Está la televisión llena de efusiones aduladoras por parte de comentaristas de derecha y políticos acerca de la repentina muerte de Margaret Thatcher. El establishment se ha reunido para alabarla. La Reina ha enviado un mensaje personal de condolencias a la familia Thatcher. Las noticias están llenas de homenajes, retratando a Thatcher como una especie de paladín de la libertad. Por supuesto, nada podría estar más lejos de la verdad. Era un paladín, sí, pero del capitalismo, de la clase dominante, y de todo lo que representa.

La elección de Begoglio ha sido anunciada con bombo y platillo por las autoridades del Vaticano, la prensa burguesa latinoamericana resalta en sus encabezados el hecho de que el ahora Papa Francisco I es el primer personaje nacido en América Latina en ser electo el “sumo pontífice”. Sin embargo, Bergoglio carga tras de sí acusaciones de colaboracionismo con la dictadura militar en argentina durante los 70’s, entrega de dos sacerdotes de su propia orden a los militares y conservadurismo extremo, al grado de tildar a la legislación en torno a los matrimonios entre personas del mismo sexo como “una guerra contra Dios”. Su elección más que un signo de fortaleza y apertura de Roma es más bien el intento desesperado de refugiarse en un subcontinente donde se concentra la mayor cantidad de feligreses en el mundo, 501 millones en América Latina.

La lucha de clases continúa en Grecia. Una huelga general del transporte público en Atenas fue abortada después de cinco días, cuando el gobierno obligó a los trabajadores a retomar sus puestos de trabajo, utilizando una legislación reaccionaria producto de este período de reacción abierta. Una semana más tarde, le sucedía lo mismo al sector pesquero. El gobierno de Samaras está recuperando el pulso y pasando así a la ofensiva. Sólo en este año, se destruirán al menos 25.000 puestos de trabajo en el sector público como resultado de los acuerdos con la Troika. Sin embargo, no ha habido ninguna respuesta seria por parte de los dirigentes griegos.