"…muchos encuentran al decreto de nacionalización casi perfecto (…) pero
le ponen una condición para decir que el decreto de nacionalización es
bueno, y esa condición es que no se cumpla. Si no se cumple el decreto
de nacionalización es excelente, y ésta ha sido la pugna permanente por
aplicar el decreto de nacionalización”.
Andrés Soliz Rada, ex ministro de Hidrocarburos
El 15 de septiembre el hasta esa fecha ministro boliviano de
Hidrocarburos y Energía, Andrés Soliz Rada, presentaba su dimisión
irrevocable. Esto ocurría tras haber sido desautorizado públicamente
por el vicepresidente de gobierno, Álvaro García Linera, quien rechazó
la medida tomada por Soliz Rada, días antes, de que la empresa estatal
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) se convirtiera en
la propietaria de las dos refinerías de Petrobrás en Bolivia y
controlara toda la cadena productiva de petróleo, gas y derivados. No
sólo la rechazó sino que ha frenado dicha medida y acusó a Soliz Rada
de crear “un clima artificial e innecesario de conflicto con Brasil”.
Este hecho no es algo puntual sino que es la expresión de la
lucha de clases que se vive dentro del gobierno del MAS, sometido desde
el primer día a dos fuerzas contrapuestas e irreconciliables, las de
las multinacionales y la burguesía por un lado y las de la clase obrera
y el campesinado pobre por otra.
La revolución boliviana se encuentra en una nueva etapa. La
aprobación del decreto de nacionalización del 1º de mayo marcó un giro
importante a la izquierda en la política hasta entonces vacilante que
estaba llevando al gobierno de Morales a una importante caída de su
popularidad. Esta medida levantó un tremendo entusiasmo entre las
masas, que veían en ella el inicio de un verdadero cambio de política y
el inicio de lo que sería el cumplimiento de la llamada “agenda de
octubre”.
Fin entradilla
Sin embargo, la salida del gobierno del ministro mejor valorado
por el pueblo y figura clave del proceso de nacionalización —en el cual
era defensor de la expropiación total de las acciones de las empresas
privatizadas— es sentida por muchos bolivianos, según varias encuestas
de radio y televisión, como sinónimo de un freno en la “recuperación de
los recursos naturales” (periódico argentino Página/12). Esta dimisión
viene después de toda una serie de movimientos entre bambalinas para
desautorizar y limitar su influencia en la toma de decisiones. Ya
durante el mes de agosto le recortaron sus poderes y le colocaron un
nuevo equipo (con el vicepresidente a la cabeza y otros cuatro
ministros) para negociar los nuevos contratos con las multinacionales.
Y es que Soliz Rada estaba denunciando las presiones y boicot de las
multinacionales, algo que desde el punto de vista de los sectores más
conciliadores dentro del gobierno es considerado poco apropiado, porque
su preocupación fundamental es no enfurecer a las petroleras
extranjeras con el fin de conseguir los “mejores acuerdos posible”. Una
vez más la cantinela de no provocar al imperialismo para evitar sus
represalias… como si el imperialismo y la oligarquía no estuviesen ya
moviendo sus piezas para detener el proceso revolucionario boliviano.
La reacción a la ofensiva y a por todas
Como no podía ser de otra manera todas las fuerzas
reaccionarias se están uniendo, utilizando todos los mecanismos a su
alcance, en una estrategia de desgaste del gobierno de Evo. Los meses
de verano han sido de una fuerte actividad. El gobierno del MAS en
lugar de aprovechar el entusiasmo y ánimo producido por el decreto de
nacionalización de los hidrocarburos y el anuncio de emprender la
reforma agraria, y apoyarse en los trabajadores y campesinos para
llevar adelante esas medidas, impulsando la formación de comités de
fábrica, de campesinos, de barrio, etc. coordinados y con un plan de
acción en todo el país que hiciera frente a los previsibles intentos de
la oligarquía y los terratenientes apoyados por el imperialismo de
boicotear y hacer fracasar todas esas medidas que van contra sus
intereses, concentró todas sus fuerzas en las elecciones a la Asamblea
Constituyente del pasado 2 de julio y a pesar de la victoria del MAS
con más del 50% de los votos, se está viendo los límites que tiene lo
que no es más que un nuevo parlamento burgués.
Todos los viejos y desprestigiados partidos de la burguesía han
sufrido una fuerte derrota. PODEMOS, el principal partido de la
oposición perdió más de 400.000 votos respecto a las elecciones
presidenciales de diciembre pasado. Sin embargo, la política defendida
por el vicepresidente de apostar por los pactos con la oposición está
permitiendo que puedan levantar la voz más de lo que realmente les
corresponde. Así justificaba García Linera el acuerdo entre el MAS y la
oposición respecto al funcionamiento de la Asamblea Constituyente: “Se
privilegió, se respetó la presencia de minorías políticas, y encima, en
la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, se colocó un
candado: la obligatoriedad de los constituyentes a tener dos tercios
del voto para aprobar sus decisiones. Por lo tanto, la obligatoriedad
de alianzas, de acuerdos, de consensos, todo eso está en la misma ley
de convocatoria a la asamblea Constituyente, fruto de un acuerdo de
oposición y de Gobierno”. Es decir, el MAS queda atado de pies y manos
a los intereses de la clase dominante representada en la asamblea.
Regalan el derecho a veto a los representantes de la burguesía,
permiten el boicot a todas las medidas con las que la reacción no esté
de acuerdo.
Paro patronal y boicot económico
Ante la parálisis de la actividad parlamentaria, Evo Morales
decidió que sería suficiente la mayoría absoluta y no los dos tercios
para la aprobación de la constitución. Esto sirvió para poner el grito
en el cielo de aquellos que acostumbran a gobernar por decreto, pero
que cuando se encuentran en minoría se vuelven demócratas de toda la
vida. El derechista Jorge Quiroga, de PODEMOS, llegó a pedir la
intervención de la OEA para proteger a la Asamblea Constituyente de los
“atentados” del presidente. Esa fue la excusa “democrática” que estaban
buscando para lanzar un nuevo frente: el de la calle. Así la oligarquía
de las zonas que exigen la autonomía llamó al paro para el 8 de
septiembre. Como en el caso de Venezuela durante el paro patronal de
diciembre y enero de 2002/03, la prensa burguesa rápidamente se encargó
de explicarnos que el gobierno de Evo Morales se enfrentaba a una
huelga general. A pesar de que los dirigentes obreros y campesinos de
estas zonas dejaron muy claro su rechazo al paro patronal. Lo que
realmente hemos visto es a la rica oligarquía de Santa Cruz, Tarija,
Pando y Beni, los departamentos bolivianos más ricos en recursos
energéticos y naturales, defender sus intereses de clase. No pierden
tiempo. Están agrupando fuerzas, agitando con la idea de la secesión
del país para quedarse con el control con los principales recursos
económicos e, incluso, armando a grupos de choque, como la Unión
Juvenil Crucerista, al más puro estilo de las bandas fascistas. En
definitiva, tratando de desestabilizar el país para justificar en un
momento determinado el derrocamiento del gobierno de Evo Morales.
Frente a esto ha habido intentos por parte del pueblo boliviano
de responder, saliendo a la calle para demostrar realmente quién tiene
la fuerza. La respuesta del gobierno ha sido la de llamar a “los
sectores movilizados a levantar la medida de bloqueo que afecta al
departamento de Santa Cruz, a Bolivia y a los intereses del país” y
sentarse a negociar nuevamente con la derecha, concediéndoles en lo que
respecta a la Asamblea Constituyente la necesidad de tener los dos
tercios en los puntos más polémicos. Es decir, se mantiene el derecho a
veto.
Junto a todas estas medidas no podía faltar el boicot
económico. En la medida que los capitalistas siguen controlando la
economía, tienen un arma poderosa en sus manos. Según datos del Banco
Central de Bolivia la desinversión durante lo que va de año 2006 ha
sido de más de 100 millones de dólares, la inversión extranjera directa
de tan sólo 50 millones y, por supuesto, el tema clave: la negociación
de los contratos con la multinacionales (cuyo plazo se agota el 1 de
noviembre), está soportando todas las trabas posibles con el objeto de
que el decreto de nacionalización quede en papel mojado. En su carta de
dimisión, Soliz Rada decía: “el país tiene que saber qué cosas nos
están exigiendo las petroleras para firmar nuevos contratos (…) exigen
al gobierno que no haya ninguna subvención para el mercado interno, es
más, demandan que la gasolina, el diesel y el gas licuado de petróleo
puedan venderse a los bolivianos a precios internacionales, sin
subvención estatal (…) el derecho a anotar las reservas de gas y
petróleo que hay en Bolivia como si fueran reservas de las empresas”.
Las multinacionales también cuestionan el derecho de YPFB “a
comercializar el gas”.
Hay que basarse en la fuerza de los trabajadores
Por eso es muy peligroso el camino de hacer concesiones que
está adoptando el gobierno del MAS frente a esta política de acoso y
derribo de la reacción. Una vez más hay que señalar que la debilidad
invita a la agresión. Las políticas vacilantes, conciliadoras y las
concesiones a la derecha no hacen más que confundir y debilitar a la
base social de la revolución. Como decía Soliz Rada en su carta de
dimisión, nada se podría haber logrado “sin la lucha heroica de nuestro
pueblo y de los movimientos sociales que el 17 de octubre de 2003,
cambiaron nuestra historia al expulsar a los principales políticos
neoliberales que tanto daño causaron a Bolivia, y que fueron aplastados
con su victoria electoral del 18 de diciembre pasado”. Y no sólo eso
sino que las vacilaciones ayudan a fortalecerse a la derecha, le da
oxígeno para reagrupar fuerzas y volver a contraatacar. Desde la COB y
la Federación de Mineros insistían en esta idea: “La derecha se
aprovecha de los errores de Morales”, también la Confederación de
Maestros Urbanos insistía en advertir “al gobierno que la derecha se
rearticula. Es un problema de clase. Los explotadores se unen contra
los explotados”.
El gobierno del MAS tiene que basarse en la fuerza tremenda de
los trabajadores, campesinos y oprimidos del país para dar la batalla a
las multinacionales. Sólo expropiando a las multinacionales y
nacionalizando bajo control de los trabajadores las principales
palancas de la economía, fundamentalmente los hidrocarburos, será
posible satisfacer las demandas de las clase obrera, los indígenas y
campesinos pobres en Bolivia.
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