Frente
a las movilizaciones populares que se están dando en varias provincias
del Ecuador para oponerse a la firma del TLC y exigir la salida de la
empresa petrolera norteamericana OXY, el gobierno transitorio de
Alfredo Palacio decretó en horas de la noche del día martes 21 de marzo
de 2006 el estado de Emergencia en las zonas donde se han producido
mayores protestas y bloqueos de carreteras por parte de campesinos e
indígenas de la sierra central.
Las provincias de Tungurahua, Imbabura, Cotopaxi, Chimborazo y
Cañar, así como los cantones de Tabacundo y Cayambe, en la provincia de
Pichincha, amanecieron bajo control de efectivos del ejército y de la
policía que se dedicaron a despejar las vías para permitir la
circulación vehicular. No obstante esto, y pese a la brutal represión
desatada en contra del movimiento popular, la lucha no ha decaído. Los
reportes periodísticos dan cuenta que en la provincia del Azuay también
se han dado cierres de vías, mientras que en la de Los Ríos se han
producido protestas por parte de los agricultores.
Las organizaciones populares han denunciado que el ejército
ecuatoriano ha utilizado indiscriminadamente bombas lacrimógenas y
balas de goma contra los manifestantes. De igual manera se informa que
se ha producido la detención de varias personas y la intimidación a
dirigentes indígenas y de derechos humanos por parte de los organismos
de seguridad del Estado.
Voceros del régimen de Palacio han insinuado que las
movilizaciones estarían financiadas por ONG´S extranjeras y por el
gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez, tal como lo manifestara
el Secretario de Comunicación, Enrique Proaño en la cadena de
televisión ECUAVISA, en entrevista sostenida con Carlos Vera. Este
discurso demuestra el lacayismo del gobierno ecuatoriano a los mandatos
de Washington, puesto que ha sido la administración de “mister Danger”
la que acusado a Chávez de provocar la desestabilización de la
“democracia” en América Latina. Asimismo los portavoces de Palacio han
atacado a los dirigentes indígenas de la CONAIE (Confederación de
Nacionalidades Indígenas del Ecuador) de querer provocar el caos en el
país.
Mientras tanto, los empresarios y representantes de las cámaras
de industriales han levantado su voz de protesta debido a las
millonarias pérdidas que estarían sufriendo producto de las
movilizaciones. Mauricio Pinto, presidente de la Cámara de Industriales
de Pichincha, ha señalado que “la protesta es de carácter ideológico y
que no se quiere suscribir el acuerdo sólo por tratarse de los Estados
Unidos”. El viernes 17 de marzo los empresarios realizaron una marcha
en favor del TLC.
El canciller ecuatoriano, Francisco Carrión, manifestó en
Estados Unidos que pese a las protestas que se llevan a cabo en el país
para oponerse a la firma del TLC, el gobierno de Palacio continuará con
las negociaciones para llegar a un acuerdo final.
La dirigencia indígena ha pedido a la Conferencia Episcopal
Ecuatoriana que se convierta en mediadora en el conflicto, expresando
además su voluntad de flexibilizar sus posiciones. Según información
difundida en la página Web del periódico El Comercio, en carta dirigida
a Alfredo Palacio el movimiento indígena le pide que “se levante el
secretismo de la negociación del TLC, que se socialice lo que hasta
ahora se ha negociado y que se abra un análisis con todos los sectores
sociales, con participación de los que estamos en contra del TLC, para
poder comprender mejor”. Asimismo se pide al mandatario la realización
de una consulta popular, en un plazo máximo de tres meses, para tratar
el tema del TLC.
Este jueves 23 de marzo de 2006 comienza la ronda XIV del
Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los representantes de EE.UU. y
Ecuador.
La lucha debe continuar hasta la victoria final:
Los acontecimientos que ha vivido el Ecuador desde hace ya más
de una década, demuestran que solamente con la lucha organizada y la
movilización de los sectores populares se puede poner freno a la
oligarquía vendepatria y a los gobernantes corruptos de turno que los
representan.
Sin embargo, las lecciones que nos deja la historia de las
revueltas populares contra los gobiernos de Abdalá Bucaram, Jamil
Mahuad y Lucio Gutiérrez, presidentes derrocados por la lucha popular,
debemos analizarlas con detenimiento y paciencia, con el propósito de
no cometer los mismos errores que en épocas pasadas.
Los trabajadores, campesinos, indígenas, jubilados, estudiantes
que han participado activamente en las movilizaciones deben tener claro
que la lucha no puede enfocarse únicamente contra los mandatarios de
turno, sino contra el sistema económico y político que impera en
nuestro país, porque en sus raíces se encuentran las causas efectivas
por las cuales en el Ecuador existen la explotación, la pobreza, la
desigualdad, la injusticia social y otros males generados por el
capitalismo. No se puede por tanto ocultar lo que es evidente en la
realidad.
En el Ecuador existe una confrontación, una verdadera lucha de
clases entre la burguesía criolla, la oligarquía y los terratenientes
contra los trabajadores y campesinos pobres del país. Los otros
problemas que tienen que ver con cuestiones étnicas, culturales,
ecológicas están atravesados, sobredeterminados por el patrón de
interacción social principal que es el clasista que, por lo tanto,
tiene un rango mayor que los otros.
Estos hechos fundamentales son los que oculta la clase
dominante ecuatoriana para presentar los conflictos como el resultado
de la falta de comprensión y entendimiento entre los diferentes
sectores que forman parte del país.
En los medios de desinformación y en las instituciones
académicas se habla de que en el Ecuador hay una crisis de
gobernabilidad, de que el país es ingobernable, dejando atrás que la
convulsión social se da como producto de las contradicciones internas
generadas por el propio sistema capitalista ecuatoriano.
En el país 200 familias de oligarcas se han apropiado de los
medios de producción y han usufructuado de la riqueza generada por los
trabajadores, mientras el 80% de la población vive en la pobreza.
Los gobiernos de turno lo que han hecho es defender fielmente
los intereses de la clase dominante ecuatoriana. En el Manifiesto del
Partido Comunista Marx y Engels señalaron que “el gobierno del Estado
moderno no es más que una junta que administra los negocios de la clase
burguesa.” Y eso es lo que sucede en el Ecuador.
Estos hechos hay que identificarlos adecuadamente para
establecer un programa de lucha que permita construir una sociedad
diferente a la capitalista, que no es otra que la sociedad socialista.
No puede pensarse que la lucha debe encaminarse únicamente para
la consecución de ciertas conquistas democráticas puntuales. Esto
tampoco significa que se deje de luchar por ellas. Lo que debe estar
claro es que estas transformaciones sólo podrán ser llevadas a cabo en
forma efectiva por los propios trabajadores, campesinos, indígenas,
estudiantes y jubilados. Esto implica que la lucha debe apuntar a la
toma del poder y por ende al derrocamiento de la clase dominante y la
destrucción de las instituciones del Estado burgués.
La historia de nuestro país nos demuestra que la burguesía sólo
vela por sus intereses, que es enemiga de los trabajadores y aliada del
imperialismo norteamericano. Por lo tanto las organizaciones populares
del Ecuador deben asumir su verdadero rol en este proceso
revolucionario y no ceder espacios a la burguesía, ni a otros sectores
políticamente reaccionarios que plantean la alianza con quienes son sus
verdugos.
Los llamados a la conciliación, al diálogo, a flexibilizar
posiciones, a no conmocionar más al país que hacen los grupos
económicos poderosos, la iglesia de los ricos y el gobierno a través de
los medios del engaño, no son sino mecanismos para controlar la
situación y apaciguar la protesta social. En este sentido pueden
inclusive aceptar ciertas demandas para desmovilizar a los sectores que
están en pie de lucha y así garantizar la defensa del orden
institucional burgués. Todo esto no son más que estratagemas para
continuar gozando de los beneficios del poder.
En esta trampa ha caído en muchas ocasiones el movimiento
popular ecuatoriano, el mismo que debido a una falta de dirección
política adecuada ha perdido oportunidades valiosas para derrotar a la
oligarquía. Los dirigentes, los partidos reformistas han justificado su
accionar, argumentando siempre que la correlación de fuerzas no ha sido
favorable para las organizaciones populares.
La falta de un programa político de transformación social
revolucionaria ha dado paso a que se impongan las tesis reformistas,
sostenidas sobre todo por los sectores agrupados en la pequeña
burguesía, así como por los partidos socialdemócratas y por figuras
políticas que surgen de la noche a la mañana como líderes sociales que
plantean que lo políticamente posible y correcto es luchar únicamente
por la democratización de la sociedad, pero siempre dentro de los
márgenes del sistema capitalista.
De igual manera, el extremismo izquierdista de algunas
agrupaciones les ha llevado a aislarse de la lucha de masas. Asimismo
los partidos de la llamada izquierda ecuatoriana se han preocupado más
de salvaguardar sus intereses y no los de la clase trabajadora.
El movimiento popular ecuatoriano no puede ceder espacios a la
oligarquía y caer en su juego conciliador. Además, más temprano que
tarde, la burguesía se aprovechará de cualquier debilidad de las
organizaciones populares para reprimir con dureza a la clase
trabajadora. El Estado no es neutral, por lo tanto, como aparato de
represión de la burguesía en la sociedad capitalista ecuatoriana, no
deja de cumplir esa función en defensa de los intereses de la
oligarquía.
En este sentido, no se puede renunciar a los principales
planteamientos levantados por las organizaciones populares, so pretexto
de poder alcanzar un acuerdo con el gobierno. Se debe exigir al régimen
de Palacio que se llame a una consulta popular para decidir sobre: a)
La firma o no del TLC; b) la salida de la OXY; c) la salida de la base
militar norteamericana de Manta. No puede haber concesiones sobre estos
temas.
Los trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes deben
organizarse en asambleas populares para discutir a fondo cada uno de
estos puntos y además elaborar las líneas de acción necesarias para
posibilitar el cambio estructural y supraestructural que requiere el
país.
El llamado a una Asamblea Constituyente puede ser peligroso si
previamente no hay una organización popular de este tipo que permita
enfrentar a la maquinaria electoral de la burguesía y a sus líderes.
Al mismo tiempo es vital para el avance efectivo de la
revolución ecuatoriana el fortalecimiento de los lazos de hermandad y
solidaridad con el proceso bolivariano venezolano y boliviano, así como
con la Revolución cubana. Unidos en la lucha podremos hacer frente a
los ataques de las oligarquías vendepatrias, así como del imperialismo
norteamericano.
El movimiento popular debe además nutrirse de una teoría
correcta que le permita llevar adelante una praxis social
revolucionaria consecuente. Las ideas de Marx, Engels, Trotsky, Mella,
Mariátegui y el Che, nos dan esos instrumentos necesarios para la
comprensión y transformación de la realidad imperante.
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