El cierre patronal decretado por los empresarios venezolanos el 10 de diciembre contra las leyes promulgadas por el presidente Hugo Chávez ha elevado la tensión social en el país latinoamericano hasta extremos desconocidos desde que, hace ya tres años, este ganase las elecciones con un 56% de apoyo popular y la oposición del imperialismo y sectores decisivos de la burguesía venezolana.
Utilizando la facultad para legislar sin pasar por la Asamblea Nacional que le otorga la Ley Habilitante aprobada por esta misma Asamblea, Chávez promulgaba el pasado 23 de noviembre toda una serie de leyes que coinciden en aumentar la intervención del estado en la economía. De ellas, tres son las que han indignado de forma especial a la oligarquía.
La primera es la ley de Tierras, que ha sublevado a los terratenientes y a los grandes ganaderos al permitir al gobierno proceder a la expropiación y posible reparto de aquellos latifundios que considere que se mantienen improductivos así como imponer cultivos. Esta ley empezará a aplicarse ya en extensiones de tierra de más de 100.000 hectáreas del valle del Orinoco. La Ley de Hidrocarburos, por su parte, sube los impuestos a los inversores extranjeros en el sector petrolífero (que representa el 80% de las exportaciones venezolanas y el 50% de los ingresos del estado) del 16,6% al 30% y obliga a que las actividades primarias del sector (extracción, transporte, etc) solo puedan ser realizadas por empresas participadas por el estado. Esta ley establece, asimismo, que el porcentaje de accionariado en manos del estado en esas empresas debe representar al menos el 51% y que el estado venezolano tendrá derecho a una participación del 30%, como regalía, en los hidrocarburos que sean extraídos en cualquier yacimiento del país.
A estas leyes se une la de Zonas Costeras; dicha ley establece una extensión de 500 metros de ancho a lo largo de toda la costa venezolana que estará sujeta al control y protección del estado. En esta extensión protegida (equivalente a la extensión de Bélgica) se prohíben las redes de arrastre y se toman otra serie de medidas en beneficio del medio ambiente y de los pequeños productores artesanales.
Ante estas leyes, los capitalistas venezolanos han puesto el grito en el cielo. Estos parásitos, acostumbrados a llenarse los bolsillos durante décadas a costa de la miseria y el sufrimiento de los trabajadores y los campesinos, no pueden aceptar el mas mínimo limite a su sed de beneficios; y menos en un momento en el que la crisis económica mundial recorta la parte del pastel de cada burguesía nacional. En un contexto de crisis económica mundial y decadencia del capitalismo venezolano lo que tanto la burguesía venezolana como el imperialismo precisan es explotar los trabajadores hasta el tuétano. Eso significa más privatizaciones y precariedad laboral, menos obstáculos a la especulación y la venta de los recursos nacionales al mejor postor, etc. Estas recetas exigen un gobierno títere en sus manos, y el gobierno de Chávez, llegado al poder gracias al apoyo masivo de los sectores más pobres de la sociedad, se encuentra sometido a la presión de estos y no marca el paso que desearían la burguesía y el imperialismo.
Esto es en realidad lo que les preocupa, saben que las leyes aprobadas pueden llevar a Chávez mucho más lejos de lo que él mismo imagina. Ante el anuncio del boicot a sus medidas por parte de los banqueros, que han amenazado con no conceder prestamos a los pequeños campesinos productores, Chávez ha hablado de nacionalizar la banca. De momento son sólo amenazas, pero es la primera vez en mucho tiempo que se escucha hablar de esta medida a un dirigente de masas y con la situación social que se está generando en Venezuela podría transformarse en hechos. Si Chávez ha aprobado precisamente en este momento unas leyes intervencionistas no es por casualidad, sino por las presiones económicas y sociales a las que está sometido. Para comprender lo que esta sucediendo en Venezuela debemos partir de la situación económica, política y social del país y de todo el continente en estos momentos, y de los orígenes y el carácter de clase del movimiento que ha aupado a Chávez al poder.
La crisis venezolana: De "la Suiza americana al "caracazo"
Venezuela es un país rico, con enormes recursos petrolíferos, cuyos indicadores económicos y sociales reflejan, no obstante, una enorme pobreza y, sobre todo, una injusticia y desigualdad intolerables: poco más del 1% de los propietarios controlan el 60% de la tierra[1], el 51% de los trabajadores ha de vivir de la economía informal, alrededor del 80% de la población vive en la pobreza y un 40% de la riqueza nacional es devorada por la deuda externa.
La burguesía venezolana, tan débil, parásita y atrasada como sus vecinas, no utilizó los ingresos que le proporcionaban las exportaciones de petróleo para modernizar y desarrollar el país, diversificar su industria y liberarla del yugo imperialista, sino que se limitó a vivir de las rentas. El país dependía totalmente del petróleo. Durante el auge económico mundial de los años 50 y 60 los dividendos del petróleo posibilitaron ciertas concesiones a los trabajadores y el desarrollo de una clase media bastante mas fuerte y numerosa que en otros países vecinos, manteniendo así durante algún tiempo una relativa estabilidad social desconocida en otros lugares del continente. Venezuela era conocida como "la Suiza de América Latina".
El régimen político dominante durante décadas ha sido la democracia burguesa, con un Parlamento dominado por dos grandes partidos: COPEI (democristiano) y acción democrática ( una organización nacida al calor de la experiencia populista que vivió el país a finales de los años 40 pero que luego giro a la derecha y se integro en el sistema; AD se declara socialdemócrata.
Los políticos profesionales de ambos partidos se alternaban en el gobierno sin alterar decisivamente los planes del imperialismo y los sectores decisivos de la burguesía nacional. El resultado ha sido la extensión de la corrupción y un desprestigio creciente de la política oficial entre la población. Los sindicatos venezolanos se agrupan fundamentalmente en la Confederación de Trabajadores Venezolanos (CTV), que organiza al 18% de los trabajadores y ha estado controlada durante décadas por dirigentes enormemente burocratizados y totalmente alejados de las condiciones de vida de las masas.
La decadencia del capitalismo venezolano, iniciada con la crisis mundial de los 70, se ha profundizado durante las décadas siguientes. La economía venezolana ha caído en picado, acompañando el desplome de los precios del petróleo en el mercado mundial; los trabajadores y campesinos se han hundido en la miseria y la pobreza a un ritmo vertiginoso mientras los capitalistas se enriquecían vendiendo los recursos del país al imperialismo y los políticos profesionales de los dos grandes partidos protagonizaban algunos de los mayores escándalos de corrupción del continente. La clase media ha visto como en veinte años sus ingresos se han recortado un 70%.
El descontento ante esta situacion se expreso en el "caracazo" de 1989, un estallido social espontáneo de las masas empobrecidas que conmociono a todo el país y fue sangrientamente reprimido por el gobierno de Carlos Andrés Pérez (AD), hoy exiliado del país y acusado de corrupción
Los orígenes del Chavismo
El temor a una inestabilidad social creciente que podía conducir al país a una revolución social generaba una critica creciente en el seno del ejercito. La corrupción estatal generalizada y la rápida decadencia nacional, en un país que todavía recordaba sus años dorados, marcados por un fuerte control del estado sobre la economía y unos niveles importantes de desarrollo, minaban la confianza que pudiesen tener sectores de los mandos militares en la casta política, e incluso en las políticas privatizadoras que estaba aplicando la burguesía. Entre algunos sectores de oficiales medios, procedentes de la pequeña-burguesía (el propio Chávez tiene un origen campesino), existía un profundo malestar ante la situacion que vivía el país. Ya desde 1983, algunos de estos oficiales con una orientación nacionalista y confusamente de izquierdas, encabezados por Hugo Chávez, habían decidido fundar el clandestino Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200) y reunirse para discutir medidas a tomar. Conmocionados por la represión del caracazo de 1989 y la continuidad de esta situación, los bolivarianos dieron un golpe de estado en 1992; su objetivo era deponer a Pérez, juzgarlo por corrupción y la represión contra el pueblo y establecer en su lugar un gobierno "honrado y patriótico".
Esta acción al margen de las masas (solo contó con el apoyo de algunos grupos populistas y de izquierdas) fue derrotada y sus lideres encarcelados pero, en un contexto donde no existía ninguna alternativa revolucionaria en el seno del movimiento obrero, Chávez y sus compañeros de armas fueron vistos por todo un sector de trabajadores y campesinos como los únicos que habían intentado rebelarse contra una situacion insoportable.
Durante la década de los 90, la clase obrera y otros sectores populares venezolanos intentaron mejorar sus condiciones de vida por distintas vías: mediante huelgas generales que los dirigentes de la CTV se vieron obligados a convocar, o apoyando a grupos de izquierdas como el MAS (Movimiento Al Socialismo) o Causa Radical. Pero todos estos intentos acabaron frustrados debido a la aceptación por parte de estos dirigentes políticos y sindicales del marco del sistema capitalista. Los dirigentes de la CTV solo convocaban huelgas para dejar salir la presión e impedían que estas tuviesen una expresión política, algunos ex guerrilleros del MAS llegaron a integrarse en el gobierno conservador de Rafael Caldera y apoyaron (e incluso encabezaron) las privatizaciones, Causa R se dividió entorno al apoyo o rechazo de la privatización de Petróleos de Venezuela (PdVSA),...
Fue en este contexto de crisis económica, política y social del país, en el que la clase dominante mostraba una y otra vez su incapacidad para desarrollar el país pero, por otra parte, la ausencia de una alternativa revolucionaria de masas impedía que la clase obrera &endash;a pesar de haber mostrado su fuerza potencial- pudiese encontrar un modelo de sociedad alternativo por el que luchar (y que ofrecer a los demás sectores explotados), cuando Chávez lanzó el Movimiento Quinta Republica, MVR, agrupando a los sectores intermedios del ejercito, y a otros sectores de la pequeña-burguesía, que le apoyaban.
La candidatura electoral de Chávez alteró todas las previsiones de los capitalistas, que esperaban que, una vez mas, los desprestigiados candidatos de Copei y AD se disputasen el poder en medio de la indiferencia y apatía de las masas. El mensaje nacionalista, democrático y contra la corrupción de Chávez apareció ante las capas mas pobres de la sociedad venezolana como la alternativa del pueblo contra los ricos. Alrededor del MVR se formo un frente, el Polo Patriótico, que agrupaba a sectores de la izquierda venezolana como el Partido Comunista (PCV), el MAS (el congreso de este partido obligo a los dirigentes a salir del gobierno y apoyar a Chávez), Patria Para Todos (PPT) y a otras organizaciones.
La revolución bolivariana
A pesar de la brutal campaña contra Chávez, este arrasó en las urnas. Su principal promesa era la convocatoria de una Asamblea Constituyente que elaborase una nueva Constitución, dicha Constitución seria el primer paso en el camino hacia la justicia social, una mayor independencia del país del control del imperialismo y la depuración de todas las instancias de la vida nacional de la corrupción: desde los juzgados hasta el parlamento pasando por los sindicatos. Era el principio de la revolución bolivariana, como Chávez la bautizo.
Los marxistas explicamos (tanto desde las paginas de El Militante como desde las de la revista Marxismo Hoy) que la victoria de Chávez había sido un golpe para el imperialismo y la burguesía pero que su promesa de reformar gradualmente el país, logrando cada vez mas cotas de justicia social e independencia del imperialismo chocaría inevitablemente con la resistencia encarnizada de los mas ricos y solo podría ser efectivamente cumplida rompiendo con el capitalismo.
"El comandante va atener que elegir: o intentar cumplir su programa enfrentándose a los capitalistas y las multinacionales USA, lo que le obligara a ir mas lejos( animando así a los sectores mas radicalizados de su base social, que pedirían mas, y en los que tendría que apoyarse frente a la derecha): o retroceder y aplicar nuevas medidas antisociales de ajuste, presionado por la clase dominante. (...)Probablemente, durante algún tiempo Chávez intentara oscilar entre las clases y contentar a todos; algo que en la situacion del capitalismo venezolano será imposible y conducirá a una inestabilidad y polarización social cada vez mayores(...)No es en absoluto descartable que en un determinado momento,, fundamentalmente en un contexto de crisis económica aguda y ascenso de la movilización de las masas a escala nacional e internacional (y en particular en otros países latinoamericanos) el propio Chávez o sectores que hoy le apoyan pueden verse empujados a ponerse al frente y girar bruscamente a la izquierda. Esto seria un peldaño mas hacia un enfrentamiento decisivo entre las clases". (América Latina. La lucha de clases llama a la puerta", Marxismo Hoy nº6, 1999).
Esta es la situacion actualmente. Tras perder la batalla por impedir la victoria electoral de Chávez, los capitalistas venezolanos y el imperialismo optaron por "esperar y ver" durante un tiempo. Se han reunido con el, han intentado presionarlo (primero amigablemente, luego con bastante mas vehemencia) para que se hiciese mas "sensato" y renunciase a toda una serie de promesas que había realizado. En un primer momento, un sector de la burguesía venezolana no veía incluso con malos ojos algunas de las propuestas de Chávez, ya que eso podría significar mas proteccionismo para algunas industrias y un impulso al consumo interno, en todo caso confiaban en poder frenar sus veleidades izquierdistas y domesticarlo. Pero esto ha ido cambiando muy rápidamente ya que el problema no es las medidas de Chávez en un momento dado ni sus discursos radicales sino las masas que tiene detrás y sus aspiraciones.
La burguesía ha echado ya varios pulsos al gobierno con el objetivo de ir debilitándolo. El último, antes de la virulenta campaña de desestabilización actual (que marca un punto de inflexión en la situacion), fue en el terreno electoral: desacreditados los partidos tradicionales, intentaron agrupar sus fuerzas, y mermar las de Chávez, presentando a Arias Cardenas, un militar que había acompañado al presidente desde el golpe del 92 pero que rompio con el acusandolo de autoritarismo y de querer convertir a Venezuela en una nueva Cuba. El resultado fue un fracaso para la reacción, Chávez gano con autoridad las presidenciales, si bien es cierto que con una abstención altísima. Algo que reflejaba ya un cierto desgaste: sectores de las masas se mantenían también a la espera, a ver si las ilusiones que había despertado el chavismo se concretaban en mejoras en sus vidas, sin movilizarse para apoyarle (en parte, posiblemente, también porque su triunfo parecía asegurado) pero desde luego otorgando poca o ninguna credibilidad a una supuesta oposición "democrática" a la que se le ve demasiado el plumero.
Durante 1999 y 2000 el repunte de los precios del petróleo y el crecimiento de la economía mundial concedieron cierto margen al gobierno, el freno a la privatización de PdVSA y su mantenimiento como empresa publica (una de las primeras medidas económicas de Chávez, que al mismo tiempo permitía la privatización de otras empresas) permitió destinar una parte de los ingresos que proporciona esta empresa al estado para incrementar el gasto publico sin que ello disparase la deuda o la inflación ni obligase a un enfrentamiento decisivo con los empresarios. Todavía durante el año 2000 el gasto público aumentó un 42%. El Plan Bolívar 2000, algunas obras publicas e infraestructuras y, en general, un cierto aumento de gastos en educación, sanidad o vivienda fueron posibles en este contexto. Sin embargo, estas medidas están bastante por debajo de lo que muchos sectores de la base social chavista esperaban, que era un cambio radical en sus condiciones de vida. En 2001 la profundización de la crisis económica ha empezado a notarse ya muy claramente entre la población, especialmente en los sectores mas humildes, y ello ha provocado mas desencanto y un cierto declive en el apoyo al movimiento bolivariano.
Entre la revolución y la contrarrevolución
El presidente ha visto como sus políticas, promesas, e incluso sus discursos incendiarios, irritaban a los capitalistas (que han retirado sus inversiones y prefieren especular en las Bolsas de otros países), pero al mismo tiempo, en la medida en que ha intentado hasta el momento mantenerse dentro del marco del capitalismo, se ve constreñido por la crisis de este, que limita cada vez mas su margen de maniobra. Por otra parte, el MVR tampoco ha sido capaz de conseguir organizar a las masas y movilizarlas masivamente en la calle en su apoyo. El principal riesgo para Chávez es que, de mantenerse esta situacion mucho más tiempo, sus enemigos podrían encontrar un terreno favorable para apartarlo del poder.
Las leyes del 23 de noviembre representan un intento de responder a esta situacion reforzando su base social y avanzando en el cumplimiento de algunas de las medidas socioeconómicas de su programa. Este giro a la izquierda ha intensificado la polarización social y la lucha entre las clases. Las medidas tomadas por Chávez tienen su propia dinámica y los burgueses lo comprenden. No son por si mismas revolucionarias ni, desde luego, "marxistas" (como vociferan los representantes de Fedecamaras, la patronal venezolana, o de los grandes medios de comunicación burgueses); en realidad son reformas similares a las que en determinados momentos han tomado en el pasado gobiernos de carácter burgués en algunos países, pero chocan con la tendencia general que el imperialismo esta imponiendo en todo el planeta (privatizaciones, sometimiento a los programas de ajuste del FMI, desregulación por parte del estado y sometimiento de todas las áreas de la vida social a los criterios del mercado y en particular a los de las multinacionales imperialistas,...) y, lo mas importante de todo: dada la situacion de crisis del capitalismo en Venezuela y a nivel general, y las presiones de clase que expresa un movimiento de masas como el chavismo, son solo el principio de un proceso revolucionario que puede ir mucho mas lejos. Si Chávez mantiene y profundiza el giro a la izquierda, y ya no digamos si este desembocase en transformaciones sociales profundas( como esa nacionalización de la banca con la que ya ha amenazado), en un contexto de crisis y miseria como el que se vive en todo el mundo ex colonial serviría de ejemplo a otros muchos países. Y no solo en el mundo colonial.
Los capitalistas venezolanos lo comprenden y se han lanzado a una agresiva campaña de boicot y desestabilización que recuerda a la desatada en Chile de 1970 a 1973 contra Allende. Quieren presionar a Chávez para que retroceda, y en el caso de que no lo haga, desestabilizarlo. De momento, intentan combinar la utilización de la legalidad burguesa, con el fin de obstaculizar su acción de gobierno, con la huelga de inversiones y la evasión de capitales a otros países a la par que con acciones como las caceroladas o el cierre patronal del 10-D que buscan erosionar mas rápidamente su base social.
Los empresarios de Fedecamaras necesitan arrastrar a estas acciones a los sectores de la población que puedan estar mas desesperados y descontentos tras tres años de revolución bolivariana que no han significado un cambio económico profundo en sus vidas, para ello intentan dar a su campaña una cobertura "popular" utilizando a algunos dirigentes sindicales de la CTV (a los que Chávez se ha enfrentado desde su llegada al poder criticando públicamente su corrupción y prometiendo depurar los sindicatos) y a partidos como AD, o incluso a grupos de extrema izquierda muy sectarios desde el principio hacia Chávez como Bandera Roja. Estos grupos han formado junto a distintos partidos burgueses y de la derecha un frente contra Chávez bajo el nombre de "mesa por el diálogo", en realidad están "lavando la cara" a la reacción.
Independientemente del discurso "dialogante", demagogico y pseudodemocratico con el que intenta disfrazarse, el carácter y objetivos de esta oposición y sus acciones son netamente burgueses y contrarrevolucionarios. Los capitalistas venezolanos pretenden minar el apoyo a Chávez para derrocarle en cuanto puedan y sustituirle por un gobierno títere sumiso a sus dictados, ya sea basándose en alguna triquiñuela legal (por ejemplo una inhabilitación por parte del Tribunal Supremo) que les permita dar un golpe de estado encubierto, ya con un golpe militar puro y duro.
Chávez en la encrucijada
Este desenlace seria una pesadilla para el pueblo venezolano. Si Chávez retrocediese también lo seria. Los capitalistas no necesitan solo la retirada de las leyes del 23 de noviembre, precisan imponer una tras otra todas sus medidas antisociales y eso significa un gobierno a su servicio y dispuesto a enfrentarse a muerte contra los trabajadores. De retroceder, el líder bolivariano estaría cavando posiblemente su propia tumba política (y puede que no solamente política). El proceso ha llegado bastante lejos y los vínculos de Chávez con la izquierda y el movimiento de masas no lo hacen fiable para la burguesía aun en el caso de que estuviese dispuesto a dar un paso atrás (algo que, por otra parte, parece cada vez mas difícil). De hecho, su respuesta inmediata al paro empresarial no ha sido retroceder sino intentar reafirmar su control de las Fuerzas Armadas, mantener las leyes objeto de polémica y convocar movilizaciones populares en defensa de las mismas. Chávez convoco una marcha de indígenas y otra de campesinos y gente humilde llegada de todo el país, desplegó al ejército en maniobras por distintas zonas del país y se ha apoyado en algunas de las organizaciones de izquierdas que le apoyan, entre ellas de forma destacada el Partido Comunista, para organizar la defensa de las leyes aprobadas.
Como explicábamos los marxistas, en el contexto anterior a la caída del estalinismo, Chávez ya habría tomado seguramente el camino de nacionalizar los sectores decisivos de la economía e instaurar una economía planificada como la de Cuba. El aislamiento y la tendencia general a escala mundial predominante en los últimos años (que es precisamente la opuesta a la estatalización) lo han impedido, pero no es en absoluto descartable que esto pueda cambiar.
Ya hemos citado las declaraciones de Chávez del 18 de diciembre amenazando con nacionalizar la banca. De momento son palabras pero son palabras dichas en un contexto muy especial: ante miles de seguidores (que pueden interpretarlas como una promesa y una invitación a pasar al ataque) No es casualidad que Chávez haya elegido el acto en memoria del Libertador Simón Bolivar en el que juramentaba a miles de militantes de los Círculos Bolivarianos (el movimiento de base con el que intenta revitalizar su apoyo y presencia en la calle) ni que haya decidido lanzar nuevamente el MBR-200, el movimiento clandestino con cuyas siglas encabezo el golpe del 92. Lo mas probable es que pueda verse obligado a girar aun mas a la izquierda. Hasta que punto y a que ritmo va a depender de cuales de las distintas presiones de clase que va a recibir se impone en cada momento. La cuestión clave es como realice ese giro y si consigue ganar el apoyo de las masas pasando de las palabras a los hechos. En cualquier caso, lo que es indudable es que la situacion en Venezuela se dirige hacia un enfrentamiento decisivo entre la revolución y la contrarrevolución.
¿Cacerolas contra F-16?
De momento, Chávez parece estar seguro de que controla el ejercito y de que eso le da una ventaja decisiva. Su frase: "Los ricos tienen cacerolas y el pueblo F-16",respondiendo a la cacerolada organizada por los empresarios y sectores de la pequeña burguesía así lo indica. Pero esto podría no estar tan claro. Chávez ha colocado a hombres de su confianza en toda una serie de puestos clave del aparato estatal y ascendido a oficiales en los que cree poder apoyarse, pero la oficialidad de cualquier ejercito esta unida por intereses, tradiciones e infinidad de lazos comunes con la burguesía. Venezuela es un país con una burguesía consolidada y con un aparato estatal burgués que existe desde hace mas de un siglo. A la hora de un enfrentamiento decisivo entre las clases que podría cambiar el carácter del estado y las formas de propiedad no faltaran sectores de la oficialidad dispuestos a "salvar al país del comunismo".
Hasta que punto, llegada una situacion semejante, estos sectores podrían imponerse o Chávez conseguiría el respaldo mayoritario del ejercito es una incógnita que solo se resolverá en la practica, cuando haya una prueba de fuerza decisiva. Pero si Chávez confiase en poder ganar un enfrentamiento de tales características basándose exclusivamente en su control de la oficialidad podría cometer un grave error de calculo. Para decidir el resultado de un enfrentamiento dentro del aparato estatal lo decisivo será lo que ocurra fuera de él, entre las masas: si Chávez mantiene y aumenta su apoyo entre los campesinos y los trabajadores esto se reflejara en el ejercito (en los soldados y los estratos bajos y medios de la oficialidad), si este sigue desgastándose la lucha se dirimirá en las alturas y ese es el terreno que mas conviene a la burguesía.
Cuanto mas tiempo se mantenga a medio camino, granjeándose el rechazo de la burguesía por sus medidas y promesas pero sin que estas supongan una transformación decisiva de la economía que ofrezca a las masas una mejora clara en sus condiciones de vida, su situacion será mas difícil. Las leyes ahora aprobadas agudizaran la huelga de inversiones de los capitalistas, pero para que supongan una mejora real para las masas deberían ser continuadas y profundizadas con una reforma agraria que distribuyese la tierra inmediatamente a los campesinos y con la nacionalización de la banca para ofrecer créditos baratos a los campesinos y pescadores y disponer de recursos para satisfacer las necesidades sociales mas acuciantes. Al mismo tiempo es imprescindible nacionalizar las grandes industrias, negarse a seguir pagando la deuda externa que sangra la riqueza del país, subir el salario mínimo y repartir el trabajo existente entre todos sin reducir los salarios. Este programa significa un enfrentamiento decisivo con los capitalistas y solo podría ser llevado a cabo con éxito con el apoyo y la participación masiva de la clase obrera y los demás sectores explotados. De hecho, para cambiar realmente la sociedad y construir un régimen de democracia obrera que avance hacia el socialismo la nacionalización de los principales recursos del país debe, además, estar bajo el control democrático de los trabajadores.
El papel de la clase obrera
Es significativo que en las declaraciones y mensajes de Chávez no este prácticamente presente ningún llamamiento a la clase obrera. Esta es una característica común a distintos dirigentes revolucionarios procedentes de la pequeña-burguesía que han encabezado procesos parecidos. Desconfían de la organización independiente de los trabajadores y la temen ya que una entrada masiva de la clase obrera como tal en escena desplazaría el eje de la lucha hacia los métodos de clase y lo objetivos de esta y les arrebataría la dirección del proceso revolucionario convirtiendo a la clase obrera y a su vanguardia en la dirección del mismo.
Y esta es precisamente la clave para el triunfo de la revolución venezolana: que la dirección del proceso este en manos de la clase obrera y sea resultado del incremento de su organización y conciencia revolucionaria. Es imprescindible que los trabajadores venezolanos formen comités de representantes democráticamente elegidos y revocables en todo momento en cada fabrica y en cada barrio para organizar la lucha, para defender las medidas tomadas por Chávez de la ofensiva de la contrarrevolución pero también para dar mas pasos adelante. Solo así se puede garantizar el avance de la revolución venezolana, que esta resiste los embates de la contrarrevolución con éxito y que su dirección permanece bajo el control democrático de las masas y, en particular, del proletariado. Esto mostraría el camino a otras capas: a los soldados para que se organicen en los cuarteles, a los campesinos en los pueblos.
El principal peligro para la revolución venezolana es que hasta el momento la clase obrera no ha participado en todo el proceso como tal de forma clara e inequívoca o, en todo caso, que no lleva la iniciativa en la situacion. Cuando los medios de comunicación presentan el paro del 10 de diciembre como una huelga general conjunta de trabajadores y empresarios mienten cínicamente, ningún gobierno que tuviese el rechazo masivo tanto de empresarios como de trabajadores duraría un día en el poder. Los empresarios dan cifras muy altas de seguimiento del paro del 10-D pero esto es lógico ya que ellos cerraban las fabricas. Por otra parte parece que allí donde las empresas no cerraban (industrias extranjeras y del estado) no existen datos demasiado fiables acerca de la incidencia del paro y sobre todo de la actitud de los trabajadores.
Todo indica que la repercusión fue desigual. El sindicato del Metro de Caracas, por ejemplo, se negó a secundar el paro y lo denuncio como una medida de los ricos para desestabilizar al gobierno. En cualquier caso, parece claro que donde hubo paro los trabajadores no se movilizaron como clase ni existía ninguna consigna que los agrupase como tal. Los dirigentes de la CTV han apoyado el cierre de los empresarios y han amenazado con una huelga general pero esta por demostrar que tengan la dirección real de la clase obrera y que sean capaces de movilizar a los trabajadores masivamente en la calle. De hecho, no han hecho ningún llamamiento en ese sentido ni han planteado ninguna reivindicación de clase limitándose a actuar como la bota izquierda de la contrarrevolución burguesa.
Las elecciones sindicales internas de la CTV, en Octubre, en las que participo medio millón de trabajadores, no han aclarado gran cosa. Los dirigentes sindicales, agrupados en el Frente Único de Trabajadores (dirigido por AD con el apoyo de otros grupos antichavistas), se proclamaron a si mismos vencedores alegando tener el 62% de los votos y atribuyendo solamente un 12% de apoyo a la corriente chavista dirigida por Aristobulo Isturiz, la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT), que quedaría, de ser ciertos estos datos, como segunda lista mas votada de las seis presentadas. Sin embargo, las acusaciones de fraude procedentes de distintos candidatos y de la propia Comisión Electoral nombrada por el gobierno contra el FUT (se habla de 22.000 actas de votación desaparecidas) hacen que no existan unos resultados definitivos aceptados por todas las candidaturas.
La FBT no acepta estos resultados y ha denunciado a los dirigentes de la CTV como corruptos y traidores tanto por alterarlos como por apoyar un paro empresarial contrario a medidas favorables para los trabajadores.
Independencia de clase y socialismo
No parece que los trabajadores venezolanos tengan una dirección clara en estos momentos en la que confíen y a la que sigan. Al principio de la revolución bolivariana había noticias de que sectores de trabajadores y sindicalistas asaltaron las sedes de la CTV exigiendo la destitución de los dirigentes pero no parece que la corriente sindical bolivariana tenga tampoco la dirección del movimiento obrero organizado y logre movilizarlo masivamente. La tarea de construir una dirección obrera revolucionaria y combativa, de democratizar los sindicatos y convertirlos de ser un aparato anquilosado y burocratizado en manos de dirigentes corruptos a una herramienta de lucha de los trabajadores solo puede ser resultado de la acción de los propios trabajadores, de su experiencia en la lucha y el avance de su conciencia. Los trabajadores tardan años en construir una dirección, incluso si esta está degenerada ( y como ya hemos dicho la de la CTV lo esta desde hace décadas) es preciso que exista una dirección alternativa que se haya ganado en la lucha el apoyo y confianza de los trabajadores y el derecho a dirigirlos. Cualquier intento de buscar atajos y sustituir ese proceso improvisándolo desde fuera (no digamos ya si es un movimiento que tiene el gobierno de la nación y que esta dirigido por militares quien lo hace) tiene enormes riesgos (sustituir a una burocracia por otra, perder el apoyo de sectores de los trabajadores o convertir a estos en un mero apéndice y no en la dirección de la lucha).
El simple hecho de que exista esta confusión acerca de quien ha ganado las elecciones sindicales, de que se haya podido dar el fraude y no haya sido contestado por una movilización masiva de los propios trabajadores dejando claro con quien están, indica que la clase obrera no esta poniendo aun el sello a la situacion y que a esta le falta organización, dirección y confianza en sus propias fuerzas. Pero esto puede cambiar muy rápidamente y la lucha que ahora se ha desatado entre Chávez y sus enemigos exige una respuesta rápida por parte de los sectores mas conscientes y combativos del proletariado.
Para deshacerse de los dirigentes corruptos de la CTV, romper la influencia de la burguesía en el movimiento obrero y que la clase obrera venezolana sea la que tome las riendas de la situacion es preciso construir una organización marxista que se base en una política de independencia de clase y luche por el socialismo. Hay que explicar a las masas, y en primer lugar a la clase obrera, que solo su participación masiva, dotándose de sus propios organismos de poder y control obrero, y luchando por un programa socialista puede transformar la sociedad venezolana. Hay que insistir en que incluso los objetivos mas modestos de la revolución bolivariana chocan con los intereses de la burguesía y el imperialismo y son inalcanzables bajo el capitalismo. Una reforma agraria integral, la independencia del imperialismo, la democratización de la sociedad y de la economía exigen que las principales palancas económicas están nacionalizadas y se hallen bajo el control democrático de los trabajadores organizados en comités de representantes elegibles y revocables. Al mismo tiempo una revolución obrera victoriosa en Venezuela necesitaría extenderse al resto de América Latina y hacer un llamamiento internacionalista a todos los trabajadores para consolidarse y avanzar hacia el genuino socialismo.
Incluso en el caso de que Chávez, los oficiales que le apoyan y el MVR llegasen tan lejos como para instaurar una economía nacionalizada y planificada, esto sin ser el resultado de la lucha y conciencia de las masas y estar bajo su control mediante la creación de comités surgidos inicialmente como órganos de lucha y convertidos posteriormente en los pilares de un estado obrero democrático solo desembocaría en la dirección de la economía desde arriba y podría acabar conduciendo a una burocratización. Un régimen semejante seria un paso adelante que mejoraría las condiciones de vida de las masas pero estaría sometido desde el principio a enormes contradicciones y acabaría entrando en crisis.
En el próximo periodo, la clase obrera de Venezuela y de toda América Latina se va enfrentar a acontecimientos decisivos. Ya los estamos viendo con los acontecimientos venezolanos, la revolución ecuatoriana de 2001 o las siete huelgan generales en dos años en Argentina, continuadas ahora por la explosión social espontánea de las masas que puede conmocionar a todo el continente y ha sido contestada con el decreto del estado de sitio por De la Rúa. Se esta abriendo un periodo de revolución y contrarrevolución; que salgan victoriosos de este periodo la clase obrera y los sectores populares, o que la burguesía y el imperialismo puedan volver a sepultar la voluntad popular bajo la bota dictatorial, va a depender fundamentalmente de que los sectores mas avanzados del proletariado y la juventud encuentren el camino hacia el programa y los metodos del marxismo revolucionario y ganen el apoyo masivo de las masas para estas ideas. Esa es la tarea que hay por delante y tenemos tiempo y acontecimientos para llevarla a cabo.
Miguel Campos,(El
Militante)
20-12-01
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[1] Articulo recogido en Rebelión, 13-12-01
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