El gobierno de Calderón, desesperado ante la carencia total de legitimidad y ante su enorme pavor hacia, la cada vez mayor, polarización de clases, ha recrudecido a la represión criminalizando la lucha social, asesinando y encarcelando a muchos de los millones de jóvenes y trabajadores que se atreven a levantar la voz  en contra de la miseria y opresión que predomina en México.