Cuando se cumplen 40 años del régimen del 78, su falta de autoridad nunca ha sido tan grande como ahora. No sólo se ha intensificado el malestar popular a partir de la crisis iniciada en 2008, por la degradación de las condiciones de vida de la mayoría de la población; sino que esa mayoría social ha percibido y padecido que las instituciones oficiales –Justicia, fuerzas represivas, Monarquía, Parlamento– han defendido a los ricos y poderosos, y a su corrupción, y se han ensañado con los pobres y las familias trabajadoras a través de leyes injustas y de la represión.

La movilización de los chalecos amarillos marca una etapa importante en el desarrollo de la lucha de clases en Francia. Sin partido, sin sindicato, sin organización preexistente, cientos de miles de personas han participado en las acciones de bloqueo, barriendo de un golpe las pseudo concesiones y las amenazas del gobierno. Una gran mayoría de la población les apoya.

Finalmente, después de meses de duras negociaciones, los negociadores del Reino Unido y de la UE han llegado a una propuesta de acuerdo. Sin embargo, todo está cosido con alambres. Todo el infierno está a punto de desatarse. Desde el punto de vista de las grandes empresas, el proyecto de acuerdo no es tan malo, al mantener vinculada la economía británica con Europa. Pero para los partidarios del Brexit del campo Conservador, en particular, se trata de un acuerdo tóxico.