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“Qué
parte de la palabra ‘libertad’ no entienden?” –
Pancarta hecha
a mano llevada por un niño en la manifestación de St.
Paul (Minneapolis)
“Es mejor
morir de pie que vivir de rodillas”. Emiliano Zapata
La multitud
se extendía más allá de lo que podía
alcanzar la vista y oleadas de aplausos se podían oír
entre las miles de coloridas pancartas y banderas en un bramido que
aparentemente no se podía detener. El ambiente de celebración
era interrumpido por cánticos militantes, música de
mariachis, tambores aztecas y gaitas irlandesas que llenaban el aire.
Esta es la escena que en un grado u otro se ha repetido a través
de EEUU durante las últimas semanas, cuando millones de
inmigrantes y trabajadores tomaron las calles en las movilizaciones
sociales más masivas en décadas. Nadie temía a
“la migra” (servicio inmigración), se podía ver el
sentimiento de fuerza y solidaridad, el gigante dormido del
movimiento por los derechos de los inmigrantes comienza a despertarse
a gran escala. Durante las últimas semanas se ha convertido en
el debate más importante del país.
Las
manifestaciones y las marchas se han venido sucediendo en docenas de
ciudades de todo el país desde principios de año. Pero
realmente fueron noticia cuando en Chicago se juntaron 500.000
personas y en Los Ángeles más de un millón.
Inspirándose en estas manifestaciones inesperadas e
históricas, millones de trabajadores indocumentados salieron a
la calle en una oleada de movilizaciones los pasados días 9 y
10 de abril: 40.000 en St. Paul; 5.000 en San Francisco; 30.000 en
Madison; 3.000 en Providence; 5.000 en St. Louis; 25.000 en Seattle;
75.000 en Ft. Meyers; 500.000 en Dallas (una ciudad con 1,2 millones
de habitantes) y centenares de miles más en ciudades grandes y
pequeñas, al este y al oeste, al norte y al sur. En varias
ciudades participaron los estudiantes de secundaria con sentadas y
también algunas facultades han visto una amplia participación
estudiantil, incluida UC Berkeley, el semillero del movimiento contra
la guerra de Vietnam en los años sesenta.
Estas
manifestaciones de masas han sido organizadas fundamentalmente por
coalición de organizaciones por los derechos de inmigrantes
además de activistas obreros y comunitarios. Los medios de
comunicación hispanos también han jugado un papel vital
en la movilización de este número de personas, pero
sólo ha podido suceder por que sus llamamientos a la
participación encontraban un terreno abonado que permitían
estos resultados tan espectaculares. Y aunque la mayoría de
los inmigrantes en las calles eran hispanos, también había
miles de inmigrantes de todas las partes del mundo, muchos de ellos
movilizándose a favor de la reunificación familiar.
Una de las
características principales de estas manifestaciones ha sido
la pérdida del temor por parte de millones de personas
acostumbradas a mirar constantemente por encima de sus hombros o a
mantener la cabeza agachada. Se podía sentir el alivio y la
alegría de los participantes porque finalmente han conseguido
expresar libremente todas sus frustraciones y aspiraciones. Junto con
el poderoso César Chávez y el canto unificador: “¡Sí
se puede!”, consignas como: “¡El pueblo unido jamás
será vencido!” llenaban el aire.
El ambiente
general era de amplia unidad y celebración, pero algunas
consignas y pancartas eran mucho más militantes y con
contenido de clase, incluso revolucionario. Por ejemplo: “¡Aquí
estamos, aquí nos quedamos, si nos deportan, regresaremos!,
¡Arriba, arriba con el trabajador, abajo abajo con el
explotador!” Camisetas con el Che Guevara y Emiliano Zapata eran
algo común, consignas como “¡Viva la revolución!
¡Viva Zapata!” eran coreadas por algunos. Las tradiciones
revolucionarias del pueblo mexicano y sus hermanos y hermanas de
América Latina no están muertas ni enterradas.
Explotación
y racismo
Aunque estas
manifestaciones parecen que han estallado de la nada, las
contradicciones sociales, económicas y políticas que
han creado el escenario para este movimiento de masas llevan décadas
acumulándose debajo de la superficie de la sociedad
norteamericana. Durante generaciones, millones de inmigrantes de todo
el mundo, sobre todo de América Latina, han vivido en las
sombras de la sociedad estadounidenses, trabajando duro para
conseguir un nivel de vida decente para ellos y sus familias. Lejos
de ser “criminales” o “terroristas” como pretenden los medios
de comunicación de derechas, los trabajadores inmigrantes
están entre los que trabajan más duro y que más
sufren del planeta. Sus familias a menudo dependen del dinero que
pueden enviar a su país de origen, por eso a menudo no quieren
problemas.
Pero los
problemas les buscan a ellos. Los políticos de ambos partidos
juegan con las vidas de millones de personas en un intento de
conseguir votos para las elecciones de este año. También
esperan distraer a la opinión pública de la pesadilla
de Iraq y el descontento con la economía jugando una vez más
con la “seguridad nacional”. La ley HR4437, presentada por el
congresista de Wisconsin James Sensenbrenner, es un ataque violento
contra los derechos de los trabajadores sin documentos, y por
extensión, contra los derechos de la clase obrera
estadounidense.
¿Trabajos
mal pagados e incluso no pagados? Trabajadores sin documentos.
¿Trabajo peligroso casi como un esclavo expuesto a productos
químicos tóxicos? Trabajadores sin documentos.
¿Violencia y extorsión por parte de los empresarios y
la policía que saben que un trabajador sin documentos tiene
difícil quejarse? Trabajadores indocumentados. ¿Insultos
racistas o ser tratados como ciudadanos de segunda clase?
Trabajadores indocumentados. ¿Ningún derecho político,
sindical e incluso civil? Trabajadores indocumentados. ¿Deportaciones
por intentar organizar un sindicato y el temor constante a las
redadas del servicio de inmigración? Trabajadores
indocumentados. ¿La separación repentina y traumática
de las familias debido a las deportaciones? Trabajadores
indocumentados. Todas las esperanzas es que sus hijos e hijas vivan
mejor. Pero tan como están las cosas en la sociedad y en la
naturaleza, se ha llegado a la “gota que ha colmado el vaso”
donde han dicho “ya es suficiente”.
Como hemos
explicado en otros artículos, la ley propuesta por
Sensenbrenner es una batería de medidas reaccionarias que
criminalizarían a millones de trabajadores indocumentados y a
cualquiera que se atreva a ayudarles. El simple hecho de dar a un
inmigrante indocumentado un vaso de agua después de caminar
días por el desierto podría ser castigado con la
cárcel. La ley también prevé la construcción
de un muro que separe la frontera con México y la deportación
obligatoria de millones. Esta ley arrogante y racista fue la “gota
que colmó el vaso”.
Ahora
intentan buscar soluciones de “compromiso”. Pero ninguna de las
propuestas se ha consultado con los trabajadores inmigrantes, sus
familias o con el movimiento obrero en general. Programas de
“trabajador invitado” o “en camino de la ciudadanía”,
son algunos de los intentos de dividir a los trabajadores inmigrantes
basándose en el tiempo que llevan en EEUU. Pero lo que
realmente es necesario es una reforma de la ley de inmigración
y de los documentos de residencia para que todo el que lo desee pueda
trabajar. El movimiento ha cogido un impulso tremendo y no debería
detenerse hasta conseguir los mismos derechos que todos los
trabajadores, tanto nativos como nacidos en el extranjero.
No es
sorprendente que algunos empresarios se opongan a esta legislación
draconiana que amenaza su fuente de mano de obra barata. Muchos
empresarios apoyan la presencia de trabajadores inmigrantes en el
país porque sin ellos muchas industrias no funcionarían.
Los inmigrantes permiten a los empresarios extraer mayores beneficios
de toda la clase obrera, imponiendo la competencia entre trabajadores
“con documentos” y “sin documentos”, presionando a la baja
los salarios en una economía donde es difícil encontrar
un empleo. La ausencia de protecciones legales contra los salarios
bajos o impagados, las condiciones laborales inseguras, las malas
condiciones de la vivienda, hace que los trabajadores sin documentos
sean víctimas de la superexplotación y aumenten los
beneficios. Enfrentando entre sí a los trabajadores, los
empresarios pueden desviar nuestra atención del problema real:
un sistema económico que pone los beneficios antes que las
personas.
Conciencia
de clase
La base del
movimiento por los derechos de los inmigrantes tiene una perspectiva
obrera debido a su aplastante composición obrera. La comunidad
inmigrante está formada por millones de trabajadores que hacen
los trabajos más difíciles y tediosos del país.
Según el AFL-CIO, los accidentes laborales entre los
trabajadores extranjeros han aumentado un 46 por ciento entre 1992 y
2002.
Se calcula
que 11 millones de trabajadores inmigrantes viven en EEUU sin
documentos, ellos forman la principal columna vertebral de la
economía norteamericana: como trabajadores agrícolas
rompiéndose la espalda en los cultivos, como asistentas y
conserjes en hoteles y complejos de oficinas, como empaquetadores de
carne, en las fábricas, en la construcción, en las
cocinas y comedores de los restaurantes.
Debido a la
crisis económica en sus países de origen, millones han
tenido buscar una vida mejor al otro lado de Río Grande. Esta
situación es el resultado directo de la política
exterior de EEUU y la política neoliberal del Banco Mundial,
FMI y acuerdos de “libre comercio” como el ALCA. Muchos también
han escapado de la persecución política y han tenido
que reconstruir sus vidas en las “entrañas de la bestia”,
el país cuya política les ha obligado a huir de sus
hogares en primer lugar. Después de huir de la persecución
y la dureza económica en casa, ahora se enfrentan a la misma
situación aquí: en la tierra de “la leche y la miel”.
No es
sorprendente por tanto que millones hayan llegado a la conclusión
de que deben ponerse firmes y luchar por sus derechos. Por ejemplo,
en un giro irónico y dialéctico de la historia, sólo
en Washington hay unos 600.000 salvadoreños expatriados,
muchos debido a la guerra sucia patrocinada por EEUU en los años
ochenta. Ahora están comenzando a organizarse y a expresar su
ardiente deseo de justicia social luchando por los derechos de los
inmigrantes, justo a la sombra de la Casa Blanca y el Pentágono.
“Gran
paro nacional”
Millones de
trabajadores de todo el mundo celebran el 1º de Mayo −el día
internacional de los trabajadores− pero muchos no saben que la
tradición comenzó aquí en EEUU, como parte de la
amarga lucha por las 8 horas diarias. A lo largo de los años,
este día en EEUU es celebrado sólo por unos pocos
sindicalistas y activistas. El Día del Trabajo se pasó
al final del verano y se ha convertido en “un largo fin de semana
veraniego para hacer barbacoas y beber cerveza”, un intento
consciente de eliminar su contenido de clase al día. Este 1º
de Mayo, sin embargo, verá regresar su contenido de clase
original como día internacional de la solidaridad de la clase
obrera.
El
movimiento por los derechos de los inmigrantes está entrando
en una nueva etapa y decisiva.
Comenzando
con un llamamiento a la acción en Los Angeles, el movimiento
por un “gran paro nacional” se ha extendido como una bola de
fuego. La convocatoria por un “día sin inmigrantes” −sin
ir a la escuela, el trabajo, el boicot a los comercios al por menor,
para demostrar el poder económico de los trabajadores
inmigrantes y sus familia−. Esto es una reminiscencia de la
película cómica: Un día sin un mexicano,
sólo que ahora se está haciendo realidad. Los medios de
comunicación hispanos han recogido la convocatoria con
entusiasmo, se están celebrando asambleas comunitarias en todo
el país para discutir esta cuestión.
Aunque
millones de trabajadores indocumentados tienen motivos de queja
contra sus empresarios, la convocatoria de paro del 1º de Mayo
no es una “huelga” en el sentido clásico de la palabra: un
intento de conseguir mejores salarios y condiciones labores de un
empresario. Es un intento de demostrar la importancia de estos
trabajadores y sus familias en la economía. Pero es inevitable
que en muchos casos el resentimiento con los bajos salarios y malas
condiciones laborales juegue un papel importante a la hora de
aumentar la proporción del paro.
Para miles
de trabajadores indocumentados y sus aliados con documentos, no es
una cuestión de participar o no en una huelga general, es
cuestión de organizarse, y ya han decidido seguir adelante con
ello. En muchos centros de trabajo se han formado comités para
que no se trabaje el 1º de Mayo. Es de prever que esto provoque
despidos. El ambiente entre muchos es de desafío a los
empresarios que intenten evitar que no sigan adelante con ello.
Muchos creen que si pierden sus empleos a las pocas semanas pueden
ser deportados. Pero ahora han comenzado a tomar el destino en sus
manos y están decididos a seguir adelante sin que nadie les
pare.
El efecto
del paro laboral del 1º de Mayo puede ser muy poderoso. En
algunas industrias de servicios la gran mayoría de los
trabajadores son inmigrantes, la ausencia de estos trabajadores se
dejaría notar. En algunos hoteles el 90 por ciento de las
camareras son hispanas. Se calcula que nacionalmente, uno de cada
tres trabajadores de restaurantes no tiene documentos. The Wall
Street Journal daba la siguiente información: Según
el Pew Hispanic Center, de los 1,5 millones de trabajadores de la
industria hotelera, 150.000 no tienen documentos. En la manufactura
alimenticia, de los 1,5 millones de trabajadores 210.000 no tienen
documentos. Hay 1,2 millones de trabajadores en el sector de
jardines, de éstos 300.000 no tienen documentos. El boicot a
las empresas de venta al por menor el 1º de Mayo también
tendría su impacto económico, se espera que millones de
trabajadores inmigrantes participen además de otros muchos en
solidaridad con ellos.
El paro,
incluso en un solo sector de la clase obrera, es un paso serio y debe
prepararse metódicamente. Deberíamos formar
inmediatamente comités de acción en cada centro de
trabajo, escuela, barrios y discutir los preparativos para el 1º
de Mayo, incluido un plan de acción para coordinar una
respuesta masiva contra los empresarios que despidan a trabajadores
por no ir a trabajar ese día. Estos comités de acción
se han formado ya en muchos centros de trabajo pero debemos
vincularlos enérgicamente a nivel local, estatal y nacional.
Se deben hacer esfuerzos para unir a trabajadores de todos los
sectores de la economía, especialmente sindicalistas que saben
muy bien que una ofensa a uno es una ofensa a todos.
Unidad de
clase
Muchos
sindicalistas e incluso sindicatos locales, han apoyado el movimiento
por los derechos de los inmigrantes, especialmente en la industria de
servicios. Muchos militantes están apoyando totalmente el paro
y se han manifestado en contra de las principales propuestas
debatidas en el Congreso, en particular el sistema de dos clases que
relegaría a los “trabajadores invitados” a permanentes
ciudadanos de segunda clase.
El Local 952
del sindicato de Carpinteros en Cosa Mesa recientemente aprobó
una resolución pidiendo la legalización de los
trabajadores inmigrantes y contra del programa de “trabajador
invitado”. Condenaban las alternativas que se estaban debatiendo en
el Congreso porque no “hacen nada para eliminar los incentivos
económicos que tienen empresarios sin escrúpulos para
contratar y explotar a trabajadores inmigrantes, no hacen nada por
los 11 millones de trabajadores que tenemos en el país
contribuyendo a nuestras comunidades”.
Esta
resolución continúa diciendo que el “sindicato se
opone a cualquier forma de sanción empresarial porque
históricamente han sufrido las ‘sanciones empresariales’
en forma de despidos de trabajadores por organizar sindicatos y
practican la discriminación en el empleo. El sindicato se
‘opone a las propuestas de trabajadores invitados porque estos
programas ‘de braceros modernos’ crean un estatus de servidumbre
para los trabajadores’”.
El ambiente
de muchos trabajadores se puede ver en la siguiente anécdota
que recogía David Bacon en su artículo Congreso Must
Face Reality – Immigrants Want Equality?:
“Cuando el
senador John McCain, copatrocinador del plan de trabajador invitado
del Senado, intentó esta semana defenderlo ante una audiencia
de sindicatos de la construcción en su estado, fue abucheado.
Les dijo a los trabajadores de la construcción que incluso un
salario de 50 dólares a la hora no estarían dispuestos
a coger lechugas, queriendo decir que sólo los mexicanos
estarían dispuestos a hacer el trabajo agrícola. Para
algunos en la audiencia, los comentarios de McCain recordaban al
antiguo senador de California George Murphy, que tristemente declaró
en los años sesenta que sólo los mexicanos llevarían
a cabo este tipo de trabajo porque ‘ellos están más
cerca del suelo’. Sobra decir que McCain en realidad no incluía
en su ley ninguna garantía salarial para los ‘trabajadores
invitados’, mucho menos 50 dólares la hora (unas cinco veces
más que los recogedores actuales de lechuga)”.
Incluso la
burocracia del AFL-CIO está a favor de una fuerte reforma de
la ley de inmigración. Linda Chavez-Thompson, vicepresidenta
del AFL-CIO recientemente dijo lo siguiente:
“Nos
basamos en su trabajo cotidiano. Los derechos básicos de estos
trabajadores, un salario mínimo, un trabajo seguro y trato
justo, son constantemente pisoteados. Esta explotación nos
afecta a todos, tanto a extranjeros como nativos, la revisión
de las leyes de inmigración de nuestra nación es
esencial para conseguir este objetivo.
“Trágicamente,
todas las reformas de inmigración propuestas que actualmente
circulan por los pasillos del Congreso no protegen ni siquiera los
derechos básicos de los trabajadores inmigrantes y sus
familias. Una reforma efectiva debe incluir tres objetivos
interdependientes...
“En primer
lugar, nuestra gobierno debe imponer uniformemente unas leyes en los
centros de trabajo. Todos los trabajadores, incluidos los
inmigrantes, deberían ganar un salario mínimo, tener
trabajos seguros y recibir un trato justo. Cuando los inmigrantes son
tratados mal, las condiciones en los centros de trabajo empeoran para
todos los trabajadores. En segundo lugar, debemos rechazar los
programas de ‘trabajadores invitados’. Porque estos trabajadores
dependen totalmente de los empresarios tanto para su vida como para
su estatus legal, los trabajadores invitados son carne de
explotación. “Y por último, debe existir un camino a
la residencia permanente para los trabajadores inmigrantes que ya
están aquí”.
La unidad de
toda la clase obrera en la defensa de los trabajadores inmigrantes
tiene una importancia fundamental. El coraje de los trabajadores
indocumentados que se enfrentan a la deportación sólo
por reivindicar sus derechos básicos es una inspiración
para toda la clase obrera. Los empresarios pueden ver claramente el
peligro de trabajadores sin documentos uniéndose con el resto
de sus hermanos y hermanas de la clase obrera, ellos buscan
dividirnos.
En la época
de decadencia económica capitalista sólo hay migajas,
en realidad, los empresarios cada vez quieren imponer más
ataques y arrancar más concesiones de los trabajadores. Con
los trabajadores inmigrantes en primera línea, el movimiento
obrera en su conjunto puede finalmente hacer frente a la ofensiva de
los empresarios que nos han mantenido a la defensiva durante casi
tres décadas.
Embrión
revolucionario
El
desarrollo del movimiento en muchos sentidos es un microcosmos de una
revolución, con implicaciones importantes para el futuro y con
lecciones importantes que la clase obrera y los revolucionarios deben
absorber. Todas las alzas y bajas de un proceso revolucionario, los
avances y las retiradas, el optimismo y la confianza seguidos por el
pesimismo y el derrotismo, se adueñan del movimiento en
diferentes etapas. El rápido aumento de la conciencia ha
llevado a una situación muy dinámica y fluida.
En muchas
ciudades la energía de las masas ha barrido a un lado a la
dirección tradicional del movimiento por los derechos de los
inmigrantes, que se había acostumbrado a décadas de
trabajo lento y batallas por reformas menores, pero ahora no pueden
mantener el movimiento como en el pasado y en muchos casos se han
convertido en un obstáculo para el avance del movimiento. Cada
vez más la base está poniendo el ritmo al movimiento y
surgen nuevos dirigentes y portavoces.
La
organización del movimiento ha sido impresionante, superando
las mejores expectativas de los organizadores. Los que están
participando en el movimiento surgirán de este proceso con una
gran experiencia y perspicacia, está claro que muchos de los
mejores dirigentes de la futura revolución socialista de EEUU
surgirán de la base de este movimiento. Pero la organización
metódica y la dirección de confianza y probada con
raíces profundas en la clase obrera no puede salir en el calor
de la lucha.
La necesidad
de un partido revolucionario que luche con el resto de nuestra clase
es algo vital. No es una forma de minimizar el espíritu de
lucha y creatividad de la clase obrera, sabemos muy bien que los
movimientos y oportunidades revolucionarias no surgen todos los días.
Debemos construir una dirección revolucionaria experimentada y
previsora que se vincule orgánicamente con las luchas de
nuestra clase. De no ser así, todo el entusiasmo y energía
de estos movimientos podría disiparse sin conseguir nuestro
objetivo final: acabar con este sistema explotador de una vez por
todos. Hombro con hombro con la clase obrera, podemos y cambiaremos
esta sociedad.
¿Y
ahora qué?
El
movimiento ha conseguido un impulso tremendo y no podemos quedarnos
aquí. El impresionante despliegue de solidaridad que hemos
visto estas últimas semanas no se puede disipar. El paro del
1º de Mayo pretende demostrar a los empresarios y su gobierno
que estos millones de trabajadores y sus familias son esenciales para
la economía. Si el 9 y el 10 de abril son una prueba, si nos
organizamos como hemos descrito anteriormente, el mensaje será
alto y claro. ¿Pero cuáles son nuestros objetivos a
largo plazo?
Los
senadores continúan negociando entre sí siguiendo sólo
sus cálculos electorales. No les preocupan el destino de los
millones de personas que tienen que decidir. Por lo tanto,
necesitamos dejar claro que exigimos una amnistía general para
todos los trabajadores sin documentos, documentos para todos y un
sistema eficaz de conseguir la ciudadanía para todo el que
quiera.
Los hispanos
son la minoría más grande del país, millones
están entre los trabajadores más oprimidos de la
sociedad norteamericana. Durante años hemos explicado que
debido a sus condiciones de vida, estos trabajadores estaban
destinados a jugar un papel de dirección en la lucha de la
clase obrera para cambiar la sociedad. Ahora se está haciendo
realidad. Son cientos de miles que nunca habían participado en
una política y que ahora están dispuestos al paro
laboral y al boicot. Esto demuestra lo rápidamente que puede
cambiar la conciencia basándose en el cambio de condiciones.
En la
actualidad existe un sentimiento general de “unidad inmigrante”,
independientemente de la clase. Por ejemplo, muchos empresarios
hispanos están apoyando el movimiento por ahora y están
de acuerdo en dar libres a sus trabajadores el 1º de Mayo. Sin
embargo, esta “primavera” del movimiento no durará
siempre. Finalmente se tendrá que dividir en líneas de
clase, los intereses de los empresarios y los intereses de los
trabajadores entrarán en colisión. Los empresarios
inmigrantes que ahora tienen la ciudadanía son de los peores
explotadores de sus comunidades, saben que los recién llegados
sólo tienen la opción de aceptar los salarios y
condiciones que les ofrecen.
Los únicos
aliados de los trabajadores sin documentos son los otros
trabajadores. Para conseguir esto, los trabajadores indocumentados
deben unirse con el resto de la clase obrera, vincular su lucha por
los derechos de los inmigrantes con los otros movimientos sociales y
luchas que se están desarrollando en el país, incluido
el movimiento contra la guerra y sobre todo el movimiento obrero. ¡En
la unidad de los trabajadores está la fuerza!
¡La
revolución mundial!
El mundo
está en rebelión. Las manifestaciones de masas en
Francia y la derrota del CPE demuestran que con la lucha unida,
podemos incluir en los políticos que en tiempos normales no
consultan con nosotros. En América Latina, el proceso
revolucionario en Venezuela está enviando ondas sísmicas
a todo el continente. Se están preparando convulsiones
colosales en México y tendrán un efecto en EEUU, con un
largo alcances, sobre todo después de la reciente muestra de
fuerza de los trabajadores hispanos, la mayoría de los cuales
son mexicanos.
Las
manifestaciones de masas por los derechos de inmigración de
estas últimas semanas son sólo una prueba de lo que va
a ocurrir con otros sectores de la sociedad estadounidenses, cuando
éstos se unan con los trabajadores sin documentos en una lucha
unida contra el decadente sistema de beneficio. Desde Tierra del
Fuego hasta Alaska, la clase obrera unida va a cambiar este
continente y pondrá fin a la miseria de la explotación
de una vez por todas.
¡Una
ofensa a uno es una ofensa a todos!
¡Por
una reforma de la ley de inmigración que satisfaga las
necesidades de todos los trabajadores!
¡Papeles
para todos los trabajadores inmigrantes y sus familias!
¡Aceleración
del proceso de adquisición de la ciudadanía
estadounidense y del proceso de reunificación familiar!
¡Por
la unidad de toda la clase obrera y la juventud en la lucha por los
derechos de los inmigrantes!
¡Por
la organización de comités de acción en cada
fábrica, instituto, barrios, vinculándolos local,
regional y nacionalmente para la huelga general/boicot del 1º de
Mayo!
¡Por
el final del ALCA y otros acuerdos comerciales que obligan a buscar
refugio económico lejos de sus hogares!
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