Los pueblos prehispánicos en Mesoamérica

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El estudio del desarrollo histórico de los pueblos prehispánicos (amerígenas) es revelador. Éste, hasta el momento de la conquista, se dio con total independencia de los acontecimientos del llamado “viejo mundo”. Las civilizaciones de Mesoamérica y el imperio Inca son ejemplo de estados “primigenios” y como tales, demuestran que el desarrollo histórico no es azaroso y caprichoso sino que la historia se desarrolla en virtud de leyes subyacentes que condicionaron el surgimiento, tanto en el viejo como en el nuevo mundo, de las clases sociales.

Introducción

El estudio del desarrollo histórico de los pueblos prehispánicos (amerígenas) es revelador. Éste, hasta el momento de la conquista, se dio con total independencia de los acontecimientos del llamado “viejo mundo”. Las civilizaciones de Mesoamérica y el imperio Inca, que alcanzaron el grado de civilización al margen de cualquier influencia externa, son ejemplo (junto con los casos de las civilizaciones antiguas en Mesopotamia, India, China, África), de estados “primigenios” y como tales, demuestran, casi en condiciones de laboratorio, que el desarrollo histórico no es azaroso y caprichoso sino que la historia se desarrolla en virtud de leyes subyacentes que condicionaron el surgimiento, tanto en el viejo como en el nuevo mundo, de las clases sociales, el Estado, la arquitectura monumental, la escritura, la metalurgia, calendarios, etc. Las contradicciones de este tipo de sociedades fueron aprovechadas por los invasores españoles. La conquista fue una guerra civil. Las contradicciones se explican si comprendemos el peculiar modo de producción tributario de las magnificas civilizaciones mesoamericanas.

Divisiones de la prehistoria americana

La historia de los pueblos “amerígenas” mesoamericanos se divide normalmente en periodo prehistórico e histórico. El primero comprende desde la llegada del homo sapiens al continente americano hasta la formación de la cultura Olmeca. A su vez el periodo prehistórico se divide en tres periodos. El “Paleoindio”, que comprende la etapa en la cual los “primeros americanos” subsistían mediante la caza de grandes presas y la recolección. El periodo arcaico, que geológicamente comprende el final del Pleistoceno, crisis climática a nivel global que implicó la extinción de los grandes animales de caza y obligó al hombre prehistórico a cambiar su modo de subsistencia orientándose a la caza de “pequeñas presas” en climas boscosos, fluviales y marítimos. Ésta etapa, que a nivel global se le conoce como mesolítico, representa una condición preparatoria para la última etapa de la prehistoria conocida como revolución neolítica y que para efectos del estudio de la prehistoria americana se conoce como “periodo formativo” donde se descubre la agricultura y se domestican los primeros animales.

El verdadero descubrimiento de América, oleadas migratorias.

Existe un acalorado debate entre historiadores y antropólogos acerca de la antigüedad y el origen de los primeros hombres americanos. La visión tradicional, conocida como “consenso Clovis”, señala que los primeros humanos en pisar el continente llegaron de Asia (Siberia) por el “estrecho de Bering” hace unos 13 mil o 14 mil años. Esta postura señala que la antigüedad del ser humano no puede ser mayor a 14 mil años porque en esta fecha el paso del estrecho de Bering (paso intercontinental entre Asia y América formado hace unos 40 mil años al descender el nivel del mar) hacia Canadá estaba bloqueado por enormes bloques de hielo. El problema de esta teoría es que de manera simultánea a la cultura Clovis (cultura de cazadores recolectores “Paleoindios” que se desarrollo hace unos 13 mil años en el norte de Estados Unidos y que hasta no hace mucho se consideró la cultura más antigua del continente) se desarrollo una cultura similar en Monte Verde Chile (Sudamerica). Incluso parece haberse confirmado en Chile el hallazgo de restos humanos tan antiguos como unos 20 mil años (hay dataciones más antiguas que aún son objeto de polémica). Esto obliga a retrotraer la llegada del humano a América mucho antes, sencillamente porque no hay tiempo suficiente para que el ser humano llegara a Sudamérica. Es muy probable que el paso del estrecho de Bering a Norteamérica estuviera abierto por intervalos desde hace unos cuarenta mil años (quizá sesenta mil) y que la llegada del ser humano se diera por oleadas mucho más antiguas que lo que supone el “consenso Clovis”. Si bien no se pueden descartar (tal como sugieren estudios genéticos que relacionan a nativos sudamericanos con nativos australianos) flujos migratorios por la Antártida desde Australia, es muy probable que las diversas migraciones se dieran desde Asia a través de Beringia de norte a sur. Existen, por supuesto otras teorías, como la de la llegada transoceánica del ser humano, pero resultan más que improbables porque el hombre prehistórico no contaba con las fuerzas productivas necesarias para cruzar océanos. Si bien se ha confirmado la llegada de expediciones Vikingas a Groenlandia 500 años antes que Colón, estas expediciones no tuvieron influencia alguna en el curso de la historia porque el modo de producción semibárbaro de los vikingos impidió ningún impacto significativo. Lo cierto es que el ser humano ya se había extendido desde Alaska hasta la punta de Sudamérica hace unos 11 mil años.

El apogeo del Paleoindio

Clovis Point. Foto: Government of the Commonwealth of VirginiaClovis Point. Foto: Government of the Commonwealth of Virginia La cultura mejor estudiada de este periodo es la cultura Clovis. Se trata de pueblos que se dedicaban a la caza de mamuts en las planicies de Oklahoma, Colorado y Nuevo México; destaca la belleza poco común de las puntas de sus lanzas. Estas bandas de cazadores y recolectores no conocían las clases sociales, ni el Estado. En un periodo que comprende la mayor parte de la historia del hombre sobre la faz de la tierra –desde hace más de 150,000 años hasta apenas unos 10 mil si consideramos al Sapiens sapiens- el modo de producción básico de la humanidad se basó en la caza, la pesca y la recolección. En general los hombres eran nómadas, vivían en bandas, clanes y tribus de un máximo de unos cuantos cientos de personas; su modo de pensar se ajustaba a lo que conocemos como pensamiento mágico y vivían sometidos a los caprichos de la naturaleza. No había clases sociales, ni ricos, ni pobres, ni existía Estado, ni familia nuclear; el individuo se encontraba subsumido a la colectividad de la misma forma en que una abeja se subsume a la colmena, destacando individualmente en función de necesidades colectivas, religiosas, bélicas o de otra índole bajo la soberanía de la asamblea general.

El arcaico americano

Teosinte. Photo: John DoebleyTeosinte. Photo: John Doebley El descubrimiento de la agricultura fue una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad. Su descubrimiento no fue el simple producto de la genialidad de la mente humana sino el resultado de una crisis global que obligó a los cazadores recolectores a buscar nuevas fuentes alimenticias. En general, las mismas condiciones que orientaron a los pueblos de oriente medio a dar el gran salto fueron las que obligaron a los pueblos mesoamericanos a domesticar el teosinte. El final de la última glaciación (hace unos doce mil años) tuvo un impacto significativo a nivel global que repercutió en las formas de vida de los pueblos cazadores recolectores, abre el periodo de la prehistoria americana que se conoce como periodo arcaico (conocido como mesolítico a nivel global). Se trata de un periodo de crisis que prepara la revolución neolítica (domesticación de plantas y animales). El cambio climático ocasiona la extinción masiva de la megafauna pleistocena (mamuts, renos gigantes, etc) y el cambio de las estrategias alimenticias de los pueblos del mesolítico hacia recursos fluviales y boscosos, la recolección y la caza de pequeñas presas (alimentación de amplio espectro). Estas condiciones determinaron que los pueblos del mesolítico tendieran a establecerse cerca de los cursos fluviales y las zonas boscosas y establecieran una relación más estrecha con los ancestros silvestres de las primeras plantas y animales domesticados. En el caso del viejo mundo, por ejemplo, no es casualidad que los pueblos mesolíticos del creciente fértil, en Oriente Medio, que recolectaron los ancestros silvestres del trigo y la cebada (de los cuales se alimentaba a su vez los ancestros salvajes del cerdo y los rumiantes como la cabra y el buey) fueran los primeros en el mundo en experimentar la revolución neolítica. Los habitantes del viejo mundo tuvieron el privilegio de tener las condiciones ecológicas ideales para la domesticación casi simultánea de plantes y animales (especialmente los ancestros de los animales de tiro productores de leche). Los habitantes del llamado nuevo mundo no tuvieron tanta suerte, la extinción masiva del periodo arcaico, favorecida probablemente por el exceso de caza de los pueblos Clovis, abarcó a todos los animales domesticables que pudieran servir como animales de tiro y que fueran grandes productores de leche y carne (la única excepción fue la llama en Sudamérica pero por sus características nunca sirvió como animal de tiro). Los animales domesticados en Mesoamérica son pequeñas gallináceas y el famoso tepescuincle. Ésta es probablemente un de las explicaciones de porque fue el viejo mundo el que conquistó al nuevo y no a la inversa: la falta de animales de tiro que profundizaran las repercusiones de la revolución neolítica condicionó, muy probablemente, el relativo retraso en el desarrollo histórico de los pueblos mesoamericanos, a pesar de haber domesticado de manera absolutamente independiente y por sus propios medios plantas como el maíz y la calabaza casi al mismo tiempo (la domesticación del maíz puede datarse en un periodo tan antiguo como hace unos 9 mil años) que los primeros agricultores del viejo mundo hicieran lo mismo con el trigo, los pueblos del periodo arcaico siguieron siendo parcialmente nómadas varios miles de años después de la domesticación porque no contaron con los grandes herbívoros domesticables que pudieran satisfacer sus necesidades alimenticias.

Como una muestra de que la consciencia social está determinada por el contexto social podemos dar el ejemplo de la rueda y la domesticación de animales: durante muchos años los antropólogos se han roto la cabeza al tratar de explicar el porqué las culturas Mesoamericanas desconocían la rueda. La respuesta más probable es que en dichas culturas la rueda no se podía insertar productivamente en el sistema, tal como en el caso de la máquina de vapor en la Grecia antigua, la rueda no fuera más que una curiosidad destinada a los juguetes y a los adornos de templos y palacios: sin animales de tiro resultaba muy difícil encontrarle a la rueda una utilidad trascendente por más que los arquitectos precolombinos la hayan ideado una y mil veces.

Periodo formativo

Este periodo se abre a partir de la revolución neolítica en Mesoamericana, algunas teorías señalan al valle de Puebla como uno de los primeros centros de domesticación del teosinte, sin embargo, estudios recientes señalan que la antigüedad de su domesticación es tan temprana como 8,700, 2,500 años antes de lo que se suponía, (quizá su domesticación sea más antigua pues se han encontrado estratos más viejos con instrumentos de molienda que no han sido datados con exactitud). Los ancestros más antiguos del maíz (y una variante de calabaza) se encuentran en el valle del río Balsas en un entorno que no se corresponde a las viejas teorías que suponían que su domesticación se dio en zonas alta y áridas, sino en un nicho ecológico que se corresponde con una dieta de “espectro amplio”, es decir, en un entorno como el que señalamos en el inciso anterior (tierras bajas y boscosas) "Nuestros hallazgos confirman una domesticación del maíz en el Holoceno temprano e indica que es otro importante cultivo del Nuevo Mundo que tiene su origen en el bosque tropical"1, explica Dolores Piperno. Éste descubrimiento tiende a confirmar que la domesticación del maíz no se trató de una ocurrencia que se pudiera dar en cualquier momento de la historia.

Si bien con considerable retraso, la revolución neolítica en Mesoamérica, al igual que en el viejo mundo, tuvo consecuencias sociales de gran calado. La más importante de ellas fue que permitió la producción de un excedente en virtud del cual la sociedad alcanzó el punto en el que se podía estratificar generando diferencias sociales en status y poder, este proceso culmina con la formación de las clases sociales y comienza con la formación de jefaturas en las que la tribu o el clan empieza a experimentar una diferenciación social.

Preclásico (2,500 a C – 200 d C)

Olmecas

Cabeza Colosal. Foto: Locutus BorgCabeza Colosal. Foto: Locutus Borg La cultura Olmeca es considerada la civilización madre mesoamericana, se desarrolló hace unos 3,200 años hasta hace 2,800 en el sureste de Veracruz y el oeste de Tabasco en torno a tres grandes centros ceremoniales San Lorenzo, la Venta y tres Zapotes. Destaca por la construcción de monumentales cabezas de basalto de varias toneladas de peso y de tres y cuatro metros de altura. La cultura Olmeca se desarrollo en torno a caudalosos ríos, construyó estructuras de adobe y montículos con templos en la parte superior precursoras de las pirámides. Se estima que en su apogeo el centro ceremonial la Venta llegó a albergar a 18,000 habitantes. La construcción de los montículos y el traslado de las enormes piedras basálticas cientos de kilómetros sugieren el grado de organización necesaria para realizar tales empresas, sin embargo, la dispersión de las proto-ciudades olmecas, la baja densidad poblacional, el hecho de que complementaran su dieta con la caza y la pesca de mariscos sugiere que representaban un ejemplo de una jefatura avanzada en la cual grandes jefes militares y religiosos concentraran y monopolizaran el excedente de las cosechas y el comercio de artículos de lujo (jade, Obsidiana), sin llegar a alcanzar el grado de civilización (Estado y grandes centros urbanos). La función de la naciente casta privilegiada era organizar a los miembros de las aldeas en la realización de obras públicas. Muy probablemente las cabezas olmecas sean la consagración de esa casta militar sacerdotal que se había erigido por encima de su propia tribu gracias a la intensificación de la producción agrícola por medio de la tala y la quema. Este modelo de estructura social sería el prototipo primigenio de los pueblos mesoamericanos que se profundizaría en calidad y extensión durante el periodo clásico (Mayas) llegando al grado de civilización y llegaría a su punto culminante en cuanto agresividad en el posclásico con el imperio mexica.

Zapotecas

Otra cultura, posiblemente relacionada con los Olmecas y los antiguos mayas, cuyo mayor florecimiento se dió en el periodo preclásico, fue la cultura Zapoteca que se desarrollo en el centro del actual estado de Oaxaca hace unos 2,500 años. Esta cultura desarrolló una de las formas de escritura jeroglífica más antigua de Mesoamérica (si bien en el 2006 se descubrió un bloque con glifos de hace unos 2,900 años perteneciente a la cultura Olmeca). Su principal centro ceremonial fue San José Mogote y Montalbán. Desarrollaron una agricultura mucho más intensiva que la de los Olmecas con base en la construcción de cisternas y acueductos para el aprovechamiento del agua de lluvia, sus conocimientos astronómicos y matemáticos fueron notables y su sistema tributario fue más amplio y desarrollado. Es posible que esta cultura haya estado relacionada con la fundación de Teotihuacán en el periodo clásico.

Periodo Clásico

(200-900 d.C.)

El periodo clásico está marcado por el esplendor de la cultura Maya y la cultura Teotihuacana y su característica fundamental es el esplendor urbanístico y el desarrollo del Estado hasta conformar poderosos imperios (si bien los mexicas cumplen con todas estas condiciones, tradicionalmente se ubica a estos últimos dentro del postclásico).

Los Mayas

ChacchobenChacchoben Muchos comentaristas han sostenido que el surgimiento de la civilización Maya no tuvo nada que ver con condiciones terrenales y materiales. La civilización Maya se desarrolló al interior de la selva de Peten en un entorno ecológico y geográfico que parece desafiar una explicación materialista de su surgimiento. Corrientes místicas y esotéricas, e incluso corrientes antropológicas, hablan de que la civilización Maya tuvo en la espiritualidad y una cosmovisión particular las causas últimas que explican su existencia. Sin embargo la explicación materialista es más prosaica pero más interesante y requiere una investigación más sería que versiones sentimentales que no requieren más que una imaginación exorbitante, talento literario y, quizá, el estímulo de algunas sustancias psicotrópicas.

Las aldeas mayas más antiguas se sitúan cerca de los ríos Usumacinta y el Belice en tiempos tan antiguos como mil años a.C. (probablemente los primero habitantes fueron producto de migraciones Olmecas). Conforme dichas poblaciones se fueron desarrollando y la densidad de población fue creciendo (producto de la de la domesticación del maíz) las aldeas tuvieron que internarse en la selva del Petén en un entorno paradójico de “selva” en donde hay meses completos en que no cae una sola gota de lluvia y en donde al agua se filtra en el subsuelo de roca caliza. Las poblaciones que se internaron en la selva se vieron en la necesidad de revolucionar su modo de subsistencia, superar la técnica simple de la tala y quema, de tal modo que dicha revolución implicó el surgimiento del Estado. En la selva de Petén algunos estudios han contabilizado 83 emplazamientos separados por una distancia media de 15 kilómetros. A finales de los setenta, se descubrieron una red de fosos y canales que se extendían a partir de los centros ceremoniales los cuales, a su vez, están ubicados cerca de cenotes o lagos subterráneos. La mecánica del surgimiento de la civilización Maya baja ya del cielo a la tierra y su mecanismo es, en términos muy generales, clara: la organización de grandes ejércitos de hombres en la construcción de estas grandes obras hidráulicas, el subsecuente aumento de la densidad de población producto de sistemas de riego más eficientes, además del control del comercio desde las tierras altas de materias primas inexistentes en la selva; todo ello permitió el ascenso de los jefes de la tribu por encima de las aldeas y permitió también que la densidad de población en el apogeo clásico fuera igual a la Europa moderna (250 personas por milla cuadrada) y alcanzara el grado de civilización. De este modo los mayas inventaron un complejo sistema de escritura jeroglífica y complejos conocimientos matemáticos (los mayas inventaron el cero), realizaron observaciones astronómicas extraordinarias y contaban con un calendario incluso más exacto que el Gregoriano. Su arquitectura fue extraordinaria, así, por ejemplo, las pirámides truncadas de Tikal alcanzan los 57 metros de altura con ciudades planificadas y complejas.

Una de las características más llamativas de las culturas precolombinas es su abrupto colapso que ha sido objeto de muchas especulaciones, es muy probable que llegado a un punto de su desarrollo estas culturas entraban en contradicción con la capacidad de sustentación de su medio. La construcción de la pirámides y su ampliación periódica, implicaba la deforestación progresiva del medio y el cambio abrupto del medio natural (por ejemplo la fabricación de la cal exige la tala de grandes cantidades de bosque o selva), la desecación de los ríos y las afluentes de agua, estas contradicciones minarían la base de la razón de ser de las camarillas aristocráticas que basaban su existencia en la extracción de tributos a las aldeas y que jugaban un papel relativamente progresista al organizar obras que en última instancia aumentaban la producción. Estas tensiones generaban periódicamente guerras civiles, el abandono y la destrucción de los centros ceremoniales. El surgimiento y desaparición periódica de estas civilizaciones es la base, muy probablemente, de la mitología precolombina de las diferentes eras solares o la renovación periódica de los tiempos. Estas sociedades colapsaban periódicamente, además, porque su producción, con todo y las innovaciones en la técnica agricultora, se basaba más en la masificación y extensión del tributo, en la intensificación del trabajo que en el desarrollo de sus fuerzas productivas. Su magnífica y rica cultura se basaba en la pobreza de su base económica; pero ello, como señala Marx, es una característica común al llamado “despotismo asiático”.

Teotihuacán

Piramide del Sol, Teotihuacán. Foto: Peter AndersenPiramide del Sol, Teotihuacán. Foto: Peter Andersen Se sabe muy poco acerca de los fundadores de esta ciudad. Estudios lingüísticos recientes señalan que muy probablemente fueran los Totonacas los que la fundaron. Sus antecedentes se pueden rastrear hasta mil años antes de nuestra era. El apogeo de esta ciudad define, junto con los mayas, lo que se considera el periodo clásico de las culturas mesoamericanas. Fueron los Mexicas los que nombraron esta magnífica ciudad como “Ciudad de los dioses”. En su apogeo (II-VI d.C.) tuvo una población de entre 150 mil y 200 mil habitantes y la ciudad ocupo un área de 21 km cuadrados. Destacan, por supuesto, las grandes pirámides del Sol y la Luna de 63.5 m y 45 m de altura respectivamente. Al esplendor y poderío imperial de Teotihuacán se agrega, además de la organización de grandes obras, el hecho de que la ciudad se encontraba en un lugar estratégico de flujo comercial lo que catalizaba la concentración y el control por parte de la élite dominante, poderío que permitió extender sus ondas de influencia en toda Mesoamérica. En la ciudad se han encontrado talleres especializados de artesanos trabajando para la elite dominante de manera similar al control comercial y artesanal que ejercían los faraones egipcios. La ciudad colapsó a mediados del siglo sexto junto con Monte Albán (probablemente el esplendor de ambas ciudades estuviera vinculado por lazos comerciales y políticos). Muy probablemente, la tala discriminada y la desecación de sus fuentes de agua fueron factores que desencadenaron su caída de acuerdo con las líneas señaladas más arriba.

Los Mexicas, la caída de México Tenochtitlan.

El pueblo mexica es la cultura más representativa del Postclásico Mesoamericano, y es la última gran cultura precedente a la conquista. Su meteórico asenso (en un lapso de menos de 200 años) es uno de los acontecimientos más trascendentales cuyas repercusiones impactarían todo el centro y sur del actual territorio mexicano. Entre los siglos XII-XIV se dan una serie de migraciones de tribus chichimecas hacia el altiplano central, probablemente se trataba de tribus guerreras derrotadas y expulsadas desde el norte. La mitología azteca sitúa el punto de origen en el mítico Aztlán (lugar de la blancura). El pueblo Azteca o Mexica realizó la última de una serie de migraciones de tribus de lengua nahua.

Cuando los mexicas llegan a la zona lacustre del lago de Texcoco ésta estaba hegemonizada por el “señorío de Atzcapotzalco”. Se trataba de una zona muy competida por los pueblos agricultores en virtud de sus recursos acuáticos y naturales. Los Mexicas –para utilizar éstos recursos- tuvieron que someterse y pagar tributo a la tribu dominante y asentarse en un islote al poniente del lago de Texcoco en el año “2 calli” o 1325. Muy probablemente los señores de Atzcapotzalco destinaron a los Mexicas el lugar aparentemente menos favorable para su asentamiento. Fueron estas condiciones desfavorables las que obligarían a los mexicas a revolucionar sus métodos de cultivo dando origen a las llamadas “chinampas” (islotes de tierra y material orgánico “robados” al lago, conocidas también como “jardines flotantes” –método que ya había sido usado por los toltecas-), combinado con canales y la construcción de diques; los mexicas lograron una producción agrícola y una densidad de población que desafiaría la hegemonía de Atzcapotzalco (en su punto álgido la ciudad de México Tenochtitlan contaba con 200 mil habitantes, 700 mil contabilizando zonas aledañas), fortaleciéndose por alianzas matrimoniales y militares de las cuales destaca la famosa “Triple Alianza” (Tenochtitlan-Texcoco-Tlacopan). Este dominio sería posteriormente mitificado mediante la versión azteca de la tierra prometida con la leyenda del águila posada en un nopal devorando una serpiente. Probablemente la configuración mítica del águila (Dios solar y guerrero) venciendo a la serpiente (deidad terrestre relacionada con la agricultura), representa a los mexicas dominando a todos los pueblos de la región.

La raigambre guerrera de los mexicas está expresada en su mitología en la que los dioses de la agricultura son sustituidos por Huitzilopochtli (Dios de la guerra) y en menor medida Tlaloc (Dios de la lluvia). La mitología en torno al dominio del Dios de la guerra es interesante porque podría reflejar la sustitución del derecho materno por el paterno, en efecto, Hutizilopochtli, deidad solar, asesina a su hermana Coyouxauqui, deidad lunar, arrojándola desde el cerro de Coatepec desmembrándola. En muchas sociedades matrilineales (ovunculocales) es el hermano de la madre la figura que ocupa el lugar del padre, el asesinato de la hermana sería así la sustitución y el dominio del derecho masculino producto de una sociedad guerrera fuertemente jerarquizada.

Creemos que el modo de producción de la cultura Mexica, como el de las grandes culturas Mesoamericanas, se ajusta a lo que Marx llamaría “despotismo asiático” y que otros antropólogos han llamado “sociedades tributarias”; sociedades basadas en la producción agrícola de comunidades aldeanas más o menos comunistas en donde el plusproducto o excedente de la producción es centralizado por el Estado y una casta burocrática-militar que no sólo concentra el plusproducto en especie sino que organiza a grandes contingentes de mano de obra (suministrados por las aldeas y poblados) en la construcción de obras públicas como pirámides, palacios, acueductos. En el caso concreto de los Mexicas, y de acuerdo con el Códice Mendoza y otras fuentes, éstos dominaron mediante relaciones tributarias a más de 400 pueblos, divididos en 38 provincias, mediante una compleja jerarquización en cuya punta superior encontramos al Tlatoani (gobernante) y descendiendo en la jerarquía social encontramos al Tecuhtli (cobradores de impuestos), Pillis (nobleza hereditaria). Si bien la mayor parte del plusproducto provenía de las comunidades (Altepeltl) que producían autosuficientemente mediante “calpullis” o tierras comunales adjudicadas a familias extensas; ya existía dentro de la formación social del pueblo mexica la propiedad privada de la tierra perteneciente a una nobleza hereditaria (Pillalli), trabajada por mayeques en una estructura que prefigura formas de relación feudales (si bien aún los Pillalli dependían del poder y los favores del Tlatoani formando parte de la burocracia estatal). Incluso encontramos esclavos para servicios domésticos de la nobleza. La consolidación en extensión y poderío de estas relaciones tributarias quedaría expresado en las 7 ampliaciones del Templo Mayor y su colosal tamaño (42 metros de altura por 80 de ancho) y esplendor una manifestación de los 200 años del poderío de los 9 tlatoanis.

Llama la atención que en las sociedades “tributarias” (que fueron las primeras grandes civilizaciones de la historia) no existían las clases sociales en el sentido marxista del término, no existían propiedad privada sobre los medios de producción, las relaciones feudales (propiedad privada de la tierra y ciervos atados a ella) y esclavistas no eran dominantes en el sistema (de ahí la idea incorrecta de Mariategui sobre el “socialismo incaico”), pero sí existía una casta dominante, una estructura jerárquica definida en función del papel desempeñado en la estructura estatal. Quizá sea en la inexistencia de las clases sociales donde encontremos la explicación del estancamiento crónico de éste tipo de sociedades. Si bien es cierto que en el proceso histórico que va de los Olmecas a los Mexicas encontramos un progreso en cuanto a las técnicas de explotación de la tierra (tala y quema, sistemas de regadío, chinampas) que permitió sociedades más densamente pobladas, no se puede soslayar la extraordinaria lentitud del desarrollo de sus fuerzas productivas.

El meteórico desarrollo del poderío mexica acumuló una serie de contradicciones que parecían dirigirse hacia el colapso del sistema (como sucedía periódicamente con las culturas mesoamericanas) o, quizá, al surgimiento de nuevas relaciones sociales. Es difícil saber si el modo de producción asiático en su variante Mesoamericana constituía un “callejón sin salida” histórico, callejón generado por el bajo desarrollo de las fuerzas productivas y la existencia de casta en lugar de clases sociales, que sólo se podía romper mediante la conquista–como fue el caso de otras formas similares en Asia- o el futuro desarrollo de los embriones feudales o esclavistas en el seno de los mexicas podía haber fructificado en nuevas relaciones de propiedad y por tanto nuevos modos de producción.

El hecho es que los conquistadores españoles (550 de los cuales 50 eran marineros) pudieron derrotar y aplastar a la maravillosa cultura mexica sólo porque en realidad la conquista fue más bien una verdadera guerra civil entre los pueblos dominados por los mexicas (Totonacas, Tlaxcaltecas quienes pusieron el grueso del ejercito de Cortés) –aliados con los oportunistas españoles-y, por otro lado, el Estado mexica. Esto por sí mismo es una evidencia irrefutable de la debilidad extrema de la formación social Mexica.

La caída de México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 es la culminación de un proceso de conquista y guerra civil que duraría 2 años. Si bien las tropas de Cortes recibieron periódicamente apoyo de tropas, pertrechos, armas, caballos desde España; si bien Cortés utilizó hábilmente las intrigas y las maniobras para ganar el apoyo creciente de los Totonacas, Tlaxcaltecas y todos los pueblos tributarios; es imposible entender la caída de México Tenochtitlan sin apelar a las contradicciones agudas del sistema tributario azteca. Cortés utilizó cínicamente las aspiraciones de libertad de los pueblos tributarios ofreciéndoles acabar con las pesadas cargas impositivas del imperio mexica; las tropas Tlaxcaltecas y Totonacas fueron la carne de cañón de la “enfermedad” que padecían los invasores españoles que sólo se curaba con oro. De los cuarenta mil Mexicas masacrados (entre hombres mujeres, ancianos y niños) en la toma final de la ciudad –sin contar los muertos en los noventa y tres días de sitio (donde fueron cortados los suministros de agua) y sin contar los cientos de miles caídos como moscas por la epidemia de viruela-, sólo cincuenta fueron españoles (según López de Gomara). En general los españoles entraban en escena una vez que la carne de cañón Tlaxcalteca había hecho el trabajo sucio.

Existen textos de “mexicanistas” que afirman que la conquista de México se debió a la maldad de Cortés –que además, se dice, era sifilítico, estúpido y perezoso-, y a la traición de dirigentes como Ixtlixochitl, que la sociedad Mexica era un paraíso socialista. Pero las visiones románticas y subjetivistas no pueden explicar cómo la traición de Ixtlixochitl provocó el colapso de una civilización. Tendríamos que aceptar que tanto él como Cortés tenían poderes sobrehumanos o que tenían el poder de hipnotizar mágicamente a miles de personas (los mexicanistas tendrían que aceptar que los pobladores de Mesoamericana era estúpidos). Si los pueblos Totonaca y Tlaxcaltecas se levantaron contra el dominio Mexica fue sólo porque eran explotados, de otra forma ¿cómo explicar que cientos de miles de personas se levantaron contra un paraíso en el que vivían tan felices? No tenemos que idealizar y distorsionar la historia de nuestros pueblos para poder admirarlos y rendirles el tributo que se merecen. La distorsión histórica no enaltece a los pueblos prehispánicos sino impide conocerlos y admirarlos realmente. Si la guerra civil en la que caería heroicamente la magnífica ciudad de Tenochtitlán no llevó al poder a los ejércitos indígenas campesinos instaurando un nuevo tipo de sociedad, sin que una minoría de españolas la pudiera capitalizar, fue sólo porque no existían clases sociales al interior de la sociedad precolombina que fueran los portadores de nuevas relaciones de producción o, en otras palabras, porque la magnífica civilización Mexica se basaba en una base social de “comunismo primitivo” o de pequeñas comunidades agricultoras más o menos autosuficientes.

Además de las contradicciones internas del sistema, no es posible explicar la caída de México Tenochtitlan sin mencionar el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de la Europa de la cual los invasores españoles eran portadores. Las condiciones sociales de invadidos e invasores configurarían la síntesis colonial. No se trata tanto de la tecnología militar de los españoles puesto que, como hemos señalado, los Mexicas fueron vencidos por las poblaciones autóctonas que sometían, sino del proceso de acumulación originaria capitalista, la sed de metales preciosos y materias primas que se convertían en capital en países como Holanda, Inglaterra, Francia -no tanto en España donde la riqueza saqueada se dilapidaba en bienes suntuarios-. Si bien las contradicciones propias del modo de producción tributario explican la fragilidad capitalizada por los españoles, el capitalismo embrionario en Europa explica que el llamado “descubrimiento de América” no fuera un fenómeno anecdótico como el de las exploraciones del vikingo Erick el Rojo siglos atrás.

Por otro lado no podemos olvidar los crímenes brutales de los invasores y la heroica resistencia del pueblo Mexica, una visión equilibrada y dialéctica que no oculta las contradicciones es fundamental para un estudio marxista. Aún diezmados, los pobladores Xochimilcas, Tlatelolcas, Tenochcas defendieron su ciudad palmo a palmo, participaron en la defensa mujeres, ancianos y niños. Las calles fueron manchadas de sangre, tal era el hedor de los muertos provocados por el sitio que hasta para los españoles (que no acostumbraban el baño y la limpieza y que se cocían en sudor dentro de sus armaduras de hierro) era insoportable. Por los canales fluían ríos color carmín, las mujeres fueron violadas y las embarazadas destripadas. La actitud de los dos últimos dirigentes mexicas fue ejemplar; aparte de Moctezuma –quien a pesar de la masacre a traición de los españoles, aprovechando una ceremonia religiosa a Hutzilopochtli, pedía a su pueblo que no se sublevara, que aceptara a los invasores y el señorío de Carlos I- quien fue ajusticiado por su propio pueblo a pedradas, nuevos dirigentes como Cuitlahuac (muerto por viruela) o Cuauhtémoc (último Tlatoani Azteca) encabezarían valientemente la resistencia final. Incluso el dirigente Tlaxcalteca Xicohténcatl Axayacatzin fue ahorcado por Cortés pues nunca estuvo de acuerdo con la alianza con los invasores.

Aún cuando con el saqueo de las riquezas del pueblo Méxica “de oro, plata y ropa rica se podían llenar 15 navíos” (Cervantes de Zalazar) los conquistadores torturaron a Tetlepanquetzaltzin y Cuauhtémoc quemándoles los pies para que entregara el resto del tesoro, se dice que el primero se quejó ante Cuauhtémoc y éste le contestó: “¿Acaso estoy yo en algún deleite o baño?”, Cuauhtémoc fue heroico hasta el martirio.

La magnífica ciudad de ciudad Tenochtitlán fue destruida, con las rocas del Templo Mayor en ruinas, las manos indígenas esclavizadas construyeron las Iglesias y palacios sobre la tumba de su propia cultura. El sistema colonial, del primer siglo, se baso en el mismo sistema tributario de los Mexicas sólo que el lugar de los Tlatoanis fue ocupado por los invasores, combinando lo peor del sistema antiguo con la humillación de la destrucción de su cultura y una verdadera catástrofe social, entre 1519 y 1607 la población disminuyó un 95%.

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1 Agencia EFE, Redacción internacional, 24/03/2009.

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