentabilidad que sacarán los
empresarios agroindustriales quedará entre un 3% y un 39% (según el
tipo de grano y de producto) por encima de la obtenida el año pasado,
cuando consiguieron ganancias históricas.
Como en el caso de
los recursos energéticos y en el sistema de transporte, sólo la
nacionalización de la tierra y de los monopolios alimentarios,
incluyendo las grandes cadenas de comercialización, sin indemnización y
bajo el control de los trabajadores, sería posible armonizar la
producción alimentaria sana, abundante y de calidad para toda la
población, a precios baratos.
Perspectivas económicas
Las
perspectivas para la economía argentina están completamente
subordinadas a las perspectivas para la economía mundial. El 80% de la
economía argentina está orientada a la exportación, una parte
sustancial de los sectores clave están en manos de multinacionales,
casi todos los bienes de equipo son importados, la deuda externa sigue
jugando un papel determinante en la política presupuestaria y monetaria
del gobierno, y por lo tanto la suba o baja de los tipos de interés en
los mercados internacionales y las oscilaciones del dólar van a tener
una incidencia fundamental.
Aún están por determinarse los
efectos a medio plazo del reciente desplome de la burbuja inmobiliaria
en los EEUU, que ya ha tenido consecuencias en Europa y Japón y ha
afectado a los mercados bursátiles de todo el mundo. Pero un cierto
retraimiento en las inversiones extranjeras será inevitable, por el
miedo a la crisis. Los bancos, que hasta ahora se han mostrado muy
remisos a prestar dinero en Argentina, profundizarán esta actitud. Una
menor actividad en la economía mundial tendría un efecto depresor en
los precios de las materias primas, por la caída de la demanda, lo que
podría afectar de manera importante a los ingresos estatales por las
exportaciones, y a las ganancias de la agroindustria y de las
petroleras. Esto incidiría también desfavorablemente en amplias zonas
del interior del país, donde predomina el monocultivo cerealero e
hidrocarburífero.
En esas condiciones, se haría notar
rápidamente un exceso de la capacidad productiva en el complejo
agroindustrial y en otros sectores de la economía que ahora están al
tope en la utilización de la capacidad productiva: acero, neumáticos,
refino de petróleo, etc, lo que provocaría un hundimiento de las
inversiones, incrementando el desempleo y los cierres de empresas.
Dependiendo de la rapidez con que la economía mundial se precipite a
una crisis, el descenso de la actividad económica en Argentina será más
acelerado o más lento.
Más allá de esto, la principal
debilidad de la economía argentina es la falta de inversiones sin las
cuales parece difícil sostener el ritmo de crecimiento económico
actual. Sólo observamos inversiones relevantes en la agroindustria, la
minería, el automóvil (pese a que todavía no alcanzó su techo histórico
de fines de los 90), y en empresas aisladas, como Aluar, la principal
productora de aluminio. Algunos economistas reducen la tasa de
crecimiento de la economía argentina al 6% del PBI el año que viene, lo
cual es bastante probable si no hay un cambio en la economía mundial.
Por
el momento, no existen signos que nos indiquen un cambio en la
tendencia alcista de los precios, que está vinculado también a la falta
de inversiones y al aumento de la demanda mundial de alimentos. Pero,
como decíamos antes, una caída en la actividad económica como
consecuencia de la entrada en la crisis de la economía mundial
provocaría un descenso en el valor de las materias primas que debería
conducir a un aumento menor de los precios, o a un descenso de los
mismos.
En cualquier caso, lo más relevante para nosotros,
como marxistas, no son las cifras económicas sino los efectos reales de
la economía en las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera.
Muchos países latinoamericanos y asiáticos ostentan índices de
crecimiento económico similares a la Argentina lo que no ha impedido el
incremento de la pobreza y de las desigualdades sociales. En los
próximos apartados estudiaremos estos efectos y cómo influyen en las
perspectivas para la lucha de clases en nuestro país.
(3ª Parte) El Movimiento obrero
En
esta tercera parte de nuestro documento Perspectivas para Argentina
tratamos sobre las condiciones de vida de las masas trabajadoras y la
situación del movimiento sindical. Se hace un énfasis especial en las
perspectivas para el nuevo Pacto Social antiobrero que están preparando
el gobierno, la patronal y la burocracia sindical de la CGT. Analizamos
el papel del MIC y la necesidad de que éste dé pasos firmes para su
conversión en una genuina corriente sindical clasista de oposición
dentro de la CGT y la CTA.
LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA CLASE OBRERA
En
los últimos años se ha producido un cambio importante en las
condiciones de vida de las masas, como consecuencia de un crecimiento
económico que se ha mantenido ininterrumpidamente durante 5 años. No
obstante, estos cambios favorables en el empleo, los salarios y las
jubilaciones han generado condiciones de vida que aún están por debajo
de las que disfrutaban los trabajadores a mediados de los años 90, por
no hablar de épocas más distantes. Por eso los trabajadores miran el
futuro con desconfianza e incertidumbre.
En materia de empleo,
la desocupación descendió a su mínimo histórico desde 1993, en torno al
10%. Según el Ministerio de Trabajo a fines del 2006 había 1,2 millones
más de trabajadores registrados que en el 2001. El empleo industrial
aumentó un 30% desde el 2003, y ahora abarca a 1,1 millones de
trabajadores.
Sin embargo, donde no se produjo una
modificación significativa fue en la cantidad de trabajadores "en
negro". De los 11 millones de asalariados, 4,5 millones son
trabajadores registrados en el sector privado, 2 millones son empleados
públicos registrados, y 4,5 millones son trabajadores "en negro" (el
41% del total).
En este capitalismo débil, la división del
trabajo de la economía capitalista coloca a las pequeñas empresas
(lugar donde se concentra la mayor cantidad de empleo informal) en el
papel de suministradoras de mercaderías y servicios de bajo costo para
las medianas y grandes empresas.
La elevada tasa de empleo
"informal" muestra la fragilidad del capitalismo argentino pero también
la apuesta estratégica de la clase dominante, con la complicidad del
gobierno, para mantener una bolsa importante de trabajadores precarios
que actúe como un efecto disuasorio ante los reclamos laborales. Hay
que tener en cuenta que los trabajadores "en negro" ganan la mitad que
los registrados.
En la medida que los dirigentes sindicales se
niegan sistemáticamente a organizar la lucha contra el empleo "en
negro" en las empresas, la única manera efectiva de obtener avances en
este terreno, tratan de concentrar su accionar en influir en el
gobierno para que, a través del Parlamento, se sancionen decretos y
leyes que mejoren la situación de los trabajadores. De esta manera
profundizan su acercamiento al aparato del Estado.
Por el lado
del "empleo en negro" no hubo ningún avance significativo. En otros
temas, el gobierno aceptó algunos reclamos de los dirigentes de la CGT
que intentan revertir algunas contrarreformas de los 90, pero que son
de poca relevancia: que los despidos sean por escrito, el derecho del
trabajador de pedir comprobantes de los aportes patronales a la
Segur |