Entre la reacción burguesa y el 1° de mayo

Por nuestro corresponsal en Buenos Aires

La Argentina transita en estos días por un nuevo auge de la lucha de clases, que parece salir de la fase de aparente “pasividad”, o más bien “aparente” desgaste del movimiento popular, que tanto ansía y vaticina la prensa burguesa. Desarrollándose en nuevas formas, mediante contramarchas y reflujos, por más que se intente poner alicientes y parches, la acumulación de fuerzas en el campo popular y los avances de la vanguardia, exacerban las contradicciones que empujan situaciones que se disimulan o que se intentan ocultar desde la prensa burguesa.

El apoyo de la izquierda al grupo de ahorristas y asambleas populares que custodió el congreso en la noche del Lunes 22 de abril , atosigando y persiguiendo a los representantes de la burguesía, fue reclamado como un “hecho extraño y excepcional, ya que los ahorristas no quieren a la izquierda”, decía un claro comunicador pro-burgués y amigo del imperialismo como Daniel Hadad. Pero cabría preguntarse, por qué solamente Luis Zamora y Patricia Walsh (los únicos diputados de la izquierda que se sientan en el Congreso) transitaron libremente por la maraña de ahorristas y asambleas, y más extraño para la prensa, el caluroso afecto que recibieron y los aplausos interminables; una anomalía para la derecha en estos tiempos en que lo “político” huele a corrupción y robo.

Y no es solamente esta simpatía hacia a la izquierda lo que asusta al status quo, sino que lo que apareció como un movimiento desorganizado, espontáneo y "anti-ideológico", lentamente, va cubriendo los peores miedos de la derecha, que ahora denuncia a las asambleas por pelearse con los CGP (Consejos de Gestión y Participación) del gobierno de Buenos Aires, declarándolos “sovietizados”. La irrupción de las masas es inminente, pero no se trata de una postura “inmediatista”, esta inminencia no quiere decir “ya”, ahora”. Engels explicó que en la lucha revolucionaria veinte años pueden equivaler a un día, lo que quería decir que en cuestión de días, semanas, o quizás meses como demuestra la Revolución de Octubre, la lucha revolucionaria puede transformar una realidad que, en condiciones "normales" tardarían 20 años en llevarse a cabo. Las condiciones objetivas para la revolución están dadas, y el factor subjetivo viene a jugar un papel tajante, la dirección revolucionaria adquiere gran importancia, porque si no existe un verdadero partido revolucionario que aproveche las situaciones y aplique y renueve las tácticas, todo puede perderse y llevar a una derrota dolorosa a la clase obrera y a su vanguardia.

La “gente” está en la calle y en constante alerta. Los gobernadores se reúnen con Duhalde para remendar las contradicciones insalvables del capitalismo, los jubilados no cobran, los cajeros no dan plata, las provincias se encuentran en fervor con las tomas de edificios públicos, corte de rutas y manifestaciones brutalmente reprimidas, y deprimida es la imagen de las direcciones burocráticas de las centrales obreras que le tienden el brazo a la burguesía mientras sus bases empiezan a desbordarlas. Cae un ministro de economía, renuncia un gabinete, todos los ministros y economistas burgueses dudan en agarrar al titanic capitalista; el desprestigio y el acoso de las masas es férreo.

El Congreso es una postal: vallado, blindado, custodiado por centenares de policías y algunos perros que ladran, que miran inteligentemente como miraba Kashtanka, esa perra magnifica de Chéjov. Del otro lado, aspirando livianamente el frio y la humedad del invierno, están los ahorristas, deudores hipotecarios, asambleístas, partidos de izquierda y bloques piqueteros. Las diferencias de clase se aglutinan dialécticamente para enfrentar al mismo enemigo, que más allá de no ser identificado en su magnitud, que requiere un avance y un salto cualitativo en la conciencia, los ahorristas y deudores ya vislumbran al enemigo como “políticos tradicionales”, peronistas y radicales y Frepaso y todas las instituciones de cartón. Ese mismo aparato que “transa” y tumba proyectos, reflota otros, llama a nuevos caudillos, vuelve para atrás, se arrodilla, golpea económicamente en concesiones a la burguesía y pobreza a los trabajadores.

Todos parecen decir “A vuestros pensamientos/ que sueñan sobre sus sesos reblandecidos/ como un gordo lacayo sobre un sillón grasiento/ quiero irritarlos/ me burlare hasta hartarme, mordaz y atrevido” y luego golpean sus cacerolas, agitan sus banderas y no se mueven en este tercer día frente al Congreso. Por todo esto, más allá del plan económico que decida el gobierno (que no va a ser distinto a los conocidos), la tarea de los revolucionarios y la vanguardia, así como sus consignas y tácticas es de vital importancia para el proceso revolucionario.

La iniciativa de la reacción burguesa.

El Estado burgués y su clase representada en el Parlamento, se mueven con rapidez y audacia, construyendo una ofensiva a toda máquina contra los trabajadores y la juventud: el “Plan Bonex”, que se articulará en los próximos días, aunque se desechó momentáneamente con la renuncia del ministro de economía, y que ahora parece volver al ruedo bajo otra máscara y resucitando al mismo ministro de economía depuesto, representa una segundo “jubileo” para los banqueros y la burguesía, a la vez que destruye aun más el aparato productivo y arruína a los ahorristas, salvaguardando los intereses de la burguesía y del imperialismo, todo en detrimento de la clase trabajadora que ve caer su poder adquisitivo y de los desocupados, afectados aun más por la inevitable depresión del sistema capitalista.

A este propósito, por decreto del Poder Ejecutivo, se crea en el derecho constitucional la figura de un seguro de desempleo de 150 pesos a padres de familias desocupados; migajas, panacea que no calma sino que zarandea aun más a la parte más baja de la clase, porque ese dinero se queda en los papeles de las burocracias municipales y de los actores políticos de turno, desnudando el carácter de clientelismo político de las concesiones del régimen burgués.

El conflicto entre el gobierno y las petroleras se agita cada día, y a pesar de que se logró un acuerdo que garantiza el abastecimiento, no pone coto a los precios ya que éstos podrían aumentar aun más, disparando la hiperinflación. Los zigzagueante rumbos en la economía capitalista argentina, lo único que están reactivando es la lucha de clases, que hasta hoy se encontraba en una fase de aparente calma.

Pero también hay fricciones dentro del Parlamento, ya que el ejecutivo presiona a diputados y senadores de su mismo partido para la aprobación de los decretos, situación que llevo a la renuncia de Remes (ministro de economía) y a una reunión con los “barones” peronistas junto a la CGT hasta altas horas de la noche, que en la confusión y el desprestigio vuelven a postular a Remes supuestamente hasta el viernes 26 de abril con un nuevo plan que en esencia es el mismo por el cual lo “renunciaron”.

Estos vaivenes de la política burguesa, sus contradicciones continuas que ya colman de bronca al pueblo, tienen una sola causa: la movilización y la lucha de clases en la calle. No se trata de una mera “fractura” de la alianza legislativa que llevó al poder a Duhalde, sino que a esos legisladores no les preocupa que se le entreguen bonos “truchos” a los ahorristas o que se paralice aun más la producción, sino que no quieren aparecer nuevamente como legitimadores de la gran estafa, se cuidan sobremanera mostrarse partidarios de algo que ellos mismos pergeñaron, son los traidores pero no les gusta el traje, hacen oposición por un tiempo y después vuelven a cobijarse en los privilegios, en su clase y defender los intereses de la burguesía desde otro lugar más ascético.

Igualmente, no lo consiguieron: la movilización sigue firmemente frente al Congreso y a la Quinta de Olivos, y ellos al fin y al cabo, firman un acuerdo que los desnuda totalmente. Se trató de confundir a los sectores populares, de anunciar abismos, de atemorizar, pero es más de lo mismo, o peor, cada vez se acentúa más la debilidad de este gobierno sitiado, un verdadero castillo de naipes sostenido por la CGT, los “barones” peronistas y los banqueros.

Pero no sólo la reacción burguesa ataca a la clase obrera en la base económica, sino que desde los medios de comunicación (casi todos en sus manos) se promueve el aumento de penas y de condenas a los menores de edad “asesinos” de policías, tratándolo como un problema cultural que nada tiene que ver con la miseria y la exclusión. De ese mismo modo, se festejó rimbombantemente el golpe de estado en Venezuela, a la vez que diversos políticos burgueses se reúnen con la plana mayor del Ejercito Argentino, “en caso de que los estallidos sociales desborden a las fuerzas policiales”.

La represión está latente: la policía Bonaerense prepara fuerzas de “élite” para reprimir saqueos y cortes de ruta, y la repentina incursión del Ejercito para llevar medicamentos o alimentos a las zonas empobrecidas, son señal inequívoca de lo que se trae entre manos la burguesía, no sólo nacional. Asímismo, la prensa burguesa ataca y denuncia a las Asambleas por “dejarse manipular por izquierdistas”, a la vez que grita a los cuatro vientos que este mismo proceso se diluye constantemente y pierde popularidad. Cosa realmente interesante: cuando las jóvenes asambleas empezaron a funcionar, todos los periódicos burgueses daban el visto bueno y las definían como “métodos de democracia directa”, y cuando estas mismas empezaron a definir objetivos enteramente socialistas, algo totalmente inevitable para la verdadera transformación de la sociedad capitalista, denuncian su manejo espurio y decretan su extinción en pocos meses. Lo que no entienden, o no quieren entender, es que si bien el número de participantes en las asambleas sufrió una baja, la transformación de la cantidad en calidad los asusta y los pone a raya, vapuleándolas como “terroríficos futuros Soviets”.

Para frenar la reacción burguesa, el primero de mayo se presenta ante los ojos del movimiento popular como una fecha clave: las organizaciones principales de la izquierda ponen ímpetu y tesón para elaborar una táctica y estratégica conjunta, con la Asamblea Interbarrial y organizaciones piqueteras. Este acto servirá de evaluación objetiva para la huelga general, que ya empieza a resonar terriblemente, pero que gracias a la política contradictoria y sumisa de las direcciones de las principales centrales obreras (conquistar parte de sus bases es imprescindible para la huelga general) todavía no se ha materializado. De hecho, el carácter de los dirigentes de las dos CGT ha quedado en evidencia esta última semana, cuando afirmaron un paro de transportes y después de un tirón de orejas resolvieron postergarlo, sin consultar ni escuchar a las bases.

La izquierda tiene una oportunidad histórica de influenciar las bases de los dos sindicatos más grandes y decisivos de la Argentina, que seguramente, irán en cantidades independientes considerables a la Plaza de Mayo. La desobediencia civil y la movilización continúan ganando las calles, las fabricas tomadas siguen bajo control obrero, y los estallidos y toma de edificios municipales en el interior de país, indican que una próxima irrupción de las masas esta a la orden del día, y de una manera mucho más consciente que el 19 y 20 de diciembre.

La situación de doble poder, aunque todavía en pañales en esta fase del proceso revolucionario, gana cada día mayor virulencia y polarización. Un paso en falso de la burguesía podría ser fatal para su régimen quebrado, a la vez que es necesario avanzar en las tareas de la relación entre la vanguardia y la clase, principalmente prosperar en la dirección de un verdadero Partido revolucionario.

Salvavidas económico para la burguesía y los banqueros.

Antes de que sucediera la intempestiva crisis que impuso la movilización desde las calles, la clase dominante tenia un proyecto brutal entre manos, que luego, ante el acecho de las masas que los perseguían por las calles aledañas al Congreso, tiraron hacia atrás para después de reuniones y contradicciones elaborar un “nuevo plan” que consiste esencialmente en las mismas engañifas (Ley Tapón), aunque hace mayor hincapié en una ley anti-goteo del corralito. Manipulación exenta de inocencia: la televisión ya no trata los bonos, la tensión se descentra del problema.

Pero el torbellino de renuncias y resurrecciones, comenzó el viernes 19 con la suspensión por 30 días del Scotiabank Quilmes ante la imposibilidad de hacerse cargo de las obligaciones, y en medio de una imparable fuga de depósitos potenciada por los recursos de amparo judiciales, y de un cierre del dólar para la venta entre 3,25 y 3,30. El Banco Central dictaminó un feriado bancario y cambiario indeterminado, aunque más exactamente, hasta que el Congreso sancione el “Plan Bonex” denominado ahora de “11 puntos y ley anti-goteo”, y la derogación de la Ley de Subversión Económica y la de Quiebras.

Estas medidas, traducen la fuerte presión de los banqueros y la burguesía, a la vez que se configuran como un nuevo guiño en los deberes que exige el FMI; ya que antes de que dejar caer algunos bancos que no pueden hacer frente a sus obligaciones, o de emitir más dinero para socorrerlos, el Gobierno cedió ante la presión de los financistas e imperialistas poniendo de relieve una vez más su carácter de clase burgués y enemigo de la clase trabajadora. Con estas medidas han perjudicando brutalmente a los asalariados y jubilados que no podrán cobrar, que sólo pueden sacar dinero de los cajeros automáticos en la medida que estos cuenten con los billetes, cosa realmente poco probable debido a los problemas de liquidez. Este manotazo de ahogado de la burguesía, destruye lo poco que queda de producción paralizándola, estafa impunemente a los ahorristas y demuestra que la “sacrosanta” propiedad privada no es tan intocable para la burguesía.

El plan que el Ejecutivo (cuyos demiurgos fueron los gurús de HSBC y City Bank, y no el ministro de económico) elevó al Senado consistía en bonos a 10 años en dólares y a 5 años en pesos para trocar coercitivamente los plazos fijos en dólares y pesos, buscando “tentar” a los depositantes en cuentas con una bono especial, como alternativa para que no corran hacia el dólar, sin liberar totalmente el corralito, anticipándose que estos mismos bonos podrían usarse en el “futuro” para pagar impuestos, con lo cual pretenden elevar sus cotización en el mercado apenas sea emitido.

Como aliciente encubierto, se planea derogar el CER para los deudores hipotecarios de vivienda única. A pesar del optimismo gubernamental y del visto bueno del FMI, se trata de un bono de un Estado quebrado y sumido en la crisis, y de una clase que tambalea día a día aferrándose a las migajas del poder político que ostenta.

Estas resoluciones a favor de la burguesía y los banqueros, exacerbaron a los ahorristas y a las clases medias, que el Lunes 22 custodiaron el Congreso toda la noche, provocando que los senadores tuvieran que retirarse en patrulleros o escoltados, enfrentándose nuevamente al Congreso todo el Martes y persistiendo todavía el Miércoles, acompañados por grupos de izquierda y asambleas barriales en contra de la sanción positiva del Plan Bonex. Además del beneficio explicito y el salvavidas a banqueros y capitalistas, el gobierno buscará cerrar el de goteo de fondos del sistema bancario, para que no presionen más el valor nominal del dólar y los precios.

Pero el plan no se queda solamente ahí: el Poder ejecutivo urge al Congreso para que apruebe inmediatamente la modificación de la ley de Quiebras y de Subversión Económica, a la vez que envía un proyecto para fusionar el Banco Nación con el BICE, y posteriormente con otros blancos provinciales. Todas estas medidas son exigencias de Washington y el FMI, aceptadas como cánones religiosos por los representantes de la burguesía argentina sedienta de créditos extranjeros.

Cuando Marx y Engels afirmaron que la burguesía ha impuesto al mundo su modo de vida, su concepción del Estado, de la propiedad y del derecho, y que esta concepción ideológica no forma un sistema armónico sino que muestra profundas contradicciones internas, como la proclamación de principios igualitarios pero sancionando la propiedad privada, fuente de toda desigualdad y explotación, y dada la crisis del capitalismo argentino y su retraso, no sólo existe una contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La propiedad privada de los ahorristas, dueños según esta visión de la única inversión posible, no es, pues, tan “privada” en los momentos de crisis y de tambaleo del sistema, y para barrer con toda Constitución que la burguesía sostiene entre las dos manos, hinchando el pecho, ahora la dirección del Banco Central tendrá inmunidad legal, y los Bonos, serán anti-amparos. Parece ser que en la democracia burguesa somos todos iguales pero unos son más iguales que otros.

Con el Bonex, todos cobrarán papeles “pintados” que el gobierno se compromete a pagar en un plazo entre 5 y 10 años, beneficiando claramente a los bancos que de esta manera achicarán sustancialmente el riesgo de sus balances, desentendiéndose de una pasivo exigible en el corto plazo (los depósitos) y quitarán de sus activos bonos de la deuda pública nacional y provincial, que hoy realmente son papeles basura. El resultado: ahorristas que depositaron en los bancos, le prestan al gobierno argentino a 10 años. Los ahorristas que decidan vender los bonos en el corto plazo tendrán una perdida mayor que la que hoy tienen, y el optimismo a ultranza de señalar que apenas sean emitidos los bonos en dólares, cotizarían como máximo a un 30 por ciento de su valor nominal; algo que resulta una tremenda argucia, ya que de darse seria transitorio, porque provienen de una Estado quebrado.

Los grandes capitalistas y banqueros convertidos en "pobres víctimas" de las crisis económica y política por el gobierno y sus medios adictos de comunicación, esconden dos aspectos de la realidad: Primeramente, la mayoría de las “víctimas” tiene activos mundiales que superan el Producto Interior Bruto de Argentina, y ganan con este plan porque limpian de sus balances los pasivos que constituyen los plazos fijos de ahorristas acorralados, sacándose el problema de encima cuando era responsabilidad que los atañía; y segundo, se desprenden de activos depreciados como papeles de duda publica de un país que declaró cesación de pagos. El Estado en default cambia de acreedor: de bancos a pequeños y medianos ahorristas, quedando como responsable de cumplir compromisos que les correspondían a sus estrechos aliados banqueros.

Lo que no describe la prensa burguesa es, que con esta metodología que pone de manifiesto el carácter de clase y pertenencia del Estado, el Plan Bonex es una “estatización” encubierta de la deuda privada, un segundo “jubileo” para la burguesía y los capitales extranjeros, en detrimento exclusivo de la vapuleada clase obrera ocupada y desocupada.

Pero este salvavidas es de plomo: el mismo plan fracasó en el 1989 y su tecnócrata, Erman Gonzáles pronostica para su misma clase un futuro adverso ya que ayuda a algunos indicadores económicos, como la recaudación tributaria. Los banqueros, a pesar de los benéficos y de la plusvalía obsequiada por el Estado, se pelean detrás de escena por ver que absorberá los bancos que posiblemente caigan. Los exportadores no liquidarán divisas aunque abran los bancos, y la complejidad del sistema, como que los bancos entreguen depósitos al gobierno para que este entregue títulos a los depositantes (también entregar activos por lo depósitos son pasivos), exacerba los ánimos de los ahorristas al ver la depresión real de sus ahorros incautados ya que nadie puede tener credibilidad en los bonos públicos, a la vez que también castiga a la pequeña industria, o al simple asalariado que se enfrenta a un cajero automático sin billetes.

A la presión desde abajo, inoperancia y contradicciones arriba.

Aceptar que las contramarchas, contradicciones, renuncias y los titubeos del gobierno de Duhalde, obedecen a una mera e insustancial negación de los Senadores a sesionar el Plan Bonex, es aceptar la apariencia formal de un hecho económico-social, sacar conclusiones del carácter dado y negativo de los hechos. Reducir la cuestión, de que el rechazo de los legisladores al plan Bonex produjo la caída del jefe de economía y su equipo, es simplificar y minimizar. Cierto es que ahora el gobierno es todavía más débil, ya que reconoce negociar con los gobernadores de su propio partido para cambiar (¿cambiar?) el rumbo de la economía, que está dispuesto a doblegarse ante los “barones” para diseñar “consenso” parlamentario; todos síntomas de debilidad que hallan su razón en de ser en el movimiento popular: el fantasma reciente del 20 de diciembre, de los cacerolazos, de la polarización, no importa que sean ahorristas o deudores, ahí donde se concentren más de dos personas el gobierno tiembla y se contradice.

Y ese miedo y pavor de la clase dominante es lo que lleva, indefectiblemente, a la negación de los Senadores de su mismo partido a poner “trabas”, a juntarse antes de mostrar aun más la debilidad y el vacio de poder que poseen. ¿Dónde surge ese miedo o pavor? En la movilización que el lunes 22 por la noche los persiguió, insultándolos, obligándolos a escaparse como fugitivos, que el martes aumentó en cantidad, llegando hasta las grandes puertas de la residencia presidencial. No cabe la posibilidad de sinceridad, de justicia, de sentido común por parte de los senadores burgueses, que en su mayoría, son los mismos que votaron los superpoderes de Cavallo, que apoyaron transitoriamente a Saá, que llevaron a Duhalde a la presidencia, que licuaron las deudas del capital concentrado y encubren los negocios de la burguesía. Muchas de las provincias de los gobernadores están en llamas, ardiendo, cortadas las rutas y tomados los edificios municipales, y si buscan remanso en el Senado, solo encuentran “escarches” y repudio generalizado.

También, muchos de los “barones” aspiran a la presidencia, con lo cual, los riesgos que deben correr son mínimos, aunque ya su imagen maltrecha, ande por desperdigada por el piso. Alguien podría argüir que esto es una falacia, atiborrada de subjetividad, que en realidad se trata solamente de una lucha de poderes en el seno del gobierno. De ser así ¿Cómo explicamos que esos mismos senadores y gobernadores, firmen un acuerdo invisible, catorce puntos obsoletos que ni siquiera cambian el plan Bonex, que se limita a una foto de portada de diaria ostentando firmeza y poder, que ni siquiera designa un ministro de economía? Cuando las facciones de la burguesía ve amenazado la continuidad de su poder, rápidamente se unen. Lo mismo pasa con sus representantes: PJ, UCR, Frepaso, los dirigentes burocráticos de las dos CGT; todos juntos por la “concertación patriótica”, apelaciones al nacionalismo, a Dios, anticipos de abismo y desastre: la burguesía siente y aspira el hastio y la movilización popular. Las facciones se arrepienten y tienden a defender juntas los intereses de la burguesía.

En la mañana del lunes, la Cámara de Senadores se negó a tratar el proyecto de los Bonos, a pesar del afiebrado tono del vocero presidencial Amadeo que declaró “Que el Congreso piense en los tiempos de la gente”. Pero a pesar de que los senadores respondieron que “es la típica política de extorsión de algunos dirigentes… no se nos puede forzar a votar algo que no pudimos leer”, la verdadera razón subyacente es la “gente” que se concentró frente al Congreso, “gente” que agredió a los senadores burgueses que impunemente declaraban ante la televisión, y se llego hasta destruir un automóvil porque se lo creyó propiedad de algún senador.

El martes por la mañana, la concentración se multiplicó con el apoyo de la izquierda y de los piqueteros. La clase burguesa busca remilgadas salidas para no manchar su imagen. El Martes se argumentó para presionar al Congreso doblemente presionado, que de no aprobar el proyecto los bancos no abrirían por largo tiempo sus puertas, y muchos de ellos tendrían la quiebra firmada. Pero los senadores sabían que, más allá de que el plan es una mentira tendiente al beneficio de su clase, no quieren ensuciarse aun más las manos y permanecer ascéticos, rehúsan a aparecer ante el pueblo como los legitimadores de otro golpe a la clase asalariada y los ahorristas. Conocen de sobremanera que no gozan de respeto, que son denostados en las Asambleas y por los ahorristas estafados, y de que el creciente torbellino de bronca, podría derribarlos de una plumazo o “escarcharlos” como pasa asiduamente cuando son visualizados en cualquier lugar publico.

Esto no quiere decir, y el resultado del acuerdo entre los “barones” peronistas y otras fuerzas burguesas es la demostración empírica, que de la noche a la mañana el Congreso defienda los intereses de la clase obrera o del pueblo, ni siquiera a los ahorristas, sino simplemente trataron de buscar vericuetos para no ensuciarse demasiado la imagen maltrecha, de limpiarse y dar discursos de una retórica de “capitalismo con rostro humano”. El PJ, UCR y Frepaso primeramente muestran filas divididas, pero no dudaron a la hora de asestar el golpe: se “rebelan” pero tranquilizan al Ejecutivo recordándole la mayoría en ambas cámaras. No esperan para sesionar el borrador del proyecto “Plan Bonex”, sino que se marche la gente de la calle. Pero esto no ocurrió, así que pactaron puertas adentro, solos con una quimera de poder, metodología burguesa de la democracia privatizada y capitalista.

Lenin, en su libro “El Estado y la Revolución”, afirma que “…en realidad, cuanto más democrática es, más burda y cínica es la dominación del capitalismo.” Empíricamente demostrable en Argentina, cuyo reflejo en el Senado de las presiones y dominio del capital llevo hasta situaciones tragicómicas: Mientras Diputados se oponían contra la condena a la Revolución Cubana en Naciones Unidas, y muchos se enriquecían con discursos seudo-progresistas, la decisión había quedado resuelta en el acuerdo implícito de Alfonsín-Ruckauf meses atrás, que para demostrar una gesto de sumisión al FMI, querían manifestar como el presidente Duhalde podría pasar firmemente por sobre el parlamento y demostrar seguridad y resolución.

La Comisión de Juicio Político destinada a transparentar y condenar a la Corte Suprema de Justicia, y poner de relieve las instituciones “democráticas”, conducida por los radicales y la centro-izquierda, deben presentar el dictamen contra los 9 miembros de la Corte el 25 de abril, pero ya asegura que van a existir “retrasos por la situación complicada”.

Los “reclamos de mano dura” desde los medios de comunicación y desde políticos burgueses, promueven proyectos para aplicar más penas y condenas a los “asesinos” de policías, y disminuir la edad para apresar y encarcelar a los menores que se encuentren enrolados en robos u homicidios; pero lo que realmente se busca es criminalizar el conflicto social y poner el aparato represivo del Estado al servicio de la clase dominante ante un nuevo auge de la lucha de clases. Ni siquiera la prisión del ministro de economía pro-yanqui Domingo Cavallo, consigue limpiar un ápice el régimen quebrado y empolvado de corrupción que mantiene la clase burguesa, ya que el juicio fue diseñado por los radicales y los colaboradores de Duhalde, y para colmo, no hay pruebas substanciales para mantenerlo preso, más allá de la voluntad de mantener un espejismo fetiche de transparencia y justicia. Desde los espacios más reaccionarios de la burguesía se busca emparentar el derrocamiento revolucionario de De La Rúa, haciendo inconmensurables esfuerzos e inventando pruebas para probar que fue un “complot” del PJ y UCR, tratando de quitarle los meritos a las masas y desmoralizarlas, volverlas a subordinar tergiversando el poder de su accionar.

Varios diputados y periodistas de derecha quedaron atrapados en el conflicto de Venezuela, como Hadad o Rodolfo Terragno (UCR) que aseguró que “demagogo, autoritario e ignorante, este redentor ha fracasado…Ahora en Venezuela, empresarios, obreros y ONG´s se han unido”. (Pagina /12, 12 abril)

Todas las estructuras del Estado Burgués tambalean, se contradicen, pero mantienen una ofensiva económica y mediática. Se bifurcan momentáneamente, pero están dispuesto a olvidar cualquier divergencia ante una nueva irrupción de masas, proponiendo su represión y castigo, tanto económica como física. Y esto fue lo que realmente ocurrió en estos tres días. Ya sabemos que las leyes son apócrifas, y que nada puede contener a la clase obrera organizada consciente y revolucionaria, porque en primera instancia, todas estas vicisitudes, contradicciones y reacciones de tanto los medios burgueses como el Congreso, así como la retórica de las burocracias sindicales como Moyano y De Gennaro, radican en el proceso revolucionario que se está gestando en la Argentina, y no sólo en la Argentina para ser más precisos.

El empuje de las bases y el flujo de la lucha de clases, con la presión de los de abajo, que esta semana produjo hechos relevantes, son las razones verdaderas de los reclamos de “mano dura” y del coqueteo con el Ejercito.

Entonces, habiendo analizado someramente los vaivenes de la política burguesa, ¿Cuál es el resultado de la reunión de los “barones” con el débil presidente Duhalde? Nada, eufemismos, maniobras para alargar el tiempo y tratar de implantar confusión en el movimiento popular, y de lo que se desprende, la confirmación de que todas las contradicciones y vacilaciones tienen su origen en las protestas, porque el documento no afirma ni niega nada, se destruye en los aires.

El documento suscripto con las provincias pretende dar respuesta a las demandas del FMI. Además se compromete a la implementación de un sistema que permita anclar el dólar y la elaboración de una ley que solucione el problema del corralito financiero.” (Clarín) El acuerdo contempla catorce puntos:

1)- Respetar los acuerdos internacionales de la Nación y reafirmar la vocación de integrar la Argentina al resto del mundo. Guiño explicito al FMI, por lo que se deduce que el “anclaje” puede llegar un simple rumor y que pueden llegar una oleada de ajustes como quiere el fondo.

2)- Firmar en un plazo no mayor de 15 días los acuerdos bilaterales con las provincias, dando cumplimiento al Pacto Fiscal suscripto oportunamente. Otro guiño al FMI, anticipando la eliminación de un piso fiscal para la coparticipación de impuestos y en la promesa de reducir un 60% el déficit de las provincias, según está lógica, tendrían que eliminarse los bonos provinciales como reclama el fondo monetario.

3)- Elevar al Congreso de la Nación, en un plazo no mayor de 90 días, el proyecto de ley consensuado de un nuevo sistema de coparticipación federal de impuestos.

4)- Propiciar las políticas fiscales y monetarias que mantengan la disciplina y los equilibrios necesarios que eviten la suba descontrolada de precios y la inestabilidad cambiaria. Si se piensa “anclar” el dólar, el gobierno deduce que traería estabilidad a la economía, que junto con una tasa de interés relativamente baja, 5 y 10 puntos más que la inflación, serian las condiciones para una reactivación. Eufemismos puros: no aclara si se fijará un tipo de cambio único, a cuánto se realizará, ni se tiene en cuenta que por esas mismas dos medidas la inflación podría aumentar. Con respecto a los precios: los supermercadistas frenaron la confección de la canasta básica, el costo de vida aumento el 9% y algunos estudios anticipan hasta el 26%.

5)- Garantizar a los ahorristas, a través de instrumentos legislativos adecuados, la previsibilidad necesaria sobre el destino de sus fondos asegurando su liquidez. No dice nada, absolutamente nada, ni en qué proyecto se basan los instrumentos legislativos, ni si los fondos pasarán al Estado en bonos o seguirán en plazos fijos en los bancos. No se aclara si se deroga el Plan Bono o si se lo sostiene.

6)- Garantizar las acciones que restablezcan en forma inmediata un sistema financiero sólido y confiable.

7)- Instrumentar un nuevo acuerdo de responsabilidad fiscal para la administración nacional, provincial y municipal que asegure su cumplimiento mediante un sistema explícito de premios y castigos.

8)- Propiciar una reforma impositiva integral moderna y simplificada que aliente y estimule la inversión de capitales e impida la evasión, la elusión y el contrabando. Demasiado optimismo: la recaudación impositiva sigue siendo elevada a pesar de no pagar la deuda pública y con las retenciones a las exportaciones: 1812 millones de déficit. Si pretenden diagramar retenciones móviles a las exportaciones, están desatando un nuevo conflicto con los exportadores, que ni siquiera liquidan las divisas.

9)- Propiciar la inmediata sanción de la ley de quiebras.

10)- Propiciar la inmediata derogación de la ley de subversión económica.

11)- Propiciar la repatriación de capitales argentinos destinados principalmente a proyectos productivos con demanda de mano de obra intensiva. En mayo la desocupación puede dar el mayor índice de toda la historia, con respecto al mismo mes del año pasado, la producción industrial cayo -18,1.

12- Alentar las inversiones nacionales y extranjeras dedicadas a la exportación de productos manufacturados o a la sustitución eficiente de importaciones.

13)- Asegurar el cumplimiento efectivo de la reforma política acordada, asegurando la reducción de gastos políticos y burocráticos innecesarios y la modernización de las formas de selección electoral.

14)- Asegurar un mecanismo de asignación de planes de empleo convirtiéndolos en empleos efectivos a través del sector productivo.

Como se ve, el acuerdo es sobre nada, demuestra la precariedad del poder de la clase dominante, temerosa de las reacciones populares, no afirma ni niega el plan bonos. Implanta confusión, guiños para el FMI y para su postergado salvavidas de plomo en la truncada encomia capitalista Argentina. La presión de los de abajo, hace estragos en los de arriba.

Primero de Mayo: La Huelga general y las tácticas.

Surge la pregunta: ¿Por qué el 1° de Mayo puede ser una jornada decisiva, el anticipo para un salto cualitativo en el movimiento? Porque, a juzgar, servirá especialmente para evaluar sí las condiciones objetivas y subjetivas, están maduras para una gran huelga revolucionaria.

Esta ultima semana, del 15 al 20 de abril, fue profundizándose y adquiriendo un nuevo auge la lucha de clases, de un nuevo incremento de la crisis social con saqueos y cortes de ruta, y no solo en lugares donde operan las vanguardias de izquierda, sino que las bases de los sindicatos controlados por la burocracia pasaron a la acción.

La protesta brotó en San Juan, donde trabajadores tomaron los edificios públicos, pasando por encima de su sindicato obligando al gobernador Montiel a emitir bonos para pagar sueldos; En la provincia del Chaco, un tren que cargaba soja fue detenido por una multitud y saqueado, posteriormente, desocupados cortaron la ruta 11 en reclamo de trabajo y alimentos. En Córdoba trabajadores municipales se concentraron en los alrededores de la Intendencia, donde realizaron asambleas, iniciando un plan de lucha con retención de tareas, y las protestas se extienden a obreros y docentes del sindicato Luz y Fuerza. En Bariloche, Río Negro, 60 desocupados se concentraron ante un supermercado para pedir bolsas de comidas. En Salta, obreros y municipales de Embarcación siguen de paro desde hace dos semanas. Ayer, se sumo otra fabrica bajo control obrero: los trabajadores de la panificadora Cinco, en Vicente López, tomaron la empresa tras una ola de despidos de 80 empleados.

Este ascenso de la lucha de clases podría transformarse en una ofensiva revolucionaria si cuenta con el apoyo decisivo de la clase obrera, los desocupados y las capaz más adelantadas del estudiantado. O sea un Partido revolucionario.

En las tareas de la vanguardia se ha avanzado: El Bloque Piquetero Nacional, cuyas organizaciones principales, el Polo Obrero(PO) Movimiento Territorial Liberación(PC) y Movimiento sin trabajo-Teresa Vive!(MST) lanzo una correcta y exacta convocatoria para el primero de mayo: “En las condiciones del derrumbe implacable del régimen social y político que ha hundido a la Argentina en el abismo nacional y en la mayor miseria de su historia, la jornada del 1° plantea la necesidad y la oportunidad de poner de manifiesto la alternativa de poder que se desarrolla en la lucha y en la conciencia de los trabajadores y de los explotados. El Bloque Piquetero, que es la expresión más combativa de la clase obrera y que reúne a los movimientos de desocupados y a numerosos sindicatos y organizaciones fabriles combativos, ha asumido la responsabilidad de la convocatoria a una gran concentración de trabajadores en Plaza de Mayo y en todas las grandes ciudades.”

La propuesta del BPN es certera, directa, y cuenta con el apoyo de la Asamblea Interbarrial.No obstante algunos de sus componentes como el PO también añaden: “En función de este objetivo el Partido Obrero apoya el reclamo popular de "que se vayan todos" y llama a la convocatoria de una Asamblea Constituyente libre y soberana que asuma transitoriamente los gobiernos nacional, provinciales y municipales.”

La consigna democrático-burguesa de la Asamblea Constituyente y su rastreo histórico en otras revoluciones, ya fue puesta de manifiesto por Alan Woods: “¿Qué es una asamblea constituyente? Un parlamento democrático burgués. La consigna de la asamblea constituyente es por lo tanto una consigna democrático burguesa…¿En qué circunstancias se deben plantear estas consignas? Hay dos posibilidades: 1) En un país semifeudal o semicolonial 2) en una país donde no exista un parlamento, elecciones u otros derechos democráticos. Pero ninguna de estas condiciones se puede aplicar a Argentina…En la revolución rusa la consigna de la asamblea constituyente, una consigna democrático-burguesa, jugó un papel progresista a la hora de movilizar a la hora de movilizar a las masas contra el zarismo. ¿Es apropiada esta consigan en la situación actual de Argentina? En absoluto. Durante las ultimas dos décadas Argentina ha tenido un régimen democrático burgués, que no difiere en lo esencial de los regímenes democráticos burgueses de Europa o EEUU.” (Alan Woods, Sobre la Consigna de la asamblea Constituyente ¿Es aplicable a Argentina?).

No es un capricho ni una obsesión recurrir sobre este tema, sino que históricamente se demuestra que una mala consigna puede ocasionar un daño al movimiento y a la vanguardia, y es de máxima importancia cuando se plantea un proceso de ganar a las masas al programa del socialismo.

Aunque el PO puede considerarlo como un aspecto secundario de la táctica, ya que el objetivo es el poder obrero y no dudamos de sus sacrificios y honestidad, resulta de primordial significancia la clarividencia de los objetivos, ya que nadie se va “asustar” por la palabra “socialismo”, más todavía cuando en las encuestas crece la popularidad de los dirigentes de izquierda ante la polarización y el auge de la lucha de clases. Podríamos señalar que la Asamblea Interbarrial plantea objetivos socialistas (expropiación a los banqueros y nacionalización de los bancos y privatizadas, no-pago de la deuda), y muchos de sus vecinos integrantes que no tenían participación política empiezan a simpatizar con los objetivos clásicos de la izquierda, los mismos que ellos votan en cada Asamblea.

Y en el mejor de los casos; ¿Una huelga general para llegar a una asamblea constituyente? No parece muy coherente cuando lo principal es el poder obrero, ganar a las masas con un programa claro y conciso, buscando fortalecer el control de los obreros en las fabricas en relación con las asambleas populares. Se trata de elevar la conciencia de las masas, de conquistarlas. Los marxistas también hemos explicado también como esa asamblea constituyente podía servirle a la derecha y a la burguesía (ver el artículo citado de Alan Woods); afirmación relevante y certera cuando hoy Duhalde anuncia que si el parlamento no sanciona el plan Bonex, “Que se reúna otra asamblea legislativa y que elija otro presidente.” La derecha pueda sacar grandes réditos de un paso en falso de los revolucionarios.

Lo fundamental en este momento es ganar a la base de los sindicatos peronistas al programa del poder obrero y del socialismo. Esto es de una importancia decisiva para la huelga general: la CGT tiene un poder mayor que cualquier sindicato en la Argentina, y sus afiliados se mueven de forma instintiva, pero no tardaran en dar cuenta de que los “gordos” no puede siquiera garantizarles el salario sino que su nivel de vida cae considerablemente, movilizándose solo cuando a la burocracia la cree conveniente, y ahora con la vuelta atrás de la huelga de transportes, quedó en evidencia el carácter reaccionario. Esos mismos trabajadores buscan alternativas, y la burocracia burguesa sindical no puede dársela. En poco tiempo estarán a la deriva, por más que las centrales planteen marchas contra el FMI, gradualmente, se advertirá el descontento que hoy surge de las bases que pasan por arriba de su organización( San Juan, Córdoba).

Generalmente los sindicatos van a la cola de la revolución, pero un nuevo auge de las masas y su incontenible irrupción, radicalizaría aun más el ambiente de las bases que buscaran tarde o temprano una salida revolucionaria. No se trata de convencer a Moyano o De Gennaro de la necesidad de la revolución socialista y del control obrero, sino trabajar sobre las mismas bases que se asientan estos burócratas. Preparar una huelga general sin tomar en cuenta del poderío de la CGT y de sus bases, es de una ambivalencia extrema, ya que es imposible el triunfo de una huelga general sin contar con el apoyo de las bases de la CGT o la CTA; y no basta solamente con hacer los llamados correspondientes, hay que “explicar pacientemente”.

Lo mismo sucede con la CCC, de orientación maoísta y que ahora reivindica la libertad de Seineldín porque lo considera “un luchador contra la corriente lanussita, que siempre tuvo estrechas relaciones con el imperialismo ruso”. Ya sabemos cual es la táctica del PCR, su “unidad nacional” y teorías de las etapas. Pero el carácter reformista de sus dirigentes no debe asustar a la vanguardia, hay que seguir convocando a sus bases y ganarlos por la vía revolucionaria, que esas mismas capas, tanto de la CGT como la CCC, lleguen a su propia conclusión a través de su experiencia, ayudados por la tarea de la vanguardia.

En síntesis, el 1° de mayo se verá las verdaderas condiciones objetivas y subjetivas para una huelga general revolucionaria, pero su triunfo también esta signado por el trabajo de los revolucionarios como vanguardia con respecto a las bases de la CGT, la CTA y la CCC, incluso si sus direcciones pasan a la oposición transitoria, no hay que necesariamente mantener una postura hostil y dilapidaría, sino una postura realmente de clase que denuncia y que a la vez contemple la forma de conquistar sus bases. También el primero de mayo se vera cual es la verdadera articulación entre las asambleas y los trabajadores organizados en las fabricas, aunque vale decir, se han dados pasos adelante en este aspecto, o sea en la transformación consciente y revolucionaria de las asambleas en embriones de soviets, sin que esta terminología asuste a nadie.

Vigencia de las propuestas de El Militante.

Los últimos acontecimientos dentro de la Argentina, a pesar del descenso del flujo de la lucha de clases que por estas horas está escalando nuevamente, como de los internacionales, la guerra imperialista y el golpe de estado fracasado en Venezuela, enriquecieron las propuestas del BPN, así como de los demás partidos políticos de izquierda. Propuestas que El Militante lanzó a principios de Marzo. Aquí un recuento:

La reacción burguesa no se hará esperar, por ahora es dubitativa, más mediática que efectiva, hay que estar preparados y preparar a la clase para las nuevas exigencias y enfrentamientos.

La acumulación de fuerzas en el campo de la izquierda crece, por esos son necesarias consignas claras y métodos correctos. Principalmente trabajar en los sindicatos reaccionarios, si es que pretendemos lanzar una gran huelga general revolucionaria que ponga en jaque a la burguesía y sus representantes. No hay salida por el medio. La voluptuosa mimada por los medios de centro-izquierda, Elisa Carrío, no representa más que la socialdemocracia presente en Europa, y todas sus palabras refieren al “beneplácito del capitalismo con rostro humano”.

El primero de mayo aclarará muchos puntos sobre la praxis instrumentada hasta hoy por las vanguardias. Plantear la cuestión del poder obrero, es la única salida a la catástrofe que el capitalismo ha impuesto en la Argentina.

Buenos Aires,
24 de abril, 2002

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