Han pasado 30 años del proceso revolucionario más importante de la historia de El Salvador, donde la clase obrera en alianza con el resto de oprimidos y explotados podrían haber tomado el poder, transformando la sociedad, y haber evitado toda una década de sangrienta guerra civil que dejaría un saldo de 75 mil muertes. El presente artículo de Alan Woods fue escrito hace 28 años y a miles de kilómetros de los acontecimientos pero sorprende por su gran claridad, corrección y vigencia.

La calamitosa situación posterior al desastre natural revela para todo el mundo que la Misión de las Naciones Unidas, presente desde hace 5 años y medio en Haití, no ha resuelto ninguno de los problemas, por el contrario ha garantizado la perpetuación de un sistema de explotación y miseria de todo un pueblo.

Hay un elemento artificial en la catástrofe que enfrentan los haitianos. El país no sólo es pobre; ha sido hecho pobre y es mantenido pobre. Haití es el país más pobre del hemisferio occidental, con la peor infraestructura, el pueblo más vulnerable a los desastres y las enfermedades, debido a las maquinaciones del imperialismo. Aunque el terremoto no podía ser evitado, la escala de muerte y destrucción claramente sí podría haberse evitado.

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