La revolución egipcia, que siguió rápidamente al levantamiento de Túnez, ha enviado ondas de choque al conjunto del mundo árabe. Todos los estrategas serios del capital están discutiendo el "efecto dominó" de los acontecimientos que se desarrollan en Egipto. Ninguno de ellos, sin embargo, había previsto nada de esto.

Las masas han vuelto a tomar las calles en las mayores manifestaciones vistas hasta ahora en Egipto. Lo llaman el día de la despedida. Ya, esta mañana, Al Jazeera mostró una inmensa multitud de personas entrando en tropel en la plaza Tahrir. El estado de ánimo no era ni tenso, ni de miedo, sino de júbilo. En el mismo instante en que las oraciones del viernes terminaron, las masas irrumpieron con un grito ensordecedor de "¡Mubarak, fuera!". Los pocos partidarios de Mubarak fueron escabulléndose por las calles aledañas a la plaza como chacales impotentes.

"El cielo estaba lleno de rocas. Los enfrentamientos a mi alrededor eran tan terribles que podía oler la sangre". Con estas palabras, Robert Fisk describe los dramáticos acontecimientos en la Plaza Tahrir, donde las fuerzas de la revolución chocaron con las de la contrarrevolución. Todo el día y durante toda la noche, una batalla feroz hacía estragos en la Plaza y en las calles circundantes.

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