Ni un minuto de tregua a la burguesía y al capitalismo en Argentina

En la madrugada del 30 de mayo se consumó la traición: la Cámara de Senadores, a las 3 y 45 de la madrugada, contentó al FMI derogando la Ley de Subversión Económica, dándole una sonrisa a los banqueros del régimen capitalista y aliados del Imperialismo (Domingo Cavallo, Pedro Pou, Raúl Moneta) y permitiendo a partir de ahora todos los ilícitos financieros imaginables.

Las contradicciones son insuperables: Duhalde de viaje por Europa, practica el sometimiento y la genuflexión ante el derechista Aznar, presidente de España, que le aconseja ciegamente y con tono colonialista, arreglar con el FMI a cualquier costo. De regreso a la Argentina, Duhalde anuncia huracanes de penurias y realiza exhortaciones al esfuerzo patriótico, al bien de la patria, exhortaciones sin asidero ya que se hacen a un pueblo hambreado, estafado y reducido a la miseria. Esta es la desesperación de la burguesía: apelan a los sentimientos de los trabajadores, al temor de “disolución” nacional. El nacionalismo que pregona tiene un carácter de clase unívocamente reaccionario. Hay que tener cuidado con este tipo de nacionalismo reaccionario, chovinista, que no sólo engulle a la burguesía, sino también a su aliada Iglesia, y algunos movimientos sociales en supuesta oposición al Estado.

Para los trabajadores la situación es lamentable, la hiperinflación está latente: la canasta básica aumenta el 70%, que incluye 28 productos de consumo masivo; por ejemplo, el aceite aumentó el 160% y la harina el 138%, los salarios se licúan con cada suba del dólar y la variación de los precios, aumentarían el gas y la luz eléctrica en un 7%, y en Capital, Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario, las empresas privadas redujeron su personal en 16.000 empleos en abril, y se espera una doble reducción para el mes de junio. Por la televisión se trasmiten postales que bien encajarían en el realismo mágico de García Márquez: imágenes de niños desnutridos, mortalidad infantil, de enfermos que carecen de medicamentos, desocupados y desclasados que comen de la basura que dejan los locales de comida rápida, a cuatro cuadras de la Casa Rosada; la aparición de los secuestros “express” y la consiguiente ampliación de la condena a quien asesine a un policía, que en su núcleo esconde una idea reaccionaria: transformar el conflicto social en una cuestión judicial, dándole plenas funciones a la policía que defiende el capitalismo.

Es posible superar esta “prehistoria” a la que es sometido el hombre bajo el capitalismo, pero presentar el hambre, la desocupación masiva, el corralito financiero y el aumento de la violencia como particularidades del capitalismo argentino es una argucia burguesa, ya que toda explotación, opresión y desigualdad, como demostró incomparablemente Marx, son inevitables y necesarias en tanto existan las relaciones de producción presentes y el régimen de producción capitalista. Además, tanto las penurias y sufrimientos de los trabajadores, indefectiblemente deben traslucirse en beneficios para otros, y esos otros no son más que los banqueros, empresarios y los políticos beatificadores del capitalismo.

Sin embargo, muchos activistas y revolucionarios están desanimados por el descenso de la lucha, a pesar de que casi todos los días hay cortes de rutas, concentraciones y actos, las marchas y contramarchas. Los flujos y reflujos son una característica inevitable de la lucha de clases, y no entenderlos en su magnitud nos llevará a un pesimismo extrañamente derrotista. El análisis de que la “protesta está acabada”, “que la gente ya no protesta aunque estemos peor que antes”, no tiene nada que ver con el marxismo, es anti-dialéctico, ya que todos los hechos sociales tienen un carácter transitorio. El análisis no puede limitarse a lo “dado”, es solo un momento negativo del proceso histórico: en la superficie no parece hallarse más que tranquilidad, pero lo que opera debajo de esa superficie, tarde o temprano, será incontenible porque se están acumulando fuerzas, experiencias y, aunque falte la guía correcta para la acción, los movimientos sociales adquieren cada vez más conciencia de su verdadera situación de clase; ya no se trata de repudiar tal ley, de derrocar tal gobierno o tal ministro, sino que estamos en camino de una nueva fase del proceso de lucha de clases: la lucha por un proyecto claro, un proyecto genuinamente socialista y revolucionario y la consecuente defensa ideológica del mismo. Un hecho que podría ser menor, como la invasión por las Asambleas del elitista Teatro Colon durante una función de ballet, revela lo que está germinando debajo de la superficie: por las cámaras de televisión se vio a un hombre, que ante la pregunta de un cronista horrorizado del por qué el exabrupto, le contestó: “Es en repudio de las señoras gordas y los hombres de traje importado, de los oligarcas, de los que viven chupando la sangre del pueblo.” Esto, sin ir más lejos, es lucha ideológica, clase contra clase.

Para el proceso revolucionario en Argentina es vital la construcción de un Partido marxista, con influencia de masas y acelere los procesos. Sin este partido, la burguesía se aprovecha del error de los revolucionarios y presenta su interés como el interés general, con innumerables recursos para hacerlo efectivamente; en tanto que los marxistas debemos entender algo: sin un llamamiento serio a las bases de la CGT y a los otros sindicatos o movimientos como CTA o CCC, sin la conquista de éstas para la revolución, todo puede quedar reducido a la nada, la reacción tomará la iniciativa y los trabajadores se replegarán ante la derrota. Los piqueteros constituyen una auténtica vanguardia de la lucha obrera, pero sin las bases de la CGT, se necesitará el doble de sacrifico, de sufrimientos. Hay que aprovechar esta oportunidad.

Primero de Mayo y la izquierda

Mientras la CCC y la CTA realizaban un nutrido acto frente al Congreso, y decretaban la “unidad” de los que luchan y una huelga con movilización para el 29 mayo, la atención de la mayoría estuvo centrada en la manifestación por el primero de mayo de los bloques piqueteros y la izquierda, que lamentablemente se fraccionaron en 2 actos diferentes después de una disputa estéril por una lectura de comunicados entre grupos de izquierda, asambleas populares y organizaciones piqueteras. En todo caso, fueron las dos concentraciones con más concurrencia, y de haberse juntado, la multitud hubiera rebasado lo previsto: nunca un primero de mayo hubiera contado con tanto apoyo para la izquierda. Lamentablemente la división pudo más, y no es que no entendamos que las diferencias sean inevitables en un proceso revolucionario, sino que, al tratarse de un acto propio de la clase obrera, la unidad en ese acto hubiera sido la muestra exacta del poder, movilización y apoyo del que gozan la clase obrera, los piqueteros y las Asambleas. Era el momento de azotar con un golpe psicológico y concreto a la burguesía y sus acólitos periodistas. No vamos a ponernos a discutir y analizar quién tuvo razón o no, quién se equivoco y quien acertó, sino verificar el efecto objetivo de la acción política: muchísima gente, trabajadores, jóvenes y vecinos caminaron desde la Plaza de mayo al Obelisco, desde el Obelisco a Plaza de Mayo (lugares donde se desarrollaron ambos actos), refunfuñando por lo bajo el sectarismo, la división. Estas actitudes, alejadas aquello que pregonaba Lenin de “marchar separados y golpear juntos”, crean confusión y en algún grado desmoralizan a los jóvenes, trabajadores y vecinos que se acercaron con esperanza y entusiasmo de observar el verdadero poder del movimiento.

Los bolcheviques siempre aparecían ante las masas como los “campeones” de la unidad de la clase obrera; tanto sus consignas y sus tácticas eran flexibles, y no por esto resignaron un punto de su programa revolucionario. Se podrían poner muchísimos ejemplos, pero uno que nos ilustra la inteligencia y la flexibilidad de la política de Lenin y los bolcheviques, podemos encontrarlo incluso después de la Revolución de Octubre, con respecto al problema de la tierra para los campesinos y la redacción de un decreto por parte de los socialrevolucionarios. Dejemos que hable Lenin: “Se oyen aquí voces en la sala que dicen que el decreto y el mandato han sido redactados por los socialistas revolucionarios( eseristas) ¿Qué importa? No interesa quien los haya redactado; como gobierno democrático, no podemos ignorar la decisión de las masas populares, aunque podamos no estar de acuerdo. En el juego de la vida, al aplicar el decreto en la practica, los propios campesinos verán dónde está la verdad.”( Informe Sobre la Tierra- 26 de octubre) ¡ Y esto lo decía Lenin al triunfo de la Revolución! Lo que demuestra la política flexible e inteligente que siempre caracterizó al partido bolchevique antes de su degeneración. Por esto también triunfaron los bolcheviques. Entendemos perfectamente el esfuerzo de los partidos de izquierda y de su vanguardia, pero acciones de tal magnitud, en el futuro, pueden jugar en contra de lo que todos queremos por igual: la destrucción de la explotación capitalista y la transformación socialista de la sociedad.

la huelga lluviosa de Moyano y la CTA

El idealista Montesquieu, con respecto al clima, utilizó esquemas bipolares de frió-calor, clima moderado- clima extremado, que combinados con las características del territorio, nos dan los caracteres psico-sociales o el modo de ser de la gente de un país. Parece ser que Moyano ha leído a Montesquieu, y ante la adversidad de la lluvia torrencial, suspendió la huelga y la movilización que tenía anunciada para el 14 de mayo para que los trabajadores no se resfriaran. Pero si dejamos de lado la ironía, y lo explicamos desde la única teoría científica que nos permite aproximarnos fehacientemente a la realidad, el marxismo, que manifiesta la historia por los intereses y las relaciones entre los grupos y las clases sociales, señalamos que la CGT “rebelde” aplacó la huelga por falta de apoyo de la burocracia sindical, tras reunirse con la Ministra de Trabajo Graciela Caamaño. Ahora, la máscara “combativa” quedó al descubierto con la nueva traición de las burocracias sindicales, transformándose en un escándalo imposible de disimular, las bases manifestaron su enfado y Moyano tuvo que anunciar una nueva huelga para el día 22 de mayo. Hay que recordar que la CGT de Moyano fue punto de protesta por parte de las movilizaciones de Diciembre, y que su “imagen pública” está totalmente deteriorada, pero no hay que olvidar que las dos CGT son las que sostienen al gobierno de Duhalde, ya que ponen freno a la fuerza de los trabajadores, haciéndolos recular según los beneficios personales de la burocracia, y ayudan al gobierno en la medida que retardan conscientemente la participación de la clase que es decisiva para el proceso revolucionario. La traición de Moyano demostró otra cosa: a pesar del esfuerzo, la buena voluntad y el sacrificio de la vanguardia de izquierda que anunció acciones para el 14 de mayo, éstas quedaron reducidas a cortes de rutas aislados y a manifestaciones sin el poder necesario para una huelga general. Y esto nos demuestra la necesidad de ganar esas bases, y que los dirigentes sindicalistas sean un obstáculo en la lucha no significa de ninguna manera que los trabajadores de esos sindicatos lo sean; esto, dicho en cuenta por las expresiones de los dirigentes de izquierda que inundaron de insultos y descalificaciones personales a Moyano y a la CGT, es un error, porque esto no eleva el nivel de conciencia de la clase trabajadora. Es mucho más convincente demostrar que Moyano no está dispuesto a luchar hasta el final, que siempre intentará llegar a un acuerdo con el gobierno jugando con las esperanzas de los trabajadores, y debe hacerse mediante un discurso coherente y argumentado, que señale las falencias de la burocracia, su poca actividad para contrarrestar los efectos de la desocupación, de la pobreza, o de la pérdida del salario, o como siempre oscila según quien gobierne. Con esto no se trata de “proponer una conciliación” con las burocracias sindicales, todo lo contrario, sino que es el mejor método de ganar a sus bases y avanzar en las tareas de la revolución. No nos interesan las personas de Moyano y Daer, combatimos sus ideas y sus intereses de clase, pero ganar a los trabajadores de la CGT junto con los piqueteros, los estudiantes y las Asambleas, es un factor decisivo para el triunfo de la revolución.

Como sea, el 22 de mayo la CGT “rebelde” realizó la movilización, la huelga no tuvo acatamiento ya que no paralizó el transporte y por la prensa se difundió el “gran fracaso” de Moyano, aun así el acto central programado fue masivo, la mitad de la Plaza de Mayo quedó completamente llena. Desde EL MILITANTE se sostuvo que era posible que los sindicatos reaccionarios pasaran a la oposición o a la semi-oposición, y esto fue lo que pasó. La verborragia de los oradores puso de manifiesto una hueca retórica antiimperialista, resaltando la lucha de los trabajadores contra el FMI y la suba de salarios, pero todos se cuidaron de identificar la miseria, la opresión y el hambre con el gobierno de Duhalde. El mismo Moyano advirtió que no es contra Duhalde la lucha, sino contra un modelo económico y para cambiarlo, se necesita una redistribución del ingreso. Moyano sólo se desnuda ante los trabajadores. La redistribución del ingreso podrá mejorar momentáneamente la situación de opresión y miseria de los trabajadores, pero no la elimina, y es funcional a los intereses de la burguesía en tiempos de crisis para seducir con engañifas a los trabajadores. Obviamente, con la traición del 14 de mayo la izquierda “enfadada” no participó de la movilización del 22, perdiendo así la oportunidad de estar en contacto con los trabajadores y explicar la necesidad del control del sindicato por los obreros, con nuevos dirigentes emanados de ellos mismos, de confrontar los discursos revolucionarios con los de la burocracia sindical, a la vez de proponer un programa socialista para superar la barbarie capitalista. Tarde o temprano, la situación objetiva empujará a las bases de la CGT a ejercer presión sobre la burocracia, hasta podría saltar sobre ellas, y guiar a esta masa de trabajadores para que participe de forma decisiva en la lucha de clases, junto con los piqueteros del BPN y demás, y será una cuestión esencial para nuestro triunfo.

El miércoles 29 la CTA, la central sindical que más gira hacia la “izquierda” y la CCC, la organización más grande que agrupa a los desocupados, decretaron un paro nacional activo con movilización, pero la huelga sólo se hizo sentir en los núcleos que maneja la CTA ( estatales, maestros, trabajadores de la salud, periodistas, aeronáuticos y judiciales, etc.) y por el gran número de cortes de ruta y calles llevada a cabo. Aunque no se paralizó completamente el país esto no significa que careciera de importancia, ya que es la primera vez que la CTA va a la huelga sin alianza con la CGT, y desde este punto de vista, la huelga fue un éxito. Con la movilización de trabajadores y piqueteros en Buenos Aires, Capital Federal, Misiones, Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza, Neuquén, Santa Cruz, Tucumán y Jujuy, quedó de manifiesto la fuerza de estas organizaciones, con un grado de poder realmente importante después de la CGT. Demás está decir la importancia de estas bases, que no sólo nuclean a trabajadores, sino una parte considerable de la juventud dentro de la organización Barrios de Pie.

Si bien la izquierda participó de la movilización, lo realizó de forma distante; por ejemplo agrupándose a una cuadra del acto en el Congreso o en el corte de ruta del puente Pueyrredon. Algunas organizaciones del BPN se congregaron a metros y visiblemente diferenciados de la CCC y la FTV, agrupación piquetera de la CTA. La diferencia con la CGT “rebelde”, es que la CTA goza de una simpatía mayor entre los trabajadores haciendo gala de una discurso “progre” de redistribución del ingreso y shock distributivo. La imagen de Víctor De Gennaro, principal dirigente de la CTA, al contrario de la de Moyano, no suscita entre la sociedad “traición” ni “corrupción”. A pesar de esto, debemos combatir los discursos de De Gennaro que, aunque puedan tener un contenido formal de oposición al gobierno, esconden en alguna medida un pacto con los capitalistas argentinos, y no cuestionan ni la opresión ni la explotación de la clase obrera, con el fin de anestesiar la fuerza revolucionaria de los trabajadores.

Los planes económicos contra los trabajadores

Según el último informe de Artemio López, uno de los sociólogos y periodistas más respetados del país, la población total de la Argentina que vive por debajo de línea de la pobreza es el 36,1%, y los que viven por debajo de la línea de indigencia el 8,3%, mientras que la población menor a 14 años que vive debajo de la pobreza es el 45,1% y de la misma edad, debajo de la línea de la indigencia es el 10,3%. Esto quiere decir que en la Argentina capitalista, con una población de 36.578.358, 13.204.478 son pobres y 3.145.738 son “menos” que pobres, son indigentes. Los mismos datos que proporciona la burguesía se vuelven en su contra, son inocultables, e indican el rotundo e ignominioso fracaso del capitalismo en Argentina.

Mientras Duhalde amenaza con renunciar si no votan las leyes que pide urgentemente el FMI, y se reúne a espaldas del pueblo con los barones peronistas en la Pampa (donde también tuvo que soportar manifestaciones en contra de su gobierno reaccionario), el Banco Central y Economía, personalizados en Mario Blejer, presidente del Banco Central argentino (BCRA) y Lavagna (ministro de encomía) entablan una encarnizada lucha por las definiciones del plan económico, o sea quien beneficiará más a los capitalistas y arruinará a los trabajadores. La discusión está centrada en el nuevo Plan Bonex, donde se especifica que para las cajas de ahorro y cuentas corrientes, el gobierno licitará en dólar bonos a 3 años, que se podrían comprar en un dólar más barato de lo que cuesta hoy en el mercado, con una base de 1,40 y con el apoyo de bancos nacionales. Lavagna intenta una y otra vez alguna manera de desarmar el corralito dañando lo menos posible a los capitalistas nacionales y extranjeros Pero lo que omite la prensa burguesa sobre el nuevo Plan pergeñado por Lavagna y Heller, que se supone que evitaría una corrida al dólar, es precisamente que los ahorristas tendrán que licitar el precio del dólar que dedida en su momento el gobierno, o sea quienes deseen canjear el dinero de su cuenta de ahorro o cuentas corrientes por los bonos, deberán estar dispuestos a pagar más de 1,80, 2,20, 2,50, o por encima de estos valores. La esmerada sutilidad para engañar es realmente cínica, ya que aparte de ser un engaño, los propósitos que persiguen son imposibles para este tipo de plan: dar el mayor número de posibilidades alternativas para proteger el valor a largo plazo de los ahorros y crear una salida a las restricciones bancarias, recuperar el crecimiento, estabilizar los precios, dar al sistema financiero liquidez, y poner sobre las espaldas del Estado la menor carga posible. Los malabares que hacen los defensores del capitalismo para matizar y esconder las contradicciones inexorables del sistema, los lleva a cinismos insuperables.

Mario Blejer (BCRA) despotrica contra este plan, no porque no sirva o sea una estafa, sino en calidad de ferviente defensor de la banca privada. Para BCRA la única forma de frenar la hiperinflación es “pisar” los depósitos reprogramados, que suman 31.900 millones de pesos, y calcula que de los 16.000 millones de pesos de colocaciones a la vista no transaccionales, 4000 millones volverían a los bancos por los pagos de préstamos, y para “esterilizar” los 12.000 millones se utilizarían reservas. Pero teniendo en cuenta que sólo el goteo del corralito disparó el dólar, nadie contesta que pasará con esos 12.000 millones, con qué reservas se esterilizarán sí sólo en mayo las reservas cayeron en 1440 millones y la pérdida suma 4000 millones desde que Duhalde llegó al poder. Según Blejer, si Lavagna sigue intentando desarmar el corralito quedarán dos opciones: una descontrolada emisión monetaria para asistir a los bancos que desembocaría en una hiperinflación, o la caída masiva de bancos.

La lucha que entablan el Central y Economía, no es otra que el interés de la burguesía nacional, que perdió poder económico pero arguye un “nacionalismo” que cae bien para algunos sectores en tiempos de crisis, y la burguesía internacional acostumbrada a las excelentes plusvalías, dueña de gran parte de la producción, que junto a sus aliados en el gobierno está dispuesta a beneficiar aun más al capital extranjero. De aquí que surjan las retóricas nacionales, patriotas de los dirigentes sindicales burocráticos y de algunos grupos reformistas, como Elisa Carrió y Adolfo Rodríguez Saá, y la necesidad de equilibrio fiscal y “apertura” al mundo y al FMI de la derecha pro-yanqui, encarnada por algunos medios de comunicación o por empresarios en campaña electoral como Mauricio Macri, López Murphy y Patricia Bullrich. Esto que parece ser solamente un detalle, desnuda las aspiraciones reales, los intereses y los proyectos de los que se consideran candidatos a elecciones. Aunque claro está: aunque en apariencia presenten intereses opuestos, no dudarían un segundo en unirse ante un avance de los trabajadores. Por otro lado, los bancos extranjeros y los grandes exportadores, hasta ahora están en oposición a Duhalde: el sábado, los bancos extranjeros agrupados en ABA, ofendieron al ministro de Economía levantándose de la mesa de negociación por el plan para salir del corralito, los grandes exportadores no liquidan sus divisas en el país esperando una mayor devaluación. Según el propio Lavagna, a este ritmo de crisis, un eventual acuerdo con el Fondo Monetario, previsto para fines de junio, llegaría demasiado tarde.

Lo que en apariencia es una lucha de planes disímiles, se resuelve como todo el capitalismo en contradicciones: manteniendo el corralito y con su aparejado “goteo” diario, sin las divisas de los grandes exportadores que dejan sin reservas frescas al BCRA, la hiperinflación es posible; y desmantelando el corralito, con la oposición de la banca extranjera a dar bonos en dólares y sin la liquidación de divisas, el circulante “libre” ira inevitablemente al dólar, o sea es posible la hiperinflación.

La economía seguirá arrojando al pueblo a la pobreza, y beneficiando a la burguesía, la única solución posible entre tanto hambre, miseria, desocupación, es un gobierno de los trabajadores.

Luchas de trabajadores, Comités de Fabrica y Asambleas

El motor de la historia, la lucha de clases, parece haber desilusionado a algunos revolucionarios y activistas del movimiento, y en su pesimismo, ya planean exuberantes Frentes Populares, alianzas electorales, maneras de acomodarse en la democracia burguesa. Quizás esperaban torpemente después de los sucesos de Diciembre, que los trabajadores desfilaran por las calles con los puños en alto, cantando la Internacional y enarbolando banderas rojas. Este tipo de ultra izquierdismo infantil, debe ser combatido consecuentemente, y en sí mismo engendra un error en el núcleo, ya que no denominar a los sucesos que vivimos como una fase revolucionaria de la lucha de clases, amparándose en el argumento de que si los trabajadores luchan sólo por mejoras de salario y condiciones están luchando por los intereses de ese grupo de obreros y no por los intereses de clases obrera en su conjunto, es un análisis falaz e intencionado de la realidad; porque, primero no toma en cuenta los flujos y reflujos de la lucha de clases, de los condicionamientos objetivos de la clase obrera, y segundo, “legaliza” la necesidad de frentes, alianzas y pactos.

Más allá del descenso de la lucha de clases, hubo hechos interesantes de recontar, al margen de los cortes de rutas y actos que suceden casi a diario: ante una nueva amenaza de desalojo por el Ministerio de trabajo a la empresa Brukman, que funciona bajo control de las obreras textiles, tanto las Asambleas como lo partidos de izquierda y otras organizaciones acudieron en respaldo impidiendo el desalojo; los movimientos que piden tanto de la re-estatización de YPF (apoyado por trabajadores, piqueteros y legisladores) y de los sistemas ferroviarios, el “tren de la resistencia” encabezado por los trabajadores, IU y MST; la jornada piquetera llevada a cabo por BPN con cortes de ruta en más de 17 localidades del país, así como el extraordinario Congreso del Polo Obrero con 500 representantes de todo el país.

Como podemos apreciar esa tranquilidad de la superficie, puede transformarse rápidamente en un enfrentamiento abierto como los de diciembre. Claro, que con la existencia de un Partido marxista, con métodos y programas concisos, los tiempos se acelerarían, pero su ausencia tampoco acepta pesimismo, porque más allá que ninguna de las vanguardias que pujan por ser el factor subjetivo tenga el mayor poder entre los trabajadores, los Comités de Fabrica que surgieron genuinamente desde los trabajadores, son un elemento considerable para el control y poder obrero. El éxito conseguido por los ceramistas de Zanón en Neuquén y de Bruckman en Capital Federal, que tomaron las fábricas haciéndolas funcionar bajo control obrero, tomando en sus manos todos los procesos de la producción, sentó las bases para las fabricas o empresas que siguieron: Frigorífico Bancalari, El Mercante, fábrica Polimex, Panificadora Cinco, el ingenio La Esperanza en Jujuy; la de tractores Zanello en Córdoba, el frigorífico Yaguané en La Matanza, ésta ultima Municipalidad expropió la maquinaria de la metalúrgica La Baskonia y se la entregó a los trabajadores. Son fábricas o empresas que quiebran o son abandonadas por sus dueños, pero vienen a confirmar que los Comités de Fabrica han existido y existirán a lo largo de la historia con diferentes nombres (Comités de huelga, obreros, etc) y como esos trabajadores a partir de un instinto de clase (como tomar su lugar de trabajo ante quiebra o abandono) y en primera instancia, en la mayoría de los casos, sin la presencia de la vanguardia, pueden llegar a una conciencia de clase.

Es necesario y vital para el proceso revolucionario crear Comités en todas las fabricas, empresas, industrias y cooperativas, para relacionarlos con las organizaciones de piqueteros y las Asambleas. Es fundamental para el poder obrero. Tenemos dos razones fundadas en la teoría científica del marxismo: los Comités de fabrica tiene por objetivo la unidad de acción de la clase obrera para conseguir la participación del mayor numero posible de trabajadores. Se necesita elegir delegados que sean totalmente revocados en cualquier tipo de situación, de esta forma los trabajadores están al corriente de todos los temas de la fabrica, de la administración y de los directores (en caso de que sean mixtas o cooperativas), pueden interferir en todos los temas y en sí mismo, el Comité de Fabrica es la preparación objetiva para que los trabajadores tomen el control en sus manos. Como los trabajadores están al tanto de todo, la democracia obrera es plena, pero no se oponen a los sindicatos sino que son un complemento de ellos, y su presión y ejercicio, evita el ejercicio de la burocracia. Por otra parte, las condiciones del trabajo capitalista crean necesariamente premisas para el proceso de la toma de conciencia de los trabajadores, porque al privarlo de los medios de producción y obligarlos a vender de su fuerza de trabajo, tanto el producto de su trabajo como el mismo acto de la producción, son para el trabajador algo ajeno, impuesto, que no les incumbe y que le es extraído por el capitalista. Al tomar en sus manos la producción, controlando y ejecutándola concientemente, sin un capitalista que espere el final del proceso para “robar” el producto final, al empezar el trabajador a afirmarse en su propio trabajo, al empezar a reconciliarse con su actividad productiva (carácter genérico del hombre) como propia, estos trabajadores pueden romper con la ideología dominante burguesa-capitalista, que se interpone entre el instinto y la conciencia de clase: es esta experiencia del control y gestión de la producción, tanto en su empresa como por la experiencia de otros trabajadores, de su localidad, o país, o hasta internacional. Los Comités de fabrica son esenciales en este proceso, ayudan alcanzar una conciencia de clase, una conciencia socialista, en la realidad de pertenecer a una clase particular de la sociedad, con propios intereses y objetivos.

Los Comités de Fabrica enseñan la verdadera Democracia obrera al participar de los asuntos de la fábrica tanto como de la gestión de la producción. Los trabajadores argentinos, aunque no masivamente, se mueven instintivamente hacia el socialismo. Si existiera un partido marxista, que pudiera relacionar los comités de fabrica primeramente en un nivel municipal, luego provincial y por ultimo nacional, esto aceleraría la explosión que se vive por debajo de la superficie, y provocaría la polarización necesaria para plantear seriamente una situación de doble poder. Hay que llamar a la creación de estos Comités en todas las fábricas posibles, es una tarea esencial para los revolucionarios (al igual que conquistar las bases de la CGT, y la relacionar las tareas de las organizaciones piqueteros y las Asambleas)

Algunas tendencias para desechar

Para algunos, la historia del movimiento obrero con sus derrotas y triunfos, sus avances y retrocesos, los aciertos y errores de una dirección, parece no tener ninguna importancia, porque no son “presentes” o “porque ahora la situación es cualitativamente distinta”. Extraño que la afirmación de que la tarea principal en la actualidad sea formar un amplio “frente popular antiimperialista”. Extraño que la “gran” idea provenga de un destacado dirigente comunista, Patricio Echegaray, secretario general del PCA. Ni siquiera aprenden de su propia experiencia: los anhelos con los que formaron el Frente Grande, que terminó en el Frepaso y luego en la Alianza gobernante, donde el PC se sostuvo como único bastión en aquel tiempo, y abandonándolo casi al final, cuando lo exigieron cambiar el nombre de “comunista”.

Tanto Lenin y Trotsky combatieron la colaboración de clases, y una de las diferencias entre los bolcheviques y mencheviques, era su actitud hacia los partidos burgueses y liberales. Tanto las clases medias como el campesinado no son clases homogéneas, tienen capas altas medias y bajas, lo que las convierte en una heterogeneidad que oscila entre los trabajadores y la burguesía. La historia demuestra que ninguna burguesía, por más liberal que sea, es revolucionaria y al acomodarse en el poder, arremeterá con los trabajadores. El posible “frente popular” no podría esta asociado con los partidos de la burguesía tradicional como el PJ o la UCR, pero sí en una alianza con el Polo Social, Frente Para el Cambio, Frepaso, Movimiento Moreno y algunos sectores de la burocracia sindical de la CTA que pregona desde el Frenapo una alianza de los “sectores populares” o CCC. Si bien, no hay un contacto directo de éstos con la burguesía, en última instancia, por más “progresistas” que luzcan en sus postulados, no tocan las bases del capitalismo y representan, directa o indirectamente, los intereses de la burguesía nacional. Entonces, la cuestión sería una revolución o una reforma, y ningún revolucionario sincero puede elegir la ultima premisa. El Frente Popular tiene un interés marcadamente electoral, tan pragmático que esconde su situación real: en menor o mayor medida se trata de una colaboración de clases, de apoyo a la burguesía acorralada y temerosa del poder del movimiento de los trabajadores.

Si el temor de algunos dirigentes proviene de la cavilación de la clase media, en esta situación no hay excusas: esas clases medias, heterogéneas no pueden históricamente jugar un rol político independiente; pero en la actualidad, sí se puede ganar a una parte de las capas de la clase media, particularmente a sus estratos más bajos que son los mayoritarios, a un programa como se está planteando en las asambleas, de bases genuinamente socialistas y luchando codo a codo con las organizaciones piqueteras y con los trabajadores. Las clases medias, hipotéticamente, podrían apoyar gustosamente un Frente Popular en cuanto a una elección, pero serán desilusionadas en el corto plazo por la inoperancia de todo Frente Popular, sus escisiones. Y como esas reformas en cuanto toquen los intereses de la burguesía se desvanecerán por los aires, y en la medida que se excluye el grado de participación del verdadero sujeto de la transformación socialista, la clase obrera, el fracaso será rotundo. Ni qué hablar de la señorita Carrió, que afirmó por los cuatro vientos que cree en la propiedad privada de los medios de producción, lo cual tranquiliza a la pequeña-burguesía y satisface a la burguesía, y que mientras disimuladamente señala una posible alianza con Zamora (Autodeterminación y Libertad) esconde el carácter de clase de su discurso: “capitalismo de rostro humano”. En este sentido Zamora tiene que desmarcarse contundente y públicamente de todos los rumores interesados que le vinculan a una alianza con Carrió, que sólo llevaría a lavar la cara a esta demagoga y a frustar las ansias de cambio de millones de trabajadores y jóvenes que le tienen como referente de un cambio social. En lugar de eso, Zamora y el movimiento que él aglutina debe dotarse de un programa socialista claro y organizar a la gente entorno a ese programa.

No a la unidad entre los representantes de los explotadores con los explotados, no a la colaboración con los falsos "progresistas" amigos de los patronos; la independencia de clase no puede ser traicionada por una escaño en diputados, ni siquiera por el título presidencial, porque todo se desmoronaría al rebasar los limites que son soportables para la burguesía Argentina y extranjera.

Ni un minuto de tregua a la burguesía y al capitalismo en Argentina y América Latina, construcción de Comités en todas las fábricas posibles. Para la revolución en nuestro país hay que ganar a las bases de la CGT y CTA, que junto a los piqueteros, Comités de fábrica, asambleas y estudiantes, unido a un genuino programa marxista y revolucionario, nos llevará inevitablemente a la democracia obrera, y nos despojará de todas las penurias a las que nos somete el capitalismo.

Por nuestro corresponsal en Buenos Aires,
30 de mayo del 2002

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