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¿Qué hay detrás de los recientes acontecimientos en Pakistán? ¿Por qué
el Tribunal Supremo eliminó la prohibición que pesaba sobre Nawaz
Sharif que le impedía regresar a Pakistán para que tan pronto como
pisaba suelo pakistaní fue expulsado por el ejército? ¿Por qué Benazir
Bhutto (en el exilio) y el dictador militar Musharraf intentan llegar a
un acuerdo para gobernar el país en el próximo período? Ninguna de
estas maniobras se puede entender sin analizar la terrible pesadilla
que sufre el pueblo pakistaní.
La economía pakistaní está hecha jirones, la fibra social del país está
desgarrada, la guerra civil se propagada desde Waziristán a
Baluchistán, Karachi sufre la agonía de un posible enfrentamiento
étnico y nacionalista. Una vez más, la opresión nacional se ha
convertido en una herida abierta, el Estado ha perdido su aguijón, la
dirección de la oposición ha capitulado e intentado aplastar la energía
de la resistencia de masas, la cultura está destrozada, las relaciones
humanas deterioradas, el cinismo domina a la intelectualidad, los
colmillos del oscurantismo amenazan a la sociedad, el liberalismo
rezuma una vulgaridad nauseabunda y la opresión social y económica es
angustiosa para la vida humana.
Esta es la historia del capitalismo
pakistaní. A pesar del actual aparente callejón sin salida, las masas
se levantarán más allá de la imaginación de los medios de comunicación
reaccionarios pakistaníes. Es una ley universal de la sociedad de
clases que las oleadas de la lucha de clases pueden sufrir un reflujo,
pero siempre regresan para vengarse y entran en la escena histórica
cuando las masas intentan tomar el destino en sus manos.
Agravación del desorden
La dictadura cuasi-militar de Pakistán
se ha tambaleado de una crisis en otra desde que llegó al poder
mediante un golpe de estado incruento en octubre de 1999. Sin embargo,
la turbulencia y las convulsiones desde entonces se han agravado tanto
que el régimen ahora se bambolea sobre el precipicio. El reciente
episodio del regreso de Nawaz Sharif, que fue dos veces primer
ministro, y su posterior deportación a Arabia Saudí, añade más leña a
los tumultuosos acontecimientos que sacuden al régimen.
Nawaz Sharif es un magnate empresarial
y entró en la política a través de la violenta dictadura de Zia en los
años ochenta, en recompensa por la masiva riqueza que llovió sobre los
generales gracias a su familia que se había enriquecido con el botín
acumulado bajo la dictadura militar despótica. Es un político de
derechas derrocado por el ejército cuando intentaba reafirmar su poder,
que en sí mismo estaba a merced de los generales. Su base política
comprende principalmente empresarios y tenderos. Después de su
derrocamiento, y exilio seguro en Arabia Saudí, negoció con Musharraf
en nombre de la familia real a petición de Bill Clinton, pero
rápidamente cayó en el olvido político.
Irónicamente, fue Benazir Bhutto quien
le puso de nuevo en el candelero, provocando malestar entre los
activistas del PPP, presentándole como un adalid de la democracia. El
motivo principal de Benazir para formar una lianza con el partido de
Sharif era detener cualquier radicalización de izquierdas dentro del
PPP, y presentarse ante la "comunidad mundial" como una política
pro-mercado.
Pero después, los estadounidenses
obligaron a Benazir a intentar una coalición con Musharraf, así que no
le quedó más remedio que romper con Sharif. Mientras tanto, los
partidos nacionalistas islámicos y otros de derechas, se aliaron con
Sharif y formaron en Londres el APDM (Movimiento Democrático de Todos
los Partidos). Este movimiento aumentó más las tendencias
megalomaniacas de Sharif a las que siempre ha sido vulnerable.
Él pensaba que su regreso sería
saludado por millones en las calles y el régimen se derrumbaría y
renunciaría al poder en su favor. Eso no ocurrió. La mayoría de los
dirigentes de su partido, principalmente capitalistas y terratenientes,
abandonaron tan pronto como él fue expulsado del poder. Se
unieron a otra versión de Liga Musulmana formada por el ejército, en la
línea de toda la historia política de las ligas musulmanas impulsadas
por cada una de las dictaduras militares.
A pesar de que no hubo una concurrencia
de masas ni parálisis de la sociedad, la respuesta del régimen de
Musharraf fue igualmente desesperada y nerviosa. La impresionante
operación estatal puesta en marcha ante el regreso de Sharif, demostró
la naturaleza frágil y la rápida falta de confianza del régimen de
Musharraf. Sharif ha regresado a su lujoso palacio de Arabia Saudí,
pero las convulsiones continúan resonando en el Estado y la sociedad
pakistaníes.
Trotsky, en 1932, escribía lo siguiente
sobre el régimen ruso en febrero de 1917: "El gobierno con su
desinterés hacia las masas, su indiferencia frívola hacia sus
necesidades, su distorsión insolente en respuesta a las protestas y
lamentos de desesperación que todos pronunciaban contra él. Parecía que
el gobierno buscaba a propósito el enfrentamiento". Esta descripción
ilustra gráficamente la situación de la crisis actual que padece el
régimen pakistaní.
La crisis es hoy más intensa que en
cualquier otro momento de la historia de Pakistán, nunca se ha visto
esta confusión, perplejidad y desconcierto en la sociedad. Los medios
de comunicación, los pseudo-intelectuales y analistas se añaden a esta
confusión. Sacan todo tipo de cuestiones secundarias, como es la crisis
judicial, la Mezquita Roja, el acuerdo Musharraf-Benazir, el regreso y
reexilio de Nawaz Sharif, el uniforme del presidente, las declaraciones
frívolas de los diplomáticos norteamericanos y las presentan como
cuestiones clave en las mentes de las masas. Pero el objetivo real de
estos analistas, junto con todos los escándalos, es ocultar el
verdadero caos económico y social que sacude a la sociedad. La
velocidad e intensidad de estos explosivos acontecimientos son tales
que mientras se produce un incidente en un lugar, inmediatamente se
produce otro. La rapidez de los acontecimientos es, en realidad, un
símbolo de la intensificación del malestar socio-económico en el que
está hundido la sociedad.
Un estado fracasado
La clase dominante pakistaní ha
fracasado desde su nacimiento. Hoy es aún peor que en 1947. Una de las
contradicciones importantes de esta época es que las clases dominantes
en los países subdesarrollados soportan la carga de los crímenes y
pecados del imperialismo mundial. En realidad, es la ley básica de este
sistema. Bajo la carga cruel del imperialismo, estos estados no pueden
acumular una gran cantidad de capital financiero porque el capitalismo
monopolista no les permite ningún tipo de concesiones en esta
encarnizada globalización competitiva. El Estado pakistaní se enfrenta
al mismo dilema.
Allí donde vemos contradicciones
explosivas en el Estado y en la política de las clases dominante,
también vemos el cambio de coaliciones, compromisos y alianzas en cada
coyuntura. ¿Quién no está en tratos con uno u otro? Pero, detrás de
cada "acuerdo" hay intereses financieros. Detrás de la islamización de
los mulás está la necesidad de proteger el dinero negro. Sin la
protección de las agencias estatales, los mulás nunca habrían podido
soñar con conseguir el número de votos que obtuvieron en las elecciones
generales de 2002.
Esta red criminal fue creada por la CIA
para financiar la yihad afgana de los años ochenta. Cada "acuerdo" del
MQM tenía como objetivo garantizar la protección de sus bandas de
extorsionadores en Karachi y en otras partes. El PML (N) representa a
los grandes comerciantes, empresarios e industriales que no han
conseguido parte del botín durante estos últimos años. Los dirigentes
nacionalistas ahora quieren sus propios pequeños mercados capitalistas
"independientes" con el apoyo de EEUU. ¿Por qué el ejército pakistaní
les entregaría estos mercados cuando ellos pueden explotarlos
libremente para su propio beneficio?
Mientras el ejército no estaba tan
profundamente implicado en el capital financiero, la historia era
diferente. Pero después del régimen de Zia-ul-Haq, la penetración del
capital financiero dentro del ejército se ha convertido en una fuente
de discordia dentro del mismo ejército. Este proceso es el responsable
de la decadencia interna y debilitamiento de la disciplina militar. La
satisfacción de las crecientes demandas de los explotadores y la
superación de los déficits del gasto público tienen que basarse en el
Banco Mundial y el FMI. Estas instituciones imperialistas han acumulado
esta riqueza mediante el saqueo y la explotación de las masas de
África, Asia y América Latina. Por lo tanto, cuando estas instituciones
conceden préstamos o "ayudas" a los agentes locales lo hacen con unas
condiciones y términos brutales. Esta situación convierte a la elite
local en sirviente del imperialismo. En Pakistán, la mayor parte del
saqueo es perpetrado por los monopolios imperialistas y las
instituciones financieras internacionales, en connivencia con el
ejército y la elite.
El capitalismo ha alcanzado un punto
que ya no puede justificar su propia existencia. Pero no sólo desde el
punto de vista comercial, sino también social. Tiene que recurrir a la
explotación violenta y a una opresión sin precedentes.
La situación de la economía pakistaní
es miserable. El aumento de la tasa de crecimiento realmente ha
significado la reducción de los niveles de vida de la gran mayoría de
la empobrecida población. Debido a la intensidad de esta crisis, el
engaño, la corrupción y el fraude, se ha producido una erosión endémica
de los varios sociales y de la vida. La agravación de las tendencias
lumpenes con el aumento del crimen, el derramamiento de sangre, la
inseguridad y el saqueo debido a esta corrupción y degeneración social,
han tomado como rehén la vida social y urbana.
El aumento intenso de la pobreza, la
enfermedad, el desempleo, el analfabetismo, la subida de precios y la
suciedad, han empeorado rápidamente las condiciones de las masas, ha
llevado a la asfixia cultural, el oscurantismo, la alienación y la
frustración. La razón principal de esta apatía es que no hay un partido
o dirección política que ofrezca una solución o salida real para acabar
con esta miseria.
La codicia de las clases dominantes ha
alcanzado tal intensidad que saquean la riqueza del país a unos niveles
sin precedentes, incluso para un país corrupto como Pakistán. En los
últimos tres años, el sector de la clase dominante en el poder ha
pedido préstamos valorados en 33.000 millones de rupias y, al mismo
tiempo, ha recibido unas ayudas de 24.000 millones de rupias. Este
saqueo flagrante de 57.000 millones de rupias ha sido en beneficio de
1.122 señores feudales, industriales y empresarios. Sólo entre 11
empresarios, en 2003 saquearon al Estado 12.300 millones de rupias.
Hay una importante crisis de la balanza
de pagos, con uno de los mayores déficit de la historia y también en la
cuenta corriente. La deuda externa es de 40.172 millones de dólares.
Esta situación se ha producido a pesar del nivel récord de remesas
enviadas por los emigrantes pakistaníes, 6.500 millones de dólares, y
el nivel también récord de la inversión directa externa, 64.000
millones de dólares.
Actualmente, el 78% de la población
vive con menos de 2 dólares al día; el 82% tiene que recurrir a métodos
sanitarios no científicos; el 68% de las enfermedades tienen su origen
en la pobreza; el 54% de los niños no pueden ir a la escuela. El gasto
en sanidad en 1998-99 representa el 0,7% del PIB; en 2005-06 cayó al
0,5%, el más bajo del mundo. En 1999-2000, el gasto en educación fue el
2% del PIB. En 2004-05 bajó al uno por ciento. Así es cómo la miseria y
el sufrimiento se extienden por esta tierra.
La privatización, los cierres, la
liberalización, la reestructuración, el sistema laboral, el desempleo
forzoso y otras políticas salvajes están oprimiendo brutalmente a la
clase obrera. Este caos social, corrupción y saqueo también crean
enormes fisuras y contradicciones dentro de las instituciones
estatales. La clase dominante pakistaní, debido a su atraso histórico,
escasez tecnológica y financiera, tiene dificultades para sobrevivir en
la época actual de globalización. En este proceso, la clase dominante
depende tanto de las instituciones estatales, especialmente el
ejército, que después de los monopolios imperialistas, el ejército
pakistaní es el mayor empresario financiero e industrial del país. Más
del 25% de la economía es propiedad de la elite militar.
La explosión de la crisis interna en
las distintas instituciones del Estado, incluido el ejército,
básicamente es el reflejo del conflicto entre diferentes intereses
financieros. Sobre la superficie parece que es un conflicto entre los
fundamentalistas islámicos y las fracciones liberales, pero en realidad
es una batalla por el botín que procede del saqueo. Tanto las
tendencias políticas liberales como las fundamentalistas, descansan
sobre la misma base económica: el capitalismo.
¿Amenaza fundamentalista?
En las regiones fronterizas de Pakistán
tenemos el fenómeno de la "talibanización", que se ha intensificado más
desde que comenzó la última crisis política. Cuando la población huye
de sus aldeas para escapar de los fanáticos armados, el Estado es
incapaz de proteger a la población y, por esa razón, pierde rápidamente
credibilidad y autoridad. La rendición de unos 300 soldados y oficiales
en Waziristán del Sur ante unos cuantos talibanes es sólo un ejemplo.
Aparte de los talibán, también se extiende la furia contra el ejército,
lo que podría expresarse en una pérdida más seria de moral entre las
tropas.
Mientras tanto, la aterrorizada cúpula
militar insiste en que Maulana Fazl ur Rehman, que dirige Jamiat
Ulema-i-Islam (JUI), forme parte de un futuro gobierno, ya esté
encabezado por Benazir Bhutto o por la Liga Musulmana de Pakistán. El
JUI está detrás del renacimiento de los talibanes tanto en Pakistán
como en Afganistán, el motivo son las grandes sumas de dinero que mueve
el tráfico de drogas y otras actividades criminales utilizadas por los
talibanes para financiar su yihad.
Si el JUI participa en un futuro
gobierno pakistaní, entonces es imposible imaginar que el gobierno
pueda hacer algo en contra de los talibanes. Esto ha obligado a
Musharraf a correr con las liebres y capturar a los perros de caza,
para disgusto de los norteamericanos. Esta política contradictoria
ahora le está alcanzando. El peor de los escenarios, una insurgencia
fundamentalista, parece que por ahora no se va a producir. Sin embargo,
la posibilidad de que los partidos islamistas arrasen en las elecciones
generales y tengan la oportunidad de transformar el Estado y la
sociedad, parece muy remota. Normalmente, se quedan sin vapor mucho
antes de lo que les gustaría a los imperialistas. Su valor nunca iguala
a su estruendo. Aunque esto no quiere decir que no comprendamos el daño
y el caos que pueden causar en esta sociedad capitalista decadente y en
este Estado en desintegración. En realidad, este fundamentalismo
islámico es el producto y la esencia destilada del corrompido
capitalismo pakistaní.
Entre las filas del ejército, aumenta
la desconfianza, la sospecha y el abatimiento debido al aumento de la
riqueza de la elite militar. En las zonas tribales fronterizas con
Afganistán, han muerto más de 1.000 soldados en una guerra inútil y
reaccionaria del imperialismo estadounidense. La deserción del personal
de seguridad ha aumentado como consecuencia de estas bajas. Cientos de
policías fronterizos han desertado, más de 3.000 desertores del
ejército pakistaní están encarcelados en la prisión de Attock Fort.
Esta situación ha aumentado la presión sobre las capas superiores del
ejército y la posición de Musharraf se ha debilitado. Esa es la razón
para que los norteamericanos quieran fortalecerle consiguiendo el apoyo
de Benazir. Pero este acuerdo tiene sus propias complicaciones y
obstáculos.
La tragedia de la tradición
El PPP se formó a finales de los años sesenta como resultado de una
insurrección revolucionaria de los trabajadores y campesinos de este
país. Ahora se ha visto arrastrado a la economía de mercado del
capitalismo donde toda ideología tiene un precio. Un incidente
histórico interesante que debería aparecer en los libros ha ocurrido
durante esta crisis: un dictador se ha reunido con un líder en el
exilio a quien él mismo exilió. Este incidente no sólo subraya la
impotencia de esta dictadura peculiar, sino también la hipocresía y el
engaño de la "resistencia" y "lucha" de los dirigentes políticos.
No obstante, no es la primera vez que
Benazir Bhutto llega a un acuerdo con un dictador militar. En 1984,
abandonó Pakistán debido a un acuerdo con el general Zia ul Haq que fue
negociada por su amigo y un importante socio de la administración
norteamericana: Peter Galbraith. Igualmente, su regreso en 1986 y
llegada posterior al poder en 1988, fue consecuencia de "acuerdos" con
el ejército auspiciados por el imperialismo norteamericano. Con cada
uno de estos acuerdos, ha alejado al PPP de sus principios socialistas
fundacionales y ha intentado presentarse como una estadista más
capacitada para desviar los movimientos de masas y proteger los
intereses del imperialismo y el capital financiero.
Pero con este "acuerdo" tanto Benazir
como Musharraf apuestan demasiado. Benazir es consciente del
resentimiento que ella provoca entre sus seguidores con estas acciones.
Musharraf, por otro lado, se enfrenta al dilema de cómo desmantelar las
estructuras políticas en las que se basan los políticos, feudales,
capitalistas y oportunistas de derechas. El único dios en el que creen
es el poder. En caso de pérdida del poder estatal, todo su estructura
de saqueo y enriquecimiento colapsaría. De este modo, aunque su base
electoral esté principalmente patrocinada por el Estado, también
intentar disuadir a Musharraf para que no llegue a un cuerdo con
Benazir.
Por esa razón el acuerdo de enfrenta a
múltiples obstáculos. Los estadounidenses están presionando a ambas
partes para que lleguen a un acuerdo. Benazir utiliza las palabras
luchas contra "el extremismo y promover la moderación" para intentar
argumentar su conversación secreta con Musharraf, esta posición cuenta
con el apoyo de la Casa Blanca.
En una entrevista aparecida en el Washington Post el 26 de agosto, ella decía: "La comunidad internacional y las fuerzas armadas tienen confianza en Musharraf".
La "comunidad internacional" es un
eufemismo de Bhutto para calificar a la administración norteamericana.
Principalmente quiere decir la Casa Blanca cuyo apoyo económico,
militar y público a Musharraf es visto con una mezcla de asombro y
celos por parte de Benazir.
Su declaración, que probablemente
también es bastante exacta, es que la Casa Blanca es improbable que
deje de apoyar a Musharraf. Su mensaje va dirigido a la audiencia
norteamericana, para que apoye a Benazir junto a Musharraf. Washington
puede tener el mejor de ambos mundos, y así eliminar la marea de
"extremismo" que asola Pakistán y la región. Al mismo tiempo, ella
intenta representar una farsa democrática.
Reconociendo el papel de EEUU en la
política de poder e influencias en Pakistán, Bhutto en una entrevista
concedida al canal de televisión PBS
emitida el 21 de agosto, no tiene escrúpulos en decir: "Les mantenemos
informados [a los norteamericanos] y ciertamente están colaborando con
todos los partidos políticos de Pakistán". En la entrevista del Washington Post
ella declara abiertamente: "Queremos estabilidad en Pakistán,
elecciones justas y el general Musharraf es nuestro aliado". Pretende
luchar más eficazmente contra los extremistas que Musharraf si ella
regresa al poder en el futuro próximo, quiere que Musharraf esté a su
lado porque ella no quiere que las fuerzas de seguridad se pongan en su
contra cuando ataque a la militancia interna.
Al mismo tiempo, está preocupada por el
declive de su apoyo de masas debido a este compromiso corrupto que
intenta conseguir con la dictadura militar. En una entrevista publicada
por el periódico londinenses The Observer
el 9 de septiembre, Benazir Bhutto decía que su campaña se inspiraría
en la vieja consigna del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP): "Comida,
ropa y vivienda", además añadía: "Representamos a los no privilegiados,
los campesinos, mujeres, jóvenes, a las minorías, a todos aquellos que
han estado olvidados por las elites gobernantes".
La palabra "proletariado", sin embargo,
llamativamente está ausente de esos sectores de la sociedad a los que
pretende representar. De la misma forma, nunca toleró los principios
fundacionales del partido. El documento fundacional del PPP dice
claramente: "La política del partida es conseguir una sociedad sin
clases que en nuestra época sólo es posible con el socialismo". Benazir
siente escalofríos ante esa perspectiva.
Justo una semana antes de la entrevista
declaró su "pleno apoyo" a la OTAN en Afganistán y que "Pakistán
permanecería como un firme aliado de EEUU" si ella llegaba al cargo.
Estas declaraciones contradictorias
demuestran la desesperación cuando pierde rápidamente apoyo entre las
masas, en las filas del PPP se extiende el resentimiento debido a su
intento de acuerdo con la dictadura de Musharraf.
La situación dentro del PPP está de
capa caída. La poca vida política interna se ha hundido. La mayoría de
los activistas y dirigentes se han adoctrinado y formado con la
percepción de conseguir beneficios personales, económicos y otro tipo
de prebendas y privilegios. Por esa razón no hay demasiada actividad
actualmente en el seno del partido. Pero mientras Nawaz Sharif es
deportado por la fuerza, el mismo aparato del estado facilitaría a
Benazir el tranquilo regreso a casa, esta situación no será buena para
la fortuna política del partido. Benazir quedaría muy desacreditada en
ese escenario, por esa razón posiblemente retrasen su regreso.
Es verdad que el PPP ha sido el partido
tradicional de las masas explotadas de Pakistán desde la revolución de
1968-69, pero, algunas veces, la tradición de los trabajadores, en las
palabras de Marx: "pesa como una montaña" en la conciencia del
proletariado. Esta tradición tiene algo de podrida y corrompida, pero
debido a la ausencia de una fuerza revolucionaria en el horizonte
político del país, las masas aún no tienen una alternativa. Y aunque
los acuerdos y compromisos de Benazir con el capitalismo y su aparato
militar han provocado una regresión política y cierta confusión, el PPP
sigue siendo la única expresión de masas de los trabajadores y
campesinos pakistaníes.
Cuando el PPP llegue al poder, tendrá
muchas dificultades para implantar el programa que Benazir y los
estadounidenses pretenden implantar. Los norteamericanos no quieren un
acuerdo Musharraf-Benazir para aplastar al "extremismo islamista" ni
tampoco instalar un "régimen democrático". Lo que realmente ocurre es
que están aterrorizados ante la posibilidad de un movimiento de los
trabajadores contra esta política capitalista desastrosa. Han visto el
potencial de este movimiento en la huelga de los trabajadores del
sector de telecomunicaciones en 2005 y en la lucha de las acerías en
2006.
Por esa razón, este ataque imperiaista
preventivo a través del acuerdo de Musharraf-Benazir no funcionará.
Pueden conseguir lo contrario y provocar que estalle toda la furia y
repulsión que se lleva años acumulando. Después del fiasco de Sharif en
Islamabad el 10 de septiembre, Benazir está más preocupada con su
"acuerdo". Regresar a Pakistán, con el consentimiento del ejército,
cuando Sharif ha sido expulsado, no será muy beneficioso para su
reputación y podría debilitar su capacidad para influir en las masas.
Con el paso del tiempo y la frustración ante su acuerdo fracasado con
Musharraf, cada vez está más nerviosa y recurre a una postura
antagónica, adoptando una posición contra el régimen y Musharraf.
Aunque esto pueda agradar a las masas, sólo sería un alivio temporal,
porque este movimiento sería más complicado frente a las presiones del
imperialismo norteamericano.
En estas circunstancias difíciles, las
tareas de los marxistas están claras. Es vital que los revolucionarios
trabajen junto a los trabajadores y las masas explotadas en estas
condiciones tan difíciles y nauseabundas impuestas por los reflujos de
la evolución histórica. El papel de la dirección del PPP no difiere al
que tienen los dirigentes socialdemócratas en Europa y otras partes. Se
les pide que utilicen su autoridad para moderar las luchas de los
oprimidos y contener sus aspiraciones revolucionarias. Luchando junto a
las masas en estas condiciones tan terribles, los marxistas pueden
dirigirlas cuando cambie la marea y el proletariado emprenda una
dirección revolucionaria.
Lenin dejó muy clara esta relación
entre la vanguardia revolucionaria y la clase obrera: "Si quieres
ayudar a las ‘masas' y ganarte la simpatía y el apoyo de las ‘masas',
no debes temer las dificultades o provocaciones, insultos y
persecuciones por parte de los ‘dirigentes' (que por ser oportunistas y
socialchovinistas están, en muchos casos, directa o indirectamente
vinculados a la burguesía y a la policía), sino que debes en cualquier
caso trabajar en cualquier sitio donde estén las masas. Tienes que ser
capaz de cualquier sacrificio, de superar los mayores obstáculos, para
poder hacer propaganda y agitación sistemáticamente, perseverantemente
y persistentemente en esas instituciones, sociedades y asociaciones,
incluso las más reaccionarias donde estén las masas proletarias o
semiproletarias". (Lenin. La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. Madrid. Fundación Federico Engels. 2005. pp. 16-17
Una insurrección revolucionaria de masas en el próximo período en
Pakistán, eclipsaría incluso a la revolución de 1968-69 que creó y dio
forma a la tradición del PPP. Estos movimientos tienen un carácter
iconoclasta, crean nuevas tradiciones revolucionarias que pueden
cambiar la sociedad, modificar el destino y transformar la historia.
Una tendencia revolucionaria puede jugar un papel decisivo en estos
acontecimientos.
Incluso con las fuerzas relativamente
pequeñas del marxismo revolucionario en Pakistán, como factor subjetivo
puede dar organización y dirección a este movimiento. Una insurrección
revolucionaria puede derrocar al capitalismo, destruir las raíces del
fundamentalismo y oscurantismo religioso, romper los grilletes del
feudalismo y eliminar el yugo del collar de fuerza imperialista y la
explotación. Este destino sólo se puede conseguir con la revolución
socialista. Una victoria socialista en Pakistán abriría las puertas a
acontecimientos revolucionarios en todo el subcontinente asiático,
desde Afganistán a Birmania, donde las masas ya están en ebullición y
dispuestas a la transformación socialista de la sociedad.
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