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La
publicación de la nueva edición de esta obra maestra de Trotsky llega
en un momento oportuno. El año pasado se conmemoró el 90 aniversario de
la Revolución de Octubre, un acontecimiento que, desde un punto de
vista marxista, fue el más grande de la historia. Incluso aquellos que
no comparten esta opinión, los enemigos más implacables de la
revolución rusa y todo lo que representa, no pueden poner en duda la
importancia de esa revolución. Se incluye en la categoría de estos
grandes puntos de inflexión históricos, como la Revolución Francesa, la
Reforma o la Primera y Segunda Guerra Mundial, a los que habitualmente
hacemos referencia en términos de "antes" y "después".
La Revolución de Octubre fue un hecho extraordinario y que no tiene precedente histórico. Como escribe Trotsky en al Prólogo
del libro: "En los dos primeros meses del año 1917 reinaba todavía en
Rusia la dinastía de los Romanov. Ocho meses después estaban ya en el
timón los bolcheviques, un partido ignorado por casi todo el mundo a
principios de año y cuyos jefes, en el momento mismo de subir al poder,
se hallaban aún acusados de alta traición. La historia no registra otro
cambio de frente tan radical, sobre todo si se tiene en cuenta que
estamos ante una nación de ciento cincuenta millones de habitantes. Es
evidente que los acontecimientos de 1917, sea cual fuere el juicio que
merezcan, son dignos de ser investigados".
Aquellos
que condenan la revolución bolchevique como un golpe de estado, es
decir, como el acto de una minoría no representativa, aún tienen que
explicar cómo es posible que una minúscula minoría de conspiradores sea
capaz de mover a millones de hombres y mujeres para que actúen contra
sus propios intereses. Llegados a este punto abandonamos el reino de la
ciencia y entramos en la visión mística de la historia, como si la
historia fuera obra de "grandes individuos", que deciden su curso
mediante el bien o el mal. No hay duda de que Lenin y Trotsky eran
grandes revolucionarios. ¿Pero por qué esa grandeza no fue suficiente
para derrocar el zarismo en 1905 o en 1912, o, por esa misma razón,
para derrocar el capitalismo en febrero de 1917?
Para
cualquier persona medianamente inteligente está claro que la teoría de
la historia como el producto de individuos malos o buenos no explica
nada. La teoría materialista no niega de ninguna manera el papel del
individuo en la historia. Basta con señalar que en el otoño de 1917,
sin la presencia de dos hombres, Lenin y Trotsky, la revolución no
habría tenido lugar en las mismas líneas. Pero para que Lenin y Trotsky
pudieran jugar un papel decisivo en los acontecimientos primero era
necesario que la historia preparase una concatenación particular de
circunstancias. Era necesario que los trabajadores y campesinos de
Rusia vivieran acontecimientos titánicos que les sacaran del letargo y
la rutina, que sacudiesen sus costumbres y tradiciones, que los empujara
hacia el camino de la lucha. Era necesario para ellos pasar por la
escuela del reformismo después de febrero y sacar las conclusiones
necesarias de su experiencia.
La
posibilidad de la revolución se basaba en estos factores, que crearon
una correlación de fuerzas de clase favorables para la transferencia
del poder al proletariado. Pero en muchas ocasiones, antes y después,
han existido condiciones objetivas igualmente favorables para la
revolución sin que culminasen en una transformación revolucionaria. La
diferencia decisiva en la Rusia de 1917 fue la presencia del factor
subjetivo: el partido y dirección revolucionaria.
Si
no hubiera existido el Partido Bolchevique, o si, en lugar de Lenin y
Trotsky hubiesen estado al frente Stalin, Kámenev o Zinoviev, sin duda
la Revolución de Octubre nunca se habría producido. En ese caso, los
historiadores burgueses y reformistas, de ayer y de hoy, hubieran
escrito historias señalando la total imposibilidad de llevar a cabo la
revolución socialista en la atrasada Rusia zarista. Ridiculizarían las
ideas de Lenin y Trotsky por utópicas debido a la debilidad de la clase
obrera, a su bajo nivel de educación, el poder del Estado zarista, el
tamaño de su ejército, su omnipresente policía secreta y otras cosas
por el estilo. Sí, a los reformistas nunca les faltan argumentos para
"demostrar" la imposibilidad de la revolución.
Estos argumentos no son nuevos. Los reformistas y demás defensores del status quo
han cantado la misma canción a lo largo de la historia, y aún hoy en
día la cantan. Son argumentos contra la posibilidad de las revoluciones
en general. Pero a pesar de toda la sabiduría de los reformistas, las
revoluciones han ocurrido en el pasado y ocurrirán en el futuro.
La necesidad de la revolución
Es
imposible comprender la historia de nuestra época sin haber estudiado
en profundidad la revolución rusa y los grandes acontecimientos
históricos que de ella derivaron. Ninguna persona inteligente puede
ignorar esta realidad. Es un hecho extremadamente inconveniente para
aquellos que defienden tercamente el status quo, que se
inclinan ante el sistema capitalista (la "economía de libre mercado")
en ese estado de reverencia que normalmente está reservado a la
religión, pretendiendo que las actuales relaciones socio-económicas
siempre han existido y, por consiguiente, siembre deben existir (de ahí
"el final de la historia").
Para
este tipo de personas la revolución en general es la fuente de todos
los males. Nada bueno, dicen ellos, puede salir de ahí. Y señalan de
modo triunfal el colapso de la Unión Soviética como la prueba
definitiva de su teoría. Sin embargo, incluso la consideración más
superficial de la historia demuestra inmediatamente la falsedad de este
argumento. Las revoluciones son acontecimientos raros y, por tanto, es
fácil presentarlas como simples aberraciones, desviaciones de la norma
imaginaria de cambio lento, pacífico y evolutivo de la historia. Estas
desviaciones de la "norma" son consideradas de la misma forma que la
locura; en realidad, para los filisteos, las revoluciones son
indistinguibles de la locura.
El
intento de establecer una línea rígida de demarcación entre la
evolución y la revolución carece de cualquier base científica. La
historia, como la evolución en el reino animal, conoce largos períodos
de cambio gradual (conocido por los científicos como stasis),
pero también conoce la transformación repentina, cuando el proceso
natural de cambio experimenta una aceleración extrema. En la naturaleza
estos períodos se caracterizan por la extinción de especies
anteriormente dominantes y el surgimiento de otras especies.
Durante
un largo período de tiempo muchos han negado esta idea. Pero los
descubrimientos de la paleontología moderna, principalmente asociados
al nombre de Stephen Jay Gould, han establecido de manera definitiva
que la línea de la evolución no es gradual, una curva ascendente e
ininterrumpida, sino una línea rota a intervalos por acontecimientos
espectaculares como la Explosión Cámbrica. Además, estos períodos de
rápida aceleración juegan un papel muy importante en el desarrollo de
las especies. Sin ellos, nuestra propia especie nunca se habría
desarrollado, el planeta aún estaría dominado por organismos
unicelulares y la discusión sobre el significado de la Revolución Rusa
sería un tanto irrelevante.
Las
revoluciones y las guerras han moldeado de una manera muy decisiva la
historia humana. Se producen debido a la existencia de contradicciones
insolubles en la sociedad de clases. La sociedad humana, al menos hasta
el momento actual, nunca se ha desarrollado de una manera planificada.
Como Trotsky señala, no está organizada como una máquina que un
ingeniero pueda reparar, sustituir las piezas gastadas y poner otras
nuevas. Todo lo contrario, las caducas relaciones de propiedad, las
leyes, estructuras estatales, la moralidad y la religión pueden
continuar existiendo mucho después de que se haya agotado su utilidad
histórica.
Durante
un período de tiempo largo, los hombres y las mujeres pueden tolerar
esta situación. La gente no recurre de buena gana a la revolución, sino
sólo como el recurso final. Cuando las contradicciones han alcanzado un
punto insoportable, la sociedad entra en una fase equivalente a lo que
es conocido en física como estado crítico. La cantidad se transforma en
calidad. Eso es lo que significa una revolución. Para liberarse de toda
la basura acumulada, la sociedad está obligada a recurrir a medidas
revolucionarias. Lejos de ser un acto de locura y una desviación de la
norma, las revoluciones juegan un papel necesario, sin ellas, la
humanidad nunca podría haber avanzado a un estado superior de
desarrollo.
Este
hecho, demostrado por toda la historia de los últimos 10.000 años, es
profundamente difícil de aceptar para los curas, pacifistas, políticos
reformistas y todos los defensores del status quo. Consideran
la situación actual, sus relaciones económicas, su moralidad y
religión, como algo eterno e inmutable. Pasan por alto el inconveniente
de que el capitalismo es un fenómeno histórico relativamente reciente,
que debe su existencia a revoluciones e insurrecciones violentas de
todo tipo, comenzando con la Reforma del siglo XVI. Este primer intento
de la burguesía de desafiar el orden católico-monárquico-feudal llevó a
una serie de guerras sangrientas por motivos religiosos que a lo largo
de cien años devastaron grandes extensiones de Europa.
De
este caos sangriento nació la primera República Holandesa, la primera
nación capitalista libre sobre el planeta. La revolución burguesa
inglesa del siglo XVII, cuando Oliver Cromwell y sus compañeros
ajustaron cuentas con la monarquía con métodos revolucionarios,
incluida la separación de la cabeza del rey de sus hombros, fue la
siguiente victoria decisiva de la burguesía. Más tarde, es verdad, la
burguesía inglesa, temerosa de las consecuencias de sus propios actos,
invitó al hijo gandul de Carlos para que regresara de Francia y
gobernara en colaboración con el parlamento burgués. El primer acto de
Carlos II fue desenterrar el cadáver de Cromwell y colgarlo.
Durante
mucho tiempo después la burguesía ha hablado con desprecio de su propia
revolución calificándola como "la gran rebelión". El historiador del
siglo XIX, Thomas Carlyle, escribió que, antes de que pudiera escribir
una historia decente sobre Cromwell, primero tuvo que desenterrar su
cuerpo de debajo de un montón de perros muertos. De la misma manera, la
burguesía francesa, en el doscientos aniversario de la gran Revolución
Francesa, desplegó una actitud miserable y maliciosa hacia los
jacobinos, presentando los acontecimientos de 1789-1793 como un período
lamentable de violencia y caos. Hubo algunos que incluso dijeron que a
Francia ¡le habría ido mejor si Luis XVI y María Antonieta hubieran permanecido en el puesto!
Si
la burguesía teme alabar las revoluciones que liberaron a la sociedad
del feudalismo hace doscientos o trescientos años, ¿cómo se puede
esperar una actitud objetiva hacia esas revoluciones donde la clase
obrera intentó liberarse de la dictadura del Capital? Después de
situarse sana y salva en el poder, la burguesía se convenció a sí misma
de que las revoluciones son siempre algo malo. Pagan a un ejército de
escribas profesionales y prostitutas a sueldo con licenciaturas
universitarias para que escriban historias que falsifican los hechos,
que presentan las revoluciones de una manera oscura y a todos los
revolucionarios como si fueran monstruos sedientos de sangre. El valor
científico de estas obras es cero. Pero su valor político para los
banqueros y capitalistas es incalculable.
¿Fue un golpe Octubre?
En el Prólogo de su obra, Trotsky hace una pregunta fundamental: ¿qué es una revolución? Y responde de la siguiente manera:
"El
rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la
intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En
tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por
encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de
este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los
parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando
el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen
las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus
representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de
partida para el nuevo régimen".
Y
continúa: "La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima
de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el
gobierno de sus propios destinos".
Aquí
tenemos la respuesta final a aquellos que intentan calumniar a los
bolcheviques como enemigos de la democracia. La verdad es que la
Revolución de Octubre fue la revolución más democrática y popular de la
historia. Millones de trabajadores y campesinos se movilizaron por la
transformación revolucionaria de la sociedad bajo la dirección del
Partido Bolchevique. Y el régimen que nació de Octubre fue el más
democrático que ha conocido jamás cualquier país.
Los
enemigos de Octubre intentan presentarlo como un simple golpe, planeado
y ejecutado por los bolcheviques a espaldas de las masas. El libro de
Trotsky demuestra lo contrario. Todo el trabajo de los bolcheviques,
particularmente después de que Lenin regresara en abril y comenzase a
reorientar el partido, se basó en el objetivo de ganar a las masas.
Significaba sobre todo ganar la mayoría en los soviets, donde los
bolcheviques al principio eran una pequeña minoría.
Es
una realidad constatada que cuando las masas comienzan a entrar en el
camino de la revolución lo primero que hacen es adoptar la línea de
menor resistencia. De manera inevitable giran hacia los partidos y
dirigentes ya conocidos, que normalmente son reformistas o centristas.
Estos prometen un futuro maravilloso sólo si las masas son pacientes.
Les piden que dejen a un lado sus reivindicaciones inmediatas y esperen
a las elecciones, a la asamblea constituyente, a la maquinaria del
parlamento, a los resultados de interminables debates y a los sofismas
"democráticos" de los abogados. En el caso de Rusia eso significaba
renunciar a un rápido final de la guerra, al pan y a la tierra, y
contentarse con los discursos y más discursos que les ofrecían los
reformistas
Los
bolcheviques en todo momento se basaron en las masas. Lenin llevó a
cabo una lucha incansable contra los ultraizquierdistas, que
inmediatamente plantearon la consigna de "no al gobierno provisional"
en un momento en que la mayoría de la población oprimida aún tenían
ilusiones en los dirigentes mencheviques y social-revolucionarios.
Lenina consideraba que antes de que los bolcheviques pudieran
conquistar el poder, primero debían "conquistar" a las masas, y que
esto se debía hacer mediante la combinación de su propia experiencia y
el trabajo paciente de los bolcheviques entre ellas. Esta táctica se
resumió en una grase de Lenin: "¡explicar pacientemente!"
El
aprendizaje de las masas requiere tiempo y experiencia. La conciencia
humana como norma no es progresista, menos aún revolucionaria. En
general es profundamente conservadora. Los hombres y las mujeres
normalmente se aferran a lo familiar, a lo conocido, se resisten a las
nuevas ideas y al cambio. Pero en determinados períodos, cuando las
formas sociales existentes se han convertido en un freno absoluto para
los medios de producción, cuando las viejas ideas, costumbre y
moralidad entran en conflicto con las necesidades apremiantes de la
gente, la psicología de las masas puede experimentar transformaciones
muy rápidas. Trotsky escribe:
"Por
tanto, esos cambios rápidos que experimentan las ideas y el estado de
espíritu de las masas en las épocas revolucionarias no son producto de
la elasticidad y movilidad de la psiquis humana, sino al revés, de su
profundo conservadurismo. El rezagamiento crónico en que se hallan las
ideas y relaciones humanas con respecto a las nuevas condiciones
objetivas, hasta el momento mismo en que éstas se desploman
catastróficamente, por decirlo así, sobre los hombres, es lo que en los
períodos revolucionarios engendra ese movimiento exaltado de las ideas
y las pasiones que a las mentalidades policiacas se les antoja fruto
puro y simple de la actuación de los ‘demagogos'".
En una revolución todo se convierte en su contrario. En las palabras de la Biblia:
"los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos".
Podemos observar lo mismo en cualquier huelga. Los trabajadores de una
fábrica determinada pueden permanecer pasivos durante muchos años.
Sobre la superficie para que nada sucede, pero debajo de esa superficie
de calma hierve un sentimiento de descontento. Tarde o temprano, por un
pequeño incidente, el ambiente subterráneo de descontento irrumpe en la
superficie en forma de una huelga. En toda huelga podemos ver el cambio
de ambiente que se produce entre los trabajadores. Sectores antes
atrasados, pasivos e inertes entran en acción. Pueden incluso saltar
sobre las cabezas de la capa políticamente más avanzada y organizada.
No es casualidad que Lenin afirmara, en 1917, que las masas siempre son
cien veces más revolucionarias que la mayor parte del partido
revolucionario.
En
julio, los bolcheviques habían conseguido ganar a la capa más avanzada
de los trabajadores y marineros de Petrogrado. Habría sido posible para
ellos tomar el poder en ese momento. Si Lenin y Trotsky hubieran
querido llevar a cabo un golpe, como pretenden sus críticos burgueses,
ese habría sido el momento de hacerlo. La gran mayoría de los
trabajadores y marineros en Petrogrado querían tomar el poder. Estaban
impacientes. Pero Lenin y Trotsky intentaron contenerles. ¿Por qué? Porque
comprendían que era necesario ganar a una mayoría decisiva de los
trabajadores y soldados, que aún no habían entendido el papel de los
dirigentes reformistas.
No
nada más perjudicial que separar a la vanguardia de las masas sobre la
base de un ambiente temporal de frustración e impaciencia. Es verdad
que los bolcheviques podrían haber tomado el poder en el rojo
Petrogrado en el mes de julio. Pero las fuerzas contrarrevolucionarias
se habrían levantado en las provincias más atrasadas y, enviado a los
soldados del frente contra Petrogrado, podrían haber aplastado la
revolución. Entonces, la revolución rusa habría entrado en los anales
de la historia como otra derrota heroica, como la Comuna de París.
La
cuestión del golpe no se planteó porque Lenin y Trotsky eran marxistas,
no aventureros ultraizquierdistas. Nunca se les ocurrió plantear la
cuestión del poder antes de que estuvieran seguros de haber ganado a la
aplastante mayoría de los trabajadores y marineros. Consiguieron
garantizar la mayoría decisiva en el congreso de los soviets, el órgano
más representativo y democrático de poder popular en toda Rusia. Sólo
entonces se movieron para tomar el poder, una acción que contó con el
apoyo entusiasta de las masas. Precisamente por esa razón, la toma del
poder fue algo tan pacífico. Fue pacífico porque, en el momento de la
verdad, nadie estaba dispuesto a luchar y morir por el gobierno
provisional, en completa bancarrota política. La victoria fue el
resultado de nueve meses de trabajo paciente, agitación y propaganda
del Partido Bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotsky.
Destino histórico de Octubre
En
los últimos dieciséis años, desde la caída de la URSS, ha nacido todo
un nuevo género literario histórico. Más que un género es toda una
nueva industria y, además, es una industria muy lucrativa. Cada año
aparecen una nueva pila de libros y artículos en el mercado, cada uno
con "nuevas y inesperadas revelaciones" sobre Lenin, Trotsky y los
bolcheviques. El propósito de esta nueva y rentable línea de producción
está bastante claro. En absoluto es servir a los intereses de la verdad
histórica o avanzar en la investigación científica, sino ensuciar el
nombre de los líderes de la Revolución Rusa y cubrirles con nuevas
calumnias.
Para
cualquier estudiante serio de la historia del bolchevismo y la
Revolución Rusa sería fácil rechazar estas ideas como cuentos de hadas
infantiles. Pero los cuentos de hadas, cuando se repiten con la
suficiente frecuencia, tienden a introducirse en la conciencia
colectiva. Y como todo buen cuento de hadas al final tiene su moraleja.
La moral que se nos invita a sacar de todo esto es bastante clara: no
intentéis cambiar la sociedad, porque las revoluciones siempre terminan
en una catástrofe. Por lo tanto, tienes que estar contento con lo que
tienes porque cualquier otra cosa que pase el límite será peor.
¿Estaba
justificada la Revolución de Octubre? La caída de la URSS parece
demostrar lo contrario. En la actualidad, hay una campaña feroz para
desacreditar las ideas del socialismo y "demostrar" que la revolución
rusa fue una gigantesca aberración, un error histórico que habría sido
mejor evitar. Pero en primer lugar, lo que fracasó en la Unión
Soviética no fue el socialismo, en el sentido comprendido por Marx,
Engels, Lenin y Trotsky, sino una caricatura monstruosa, burocrática y
totalitaria de socialismo. En segundo lugar, el argumento con
frecuencia repetido de que la Revolución de Octubre no consiguió nada,
es palpable y enérgicamente falso.
La
Revolución de Octubre fue un acto tremendo de emancipación social.
Acabó con cientos de años de opresión zarista. Despertó a las masas a
la vida política, fue una inspiración para toda una generación. Los
ideales democráticos y socialistas no sólo atrajeron a las masas
explotadas y oprimidas. También inspiraron a los mejores artistas e
intelectuales, que irresistiblemente fueron arrastrados a la causa de
la revolución. En una era de apostasía y cinismo, cuando la misma idea
de construir un mundo nuevo y mejor se topa con los desprecios
conocidos de la tribu de fariseos y renegados, es difícil imaginar el
espíritu de liberación que nació de la Revolución Rusa.
A
pesar de todos los horrores del estalinismo, la Revolución de Octubre
demostró en la práctica la superioridad de la economía planificada
nacionalizada. Demostró que era posible dirigir la economía de un
enorme país sin terratenientes, banqueros ni capitalistas privados. En
las palabras de León Trotsky, demostró la superioridad del socialismo,
no en el lenguaje de El Capital de Marx, sino en el lenguaje
del cemento, hierro, acero, carbón y electricidad. Gracias a las
ventajas colosales de la economía nacionalizada planificada, la URSS
hizo notables avances en educación, ciencia, arte y cultura. Un
territorio donde grandes sectores de la población eran analfabetos
antes de Octubre, experimentó una revolución cultural jamás conocida
antes por la historia.
En
las últimas décadas de existencia de la URSS, a pesar de todo el daño
infligido por la corrupta e ineficaz burocracia, su economía era
moderna y altamente desarrollada. Tenía más científicos y técnicos que
EEUU, Gran Bretaña y Alemania juntos. Eran científicos muy buenos, como
demostraron los éxitos brillantes del programa espacial soviético.
Incluso la CIA tuvo que admitir que, en ese terreno, la URSS estaba, al
menos, diez años por delante de EEUU.
¿Entonces,
si la URSS estaba tan desarrollada, por qué colapsó? La pregunta es
manifiesta y la respuesta la dio Trotsky en 1936, en una de las obras
más importantes del marxismo: La revolución traicionada. En
este libro, Trotsky explica que una economía planificada nacionalizada
necesita de la democracia como el cuerpo humano necesita oxígeno. Con
esta idea no quería decir la miserable caricatura de la democracia
burguesa formal, que sólo es una hoja de parra para encubrir la
dictadura de los grandes bancos y monopolios, sino una verdadera
democracia obrera donde las masas ejerzan el control directo sobre la
industria, la sociedad y el Estado, a través de consejos elegidos
democráticamente (soviets) sometidos a la constante revocación.
El
aislamiento de la Revolución Rusa, en condiciones de extremo atraso
cultural y económico, fue el terreno donde prosperó la burocracia,
hasta expulsar gradualmente a los trabajadores de los soviets y
concentra el poder en sus propias manos. Bajo Stalin, todas las
conquistas políticas de la Revolución de Octubre fueron eliminadas. La
burocracia se constituyó en una casta dominante que se elevó por encima
de la clase obrera y gobernó en su nombre.
Como
cualquier otra clase o casta dominante en la historia, la burocracia
utilizó el Estado para defender su poder y privilegios. Todos los
elementos de democracia obrera fueron eliminados brutalmente y
sustituidos con una dictadura totalitaria repulsiva. Esa burocracia
voraz, socavó y destruyó la economía nacionalizada planificada.
Finalmente, la tierra de Octubre retrocedió al capitalismo. Hoy en día
los antiguos dirigentes del PCUS que solían hablar de "socialismo" y
"comunismo" cantan alabanzas a la economía de mercado. Tienen razones
para ello por que han saqueado el estado y se han convertido en los
propietarios de los grandes monopolios privados.
Lo
que no pueden explicar es cómo una nación que, en 1917 estaba más
atrasada que Pakistán hoy, consiguió transformarse rápidamente en la
segunda nación más poderosa del planeta. La URSS consiguió, sin ayuda,
derrotar a la Alemania de Hitler que disponía de todos los recursos de
Europa. De igual forma consiguió, después de la guerra y sin la ayuda
del Plan Marshall, reconstruir un país que había perdido 27 millones de
personas, más que el resto de países juntos.
Y
¿qué dicen hoy estos admiradores del capitalismo sobre la Rusia actual?
La restauración del capitalismo no ha supuesto ningún beneficio para
los pueblos de la antigua URSS. El regreso al capitalismo ha traído
miseria para la aplastante mayoría de la población. Ha provocado el
resurgimiento de todas las características más repugnantes y
degeneradas del pasado bárbaro de Rusia: suciedad e ignorancia,
superstición y pornografía, la Iglesia Ortodoxa y la prostitución,
antisemitismo y el fascismo de las Centurias Negras. Junto con el
colapso del servicio sanitario, tenemos una epidemia sin precedentes de
enfermedades, alcoholismo, drogas y sida. Como pronosticó Trotsky, el
regreso al capitalismo en la Unión Soviética ha provocado un declive
sin precedentes de las fuerzas productivas. Sus efectos en todas las
esferas de la ciencia, el arte, la música y la cultura en general han
sido catastróficos.
En
lugar del monstruoso régimen corrupto de la burocracia estalinista,
tenemos el aún más monstruoso y corrupto régimen de Putin. En vano, los
fariseos burgueses de occidente retuercen sus manos y se quejan.
Trabajaron duro por la restauración del capitalismo en Rusia y con la
ayuda incalculable de la burocracia, consiguieron lo que querían. Pero
este es el único tipo de capitalismo que el pueblo de Rusia puede
esperar.
La
existencia de enormes reservas de gas y petróleo, la demanda de
materias primas rusas, han creado el actual boom económico inestable
que ha dado al régimen una apariencia temporal de consistencia. Pero
debajo de la superficie se está acumulando un tremendo descontento. Se
están creando las condiciones para una explosión tras otra.
Si
en Rusia hubiera existido un Partido Bolchevique verdaderamente
leninista, incluso con los 8.000 militantes que el partido tenía en
marzo de 1917, la crisis del régimen rápidamente podría haber llevado
al derrocamiento de la decrépita burguesía rusa y el regreso a un
régimen de democracia soviética leninista a un nivel superior que en
1917. Pero décadas de totalitarismo estalinista destruyeron casi
totalmente el legado del leninismo. El Partido Comunista de la
Federación Rusa (PCFR) es un partido comunista sólo de nombre, y ha
demostrado su incapacidad orgánica de proporcionar una dirección
revolucionaria.
La
nueva generación de trabajadores rusos necesitará tiempo para recuperar
su fuerza y volver a descubrir el camino de la revolución socialista.
Eso sólo se puede conseguir regresando a las ideas, programa y
tradiciones del bolchevismo-leninismo. Redescubrirán las ideas
verdaderas y profundas de Lenin y, sobre todo, de su fiel compañero de
armas, el defensor infatigable de los ideales de Octubre, ese gran
marxista, revolucionario y mártir de la clase obrera: León Davidovich
Trotsky.
Fundación Federico Engels
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