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El 17 de febrero aparecieron en el desierto los cuerpos de tres adolescentes en las inmediaciones de Ciudad Juárez Chihuahua. Las víctimas fueron identificadas como Juana Sandoval Reyna, de 17 años de edad, quien desapareció el día 23 de septiembre del año 2002 de la zona centro de la ciudad; Esmeralda Juárez Alarcón, de 16 años de edad, quien desapareció el pasado 7 de enero de este año y además Violeta Mabel Alvidrez Barrio, de 18 años, quien desapareció el día 4 de febrero. Un día después, en un lote baldío a un kilómetro de la Procuraduría de Justicia, apareció el cuerpo estrangulado, acuchillado en el corazón y sin ojos, de una niña de 5 años. Esto que parece una nota roja, es el pan de cada día en Ciudad Juárez.
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Desde 1993 en Ciudad Juárez Chihuahua, han asesinado a más de trescientas mujeres y han desaparecido a quinientas más. Todas estas mujeres cubriendo ciertas características físicas: delgadas, morenas, pelo largo, la mayoría emigrantes del interior del país en búsqueda de empleo y esperando la oportunidad de pasar a EUA, pero lo más significativo: obreras de maquiladoras o del sector servicios, algunas estudiantes. Ni una sola de ellas de extracción burguesa o pequeño burguesa. En los últimos 10 años en promedio cada 15 días ha sido asesinada una mujer trabajadora en Ciudad Juárez. “La mayoría de sus empleadas trabajan en colonias alejadas en las que no hay alumbrado y difícilmente encuentran transporte. Algunas mujeres acuden a las tres de la mañana, porque escogen el tercer turno. El primero es de siete de la mañana a tres de la tarde, el segundo de las tres y media a las doce y media o una de la mañana, y el tercero de las tres a la siete. Ese último es el de menos gente pero el de mejor paga” (La Jornada 26 Nov 2002).
El fenómeno fronterizo de Cuidad Juárez es una muestra clara de la barbarie capitalista. La industrialización reaccionaria vía maquiladoras, llevó a Ciudad Juárez con el boom de los años 90 “las maravillas” del bajo mundo, del crimen organizado y toda la orquesta que hay entorno al narcotráfico, que tiene sometida a la ciudad. El asesinato de mujeres va mucho más allá de un o unos asesinos en serie, tampoco se explica producto de una oleada de misoginia y la cadena de impunidad. Aparecen torturadas, acuchilladas, sigue La Jornada: “Algunas tenían los senos cercenados; otras, como las ocho localizadas en el mismo sitio en 2001, tenían el pelo cortado en la base del cráneo; unas cuantas tenían cortado un triángulo en sus órganos genitales, lo que hace pensar en ritos satánicos”.
Se trata de un fenómeno de descomposición social brutal. Así como hay paraísos fiscales, Ciudad Juárez es un centro de operaciones del bajo mundo, una fracción gangrenada del sistema. Narcotráfico, prostitución, trata de blancas, alcoholismo, drogadicción, una perfecta red de corrupción e impunidad. Hace falta mucho dinero, hombres y poder para matar a 300 mujeres y desaparecer a 500. Hablamos de un negocio de un gran negocio en el que están involucrados grandes empresarios, políticos, narcotraficantes. Se trata de un exterminio social organizado, similar a una limpia racial y social como ha sucedido en las favelas brasileñas. Una red de descomposición, chantajes y corrupción que tiene infiltrada a la policía y al ejército, con la joven mujer trabajadora como mercancía. Muchas formas de muerte, sin órganos, sin extremidades. Misoginia, violación, orgías de políticos y empresarios, trata de blancas, prostitución, tráfico de órganos, snob movies. Esta es la verdadera cara de capitalismo.
Fox no ha hecho nada, no ha mandado ni a la PFP, ni al ejército, nada de nada. El exgobernador panista tuvo la desfachatez de afirmar que se trata de múltiples incidentes casuales provocados por la forma en que vestían las víctimas, que cuando desaparecieron “no iban precisamente a misa”. La impunidad necesita aliarse con la asquerosa doble moral burguesa, que por un lado promueve a la caridad a través de la organización Vamos México con Martha Sahagún de Fox a la cabeza, y por otro lado condena de prostitutas a las muertas de Ciudad Juárez. “A partir de 1995 el ex gobernador Francisco Barrio difundió la versión de ‘mala conducta’ de las asesinadas, con el claro objetivo de decir: ‘las responsables son ellas, por llevar esa vida’, y en vez de esclarecer los crímenes el gobierno gastó millones de pesos en publicar planas enteras denunciando la supuesta doble vida de las muertas. En lugar de dar curso a las investigaciones, el gobierno hizo campañas publicitarias sin ton ni son: ‘Súbete a tu carro rápidamente’, ‘Trae las llaves de tu carro siempre a la mano’, ‘Vomita encima del que intente violarte’, ‘Lleva un silbato en la mano’, ‘No te aventures en zonas solitarias’, consejos insultantes, ya que las mujeres que trabajan en maquiladoras no tienen automóvil, ni llaves, ni posibilidades económicas, ni pueden defenderse arrojando un gas lacrimógeno a los ojos del agresor” (La Jornada 28 nov 2002).
Se está generando un movimiento social en torno a este fenómeno. Hay varias organizaciones de familiares de las víctimas, Nuestras hijas de regreso a casa, 8 de marzo, Católicas por el derecho a decidir, etc. A nivel nacional con más influencia en el centro del país se está gestando la campaña “Ni una más”. Esto es un problema político, no personal que podría generar un movimiento como el de las Madres de la Plaza de mayo, en Argentina, por los desaparecidos por la dictadura en los años 70. Esto podría generar un efecto similar al que vivimos en 1985, tras el terremoto de septiembre en el DF, un gran acontecimiento social que llevó a importantes sectores de la población a organizarse espontáneamente rebasando a las instituciones en el rescate de los atrapados en los escombros a la vez que se daba la corrupción priista con la ayuda internacional. Todo esto dio origen a un gran movimiento popular por vivienda en la ciudad de México, que vitalizó también al proceso electoral de 1988, un hito histórico en este país.
El fenómeno de las muertas de Juárez puede jugar un papel similar de cara al 2006. Acumulación de tensiones sociales y la impunidad absoluta de la burguesía ante el exterminio de mujeres de la clase obrera. Todos los frentes, todos los foros del movimiento obrero y la juventud deben exigir la aparición con vida de las desaparecidas, levantar la lucha a nivel nacional e internacional. Las dirigencias sindicales y del PRD deben llamar a luchar contra el capitalismo que genera esta barbarie. Ciudad Juárez una demostración más de que no hay justicia para los pobres. Sólo la clase obrera puede terminar con este infierno.
Samuel Santibañez.