Algunas notas sobre la coyuntura nacional
La situación en Venezuela sigue siendo enormemente favorable a la
revolución. La contrarrevolución está dividida y todos los intentos de
movilizar a su base desde principios de año (campaña contra las
modificaciones de la bandera nacional aprobadas por la nueva Asamblea
Nacional, proclamación de un grupo independentista en el Zulia,
utilización partidista del derrumbe del viaducto Caracas-La Guaira con
el objetivo de atacar al gobierno bolivariano y otras) han acabado
hasta el momento en estrepitosos fracasos.
Independentismo zuliano, campaña mediática y otras marramucias
Esta debilidad, evidenciada ya por la retirada de las
legislativas de diciembre de 2005 luego que los sondeos pronosticasen a
todos sus partidos juntos una representación del 10%, se profundiza.
Divididos en cinco candidaturas ante las presidenciales de diciembre de
este año, tienen diferencias acerca de si presentarse o no y todos los
sondeos indican una nueva victoria aplastante de Chávez.
El boicot a las legislativas anunció el inicio de una nueva
ofensiva imperialista. Por el momento, dada su incapacidad para
movilizar a la base social de la contrarrevolución en el interior de
Venezuela, esta campaña se basa fundamentalmente en el sabotaje
económico y la intensificación de la campaña mediática internacional.
La creación de un grupo independentista en el Estado Zulia
(“Rumbo Propio”) anuncia algunas de las maniobras que podría intentar
el imperialismo en el futuro apoyándose en los paramilitares a sueldo
de los terratenientes que existen en este y otros estados fronterizos
con Colombia. Hace unos meses el alcalde chavista de Maracaibo (segunda
ciudad del país y capital zuliana) Giancarlo Di Martino denunció al
gobernador opositor del Zulia, Manuel Rosales, por estar organizando
redes paramilitares. Estos paramilitares ya han asesinado,
especialmente en la zona sur del lago y diversas zonas de la frontera,
a muchos luchadores campesinos y populares que apoyan el proceso
revolucionario bolivariano.
Sin embargo, hay que resaltar que en este momento carecen de
fuerza suficiente para pasar a una ofensiva abierta y ya no digamos
para intentar una maniobra desestabilizadora o separatista en este
estado (el más poblado y con las mayores reservas petroleras del país).
Así lo ha demostrado la reacción masiva en contra de este planteamiento
reaccionario suscitada en toda Venezuela, empezando por el propio
estado petrolero zuliano. De intentar una ofensiva abierta en estos
momentos, serían aplastados y provocarían un nuevo salto adelante de la
revolución.
La principal amenaza a la revolución sigue siendo actualmente
el control de sectores decisivos de la economía (bancos, latifundios y
monopolios) por parte de los capitalistas. Estos acuden a las reuniones
de negociación con el gobierno, aceptan las ayudas de éste, pero siguen
sin invertir. A la incapacidad del capitalismo para ofrecer
satisfacción a las necesidades y expectativas de las masas (alimentadas
además por el avance del proceso revolucionario y el discurso y muchas
de las acciones del Presidente Chávez) se une el sabotaje económico:
acaparamiento de productos que escasean en los mercados, subidas de
precios, fábricas cerradas e infrautilizadas…. El objetivo es generar
desmovilización y escepticismo entre las masas que permita a la
contrarrevolución pasar a la ofensiva ya sea mediante un nuevo golpe,
el magnicidio o una combinación de ambos.
La marea roja sigue creciendo
En ese sentido, como dijimos los marxistas, la alta abstención
de las elecciones legislativas del 4 de febrero es un aviso importante
pero no significa que sectores amplios de las masas hayan abandonado a
Chávez y caído ya en el escepticismo. La marcha antiimperialista del
pasado 4 de febrero (según muchos la más grande de todo el proceso
revolucionario) volvió a mostrar que si hay un llamado claro a las
masas (especialmente por parte de Chávez) y una propuesta que las
ilusione estas responden.
El tsunami rojo volvió a desbordar las calles caraqueñas días
después de varias declaraciones amenazantes de altos cargos
estadounidenses y luego de que el Presidente Chávez insistiese
nuevamente en el objetivo del socialismo y la lucha contra “el enemigo
interno de la ineficiencia, el burocratismo y la corrupción” y, además,
anunciase toda una serie de medidas favorables a los trabajadores y
sectores populares: aumento del salario mínimo, salario para amas de
casa, creación de los consejos comunales (asambleas vecinales que
deberían nombrar delegados elegibles y revocables, determinar las
necesidades más perentorias en sus zonas y gestionar fondos que el
gobierno les entregará directamente), etc.
El factor fundamental que impide hoy por hoy que la revolución
bolivariana avance hacia la expropiación de los medios de producción y
la sustitución del estado burgués por un estado obrero es la ausencia
de una dirección al frente del movimiento obrero que sepa ofrecer a
éste, y al resto de las masas que constituyen el movimiento
bolivariano, un programa de transición que vincule la Batalla de Santa
Inés II, por la reelección de Chávez y la defensa del proceso
revolucionario contra los ataques del imperialismo y la
contrarrevolución, con la lucha por resolver toda una serie de
problemas sociales (pobreza, desempleo, déficit habitacional… ) y ambas
con la necesidad de expropiar a los capitalistas y planificar la
economía.
La principal organización obrera venezolana, la Unión Nacional
de Trabajadores (UNT) está paralizada por la lucha entre distintos
líderes por ganar la dirección en su próximo Congreso. A ello se une
que muchos de esos dirigentes siguen concibiendo la lucha obrera de un
modo fundamentalmente reivindicativista y tienden a separar en la
práctica esta lucha, o el propio debate acerca de qué UNT necesitamos
los trabajadores, de la batalla por defender el proceso revolucionario
y reelegir a Chávez, que centrará cada vez más la atención de las
masas. Esto dificulta a la vanguardia obrera poder liderar a las masas
bolivarianas en la lucha por el genuino socialismo.
Los marxistas de la CMR estamos luchando dentro de la UNT por
un programa de transición en las líneas comentadas e impulsamos con esa
misma orientación, a través de nuestra célula en la empresa expropiada
Inveval, la creación del Frente Revolucionario de Trabajadores de
empresas en Cogestión y ocupadas. La iniciativa ha despertado gran
entusiasmo en los trabajadores de las empresas en cogestión y de varias
empresas en lucha y su primera movilización ha tenido un importante
impacto tanto en los medios de comunicación chavistas (Vive Tv) como
entre sectores significativos del movimiento revolucionario.
Esto demuestra el enorme potencial existente. Un referente
marxista capaz de ganarse el reconocimiento de las masas bolivarianas
podría romper el actual impasse y acelerar de forma decisiva el proceso
revolucionario venezolano hacia la construcción de un genuino marxismo,
lo que pasa necesariamente por la nacionalización de la banca, los
monopolios y los latifundios bajo control obrero y la sustitución del
aparato estatal burgués procedente de la IV República por un estado
obrero basado en la democracia directa y participativa de los
trabajadores, en comités de delegados elegibles y revocables por las
asambleas de trabajadores y de los demás explotados y estén obligados a
rendir cuentas ante esas mismas asambleas.
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