Spanish translation of
The life blood of capitalism by Michael Roberts (September 7, 2005)
La cuestión es sencilla. Los beneficios son la savia del capitalismo. Si
un inversor capitalista o propietario de una empresa no puede conseguir
beneficios, él o ella pronto deja de invertir capital o emplear
trabajadores para producir cosas o proporcionar servicios. Los
economistas del Capital dicen que es la ley del mercado.
Los marxistas están de acuerdo con los economistas. Los
beneficios son el combustible de la producción capitalista, sin ellos
no habría producción. Pero los apologistas del capital sostienen otras
dos proposiciones. La primera es que no hay otro sistema de
organización social humana que funcione. Así que el sistema basado en
el beneficio continuará para siempre. La segunda es que el sistema de
producción basado en el beneficio y la organización social funcionan
para el beneficio de todos, quizá en distintos grados, pero no obstante
es para todos.
Aquí los marxistas no estamos de acuerdo. Los marxistas
reconocen que hay otros sistemas de organización social que han
funcionado antes del capitalismo y donde la producción para el
beneficio no jugaba ningún papel. Además, en el futuro, los seres
humanos pueden desarrollar una organización social que funcione sin que
necesariamente el motor sea la consecución de beneficios. El sistema y
la organización de la producción para el beneficio, lejos de ser para
todos, lo que provoca son unas enormes desigualdades entre los ricos y
los pobres, tanto dentro de las naciones como entre las naciones del
planeta. Además, el sistema de beneficio capitalista realmente provoca
crisis periódicos que generan un masivo desempleo, pobreza y guerras.
Si los beneficios son la savia del capitalismo, entonces su
tamaño y crecimiento deberían ser una guía sobre la salud del sistema
capitalista. Cuando mayor es el beneficio para los capitalistas, más
probable es que el sistema capitalista de inversión y producción
prospere, al menos durante un tiempo.
Si eso fuera correcto, ¿qué nos dice sobre la situación actual
de la economía capitalista mundial? Para ello podemos coger las mejores
cifras de beneficios de los datos proporcionados por EEUU, la mayor
economía capitalista del mundo.
¿Qué nos demuestran estas cifras? Podemos más fácilmente medir
los beneficios como una parte de la producción nacional anual (PIB).
Esto no es lo correcto o la definición marxista de los beneficios en
una economía capitalista. Los marxistas definirían los beneficios como
la plusvalía producida por una fuerza laboral de la economía. Esa
plusvalía es el valor de la producción anual vendida en una economía
menos el coste que tienen los empresarios de todas las empresas en
concepto de salarios de sus trabajadores. También los marxistas
medirían los beneficios teniendo en cuenta el coste de la inversión en
maquinaria y materias primas así como el empleo de trabajadores. La
medida del gobierno estadounidense simplemente compara los beneficios
con las ventas, sin tener en cuenta los costes.
Incluso así, los datos oficiales del gobierno muestran
tendencias en el tamaño y el crecimiento de los beneficios. Es útil
para juzgar la riqueza del capitalismo estadounidense. ¿Qué revelan las
cifras? Demuestran que los beneficios empresariales estadounidenses
como una parte del PIB han subido desde el nivel bajo de 2001 hasta
alcanzar casi niveles récord en 2005. Pero si se miran a muy largo
plazo, los beneficios estadounidenses todavía están por debajo de los
niveles conseguidos en los “años dorados” del capitalismo en los años
sesenta.
Los beneficios
Los beneficios de las empresas norteamericanas (excluidos los
bancos y después de pagar impuestos) representan aproximadamente el 8
por ciento de las ventas totales de este año. Eso es mucho más que el 4
por ciento conseguido en noviembre de 2001, igualando casi el bajo
nivel de la recesión económica de 1979-1981. La cifra está por debajo
del pico alcanzado en 1997 que fue el 9 por ciento de las ventas. Este
nivel de beneficios fue el más alto alcanzado desde los años sesenta,
cuando era algo común que los beneficios estadounidenses fueran el
10-12 por ciento de las ventas. Esa fue la verdadera “edad dorada” del
capitalismo norteamericano (y mundial).
El sostenido declive de la capacidad de los capitalistas para
extraer beneficios de sus fuerzas laborales se revela aún más
claramente cuando miramos las cifras de beneficios antes de impuestos.
En los años sesenta las corporaciones norteamericanas conseguían unos
beneficios anuales del 15-20 por ciento de las ventas anualmente.
Después llegó a primera crisis o recesión económica de la posguerra en
1969-1972 que fue seguida por la crisis económica mundial de 1973-1974,
que señaló el final de la “edad dorada”. En 1974 los beneficios antes
de impuestos cayeron a sólo el 9 por ciento de las ventas, pero después
la “recesión de doble pendiente” de 1979-1982 los beneficios alcanzaron
un nivel aún más bajo, el 8 por ciento.
Los capitalistas en las economías capitalistas desarrolladas
iniciaron entonces una importante ofensiva contra la clase obrera para
eliminar todas las conquistas conseguidas por el movimiento obrero
durante la edad dorada. Los ochenta vieron las batallas thatcheristas
en Gran Bretaña y las reaganistas en EEUU. Los sindicatos fueron
aplastados. El estado del bienestar fue desmantelado mediante recortes
del gasto y privatizaciones de las industrias estatales.
Incluso así, la tasa de beneficio sólo alcanzó un pico del 10
por ciento en 1989 antes de que la siguiente recesión hicieran caer de
nuevo los beneficios al 8 por ciento. Empezaron nuevos ataques a los
salarios y condiciones de la fuerza laboral, seguidos con
“reestructuraciones” (es decir, reducción de la fuerza laboral y
aumento del desempleo). Esto ayudó a recuperar de nuevo los beneficios.
A finales de los años noventa la revolución de la alta tecnología
también añadió rentabilidad. En 1997 los beneficios antes de impuestos
alcanzaron el 13 por ciento, aún por debajo de la edad dorada, pero
mucho mejor que durante los años ochenta.
Pero la “tímida” recesión económica de 2001 no fue tan tímida para
el capitalismo estadounidense. Los beneficios cayeron al 6 por ciento
de las ventas antes de impuestos. El boom desde entonces los han hecho
regresar a casi el 12 por ciento.
Pero una vez más este nuevo pico alcanzó su nivel más bajo de
los años noventa, en la línea de los años ochenta y aún por debajo de
los años setenta. Y por supuesto, por debajo de los niveles de la edad
dorada de los años sesenta.
¿Qué nos dice la historia de los beneficios estadounidenses
desde los años cincuenta? Demuestra que a largo plazo la salud del
capitalismo se está deteriorando. El capitalismo norteamericano, el
ascendente poder económico de principios del siglo XX, la potencia
económica más fuerte del período de la posguerra, ahora se está
volviendo viejo. Hagan lo que hagan las empresas norteamericanas:
reducir la fuerza laboral, empleos temporales y parciales, el uso de
equipamiento de alta tecnología, la relocalización a lugares más
baratos al otro lado del planeta, intentar proteger sus beneficios con
barreras arancelarias y restricciones comerciales, parece que no pueden
recuperar los grandes días de los años sesenta.
Y el declive de la rentabilidad empresarial en EEUU es un
reflejo de las cifras de beneficios en Gran Bretaña, Europa, Japón y
Australia. El capitalismo moderno se está debilitando.
La gran ley económica de Marx de la tendencia a la caída de la
tasa de beneficios es visible en estas cifras. Hay períodos donde el
uso de la nueva tecnología y la capacidad de debilitar la fuerza
laboral globalmente y su capacidad de conseguir salarios decentes y
mejores condiciones, permite a los capitalistas restaurar parte de su
rentabilidad.
Pero se consigue sólo después de períodos destructivos de
recesión o crisis económica, cuando millones pierden sus empleos, las
pequeñas empresas colapsan en cientos de miles, o incluso peor, cuando
los capitalistas engendran guerras que les permitan conseguir mano de
obra y recursos más baratos. El período de la posguerra de caída de la
rentabilidad ha ido acompañado con el poderoso estado norteamericano
derrocando gobiernos progresistas anticapitalistas en América Latina,
llevando a cabo una horrible guerra en Vietnam, instalando un estado
agente provocador en Israel, en medio del rico en petróleo pero
“inestable” Oriente Medio y, por supuesto, ocupando ahora directamente
un importante estado petrolero con tropas norteamericanas.
El enorme coste, no sólo en vidas para las masas, sino también
en recursos productivos y beneficios que supone el capitalismo, era
necesario, pero para el capitalismo. Era necesario para intentar dar
marcha atrás en el inevitable declive de la salud económica del
sistema.
Sesenta años después de que el capitalismo norteamericano se
convirtiera en la potencia económica, política y militar del planeta,
ha sido incapaz de restaurar la rentabilidad de sus empresas
capitalistas. En la siguiente recesión la rentabilidad se hundirá aún
más y requerirá aún más destrucción para ponerse en pie de nuevo.
Las dos grandes proposiciones de los apologistas del
capitalismo: que es el único sistema de organización social humana que
funciona y que traerá prosperidad para todos, de este modo quedarán al
descubierto.
Traducción de The life blood of capitalism









