Argentina: Asamblea Nacional de Trabajadores

Un gran paso adelante

Jordi Martorell

El sábado 16 de febrero miles de trabajadores, desocupados y miembros de las asambleas populares se reunieron en la Plaza de Mayo de la capital argentina. Era el inicio de la Asamblea Nacional de Trabajadores (ocupados y desocupados). Al día siguiente se reunieron en el Teatro Colonial de Avellaneda dos mil delegados que representaban a organizaciones de parados de todo el país, pero también a secciones sindicales, grupos de trabajadores en lucha, asambleas populares de barrio, etc.

Esta reunión es el punto álgido -hasta el momento- del movimiento hacia la creación de un poder alternativo de los trabajadores y las masas argentinas. El movimiento, que comenzó con los acontecimientos revolucionarios del pasado 19 de diciembre, ha avanzado muy rápidamente, no sólo en sus formas organizativas, también en las conclusiones políticas que ha sacado.

Las asambleas populares, que se reúnen semanalmente en cada barrio, ya alcanzan a la mayoría de Buenos Aires y su periferia, y también se están extendiendo a otras provincias. Desde el 12 de enero, las asambleas populares de Buenos Aires se han reunido cada domingo para coordinar y discutir sus acciones en común. Estas reuniones de delegados de diferentes asambleas de barrio (“Interbarrial”) han crecido en tamaño, y ahora juntan de 3.000 a 4.000 personas. Hay informes de reuniones similares en otras provincias. Por ejemplo, delegados de Rosario representantes de 24 asambleas populares se reúnen con regularidad.

Estas reuniones discuten tanto el programa de las asambleas como las acciones a emprender, y su funcionamiento es extremadamente democrático. A todo el mundo se le conceden tres minutos para hablar y en las reuniones de la Interbarrial sólo se permite hablar a los delegados elegidos en las asambleas de barrio o grupos de trabajadores en lucha. Al final de la reunión, se pasan a votación todas las propuestas.

Las asambleas, que al principio se centraban principalmente en la lucha contra el “corralito”, han adoptado ahora un programa reivindicativo muy avanzado que desafía todos los aspectos del orden capitalista. Las reivindicaciones incluyen el impago de la deuda externa, la nacionalización de los bancos, la renacionalización de todos los bienes privatizados, la elección popular de los jueces del Tribunal Supremo, el control estatal de los fondos de pensiones (AFJP), etc.

Las asambleas populares y el movimiento obrero

Lo más importante de todo es que el movimiento de las asambleas populares ha dado importantes pasos adelante para vincularse a los trabajadores y al movimiento de desocupados. Desde hace unos pocos años, Argentina ha venido presenciando un movimiento de acciones muy combativas por parte de los trabajadores desocupados, que emprendieron la acción directa y organizaron cortes de ruta para exigir empleo y subsidios. Estos piqueteros organizaron en julio y septiembre del año pasado dos reuniones nacionales para coordinar el movimiento.

La Interbarrial de Buenos Aires decidió unirse a las dos marchas piqueteras celebradas el 28 de enero y el 5 de febrero, y varias asambleas populares dieron la bienvenida en sus barrios a los piqueteros. Acuñaron una nueva consigna que expresaba la unidad entre las asambleas y los piqueteros: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”, en referencia a los piquetes organizados por los trabajadores parados y las cacerolazos de protesta organizados por las asambleas. Además, las asambleas establecieron vínculos con grupos de trabajadores en lucha en sus barrios. Esto ocurrió con los trabajadores de la empresa textil Brukman, que han ocupado la fábrica para oponerse a los despidos y exigir que la empresa sea nacionalizada bajo el control de los trabajadores.

Hasta ahora, el movimiento obrero no ha participado en estas protestas como una fuerza independiente. Pero esto no significa en absoluto que los trabajadores estén pasivos. En los últimos tres años se han producido ocho huelgas generales combativas. Los trabajadores también participan en las asambleas populares de sus barrios. Una de las razones por las que, por el momento, no se ha producido un movimiento huelguístico de masas es el temor al desempleo. En la actualidad la tasa oficial es superior al 20%. Otro factor importante es el control de la burocracia sindical de la CGT, el principal sindicato.

Por eso la convocatoria de la Asamblea Nacional de Trabajadores es un importante paso adelante. La Asamblea Nacional Piquetera del pasado mes de septiembre acordó convocar una nueva reunión nacional, que estaría compuesta por delegados elegidos, uno por cada veinte trabajadores desocupados organizados. Esta reunión no se llegó a celebrar porque las dos organizaciones con mayor influencia en el movimiento de desocupados se negaron a convocarla. Estas organizaciones son la CCC (Corriente Clasista y Combativa), encabezada por Alderete, y la Federación de Tierras y Viviendas de la Central de Trabajadores Argentinos (FTV-CTA), encabezada por D’Elía. Los dirigentes de estas dos organizaciones están ahora manteniendo negociaciones con el gobierno sobre la gestión de los “planes trabajar” (subsidios al desempleo), lo que constituye básicamente una maniobra para intentar desactivar el movimiento de parados.

La convocatoria de la Asamblea Nacional de Trabajadores

Pero, en un periodo de radicalización de la lucha de clases, los sectores más combativos del movimiento piquetero decidieron seguir adelante con la convocatoria de una tercera Asamblea Nacional de Trabajadores. Éstos incluían organizaciones de desocupados de todo el país, muchas de ellas vinculadas a partidos de izquierdas como el Partido Comunista, el PO, el MST, el PTS, etc. Publicaron un llamamiento a los trabajadores ocupados, secciones sindicales combativas y asambleas populares para que enviaran delegados a esta reunión.

La convocatoria de esta reunión dividió a la CCC. Uno de sus dirigentes, Raúl Castells, que ahora está bajo arresto domiciliario, se pronunció públicamente a favor de la Asamblea Nacional, y por esta razón fue expulsado de la CCC.

Las asambleas populares de Buenos Aires decidieron permanecer en Plaza de Mayo durante toda la noche después de su cacerolazo semanal del viernes 15 de febrero. Querían saludar a los delegados de la Asamblea Nacional de Trabajadores, que llegarían de todo el país desde primera hora de la mañana del sábado. Cuando las delegaciones de las diferentes organizaciones de desocupados entraron en la plaza, las miles de personas que la abarrotaban les recibieron con aplausos y coreando consignas.

Dos de las delegaciones más significativas fueron la de los trabajadores de la fábrica textil Brukman, de Buenos Aires, y la de los trabajadores de Cerámica Zanón, de Neuquén. Con una pancarta en la que se podía leer “Zanón y Brukman: bajo control obrero”, marcharon a la Plaza de Mayo golpeando sus tambores, ante el estruendo de la multitud. El ambiente era electrizante. Llegaron delegaciones de todo el país, de las provincias de Santa Fe, Neuquén, Chaco, Tucumán, Río Negro, Córdoba, La Rioja, Salta, Jujuy, etc. En un extremo de la plaza había un podio con una gran pancarta en la que se podía leer: “Asamblea Nacional de Trabajadores (ocupados y desocupados)”. En la parte delantera había un espacio reservado para los delegados acreditados y que estaba guardado por una línea de trabajadores con palos y tubos de metal.

La reunión empezó por la tarde, cuando llegaron todas las delegaciones de provincias. Docenas de oradores de diferentes organizaciones de todo el país se dirigieron durante un máximo de diez minutos cada uno a la multitud.

El domingo, los delegados continuaron el debate en el Teatro Colonial de Avellaneda. Estuvieron presentes dos mil delegados, no sólo trabajadores desocupados, sino también delegados de las asambleas populares y, lo más importante, delegados sindicales. Cada uno representaba al menos a veinte personas.

Uno de los puntos centrales del debate fue la cuestión de cómo los trabajadores podrían solucionar la crisis a la que se enfrenta el país. El Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas de Neuquén (SOECN, que ahora ocupan la fábrica Zanón) y el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Neuquén (MTD) dejaron claro que “la unidad efectiva entre los trabajadores ocupados y desocupados (...) es la primera condición para que los trabajadores puedan encabezar la alianza necesaria con las clases medias arruinadas y la única forma de que podamos imponer una solución obrera y popular a la crisis nacional”. Pero además añadieron que “sólo la clase obrera, ocupados y desocupados, del sector privado y del público, puede resolver la crisis nacional. La clase obrera produce toda la riqueza de la nación. Gracias a ella funciona el transporte, mueve todas las palancas de la economía: desde la energía (gas, combustible, electricidad) al sistema financiero y bancario. Junto con la combatividad de los desocupados (a los que consideramos parte de la clase obrera), con sus bloqueos de las principales carreteras y autopistas del país, y por supuesto, con los trabajadores municipales y asalariados públicos que ya están en lucha y se han convertido en parte del movimiento, es la fuerza social fundamental que puede dar lugar a una salida progresista a la crisis capitalista”. Correctamente, los trabajadores de Zanón también hicieron un llamamiento para trabajar entre la base de los sindicatos, para ganar a los trabajadores afiliados y alejarlos de la burocracia sindical.

El poder obrero

La reunión finalmente aprobó una resolución que insistía en la idea de que el gobierno Duhalde es un enemigo de la clase obrera y que una solución popular a la crisis significa “expulsar a Duhalde y a la clase de saqueadores que lo ha puesto en el gobierno”. La asamblea rechazó cualquier intento de concertación social, es decir, el proceso iniciado por el gobierno para cooptar a las organizaciones de parados. El punto 4 de la resolución afirma: “Se impone tomar en nuestras manos la solución a los problemas más imperiosos de las masas: el trabajo, la salud, la educación, la vivienda, lo que plantea impulsar y extender estas organizaciones [asambleas populares, organizaciones de piquetes y asambleas de trabajadores] a lo largo y ancho de todo el país, como una alternativa propia de los trabajadores. La estrategia de los piquetes y sectores sindicales combativos agrupados en esta Asamblea Nacional es la incorporación del movimiento obrero industrial y de los servicios públicos privatizados a la actual lucha de los piqueteros. Cualquier pretensión seria de derrotar al actual gobierno y al régimen imperante no puede prescindir del rol fundamental de los trabajadores que hoy hacen funcionar los principales centros de producción y servicios esenciales como luz, gas teléfono y transporte”.

Esto es básicamente un reconocimiento del poder potencial de la clase obrera para paralizar la sociedad. A este respecto, la asamblea oyó una propuesta de los trabajadores ferroviarios (amenazados con miles de despidos) para paralizar el transporte ferroviario del país y extender a los ferrocarriles los bloqueos de carreteras de los piqueteros. Una de las consignas de la reunión del sábado fue precisamente “Luchar, vencer, obreros al poder”.

La resolución también requiere a los dirigentes de la CCC y la FTV-CTA, que se negaron a convocar esta Asamblea Nacional, a que rompan las negociaciones que mantienen con el gobierno a espaldas del movimiento y que se sumen al plan de lucha aprobado. La reunión rechazó cualquier intento de fomentar ilusiones “en gobiernos que básicamente representan los intereses de los explotadores, nativos y extranjeros” y aprobó el siguiente programa:

Este programa, que es básicamente un programa de la revolución socialista, fue aprobado por estos delegados obreros junto con un plan de lucha. Este afirma que el proceso de lucha de los últimos años en Argentina abrió “la posibilidad de resolver la crisis de poder que afecta al sistema de explotación en nuestro país a favor de los trabajadores” y que “debemos actuar, porque la acción tenaz de la población no ha llevado todavía a la victoria, sino más bien a la usurpación por un gobierno ilegítimo que es un títere de los saqueadores”.

El plan de acción incluye el refuerzo de los bloqueos de carretera, una movilización nacional de piqueteros y cacerolazos el 20 de febrero, para conmemorar el inicio de la insurrección popular. Un día nacional de lucha contra las empresas petroleras privatizadas. Son las elegidas porque son las empresas privatizadas más rentables de los últimos años. Se exige que estos beneficios sean utilizados para crear empleos y la renacionalización de estas empresas. La convocatoria de una marcha para exigir la libertad de los luchadores el 2 de marzo. Una marcha nacional de trabajadores a la capital el 4 y 8 de marzo. Y, por último, se fijó el próximo 2 de abril para una nueva convocatoria de Asamblea Nacional.

El domingo por la tarde, los representantes de la Asamblea Nacional de Trabajadores asistieron a la sexta reunión de la Interbarrial de Buenos Aires para explicar sus decisiones y conseguir su apoyo para el plan de lucha. La Interbarrial decidió apoyar el plan de acción y también aprobó otras reivindicaciones programáticas. Las más significativas son las siguientes:

e) Convocatoria a una Asamblea Popular Nacional de las asambleas populares, la Interbarrial y las asambleas de todas las provincias, para el 16 y 17 de marzo.

k) Pronunciamiento para que se vaya Duhalde y su Plan Económico. Gobierno de las asambleas populares, la Interbarrial, los trabajadores y piqueteros.

Las resoluciones de la Asamblea Nacional de Trabajadores y la Interbarrial son básicamente un programa de poder obrero y popular. Es muy interesante que la consigna de la Asamblea Constituyente (con la que hemos polemizado) no figure entre las resoluciones de la Asamblea de Trabajadores ni de la Interbarrial.

La clase dominante está aterrorizada

La cuestión clave no sólo es que se haya aprobado este programa, sino que cada vez más sectores de trabajadores afiliados a sindicatos son ganados para este programa. La profundización de la crisis económica obligará a cada vez más sectores de los trabajadores ocupados a unirse a la lucha, para defender sus empleos, y cada vez estará más claro que esto sólo se podrá hacer eficazmente reemplazando el sistema capitalista por un sistema de nacionalización y control obrero.

Como señaló en la reunión del sábado el dirigente de la CGT San Lorenzo, “la clase obrera, y específicamente el proletariado industrial, debe recuperar el centro del escenario político argentino”. El dirigente del Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas de Neuquén (SOECN) insistió en que la clave era ganar a la lucha a los trabajadores afiliados en sindicatos, “tener un piquete a las afueras de la refinería de Repsol YPF está muy bien, pero sería mejor si pudiéramos conseguir que los trabajadores del petróleo salieran a la huelga, si podemos conseguir que los trabajadores de la electricidad [también presentes en la Asamblea de Trabajadores] apagaran la luz. Protestar en la puerta de un banco está bien, pero sería mucho mejor conseguir que los trabajadores de los bancos salgan a la huelga”.

Los trabajadores de la industria automotriz ya han anunciado una huelga contra la amenaza de despidos. Los funcionarios de los gobiernos provinciales de todo el país han emprendido también huelgas para exigir el pago de sus salarios. El gobierno ha tenido que intervenir para frenar la amenaza de huelga de los trabajadores del petróleo. Las empresas petroleras privatizadas han anunciado miles de despidos en respuesta al aumento de impuestos al petróleo. Esto ha obligado a los dirigentes sindicales burocratizados de este sector a anunciar una huelga, que debía comenzar el lunes 18 de febrero. El gobierno, aterrorizado, impuso un arbitraje obligatorio, que por el momento significa la suspensión de los despidos y de la huelga. En este ejemplo vemos la contradicción en la que está atrapada la clase dominante argentina. Por un lado, sólo puede mantener el sistema de explotación capitalista lanzando ataques despiadados contra las condiciones de vida de los trabajadores y la clase media. Pero al mismo tiempo, al hacerlo amenaza con provocar un movimiento revolucionario en el que tiene todo que perder.

Y mientras tanto, la crisis económica continúa profundizándose. El peso ha caído frente al dólar y ha alcanzado su nivel más bajo desde el inicio de la libre flotación hace unas semanas. La producción industrial ha caído un 18% en enero, un récord después de la ya profunda caída del pasado diciembre. Todos los sectores de la economía se han visto afectados, pero entre los más golpeados están la industria textil (-56,1%), producción de coches (-65%) e ingeniería (-54,1%). Y esto a pesar de que, en teoría, la devaluación debería haber estimulado las exportaciones.

La burguesía argentina también puede ver los peligros implícitos en este proceso. Los últimos días han aparecido dos editoriales histéricos denunciando el movimiento de asambleas en el periódico La Nación. El 14 de febrero, su editorial decía: “De esa inquietud popular han surgido las asambleas barriales. Constituyen un intento de generar un sistema de participación que comience por controlar el manejo de los fondos públicos que atañen al barrio y por establecer pautas sobre el uso de los recursos presupuestarios en el nivel municipal. Si bien es cierto que el auge de estas asambleas aparece como una consecuencia del hartazgo ante las conductas poco fiables de la clase política, debe tenerse en cuenta que tales mecanismos de deliberación popular encierran un peligro, pues por su naturaleza pueden acercarse al sombrío modelo de decisión de los ‘sóviets’ (...) La experiencia enseña que estas asambleas son a veces copadas por agentes de ideologías extremistas, que aprovechan la legítima indignación de la mayoría para pescar en río revuelto y tratar de lograr lo que nunca pudieron obtener por la vía del sufragio. No está mal que la gente quiera expresarse (...) Pero es fundamental tener en cuenta que una cosa es protestar tumultuosamente y otra muy distinta tomar decisiones de gobierno en función del interés público y el bien común”.

Lo que están diciendo, básicamente, es que la población tiene derecho a decir lo que quiera... ¡mientras no amenace el dominio de los capitalistas y los banqueros! En toda revolución los medios de comunicación burgueses recurren al fantasma de “agitadores extremistas” como la causa del ambiente revolucionario entre las masas. En realidad, es la completa bancarrota de su propio sistema lo que crea un terreno fértil para que las masas adopten ideas revolucionarias, como hemos visto estos días en Argentina.

El editorial del 17 de febrero del mismo periódico insistía sobre el tema, acusando al movimiento asambleario de organizar un “golpe de Estado encubierto”: “Es indispensable que los argentinos nos serenemos y comprendamos que un país no puede funcionar en un estado de deliberación popular”. (¿Por qué no?). Y continuaba: “No es razonable que [una asamblea vecinal] se reúna para declarar la ilegitimidad del presidente de la Nación, para declarar la caducidad de los mandatos de todos los legisladores nacionales sin excepción y para destituir a los miembros de la Corte [Suprema]”.

Una vez más se demuestra el verdadero significado de la democracia burguesa. La población puede participar, mientras que esa participación se limite a votar cada pocos años. Pero cuando la población comienza a tomar los asuntos en sus propias manos, entonces ¡es un golpe de Estado! El problema es que la mayoría de la población argentina ha votado por las opciones políticas disponibles durante los últimos veinte años y ninguna de ellas ha solucionado los problemas. Ahora, las masas de trabajadores, parados y capas medias han dicho ¡basta ya! y han comenzado a tomar los asuntos en sus propias manos a través de comités elegidos democráticamente y que responden ante los que los eligieron.

Los editoriales de la prensa burguesa piden al gobierno que no haga concesiones porque, en su opinión, eso alentaría más el movimiento. Después de las violentas protestas de los pequeños ahorristas, que atacaron varios bancos en el centro financiero de Buenos Aires, el gobierno ha advertido que si esas acciones continúan recurrirá a la represión. Ya han utilizado a la policía en varios choques con los piqueteros. Es evidente que esta vez la clase dominante está más preparada que en diciembre. Por eso es necesario tener un movimiento más organizado, para impulsar el proceso revolucionario. Las tareas principales son las que se han votado en la Asamblea Nacional de Trabajadores: el fortalecimiento y la extensión de las asambleas y, sobre todo, la organización de la clase obrera industrial en comités obreros capaces de organizar una huelga general.

El camino para avanzar

(Nota de Alan Woods)

De la información anterior se desprende que el movimiento revolucionario en Argentina, lejos de decaer, está avanzando y adquiriendo una profundidad y amplitud cada vez mayores. La burguesía y su gobierno son incapaces de detenerlo y sólo pueden lanzar advertencias calamitosas y amenazas.

Las citas de La Nación demuestran claramente la creciente alarma existente entre la clase dominante. Comprende, desde su punto de vista de clase, lo que comprendemos los marxistas desde el punto de vista de la clase obrera. No es casualidad que La Nación en su editorial brame contra las asambleas populares, a las que ven correctamente como embriones de sóviets, es decir, órganos embrionarios de poder obrero. ¡Sí! Esto es lo que son. La única diferencia entre nuestro análisis y el de La Nación es que este periódico burgués ve en ello algo oscuro y siniestro, mientras que para la clase obrera es la única esperanza de salvación.

Las masas han comenzado a moverse y no se detendrán hasta que sean satisfechas sus reivindicaciones. Han encontrado las formas organizativas apropiadas para expresar estas reivindicaciones. Además, las demandas, según pasan los días, cada vez son más claras, más concretas y más conscientes. Los programas adoptados, tanto por la Asamblea Nacional de Trabajadores como por la Interbarrial, son excelentes y se corresponden exactamente con las necesidades del momento. Tomadas en su integridad, constituyen un programa de poder obrero.

Los trabajadores en todas partes leeremos estos maravillosos informes con orgullo e inspiración. Aquí tenemos el nacimiento de un nuevo poder, un poder proletario, que está creciendo dentro del útero de la vieja sociedad. Todavía no está formado del todo, como le ocurre a cualquier embrión. Hace falta un largo camino antes de que alcance su plena madurez. Pero está en el buen camino para convertirse en un robusto niño, con miembros sanos y un corazón y cabeza fuertes.

¿Cuál es el siguiente paso? Está implícito en las resoluciones arriba mencionadas. Es necesario extender el movimiento a cada ciudad y pueblo, a cada fábrica, mina y granja. En todas partes hay que defender y popularizar las consignas de las asambleas populares. Pero hay algo más, y los compañeros en Argentina son claramente conscientes de ello. Para que las asambleas populares y el movimiento piquetero adquieran toda su fuerza y empuje, es imperativo que se vinculen firmemente con los comités obreros elegidos en las fábricas. Cuando decimos que las asambleas populares son embriones de sóviets, esto significa que todavía no expresan completamente el movimiento en los centros de trabajo. Y sin esto, su ámbito será demasiado limitado para conseguir sus objetivos. El próximo paso, por lo tanto, debe estar ligado a una seria campaña para promover la elección de comités en los centros de trabajo.

Esta demanda se encontrará con la firme resistencia de la burocracia sindical, que no querrá ver cómo la formación de comités en la base mina su poder. Pero el poder del aparato sindical no es absoluto. Los trabajadores se enfrentan con problemas serios. Sus salarios y condiciones de trabajo están amenazados. Los dirigentes sindicales pueden contener durante un tiempo el descontento de los trabajadores, pero sólo durante un tiempo. Tarde o temprano, se llegará a un punto crítico donde los trabajadores dirán: ¡Hasta aquí hemos llegado!

Es absolutamente necesario que la vanguardia se vincule firmemente a las masas y comprenda que las distintas capas sacarán conclusiones a ritmos diferentes. La vanguardia, activa en las asambleas populares y en los piqueteros, es la primera línea de lucha. Es la tropa de choque de la revolución. Pero los batallones pesados de la clase obrera todavía no han entrado de forma decisiva en acción. Por supuesto que entrarán, pero mientras tanto es necesario evitar que la vanguardia se aleje mucho de las masas.

La decisión de exigir a los dirigentes de la CCC y la FTV-CTA, que se negaron a convocar esta Asamblea Nacional, que rompan las negociaciones con el gobierno es muy correcta. Pero la mayoría de los trabajadores organizados en Argentina están bajo el control de los peronistas. No es posible hacer la revolución en Argentina a menos que se gane a esta capa decisiva.

La tradicional hostilidad de la izquierda argentina hacia el peronismo es comprensible. Pero una cosa es combatir políticamente a los dirigentes peronistas y otra ignorar a una gran parte de la clase obrera organizada. En el pasado, el peronismo sufrió divisiones y escisiones. En la actualidad, el ala de derechas del gobierno peronista está aplicando la política del FMI, lo que provocará serias divisiones dentro de la CGT. Debemos encontrar un camino hacia los trabajadores de base de la CGT y ganarlos para la vía revolucionaria a través de una cuidadosa aplicación de la táctica del frente único.

En todo esto, los trotskistas del PO y de otras organizaciones y partidos juegan un papel clave. La convocatoria de la Asamblea Nacional de Trabajadores fue un gran éxito para la vanguardia revolucionaria. Saludamos este éxito con todo el entusiasmo posible. Nos complace decir que, mientras que estábamos en desacuerdo con la consigna de la Asamblea Constituyente, sí estamos completamente de acuerdo con las consignas aprobadas el pasado fin de semana. Esto nos da confianza en que, basándose en las reivindicaciones arriba mencionadas, la revolución argentina se mueve ahora en la dirección correcta.

20 de febrero de 2002

Texto completo de la resolución de la Asamblea Nacional de Trabajadores (17 de febrero de 2002)

Ver también: La Revolución en Argentina

[Back to In Defence of Marxism] [Back to Languages] [Back to Latin America]