El
jueves 5 de octubre estallaron enfrentamientos violentos en la ciudad
minera de Huanuni, Oruro (Bolivia), que dejaron 16 muertos y muchos
otros heridos. Los enfrentamientos comenzaron cuando 4.000
“cooperativistas” intentaron ocupar la principal mina de Huanuni, y los
1.100 mineros que allí trabajan, organizados en la poderosa Federación
Sindical de Trabajadores Mineros Bolivianos, FSTMB, defendieron la
mina.
Las raíces de este conflicto se remontan a las derrotas de los
mineros sufridas en los años ochenta después de heroicas luchas. Los
mineros siempre han sido el sector más revolucionario y militante de la
clase obrera boliviana. Trabajando en unas condiciones de explotación
extrema estaban muy organizados. La FSTMB era una de las principales
organizaciones de los trabajadores bolivianos y en 1946 aprobaron las
famosas Tesis de Pulacayo que introducían objetivos socialistas en su
lucha, y que sigue siendo el programa más avanzado adoptado jamás por
los trabajadores en América Latina.
A mediados de los años ochenta, el gobierno de Paz Estenssoro
introdujo un paquete de medidas “neoliberales”, pero de una manera
similar al gobierno de Thatcher en Gran Bretaña, primero tenía que
aplastar el poderoso poder de los mineros si quería ponerlas en
práctica. En 1986 el movimiento huelguístico de los mineros fue
aplastado y como resultado fueron despedidos más de 20.000 mineros. La
fuerza laboral en la empresa minera propiedad estatal (que se había
creado como resultado de la revolución de 1952) pasó de 30.000 a 7.000.
Miles de mineros y sus familias tuvieron que emigrar de las
ciudades mineras porque las viviendas en las que vivían pertenecían a
la empresa y no tenían ya trabajo. Muchos se trasladaron a la región
tropical de Chaparé, donde se convirtieron en productores de coca. Con
ellos llevaron sus tradiciones militantes y crearon sindicatos de
campesinos que más tarde se convertirían en la columna vertebral del
Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales. Otros se trasladaron a
El Alto, que en aquel momento también se convirtió en un lugar clave de
la lucha revolucionario.
Finalmente, otros se agruparon y ocuparon las minas que habían
sido abandonadas y que casi estaban agotadas. A lo largo del tiempo
surgió una capa directiva en estas cooperativas que se enriqueció, pero
la mayoría se convirtieron en mineros asalariados trabajando en unas
condiciones mucho peores que las que tenían sus homólogos que seguían
en Comibol, y sin derechos sindicales.
Los orígenes inmediatos del conflicto en Huanuni se remontan a
2002, cuando el gobierno boliviano retiró la licencia de la empresa
privada que estaba gestionando la mina (la multinacional británica
RGB). Desde entonces, los mineros de Huanuni han estado dirigiendo la
mina bajo una especie de control obrero. Ayudada por el aumento del
precio del estaño en el mercado mundial, se convirtió en una empresa
muy rentable, dando al estado boliviano una fuente masiva de ingresos.
Los 1.100 mineros de Huanuni producen 300-350 toneladas de estaño
refinado al mes con unos beneficios anuales de 12 millones de dólares.
Fue precisamente el aumento del precio del estaño lo que
intensificó la voracidad de la FEDCOMIN (federación de
“cooperativistas”) que emplea a unas 60.000 personas en total. En los
últimos años habían ya tomado algunas minas en Caracoles, y sectores de
Colquiri y Vinto, que de esta manera eran privatizadas. La FEDCOMIN se
ha convertido en un poderoso grupo de presión económica en las regiones
mineras, llegando a acuerdos con los sucesivos gobiernos para
garantizar su estatus y mantener la privatización de las minas. Como
contrapeso a la poderosa FSTMB de izquierdas, que a su vez contrala la
Confederación de Obreros Bolivianos (COB), los líderes del MAS formaron
una alianza con la FEDCOMIN. De este modo, cuando Evo Morales ganó las
elecciones en diciembre de 2005, a la FEDCOMIN se le dio el Ministerio
de Minas, y uno de sus dirigentes, Walter Villaroel se convirtió en
ministro y comenzó a gobernar a favor de las empresas “cooperativas”
privadas a las que representa.
En septiembre, los representantes de la FEDCOMIN viajaron a
Londres y se reunieron con Grant Thornton, la empresa de contaduría que
actúa como liquidador de RGB, y que prometió la venta del contrato de
explotación de RGB en la mina de Huanuni (en realidad RGB ya la había
perdido). Esto llevó directamente a los “cooperativistas” de la
FEDCOMIN a intentar ocupar Huanuni el 5 de octubre y a los mineros a
defender el carácter nacionalizado de la mina.
El sindicato de mineros hizo responsable al gobierno de Morales
por los enfrentamientos, ya ellos habían avisado de antemano que este
conflicto podría estallar. En realidad, los mineros de Huanuni habían
llegado a un acuerdo con las organizaciones campesinas de la región
para defender la mina, como parte de un plan para extender sus
operaciones y crear 1.500 nuevos empleos.
Este es el punto esencial del problema. La FSTMB está luchando por
la nacionalización de todo el sector minero y la refundación de Comibol
como la única empresa minera estatal de Bolivia, bajo el control de los
trabajadores.
Como resultado de los enfrentamientos de los últimos días, el
Ministro de Minas, Villaroel, dimitió y el gobierno ha nombrado un
nuevo ministro vinculado a los mineros sindicalizados. La FEDCOMIN ha
anunciado que rompe su acuerdo político con el gobierno del MAS.
Este trágico conflicto es el resultado de las vacilaciones de la
política del gobierno del MAS (explicados en el artículo anterior).
Cada medio paso que da para defender los intereses de los trabajadores
y los campesinos, moviéndose contra los privilegios de la oligarquía y
las multinacionales, se encuentra con una resistencia feroz. Enfrentado
a esta resistencia, el gobierno del MAS, y particular el ala que está
alrededor del vicepresidente García Linera, ha hecho concesiones (con
relación a la nacionalización de los hidrocarburos, la reforma agraria,
la autonomía reaccionaria para las regiones orientales, la asamblea
constituyente, etc.,).
Esta política sólo ha fortalecido la decisión de la derecha que
ahora está acelerando su campaña contra el gobierno, con ataques
diplomáticos internacionales, la histeria de los medios de
comunicación, las movilizaciones reaccionarios en Santa Cruz, la
“huelga” de los propietarios de autobuses de La Paz, los rumores de
golpes militares, etc.,
La única forma de salir del callejón sin salida, que amenaza con
desmoralizar la base de masas de apoyo al gobierno de Evo Morales, es
dar pasos serios adelante hacia la nacionalización de los recursos
naturales del país, el gas, la minería y la tierra, ponerlos firmemente
en manos de los trabajadores y campesinos. Si el gobierno de Morales
quiere sobrevivir tiene que librarse de los elementos reformistas de
derechas y basarse decisivamente en las organizaciones de trabajadores
y campesinos para poner en práctica un programa socialista. Cualquier
desvío de esto sólo fortalecería la decisión de la oligarquía y el
imperialismo, desmoralizará a los trabajadores y campesinos, y en
última instancia llevará a un baño de sangre.
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