La situación en Colombia avanza muy rápidamente después del paro nacional del 21 de noviembre. Lo que era un paro de un día se convirtió en una protesta permanente y diaria que ya cumple una semana. La protesta no cesó a pesar del toque de queda y la militarización decretadas en la capital Bogotá (y en Cali) por el reaccionario gobierno de Duque. La muerte del joven Dylan Cruz, al que el ESMAD (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) le disparó un bote de gas lacrimógeno directamente a la cabeza ha conmocionado al país. Como respuesta, el Comité Nacional de Paro decidió convocar a un nuevo paro nacional para el 27 de noviembre e incluir entre sus demandas el desmonte del ESMAD.

A las diez de la noche del lunes 25 de noviembre, en Bogotá, falleció Dilan Cruz, un joven de 18 años. Su muerte era el resultado de la metralla del armamento irregular del ESMAD (Escuadrón Móvil Anti-disturbios). La noticia del criminal ataque se esparció por las redes y el estado de salud de Dilan se convirtió en motivo de interés para millones de jóvenes y trabajadores. Dilan luchaba por una mejor educación. En medio de la manifestación, intentó retirar una granada lacrimógena de los antidisturbios y uno de ellos respondió disparándole una “recalzada”. Casi quince años atrás, a pocas cuadras del lugar, la criminalidad del ESMAD había dejado en coma al niño Nicolás Neira: fue su primera víctima mortal.

Chile vive una nueva jornada de huelga general, como parte del levantamiento contra el régimen que ya cumple casi 40 días de lucha. El gobierno sigue intensificando la represión (denunciada por organismos internacionales) e incluso modifica la legislación otorgándose más poderes para usar al ejército “en el resguardo de edificios públicos” sin necesidad de decretar el estado de emergencia, al tiempo que trata de desmovilizar mediante “acuerdos” y promesas de negociación. Las condiciones están dadas para tumbar a Piñera, pero ¿qué es lo que falta?