Por un programa auténticamente socialista para resolver la cuestión nacional
1. .
El miércoles 22 de marzo de 2006, ETA dio a conocer un comunicado en el
que declaraba un alto el fuego permanente. Este pronunciamiento ha
estado precedido por casi tres años de ausencia de victimas mortales en
la actividad armada de ETA y por insistentes manifestaciones públicas
de los dirigentes de la izquierda abertzale a favor de una “solución
negociada” para la pacificación de Euskal Herria. En este sentido la
más destacada ha sido la llamada propuesta de Anoeta, en la que la
Izquierda Abertzale ha propuesto la creación de dos mesas para la
resolución del conflicto, una entre ETA y el Gobierno español para
hablar exclusivamente de armas, presos y víctimas, y otra entre todas
las organizaciones políticas del País Vasco que permita establecer un
nuevo marco político para encarar la superación de la violencia.
Es un hecho obvio que la declaración de ETA constituye un
acontecimiento de gran calado que marcará el escenario político de los
próximos meses y años. Para los marxistas revolucionarios de Euskal
Herria y del Estado español agrupados en Ezker Marxista y El Militante,
la renuncia a la actividad armada por parte de ETA es una buena noticia
que, sin lugar a dudas, ha sido determinada por el movimiento de masas
desarrollado a lo largo y ancho del Estado español durante estos
últimos seis años.
2. El texto de la declaración de ETA, muy breve, ha sido
probablemente consensuado tras una larga y cuidadosa elaboración por lo
que podemos pensar que se trata de una propuesta realmente seria y
creíble, a pesar de la reacción histérica de los medios del PP que
saben que el avance de este proceso fortalecerá electoralmente al PSOE
y a la propia Izquierda Abertzale.
Este alto el fuego permanente se produce después de unas semanas
de enorme tensión tras la muerte de dos presos y la tremenda represión
de la Ertzantza contra las ultimas manifestaciones desarrolladas en
Euskal Herria; de medidas judiciales absolutamente reaccionarias contra
dirigentes de la Izquierda Abertzale, que todavía podrían conducir a
Arnaldo Oteguí a la cárcel y tras una ofensiva de la derecha, en la
calle, en el parlamento y en todos los medios de comunicación afines
insistiendo en la supuesta capitulación del gobierno del PSOE ante el
“terrorismo”. Estos hechos demuestran claramente la existencia de
enormes presiones desde la derecha y amplios sectores del aparato del
estado para sabotear cualquier negociación que pudiese culminar
positivamente. Igualmente, como los hechos han puesto de manifiesto, la
burguesía vasca a través del PNV no está dispuesta a dejarse arrebatar
el protagonismo del que ha gozado en estos años, cuando de la manera
más demagógica ha “clamado” por los derechos democráticos de Euskal
Herria, mientras en la práctica aplicaba todas y cada una de las
medidas represivas decididas por el PP y el aparato del Estado.
3. ETA en su declaración afirma que “la superación del
conflicto, aquí y ahora, es posible”. Para lograrlo, ETA hace “un
llamamiento a todos los agentes para que actúen con responsabilidad y
sean consecuentes ante el paso dado (...) Es tiempo de compromisos.
Todos debemos asumir responsabilidades para construir entre todos la
solución democrática que el Pueblo necesita”.
El comunicado de ETA reproduce fielmente el lenguaje político
utilizado por el IRA en 1995, cuando éste decretó la tregua que
finalmente condujo al abandono de las armas y la negociación del
acuerdo de Stormont. En los dos comunicados hechos públicos por ETA no
hay la menor referencia explicita al derecho de autodeterminación,
salvo el reconocimiento de la necesidad de “construir un marco
democrático para Euskal Herria, reconociendo los derechos que como
pueblo le corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de
desarrollo de todas las opciones políticas”. Tampoco hay ninguna
mención al socialismo, salvo un llamamiento “a los ciudadanos y
ciudadanas vascas en general y a los militantes de la Izquierda
abertzale en particular, para que se impliquen en este proceso”.
Los comunicados de ETA han sido recibidos en Euskal Herria entre
la expectativa lógica ante una situación novedosa, aunque largo tiempo
esperada, y el escepticismo de que los objetivos por los que se ha
estado luchando durante tanto tiempo, como el derecho de
autodeterminación y la unidad territorial que se han marcado como
claves para iniciar este proceso, se puedan lograr. El mismo ambiente
contradictorio parece haberse vivido en el colectivo de presos
políticos vascos, entre quienes mostraban la euforia por una posible
vuelta a casa y un sector amplio que expresaban más cautela en los
posibles resultados. Todo esto, tras cuatro décadas de actividad armada
que ha provocado un rechazo profundo en la mayoría de la sociedad y un
debilitamiento gradual de ETA y de su base de apoyo.
En cualquier caso esta declaración de alto el fuego permanente ha
desatado también numerosas ilusiones y esperanzas, especialmente entre
sectores de la militancia de la izquierda abertzale que la consideran
como un paso decisivo para la resolución del problema de los presos y
los refugiados vascos. También entre el conjunto de la clase obrera
vasca y del Estado español la declaración de alto el fuego permanente
crea, pese a las iniciales reservas, enormes expectativas.
4. La declaración de ETA es un reconocimiento explícito de que
solo la acción de masas, basada en un genuina política socialista,
podrá lograr la consecución de los derechos democráticos de las
nacionalidades históricas. Esta es la gran lección. Años de acciones
armadas solo han servido para fortalecer el aparato represivo del
Estado, convirtiéndose en una excusa perfecta para el recorte masivo de
los derechos democráticos; años basándose en los métodos del terrorismo
individual han permitido al PP-UPN crecer y extender el españolismo más
reaccionario entre amplias capas de la población.
La experiencia de los últimos seis años, en los que se ha vivido
el mayor movimiento de masas contra la derecha, desde las
movilizaciones estudiantiles contra la LOU y la LOCE, las masivas
manifestaciones contra el desastre del Prestige yel Plan Hidrológico
Nacional, la exitosa Huelga General del 20J del 2002 y, por encima de
todo, el maravilloso movimiento de millones de trabajadores y jóvenes
contra la guerra imperialista muestran cual es el camino. De hecho,
todo este proceso cristalizó en las jornadas del 11M al 14M de 2004,
tras el atentado integrista que segó la vida de 190 trabajadores y
jóvenes de los barrios obreros de Madrid. La política criminal del PP,
su apoyo a la intervención imperialista en Iraq, sus mentiras
bochornosas intentando culpar a ETA de la masacre para obtener un
dividendo electoral, colmó la paciencia de millones. El PP fue barrido
en las urnas el 14 M gracias a la mayor movilización social desde los
años setenta, cuando se libraba una lucha a muerte contra la dictadura
franquista. Y fue precisamente el movimiento de masas el que obligó a
Zapatero a traer a las tropas de Iraq, a pesar de las presiones del
imperialismo en sentido contrario.
Estos son los métodos que pueden modificar la correlación de fuerzas a favor de los derechos democráticos de Euskal Herria.
Lamentablemente en la política de los dirigentes de ETA, el fracaso
de las acciones armadas parecen dar paso a otra estrategia no menos
negativas: lograr, sea como sea, un frente común con la burguesía vasca
del PNV-EA. Quien piense que la burguesía vasca quiere resolver los
problemas que afectan a los trabajadores y la juventud, o esta
interesada en acometer consecuentemente la lucha por los derechos
democráticos nacionales de Euskal Herria, incluido el derecho de
autodeterminación, es que no ha entendido nada de la historia de los
últimos 70 años. Solo la clase trabajadora con una política de
independencia de clase, socialista e internacionalista dará
satisfacción a las aspiraciones democráticas de Euskal Herria.
Los crímenes de la burguesía española
5. La represión de los derechos democráticos nacionales de
Euskal Herria y del resto de las nacionalidades históricas, ha sido una
de las características fundamentales en la acción política de la
burguesía española a lo largo de la historia. Basándose en los
principios más reaccionarios, agitando la amenaza del “separatismo” y
la “unidad sagrada de la patria”, la clase dominante española y su
aparato del Estado han negado sistemáticamente los más elementales
derechos democráticos de una parte considerable de la población de
estas nacionalidades -desde el uso y enseñanza de la lengua materna
hasta el derecho a la autodeterminación-.
Los predecesores del PP bajo la dictadura franquista -que
gobernaron el conjunto del Estado español casi cuarenta años basándose
en la opresión más salvaje de la clase obrera-, aplastaron sin
contemplaciones los derechos democráticos de las nacionalidades. De
esta manera, la burguesía española sólo aplazó el problema, provocando
que el material explosivo de la opresión nacional se acumulara en los
cimientos de la sociedad.
La burguesía española tiene la responsabilidad fundamental de lo
acontecido en Euskal Herria en las últimas décadas. Su incapacidad para
resolver el problema nacional ha ido acompañado por un incremento
masivo de la represión en todos los ámbitos. Durante años han utilizado
los métodos más sangrientos para terminar con las aspiraciones
democrático-nacionales de miles de vascos, incluyendo el recurso
sistemático al terrorismo de Estado desde los años setenta. En este
sentido, la implicación de los dirigentes del PSOE bajo los gobiernos
de Felipe González en la guerra sucia (GAL), demostró lo lejos que
llegaron en su apoyo al aparato del estado y a la burguesía española
para liquidar manu militari el problema nacional vasco.
6. Bajo el gobierno del PP la ofensiva contra los derechos
democrático-nacionales de Euskal Herria en general, y contra la
izquierda abertzale en particular, arreciaron con fuerza. El cierre de
periódicos y órganos de expresión de la izquierda abertzale; la
persecución del euskera en Navarra; la ilegalización de Batasuna y la
supresión de las candidaturas de la izquierda abertzale en las
elecciones autonómicas y municipales; la violencia policial contra todo
tipo de manifestaciones en apoyo a la autodeterminación; el
mantenimiento de la política de dispersión de presos; la utilización
del aparato judicial para aumentar las condenas y violar el propio
código penal vigente; la apertura de procesos judiciales por el
“delito” de manifestarse a favor de la Independencia de Euskal Herria,
etc..., son algunos de los ataques más sobresalientes que forman parte
del arsenal utilizado para criminalizar todo lo vasco, esparciendo
simultáneamente el veneno del chovinismo español en amplias capas de la
población.
Todas estas medidas que la derecha puso en marcha, con el apoyo
entusiasta en su momento de los dirigentes del PSOE, se justificaron
dentro de la lucha general contra el terrorismo. Individuos como Fraga
Iribarne, José María Aznar y el conjunto de los dirigentes del PP, no
se han cansado de apelar al “derecho a la vida” como argumento central
para llevar a cabo su política represiva. No obstante, es necesario
insistir que la defensa de este “derecho”, en boca de la derecha, tiene
un tono hipócrita y demagógico.
7. Los dirigentes del PP no tienen ninguna autoridad moral para
convertirse en los abanderados del “derecho a la vida” o de la
“democracia”. Durante cerca de 40 años estos reaccionarios justificaron
todos y cada uno de los crímenes de la dictadura franquista. Siempre
que se les ha recordado sus implicaciones en el sostenimiento de un
régimen que entre 1939 y 1945 fusiló en acciones de represión política
a más de 200.000 trabajadores y militantes de la izquierda en todos los
rincones del país, miran hacia otro lado. Jamás ha salido una condena
del franquismo de los labios de lideres reconocidos del PP. Sería como
condenarse a si mismos y eso nunca lo harán.
Durante años, el PP ha justificado todos y cada uno de los
crímenes del Imperialismo estadounidense. Estos “amantes de la vida y
la democracia” apoyaron sin reservas los golpes de Estado de Pinochet
en Chile y Videla en Argentina que acabaron vilmente con la vida de
decenas de miles de sindicalistas y militantes de la izquierda, después
de haber sido cruelmente torturados y vejados.
Apoyaron entusiastamente la agresión imperialista contra el
pueblo iraquí, que ha supuesto la muerte de cientos de miles de
hombres, mujeres y niños inocentes, y la destrucción de las
infraestructuras básicas del país, para mayor gloria de las grandes
corporaciones multinacionales de los EEUU. Jamás han hablado del
derecho a la vida de estas víctimas. De la misma manera han respaldado
la política criminal de los gobiernos sionistas de Israel en su
política de exterminio de los activistas palestinos que luchan por los
derechos democráticos de su pueblo.
Estos “campeones del derecho a la vida y la democracia”, que se
enriquecieron a costa de los crímenes de la dictadura, son los mismos
que han aprobado leyes bajo la “democracia”, que amparan la máxima
explotación en tajos y fabricas. Jamás han dicho nada de los más de
14.000 trabajadores que han muerto, durante los años que el PP gobernó,
en “accidentes laborales” a consecuencia siempre de la falta de
condiciones de seguridad y de los ritmos brutales de trabajo. La sangre
obrera se ha vertido generosamente para llenar los bolsillos de la
burguesía y de los dirigentes del PP, pero para ellos esta justificado,
pues se hace en nombre de la libre empresa y la libertad de mercado.
La política de la derecha en la cuestión nacional no es más que la
continuación de lo que hacen en otros ámbitos. Siempre han mantenido un
punto de vista de clase intransigente: la defensa de sus intereses
económicos y del poder político que los ampara cueste lo que cueste.
La hipocresía de la burguesía vasca
8. La burguesía vasca, al igual que la catalana, siempre han
rivalizado con la burguesía española por aumentar su cuota de
explotación respecto a los trabajadores de sus nacionalidades. Su
nacionalismo ha estado siempre cargado de un cálculo cínico y egoísta
en beneficio de sus intereses colectivos como clase. En su reclamo de
transferencias, competencias fiscales, en materia de orden laboral, de
vivienda, en lo referido a la sanidad o la educación, la burguesía
vasca jamás ha defendido a los trabajadores vascos ni a sus familias.
Utilizando de forma demagógica la opresión nacional y los sentimientos
de una buena parte de la población vasca, nunca han tenido el menor
reparo a la hora de hacer buenos negocios con la oligarquía española.
La historia ha demostrado sobradamente que el nacionalismo de la
burguesía vasca termina allí dónde sus intereses económicos se ven
amenazados.
Durante la guerra civil y la revolución española en los años
treinta, prefirieron sacrificar el territorio de Euskal Herria
capitulando ante las tropas franquistas con el fin de salvaguardar la
propiedad de sus fabricas y empresas. Les importaba menos que el
franquismo reprimiese con saña cualquier manifestación de la identidad
cultural vasca, o negara los derechos elementales a los trabajadores de
Euskal Herria que perder la propiedad de minas, fábricas, tierras,
bancos y negocios de haber triunfado la revolución tras la formación de
las milicias obreras. Muchos honestos gudaris murieron a manos del
franquismo, junto a milicianos socialistas, comunistas y anarquistas.
Es cierto que algunos de los representantes políticos del PNV tuvieron
que tomar el camino del exilio, pero la mayoría de la burguesía vasca
pudo seguir acumulando beneficios bajo la dictadura, a costa de la
explotación de los trabajadores vascos sometidos por las leyes de
excepción de Franco.
Durante la “transición”, la dirección del PNV renunció al derecho
de autodeterminación, aceptando el marco “autonómico” que la burguesía
española concedió para apaciguar la lucha que, en defensa de los
derechos democráticos de las nacionalidades históricas, se desarrollaba
masivamente por todo el país.
En la primera legislatura del Partido Popular, el PNV sostuvo al
gobierno de Aznar apoyándolo en numerosas iniciativas y leyes
parlamentarias que atacaban los derechos de los trabajadores.
9. No hay nada en común entre los intereses de la burguesía
vasca y los trabajadores de Euskal Herria, como tampoco los hay entre
los trabajadores franceses o los del Estado español y la burguesía
francesa o española. Toda la política de los gobiernos autonómicos
presididos por el PNV han planificado cuidadosamente el
desmantelamiento de derechos fundamentales de los trabajadores, al
tiempo que han asegurado grandes ingresos para los burgueses vascos, a
través de todo tipo de subvenciones, vacaciones fiscales, márgenes para
la especulación y privatizaciones de empresas y sectores públicos
estratégicos. En esencia no hay diferencias fundamentales en la
política social que la burguesía vasca y la española o francesa han
desarrollado en los últimos años, todas están cortadas por el mismo
patrón.
Sin embargo, durante mucho tiempo la burguesía vasca ha podido
tener eco en la defensa de los derechos democráticos de Euskal Herria
debido fundamentalmente a dos factores: la actitud ante la cuestión
nacional de los dirigentes reformistas de los partidos de la izquierda,
especialmente el PSOE y el PCE, y la posición represiva de la burguesía
españolista. Estos elementos, unidos a la incapacidad que la izquierda
abertzale ha mostrado por desmarcarse de la burguesía vasca, ha
concedido a esta última un protagonismo que nunca ha merecido y que le
han permitido oscurecer los auténticos intereses de clase que han
movido siempre sus decisiones fundamentales.
La responsabilidad de los dirigentes reformistas de la izquierda
10. A mediados de la década de los setenta, la clase
trabajadora del conjunto del Estado español, y muy especialmente los
trabajadores de Euskal Herria, protagonizaron un formidable movimiento
contra la dictadura. En aquel momento la correlación de fuerzas a favor
de la clase obrera era tan apabullante, que la burguesía no tuvo más
remedio que optar por hacer concesiones democráticas con el fin de
evitar que el movimiento revolucionario de las masas acabase por poner
fin al sistema capitalista. La posibilidad de la transformación
socialista de la sociedad estaba en el orden del día.
Para asegurar el éxito del desmontaje de la dictadura sin que el
aparato del estado fuese depurado y ningún responsable político juzgado
por sus crímenes, la burguesía contó pronto con el auxilio decidido de
las direcciones reformistas del movimiento obrero, del PCE, del PSOE y
de los sindicatos, que aceptaron cumplir con el “responsable” papel de
hombres de Estado. De esta manera se acepto una indigna ley de punto
final, la más indigna de todas cuantas la historia ha conocido, nunca
escrita ni aprobada en el parlamento pero aceptada explícitamente por
todos los representantes de la izquierda reformista. La “reconciliación
nacional” quedó sellada, hurtando de un plumazo y de la forma más
vergonzosa la memoria histórica de cientos de miles de victimas y
represaliados de la dictadura, y dejando impunes las atrocidades de
cuarenta años de franquismo.
Consecuentemente, la Monarquía impuesta por Franco fue aceptada y
la burguesía logró el consenso en otras cuestiones de Estado
fundamentales, como el compromiso de los dirigentes reformistas del
PCE, del PSOE y de los sindicatos a garantizar la economía de mercado,
o lo que es lo mismo a que la burguesía siguiera manteniendo bajo su
firme control las palancas fundamentales de la economía y por tanto,
las instituciones políticas del nuevo régimen “democrático”.
11. La clase dominante, investida con los nuevos ropajes de la
“democracia”, fue retomando el control de la situación gracias a la
política de pactos y desmovilización auspiciada por los dirigentes de
la izquierda reformista, al tiempo que la clase obrera vivía un reflujo
amargo y las organizaciones de los trabajadores se vaciaban de
militantes.
El abandono de una política socialista se produjo en todos los
ámbitos. En lo referido a la cuestión nacional, las direcciones de los
partidos tradicionales de la izquierda cedieron vergonzosamente ante
las presiones de la burguesía frustrando las aspiraciones de millones
de personas, de trabajadores y jóvenes de las nacionalidades
históricas. La renuncia al derecho de autodeterminación, un derecho
democrático básico, fue reemplazado por el apoyo incondicional al
nacionalismo español que aseguraba la “unidad sagrada de España” por
medio del ejercito, tal como sanciona el artículo VIII de la
Constitución.
En estas condiciones, la frustración de miles de trabajadores y de
sectores importantes de la juventud vasca que habían realizado
esfuerzos magníficos en la lucha contra la dictadura, encontró un cauce
de expresión en la bandera del independentismo y los métodos del
terrorismo individual practicados por ETA. La izquierda abertzale
logró, a partir de la crisis general del capitalismo, del crecimiento
exponencial del desempleo y de la ausencia de una alternativa de clase,
revolucionaria e internacionalista, una enorme influencia de masas en
el conjunto de Euskal Herria.
Perspectivas para la negociación
12. La negociación que pretende impulsar el Gobierno Zapatero
en su primera fase, se centrará muy probablemente en la exigencia del
abandono definitivo de la actividad armada de ETA a cambio de la
legalización de Batasuna. De esta manera la Izquierda Abertzale podría
presentarse con sus propias siglas a las próximas elecciones del 2007 y
frenar la ofensiva judicial contra ella.
En una segunda fase, en la medida que se consolide el alto el
fuego de ETA, es probable que el gobierno procediese a adoptar medidas
favorables al colectivo de presos.
En cuanto a la llamada mesa de partidos, si bien la dirección del
PSOE ha roto con la política de seguidismo que mantuvo durante años con
el PP, su posición sigue absolutamente condicionada por la derecha y el
sector más reaccionario del aparato estatal que no desea ninguna
solución al problema nacional de Euskal Herria. En la medida en que los
dirigentes socialdemócratas del PSOE abandonaron una política
socialista y de clase, han abanderado durante años la negativa a
reconocer el derecho de autodeterminación para Euskal Herria sumándose,
en lo fundamental, a la posición del nacionalismo español. Obviamente
los dirigentes del PSOE, incluidos los del PSE, no aceptaran negociar
sobre el derecho de autodeterminación o la unidad territorial de Euskal
Herria.
13. Por su parte la burguesía vasca no quiere quedarse al
margen. Aprovechando la coyuntura abierta, lo más probable es que el
PNV trate, como ha hecho CIU, de renegociar el Estatuto Vasco de forma
favorable para sus intereses, es decir para los intereses de la
burguesía vasca, a cambio de hacer alguna concesión menor a la
Izquierda Abertzale. Lo que ha quedado demostrado en la arena de los
hechos es que el PNV jamás liderara una lucha consecuente por el
derecho de autodeterminación. Sus vínculos y negocios con la burguesía
española y con el mercado español son mucho más importantes que las
declaraciones para la galería que se hacen en el Aberri Eguna.
14. Los lideres del Partido Popular han reaccionado ante la
declaración de alto el fuego con sus provocaciones e histerismo
habitual. Su posición representa en estos momentos los intereses del
aparato del partido que ve alejarse la posibilidad de volver a corto
plazo a la Moncloa y también la voz del sector más reaccionario del
aparato estatal, los llamados poderes fácticos dentro del generalato,
la curia eclesial, la judicatura y los medios de comunicación más
derechistas y viscerales. Para este sector es incómodo la desaparición
de ETA porque les ofrecía una excusa para criminalizar todo lo vasco y
fortalecerse. Para los sectores decisivos de la clase dominante el fin
de la acción armada de ETA es una noticia alentadora que tratarán de
reflejar, como siempre, en su cuenta de resultados por lo que es
previsible que las tensiones en el seno del PP aumenten en el próximo
período.
15. Los temores por parte del Gobierno Zapatero, del PNV y de
la dirección de la Izquierda Abertzale comprometida con este proceso ha
sido que un sector de los activistas más jóvenes decidiesen continuar
la lucha armada. La represión masiva, el sumario 18/98, la
ilegalización de las organizaciones abertzales, la falta de
expectativas bajo el capitalismo etc, han provocado un odio creciente
entre sectores de la juventud vasca hacia la política llevada a cabo
por la derecha y un escepticismo profundo hacía cualquier solución
negociada. Sin embargo, volver a la vía armada, aunque no está
descartada, es sumamente difícil. La posibilidad de derrotar al aparato
del estado capitalista a través de la Goma 2 y los coches bomba, ha
fracasado y lo ha hecho tras más de cuarenta años de ser puesta en
práctica. Si se pensase en recurrir de nuevo a estos métodos todo la
maquinaria represiva del Estado se pondría en marcha, al tiempo que el
aislamiento social se profundizaría. Nuevas acciones armadas en el
futuro, tendrían que enfrentarse al mayor de sus problemas: la reacción
del conjunto de la población que ha demostrado ya su negativa a aceptar
estos métodos de lucha.
16. La experiencia de Irlanda del norte que la dirección de la
izquierda abertzale pone como un modelo, supone en realidad la vía para
empantanarla en la actividad institucional y parlamentaria.
Los hechos son tozudos. En Irlanda del norte, tras décadas de
intensa actividad armada por parte del IRA y de brutal represión a
manos del ejército británico y de la policía norirlandesa, no se está
más cerca, sino más lejos, de la unificación de la Isla. En realidad
bajo el marco del sistema capitalista, los imperialistas británicos
siguen determinando, en alianza con la burguesía irlandesa, la vida de
millones de trabajadores y de sus familias. El problema acuciante del
desempleo, de la falta de vivienda, de las precarias infraestructuras
sanitarias y educativas, no se han resuelto. Los lideres del Sinn Feinn
han cambiado sus discursos incendiarios a favor de la lucha armada, por
confortables despachos y ruedas de prensa en las que aparecen al lado
de Blair, pero no tienen ninguna alternativa al sistema capitalista,
que es el auténtico responsable de siglos de dominación imperialista
británica sobre la Isla.
En el caso de Euskal Herria, la situación ofrece paralelismos muy
evidentes. La burguesía española y vasca ya tienen varios candidatos a
jugar el papel de Gerry Admas. Oteguí, pero también Rafa Díaz Usabiaga
dirigente de LAB, se presentan como hombres adecuados para liderar el
proceso de negociación dentro de la izquierda abertzale.
La burguesía vasca, tiene una estrategia bien definida para el
proceso de paz: hacerse más fuertes a costa de la Izquierda Abertzale.
La pretendida construcción nacional para la burguesía vasca significa
poner promesas y más promesas a un lado de la balanza, a cambio de
compromisos y paz social en las fábricas y calles de Euskal Herría para
aumentar sus beneficios a costa de profundizar recortes sociales a la
clase trabajadora y la juventud. Ya lo han advertido. A partir de ahora
serán más duros contra las luchas que inevitablemente se desatarán por
los derechos democráticos, contra la precariedad laboral, la carestía
de la vivienda etc.
17. Es cierto que el proceso abierto puede resolver algunos
problemas acuciantes que pesan extraordinariamente sobre la moral de
miles de militantes de la Izquierda Abertzale. Conseguir de nuevo
actuar como una organización legal sería un paso importante. Por
supuesto, resolver el problema de los presos y exiliados a través de la
amnistía, constituiría un gran logro, que sería saludado con entusiasmo
por miles de familias vascas que ven como sus hijos, hermanos y padres,
se pudren en las cárceles del Estado español y francés, o se ven
obligados a refugiarse en países situados a miles de kilómetros de su
tierra.
Sin embargo todas estas conquistas evidentes no pueden ocultar
que los temas fundamentales, como el derecho de autodeterminación o la
unidad territorial de Euskal Herria seguirían sin ser resueltos. Y
estos derechos democráticos nunca podrán tener solución en el marco del
capitalismo. Jamás la burguesía española o la francesa concederán estos
derechos, a no ser que la clase obrera de Euskal Herria junto al
movimiento obrero del conjunto del estado español y francés las
arranque, mediante la lucha revolucionaria, para establecer las bases
de una sociedad socialista.
Aprender del pasado para preparar el futuro
¡Por una alternativa socialista revolucionaria para Euskal Herria!
18. Aunque la derecha afirme que el alto el fuego de ETA se
debe a la ilegalización de la Izquierda Abertzale, la legislación
represiva y la eficacia policial, la realidad es que la represión lo
único que ha logrado es alimentar el conflicto durante años. El
Gobierno del PP fue incapaz de solucionarlo y a pesar de que durante
los últimos tres años ETA no haya cometido atentados mortales, sí ha
sido capaz de llevar a cabo más de un centenar de acciones armadas. En
las últimas semanas explotaron diversas bombas lo que deja en evidencia
precisamente que por la acción policial y la represión jamás se
acabaría con ETA, que no es más que la expresión de un problema
político no resuelto.
Lo que finalmente puede poner fin a ETA después de años de
actividad armada sin resultados, ha sido la movilización masiva de la
clase trabajadora y la juventud que, como han demostrado los últimos
acontecimientos, no se dejó manipular por la derecha. Fuimos fuertes
para echar al PP, hemos sido capaces de hacer parar a ETA y ahora
debemos continuar la lucha por mejorar nuestras condiciones de vida y
de trabajo, por derogar las leyes represivas del PP, empezando por la
reaccionaria ley de partidos, y vinculando todas las reivindicaciones
de clase con la defensa del derecho de autodeterminación de las
nacionalidades históricas para unir a todos los oprimidos en la lucha
por la transformación socialista de la sociedad.
19. Los marxistas revolucionarios siempre nos hemos opuesto a
los métodos del terrorismo individual. Es absolutamente imposible
acabar con el sistema capitalista, la causa de que exista opresión
nacional, a través de la acción armada individual de unos cuantos
comandos por muy sofisticado que sea su armamento.
El capitalismo es un sistema socioeconómico, que posee un aparato
de estado muy perfeccionado y que se basa en relaciones de propiedad.
La única forma de acabar con esta lacra que supone el sistema
capitalista es a través de la acción revolucionaria de la clase obrera
y los oprimidos, en base a los métodos de lucha que han probado su
efectividad: las huelgas, las ocupaciones de fabricas, las
movilizaciones de masas, la huelgas generales y la insurrección.
20. La nueva situación provocará en el futuro un debate interno
en líneas de clase en la izquierda abertzale. Ahora es más necesario
que nunca hacer un balance de los cuarenta años de actividad de ETA y
de la cuestión nacional vasca desde el punto de vista de los intereses
de los trabajadores.
La cuestión nacional ha polarizado casi por completo la vida
política durante años. En numerosas ocasiones, las cuestiones de clase
han quedado difuminadas tras una cascada de demagogia reaccionaria.
Detrás de la agitación patriotera del nacionalismo español, o de la
cínica propaganda de la burguesía vasca, se ocultaban los planes
reaccionarios de la clase dominante en su agresión permanente a los
derechos de los trabajadores y a sus condiciones de vida. La
explotación en las fabricas ha aumentado escandalosamente, las jornadas
laborales se han prolongado, la precariedad se ha extendido como una
lacra... mientras, los salarios y la capacidad adquisitiva de los
trabajadores y sus familias, tanto en Euskal Herria como en el Estado
español y francés, se han reducido considerablemente, y los servicios
públicos esenciales, como la educación y la sanidad, están bajo ataques
permanentes y sometidos a planes de privatización.
En una cosa siempre han estado de acuerdo la burguesía española,
francesa y la burguesía vasca: las tres han colaborado sin mayores
problemas a la hora de poner en marcha todo tipo de leyes y medidas que
les permitiera explotar más y mejor a los trabajadores con el fin de
obtener la mayor cantidad posible de plusvalía. Sobre esta base, la
burguesía ha acumulado sus insultantes beneficios.
Es hora por tanto de que la clase trabajadora y la juventud de Euskal Herria, unida a sus
hermanos de clase del Estado español y francés, ponga el sello en los
acontecimientos enarbolando la bandera del socialismo internacionalista y de una
política de independencia de clase. Solo con este programa, basándonos en la lucha de
masas, será posible alcanzar el derecho de autodeterminación y levantar una alternativa
viable a la resolución del problema nacional en Euskal Herria y en las nacionalidades
históricas integradas en el estado español.: La Federación socialista de las
Nacionalidades Ibéricas.
21. La cuestión nacional ha demostrado ser un problema irresoluble para la burguesía,
tanto para española como para la de las nacionalidades
históricas, pero para la clase trabajadora y sus organizaciones puede
ser un potente motor de cambio si toda la energía que la cuestión
nacional es capaz de desplegar se orienta, desde un punto de vista de
clase, en la lucha por la transformación socialista de la sociedad.
Para ello, la principal tarea de los revolucionarios en Euskal Herria,
Galicia y Catalunya ha de ser arrancar dicha bandera a la burguesía
nacionalista, que demagógicamente la utiliza para defender sus
intereses de clase.
La liberación de la opresión centralista de las nacionalidades históricas se logrará
uniendo las reivindicaciones democrático-nacionales a la lucha de la clase trabajadora
de todo el Estado por la transformación socialista de la
sociedad y para ello es vital la unión orgánica del proletariado por
encima de cualquier consideración de nacionalidad, lengua, raza o
religión. Quienes atentan contra esta unión hacen un flaco favor al
movimiento obrero y a la propia causa de liberación nacional.
La clase trabajadora no tiene ningún interés en oprimir a ningún
pueblo, ya que su propia liberación exige poner fin a la propia
división de clases de la sociedad, la fuente de todo tipo de opresión.
22. Desde el punto de vista del marxismo, no hay ninguna contradicción en defender
el derecho de autodeterminación de las nacionalidades históricas, incluido el
derecho a la independencia si así lo decidiesen democráticamente la mayoría de
los catalanes, vascos o gallegos, y defender al mismo tiempo la unidad orgánica
de la clase trabajadora por encima de fronteras nacionales.
Como marxistas, defendemos la más amplia autonomía de las nacionalidades
históricas en el marco de una Federación Socialista de las Nacionalidades Ibéricas
como un primer paso hacia una Federación Socialista de Europa y una Federación
Socialista Mundial. De esta manera se podrá establecer las bases materiales para
una auténtica fraternidad entre los pueblos y nacionalidades, liberados de la
opresión capitalista.
Hoy como ayer, lo que necesita la clase trabajadora es una dirección revolucionaria
que luche por el socialismo, por la nacionalización de la banca, de la tierra y
de los grandes monopolios bajo control obrero y sin indemnización, salvo en casos
de comprobada necesidad, para establecer una planificación democrática de la
economía que permita acabar con las lacras del capitalismo.
23. En manos de la clase obrera, de todos aquellos militantes jóvenes, trabajadores
y trabajadoras con conciencia de clase dispuestos a formarse políticamente, a
participar, a organizarse, está decidir como será nuestro futuro y el de las generaciones
venideras. Ésa es la tarea más importante, la que debería centrar
todos nuestros esfuerzos: crear una dirección del proletariado a escala
nacional e internacional
capaz de acabar con la lacra que representa el capitalismo. Hoy
como ayer, la crisis de la humanidad, como decía León Trotsky, se puede
resumir en última instancia en la falta de dirección revolucionaria.
Ésa es la tarea fundamental de nuestra época.
Una revolución socialista en el Estado español tendría un efecto
inmediato en los países vecinos, haciendo temblar el dominio del gran
capital. La revolución socialista es contagiosa, la clase obrera
francesa cumpliría con sus tareas aboliendo el capitalismo y la
extendería por el resto de Europa. De esta manera se crearían las bases
para la solución del problema nacional en el viejo continente: en
Euskal Herria, en Irlanda, en los Balcanes... Dentro del marco de una
Federación Socialista a escala mundial la explotación y la opresión
nacional serán pesadillas del pasado.
El destino de los pueblos vasco, catalán y gallego y el de los demás pueblos
será decidido por el resultado de la batalla del proletariado contra la oligarquía.
Un régimen de democracia obrera sería un régimen de transición hacia una sociedad
sin clases, hasta conquistar plenamente el socialismo, garantizando un
desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas. En ella los ejércitos, la policía,
las fuerzas armadas no tendrían ninguna razón de existir y la mera utilización
de los recursos económicos, científicos y humanos que hoy se consumen en
el militarismo y la guerra posibilitará combatir la miseria a escala mundial y elevar
sin precedentes el bienestar de la humanidad, al mismo tiempo que se frenarían
los desequilibrios ecológicos que ha introducido el desarrollo desigual y anárquico
del capitalismo acelerando catástrofes naturales y poniendo en peligro la
existencia humana en el planeta.
El fin del socialismo no es la creación de nuevas fronteras sino la destrucción
de las viejas, la liquidación de todo tipo de opresión nacional y, por tanto, la creación
de un mundo unido con la integración de todos los pueblos y las razas en una
sociedad en la cual ya no habrá explotados y explotadores, opresores y oprimidos,
sino simplemente hombres y mujeres libres.
¡En defensa del derecho de autodeterminación para Euskal Herria y el resto de las nacionalidades históricas!
¡Por la Federación Socialista de las Nacionalidades Ibéricas!
¡Por la federación Socialista de Europa!
¡Por el Socialismo y el Internacionalismo Proletario!
¡Únete a los marxistas revolucionarios para luchar por esta alternativa revolucionaria!
Ezker Marxista-El Militante, Gasteiz 24 de marzo de 2006
/www.ezkermarxista.org/
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