La entrega incondicional por ETA de su arsenal de armas a un grupo de verificadores internacionales, anunciada para el 8 de abril, es un paso consecuente con su decisión manifestada hace más de 5 años de abandonar definitivamente la lucha armada. Con este acto, ETA y el conjunto de la izquierda abertzale insisten en reafirmar su voluntad de luchar por sus objetivos a través de medios puramente políticos.

En tiempos normales, las elecciones generales holandesas no serían noticia de primera plana en todo el mundo. Pero no estamos en tiempos normales. Holanda, durante décadas fue considerada uno de los países sólidos y estables del norte de Europa. Ese ya no es el caso, conforme la crisis del capitalismo mundial ha impactado en este pequeño país.

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Quien haya seguido atentamente los juicios del Tribunal Supremo y del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya contra los cargos del anterior gobierno de la Generalitat, imputados por poner urnas en la consulta del 9N del 2014, habrá podido apreciar dos verdades que emergen claramente: por un lado queda cada vez más evidente el carácter reaccionario del régimen del 78 –que no desaprovecha ninguna ocasión para mostrar su (débil) músculo contra cualquier clamor de autodeterminación del pueblo de Catalunya– y por el otro, la más que clara falta de voluntad de la dirección convergente de el llamado "Procés" de romper con el régimen.

Pasada la resaca de los primeros 100 días de gobierno, el país y la clase trabajadora han vuelto a la rutina de su realidad diaria. Ya no hay elecciones a la vista ni perspectiva de cambio inmediato de gobierno. Tampoco hay perspectiva de cambio en la política de Rajoy. El fraude de la política burguesa comienza a quedar en evidencia. Los dirigentes del PP ya han reconocido que su pacto de gobierno y las medidas acordadas con Ciudadanos fueron sólo una puesta en escena hipócrita entre ambos para vender la investidura de Rajoy ante los electores.

En septiembre de 2016, escribíamos en nuestro periódico: "Las presidenciales del 2017 no son unas elecciones normales, precedidas de una campaña normal". Ahora es tan evidente que incluso los "expertos" de los medios de comunicación lo han llegado a comprender. Para ello, tuvieron que renunciar a muchas de sus certezas. A veces uno de ellos estalla y grita: "¡No podemos prever nada!" Sus colegas en el fondo, no se atreven a contradecirlo: ellos también escribieron decenas de artículos sobre el "inevitable" duelo entre Sarkozy y Hollande (o Valls y Juppé, etc.), y luego sobre la victoria "casi segura" de François Fillon ...

El día 6 de Marzo, los estibadores inician una huelga contra un decreto del Gobierno del PP que destruye hasta los cimientos los derechos sociales conseguidos con la organización y la lucha, y recogidos en convenios y leyes, como el Convenio 137 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por España en 1973, para garantía y regularidad del empleo y las retribuciones mínimas de este colectivo de trabajadores.

La clase trabajadora del Estado Español ha aprendido más sobre la naturaleza del Estado en febrero de 2017 que si hubiera leído el clásico de Lenin El Estado y la revolución. La concatenación de noticias relacionadas con la Justicia vuelve a poner a las claras el funcionamiento de ésta al servicio de la clase dominante y cómo se usa para reprimir la disidencia y las luchas de la clase trabajadora.

La victoria contundente de Pablo Iglesias y su lista en el congreso de Podemos, la Asamblea Ciudadana Estatal, ha sido un gran acontecimiento para millones de trabajadores y jóvenes del Estado español y, por extensión, para la izquierda española y europea.  Al mismo tiempo, es una gran derrota para la clase dominante y las fuerzas oscuras de la reacción, que se atrincheraron detrás de las tesis derechistas de Íñigo Errejón, con el vano deseo de propiciar un golpe desmoralizador a todo lo que hay de vivo y verdaderamente progresista en el país.

Con un crecimiento económico en 2016 del 3,2%., se ha alcanzado prácticamente el nivel de producción que había en 2008, ¡después de  9 años! y con una población activa de 18,5 millones, 2,5 millones menos que entonces. Así, hemos tenido una “década perdida” sin aumento de la producción, con un país más desestructurado, con más parados, con más desigualdad, con peores condiciones de trabajo y con menos salario.

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