En el momento en que entramos a un nuevo año, el mundo se enfrenta a un punto de inflexión decisivo. La crisis del capitalismo está alcanzando un nuevo nivel, que amenaza con derrocar todo el orden mundial existente que fue organizado laboriosamente después de la Segunda Guerra Mundial. 10 años después del colapso financiero de 2008, la burguesía no está cerca en modo alguno de resolver la crisis económica.

La agenda represiva del gobierno de Piñera no para de generar incidentes que causan cada vez mayor indignación, agravando la crisis de legitimidad de las instituciones en Chile. En horas de la tarde del lunes 17 de diciembre, Carabineros de Fuerzas Especiales ingresó violentamente al edificio del sindicato de estibadores en Valparaíso que llevan más de un mes en huelga, con un saldo de 16 detenidos y 2 heridos. Los puertos respondieron con un paro nacional portuario que doblegó la iniciativa del gobierno. El mismo día, el presidente Sebastián Piñera se reunió temprano con el empresariado chileno. Además de los representantes de la CPC (Cámara de Producción y Comercio), se encontraba Ricardo Von Appen, sentado a la cabecera, presidente del Terminal Pacífico Sur (TPS) que por su intransigencia ha prolongado el conflicto laboral que mantiene a los trabajadores y familias del puerto en amarga espera. Los portuarios han advertido que si no tienen Navidad, entonces no habrá Año Nuevo en el puerto.

Un ajuste de cuentas con la ‘izquierda caviar’ y las políticas de identidad – Cuando el sistema capitalista global se enfrenta a la crisis social, económica y medioambiental más gran­de de su historia, amenazando con conducir a la so­ciedad humana a la barbarie, no vemos ni rastro de un gran ideal por el qué luchar en la izquierda oficial, ni en la “vieja” ni en la “nueva”. El socialismo no es una “buena idea” ni un ideal ro­mántico.

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