El conjunto de la burguesía, blandiendo la bandera de la libertad, ataca nuevamente al gobierno en la figura de Cristina Fernández, acusándola de “soberbia”, “personalismo extremo”, “agresivo desparpajo y pedantería”, en definitiva, “imponer su voluntad”. Para la burguesía, esta secuencia ininterrumpida de Néstor y Cristina de Kirchner en el gobierno marcan una línea política de “sometimiento” de la mayoría de la población a los designios de la “injusticia”. Es más, se preguntan “¿qué grado de omnipotencia es necesario para actuar del modo en que lo hicieron el matrimonio Kirchner y sus amigos?”

Lo que demuestra la experiencia histórica de Chile, Nicaragua y Cuba, es que mientras no se acaben con los enemigos de clase dentro del país, estos no cesarán hasta ver aplastada la revolución, ya sea que para esto lleven a cabo un golpe de estado, instaurando un gobierno fascista como en Chile, o que por el contrario, a través de la guerra económica y el sabotaje de la economía, unido a la guerra civil impulsada por el imperialismo, logren derrotar al gobierno por la vía electoral, como sucedió en Nicaragua. Mientras que por el contrario, en el caso de Cuba, el gobierno revolucionario expropió todas las propiedades del imperialismo yankee, así como de sus lacayos, la revolución se ha logrado mantener por más de 50 años.

Algunos analistas e "intelectuales de izquierda" en estos momentos plantean el aumento de la gasolina, como una salida a la crisis de abastecimiento del combustible que existe especialmente en las fronteras del país. Sin embargo, en el marco de una economía capitalista como la que aún existe en Venezuela y especialmente bajo el sabotaje frontal de la burguesía contra el gobierno Bolivariano, cualquier aumento a la gasolina, por pequeño que parezca dispararía una espiral inflacionaria que terminaría por golpear enormemente los bolsillos de las masas desposeídas.

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