Las tensiones en la península coreana están aumentando rápidamente.
Buscando influir en sus negociaciones con Japón y occidente, Corea del
Norte anunció a principios de este año sus planes para probar armas
nucleares. Después, el 7 de octubre, un puñado de tropas norcoreana
cruzaron hacia Corea del Sur, provocando disparos de advertencia por
parte de los surcoreanos. La Zona Desmilitarizada (ZDM) que divide las
dos Coreas es una de las fronteras más militarizadas del planeta.
Técnicamente, las dos partes aún están en guerra, porque desde el final
de la Guerra de Corea en 1953 no se ha firmado ningún alto el fuego ni
un tratado de paz. A pesar de su población de sólo 23 millones, Corea
del Norte tiene actualmente el quinto ejército más grande del mundo,
con 1,2 millones de soldados. El ejército surcoreano no es lo
suficientemente grande, pero está mejor equipado, y además cuenta con
el apoyo de miles de soldados norteamericanos.
Ahora Corea del Norte ha despertado interés por llevar a cabo
pruebas nucleares en un bunker subterráneo, provocando un temblor de
4,2 en la escala Richter. El Centro de Investigación Sísmico de
Australia calculó que fue aproximadamente de un kilotón, el equivalente
1.000 toneladas de TNT. El ministro de defensa ruso, Sergei Ivanov,
dijo que osciló entre 5 y 15 kilotones. La bomba que EEUU arrojó sobre
Hiroshima en 1945 fue de 12,5 kilotones.
Los mercados bursátiles mundiales se han visto sacudidos y el
precio del petróleo ha revertido su reciente caída gradual. China tuvo
conocimiento primero de la prueba e informó a EEUU, Japón y Corea del
Sur. EEUU inmediatamente amenazó con sanciones que ya sofocarían aún
más la frágil economía norcoreana, aunque hacerlas efectivas será
difícil porque China no está muy dispuesta a apoyar. Corea del Norte
depende principalmente de China para el comercio.
En el famoso discurso de George Bush de 2002 sobre el estado de la
unión, señaló a Iraq, Irán y Corea del Norte como parte de un “eje del
mal”. Desde entonces, Iraq ha sido invadido y ocupado, Irán recibe
amenazas casi diarias, aunque la posibilidad de una invasión terrestre
norteamericana es actualmente muy improbable dado el caos que tiene en
Iraq. Pero la administración Bush se anda con pies de plomo cuando se
trata de Corea del Norte, y es fácil ver el porqué.
La razón principal para meter en el mismo saco estos regímenes era
su supuesta posesión de, o intentos de adquirir, armas nucleares. Iraq
fue invadido con este leve pretexto, y no se encontraron tales armas.
Irán todavía no tiene armas nucleares, pero juega al gato y el ratón
con EEUU y la UE presumiblemente por su intento de adquirirlas. La
razón es evidente: Iraq fue invadido precisamente porque EEUU sabía que
no tenía estas armas, y por lo tanto era un objetivo fácil. El régimen
iraní naturalmente cree que la mejor forma de evitar una invasión es
desarrollando armas nucleares disuasorias.
Pero en el caso de Corea del Norte, muchos en la administración
Bush llevan ya un tiempo creyendo que tiene capacidad nuclear, así como
misiles de largo alcance que pueden llegar a Japón y posiblemente a la
costa occidental de EEUU. Ahora las sospechas de capacidad nuclear se
han confirmado. Esto explica la actitud mucho más cauta que exhibe
Washington cuando se trata del régimen de Kim Jong-Il.
La hipocresía del imperialismo norteamericano no conoce límites.
Es el único país que ha utilizado armas nucleares en una guerra,
borrando dos ciudades japonesas y asesinando a más de 200.000 civiles.
Tiene suficientes armas nucleares para aniquilar todo el planeta en
varias ocasiones. Y aún se ve como el único con derecho a decir quien
puede o no tener estas terribles armas.
Aceptar la idea de que EEUU tiene el derecho a decidir quién puede
o no tener armas nucleares sería aceptar que el mundo está a salvo en
manos de los capitalistas estadounidenses, y esto está muy alejado de
la realidad. La oposición de EEUU a que Corea del Norte desarrolle
capacidad nuclear no se basa en preocupaciones “humanitarias” sobre el
destino de la gente corriente alrededor del mundo. Israel ha
desarrollado capacidad nuclear, y algunos de sus generales incluso han
contemplado la posibilidad de utilizarla, pero en este caso no hubo
amenaza, sanciones ni invasión. India y Pakistán tienen misiles
nucleares y todos los esfuerzos diplomáticos se han quedado en nada.
Iraq no tenía armas nucleares y fue invadido, en el último período han
muerto asesinadas al menos 100.000 personas.
Desde un punto de vista histórico general, el desarrollo de armas
nucleares es un despilfarro absoluto de recursos humanos y materiales.
Pero en la medida que la sociedad esté dominada por clases dominantes
nacionales privilegiadas, en el caso de Corea del Norte por una
burocracia estalinista privilegiada, éstas se armarán hasta los dientes
para defender sus privilegios, tanto contra sus competidores como
contra la clase obrera.
Por lo tanto, la única forma de garantizar un mundo libre de armas
nucleares es luchar por el derrocamiento de estas clases dominantes.
Sólo cuando el mundo esté bajo el control de los trabajadores de todos
los países podremos redirigir estos enormes recursos, que actualmente
se malgastan en armas, y gastarlos en nuestras necesidades reales, como
sanidad, educación, vivienda y cosas similares.
Antecedente histórico
A pesar del renovado foco sobre Corea del Norte, existe poca
información de lo que realmente está ocurriendo dentro del país. ¿Qué
está ocurriendo con la economía? ¿Qué está ocurriendo dentro del
régimen? ¿En qué dirección se encamina?
Para empezar, debemos dejar claro que Corea del Norte nunca ha
sido una verdadera sociedad socialista como la conciben los marxistas.
Desde que comenzó a existir a finales de los años cuarenta ha sido un
régimen estalinista, lo que nosotros describiríamos como un estado
obrero deformado, en este caso terriblemente deformado, los medios de
producción son propiedad del estado, pero el control está firmemente en
manos de una burocracia privilegiada.
La Península de Corea tiene una larga historia de invasiones y
resistencia contra la ocupación extranjera. A lo largo de los siglos,
Corea estuvo ocupada o atacada por un invasor tras otro: mongoles,
chinos, japoneses y a finales del siglo XIX los europeos, con la
esperanza de entrometerse en el “reino ermita”, como habían hecho con
China y Japón. Después de la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, Corea fue
ocupada por Japón, que formalmente se la anexionó en 1910. Los
japoneses comenzaron a industrializar el país, especialmente con la
construcción de ferrocarriles, pero también saquearon sus recursos
naturales y explotaron brutalmente a su población, gobernante con puño
de hierro.
El Movimiento por la Independencia se opuso activamente a la
ocupación japonesa, alcanza su punto álgido el 1 de marzo de 1919,
cuando miles de manifestantes fueron asesinados y otros decenas de
miles fueron mutilados y encarcelados. En los años que siguieron,
decenas de miles de comunistas coreanos se unieron al Ejército de
Liberación Popular Chino para luchar contra los japoneses en China y
Corea, con Kim Il-Sung emergiendo como unos de los dirigentes más
destacados. Cuando colapsó su imperio, los japoneses finalmente fueron
expulsados, y las fuerzas de Kim entraron triunfalmente en la
importante ciudad portuaria coreana de Wonsan, apoyadas por el ejército
soviético.
Como consecuencia de la derrota de Japón en la Segunda Guerra
Mundial, la Península de Corea se dividió en dos siguiendo el paralelo
38, con la Unión Soviética controlando el norte y EEUU el sur. Esta
división contó con la oposición prácticamente unánime del pueblo
coreano, pero en el período de la posguerra, las grandes potencias
estaban poco interesadas en los deseos de los pequeños países del
mundo, utilizándolos cínicamente como peones en sus tableros de ajedrez
globales. No es sorprendente que las dos partes fueran incapaces de
llegar a un acuerdo sobre un plan para un fideicomisario conjunto y una
Corea unida, finalmente, con el inicio de la Guerra Fría se formaron
dos países separados.
En agosto de 1945, el ejército soviético estableció la “Autoridad
Civil Soviética” para gobernar el norte hasta que fuera instalado un
régimen amigo de la URSS. En 1946, Kim Il-Sung se convirtió en el líder
del Comité Popular Provisional de Corea del Norte, el precursor del
establecimiento formal de la República Popular de Corea del Norte
(RPCN), que se fundó en 1948.
Kim Il-Sung centró sus esfuerzos en reunificar la península sobre
la base de un movimiento revolucionario en el sur. Este plan llegó a su
fin con el fracaso de la insurrección de octubre de 1948. Como
consecuencia de la derrota de esta insurrección, EEUU apoyado en el
gobierno surcoreano de Syngman Rhee fue capaz de estabilizar la
situación, y en 1949, EEUU tuvo que retirar la mayoría de sus fuerzas.
Con el sur relativamente desprotegido, Kim procedió a reunificar la
península pro la fuerza. Bien armado con armas soviéticas y apoyado
políticamente por la URSS, el ejército de veteranos de Kim de la lucha
contra los japoneses, invadió el sur en junio de 1950, derrotando
fácilmente a sus inexpertos rivales y capturando la capital surcoreana
de Seúl. EEUU, bajo la hoja de parra de las Naciones Unidas, envió a
miles de soldados y contraatacó, echando a las fuerzas de Kim y
capturando la capital norteña de Pyongyang.
Incapaces de tolerar la presencia de las fuerzas norteamericanas
en su frontera, y maniobrando para tener influencia en la región frente
a sus rivales de Moscú, los chinos con Mao Tse Tung intervinieron
masivamente, enviado centenares de miles de soldados a través de la
frontera en octubre de 1950, finalmente recuperando Pyongyang y Seúl en
enero de 1951. Esta fue quizás la ruta más ignominiosa de las fuerzas
militares estadounidenses en la historia, con la virtual liquidación de
una unidad de 3.000 hombres de la 7ª División de Infantería en la
Batalla de Chosin Reservoir.
Dos meses después, EEUU encabezó las fuerzas de la ONU recuperando
el control de Seúl, y después de un período en tablas, se declaró un
alto el fuego el 27 de julio de1953. La “línea de armisticio”, cerca de
la línea divisoria original del paralelo 38, fue separada por una Zona
Desmilitarizada, una “tierra de nadie” a través de la cual ciento de
miles de soldados de ambos lados llevan décadas mirándose fijamente,
los dos países oficialmente todavía están en guerra.
Después de la guerra, el poder de Kim Il-Sung en el norte
prácticamente era absoluto, impulsado por el apoyo de un ejército
masivo e influyente. Gobernó hasta su muerte en 1994, en ese momento le
sucedió su hijo Kim Jong-Il como Secretario General del PCT y
Presidente de la Comisión Nacional de Defensa, convirtiéndose de facto
en jefe del estado.
Un estado obrero deformado
Desde su fundación, el modelo política de Corea del Norte fue
la URSS estalinista. El poder estaba centralizado en el llamado Partido
Coreano de los Trabajadores (PCT), con Kim Il-Sung como secretario
general. Se introdujo una economía planificada siguiendo el modelo de
la URSS. Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, el grueso de los
activos del país había sido propiedad de los japoneses o de sus
colaboradores coreanos. Cuando éstos fueron nacionalizados por el
régimen de Kim en 1946, el 70 por ciento de la industria pasó a manos
del estado. En 1949, el 90 por ciento de la industria ya estaba
nacionalizada. El poder de los terratenientes se rompió con la
distribución en masa de la tierra a los campesinos en 1946, y
prácticamente toda la producción agrícola está colectivizada y se
fusionó en unidades productivas más grandes a finales de los años
cincuenta.
Debido a la inversión en masa en la industria pesada, incluida la
maquinaria agrícola, la economía creció rápidamente en los años
cincuenta. A pesar de la devastación de la guerra coreana, y a pesar de
la ineficacia y despilfarro de la burocracia, los niveles de vida
subieron profundamente en el norte durante los años sesenta. Pero los
bienes de consumo siempre escaseaban y la población estaba sometida a
la más extrema “disciplina” y presión desde arriba para aumentar la
productividad. En los años setenta, el dominio completo de la
burocracia, la ausencia de participación democrática en la
planificación de la economía y la imposibilidad de construir el
“socialismo en un solo país” llevaron a un largo y sostenido declive
del sistema, que continúa hasta el día de hoy. En su esfuerzo por
mantenerse en el poder, los giros cada vez más erráticos han llevado a
Corea del Norte al aislamiento total del resto del mundo y ha supuesto
un terrible sufrimiento para su población. La mala gestión y toda una
serie de desastres naturales llevaron a una hambruna en los años
noventa, con unas muertes que se estiman alcanzaron los 3,5 millones de
personas.
La expropiación del capitalismo en Corea del Norte sin duda
históricamente fue un paso progresista. Pero desde el principio, la
economía nacionalizada y planificada estuvo controlada desde arriba por
una burocracia totalitaria. Aunque hubo algo de participación de las
masas coreanas en la revolución social que acabó con la propiedad
privada en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, nunca
existió el control obrero democrático ni la administración a través de
consejos obreros (soviets), como existieron en la URSS con Lenin y
Trotsky. Como en la mayoría de Europa del Este tras la guerra, esta
expropiación se llevó a cabo burocráticamente desde arriba, sobre la
base del poder militar, económico, político y los intereses de la Unión
Soviética. No fue el resultado de la participación activa y democrática
de las masas coreanas en la revolución proletaria desde abajo, y como
resultado, aunque el control soviético tampoco fuera directo en países
como Bulgaria o Checoslovaquia, desde el principio fue un estado obrero
deformado.
Juche
Estos inicios totalitarios y burocráticos pusieron el tono a
todo el desarrollo posterior y cada vez más estrafalario. Lejos del
internacionalismo proletario intransigente de los bolcheviques, los
dirigentes estalinistas norcoreanos se han basado en el nacionalismo y
el aislamiento más estrecho y reaccionario. Han adoptado la
desacreditada teoría del “socialismo en un solo país” hasta extremos
insospechados, resumida en su concepto del Juche (autosuficiencia), que
según Kim Jong-Il, forma parte del “kimilsungism”. Según la página web
del RPCN: “Los líderes [Kim Il-Sung y Kim Jong-Il] son el sol de la
nación y la humanidad”. El país incluso tiene su propio calendario
Juche donde el “año uno” es el año en que Kim Il-Sung nació, 1912. Este
es un ejemplo extremo del llamado “culto a la personalidad”. Ni Stalin
llegó tan lejos.
Pero el particularismo nacionalista del régimen norcoreano incluso
llega más lejos que esto. Incluso la palabra “marxismo-leninismo” (al
que por lo menos los regímenes estalinistas en el pasado al menos en
palabras lo defendían) fue sustituida por Juche en todas las
publicaciones del partido comunista e incluso la Constitución de Corea
del Norte en los años setenta. El acceso a los escritos clásicos de
Marx, Engels y Lenin está muy restringido. Es evidente lo alejado que
este régimen está del verdadero “marxismo-leninismo” que en
internacionalista hasta la médula.
También se puede comparar esto también con el comportamiento de
los bolcheviques tras su llegada al poder en 1917. Los bolcheviques
hicieron exactamente lo contrario a los estalinistas norcoreanos:
cambiaron el calendario ruso para adecuarse a la versión generalmente
aceptada en occidente, para conectar mejor con las luchas del
proletariado mundial.
El avance de la contrarrevolución
Las masas surcoreanas están sufriendo unas condiciones
terribles. Sufren bajo un régimen totalitario sin paralelos y una
dirección burocrática despótica, además de todas las miserias
infligidas sobre ellas por el imperialismo hipócrita. La economía
norcoreana hace tiempo que es un muro de ladrillos golpeado, porque la
burocracia es totalmente incapaz de desarrollar las fuerzas productivas
dentro de los estrechos límites de sus fronteras y el sistema
totalitario. Pero en la puerta de al lado tenemos un boom en China,
donde la apertura del país al capitalismo ha llevado a niveles sin
precedentes de desarrollo y crecimiento económico. El destino de la
pequeña Corea del Norte siempre ha estado en gran medida vinculado con
el de su gigante vecino. Como dijimos, Corea del Norte depende mucho de
China para los suministros de material, comida y otras cosas por el
estilo. China tiene la palanca para presionar al régimen norcoreano y
empujarle en la dirección que desee. Esta palanca económica es más
poderosa que cualquier bomba atómica.
En estas circunstancias, a pesar de la retórica superficial, la
apertura a una economía de mercado más “libre” parece atractiva para
muchos burócratas de Corea del Norte. Pero ¿la respuesta al sufrimiento
del pueblo norcoreano es el regreso al capitalismo? ¡La respuesta es
no! No debemos olvidar que junto al desarrollo económico de China
tenemos una clase obrera enfrentándose a unas condiciones miserables
similares a las del siglo XIX en Gran Bretaña. Se está produciendo una
gigantesca polarización, con una extrema riqueza a un lado del espectro
y al otro una pobreza terrible.
Los marxistas de ninguna manera podemos apoyar el regreso al
capitalismo. Defendemos la conquista fundamental de la revolución
norcoreana, la economía planificada propiedad del estado, a pesar de
sus deformaciones burocráticas. Nos oponemos a las maniobras
diplomáticas y militares del imperialismo. Al imperialismo
estadounidense a través de su títere local, el régimen surcoreano, les
gustaría tener en sus manos a Corea del Norte, de este modo conseguiría
otro punto de apoyo para presionar a China en la región. Esto no
mejoraría las condiciones de vida de las masas norcoreanas.
Pero el problema al que se enfrenta Corea del Norte es que la
misma burocracia del régimen de Kim Jong-Il es la que está poniendo en
peligro lo que queda de economía planificada. Sería una locura creer
que las conquistas de la revolución están a salvo en manos de estos
burócratas. No debemos olvidar que los estalinistas rusos y chinos
(aunque siguiendo patrones diferentes) estuvieron dispuestos a
abandonar décadas de retórica “socialista” y precipitarse hacia el
capitalismo. El caso de Corea del Norte es fundamentalmente el mismo.
La razón de esto, en el caso de Rusia, fue que su propio régimen
burocrático había alcanzado un callejón sin salida absoluto. Ya no
podían desarrollar las fuerzas productivas. Querían mantener sus
privilegios materiales, veían el capitalismo como una alternativa. Este
fue especialmente el caso a finales de los años ochenta, cuando el
capitalismo en occidente estaba atravesando un boom importante. En
China, la burocracia podía ver su propio futuro desvanecerse en la
crisis que enfrentaba la Unión Soviética y Europa del Este. De este
modo, decidieron guiar activamente el proceso hacia el capitalismo en
lugar de enfrentarse a un repentino colapso como en la Unión Soviética.
La burocracia de Corea del Norte parece que ya ha decidido seguir el
camino emprendido por sus homólogos chinos. Estos burócratas no pueden
ser tenidos en cuenta para defender las conquistas de la economía
planificada de una manera seria.
¿Un nuevo “tigre asiático”?
Está claro que una capa significativa del régimen norcoreano
espera emular el ejemplo de China. A mediados de 2002 parece que se
produjo un giro significativo en la actitud de la burocracia, y desde
entonces, ha hecho muchas concesiones al capitalismo.
Por ejemplo, en septiembre de ese año, el gobierno norcoreano
anunció el establecimiento de una “zona financiera internacional” en
Sinuiju, una región fronteriza con China. Esta zona de libre mercado,
conocida como el “Hong Kong coreano”, funciona de manera autónoma con
su propio sistema legal y económico. Incluso se llegó a proponer sus
propios pasaportes y jefe de policía. Como decía The Economist
(10/12/2002) en aquel momento: “La idea de una zona capitalista en
Sinuiju parecía incluso más arriesgada que la decisión de China en 1980
de establecer lo que se llamaron ‘zonas económicas especiales’, donde
se introdujo una política al estilo capitalista”.
Este proyecto no ha llegado a nada después de que el gobierno
chino arrestara a Yang Bing, un capitalista de Hong Kong y
anteriormente el segundo hombre más rico de China, que fue el primer
gobernador de la nueva zona de libre mercado. Arrestado por corrupción
y violación de impuestos, la verdadera razón y la más probable es que
los capitalistas chinos rivales estaban preocupados porque Yang y los
norcoreanos compitieran con ellos con una mano de obra más barata y
prácticamente esclava. A pesar del revés en este frente, existen
amplias pruebas de que Corea del Norte ya está emprendiendo el camino
de China.
La vieja estructura económica estatal se está desmantelando poco a
poco, eliminando lentamente las únicas conquistas reales de la
revolución social, la economía planificada. En julio de 2002, el
sistema de racionamiento y distribución que proporcionaba electricidad
y comida gratuita a los trabajadores terminó. Al mismo tiempo, los
precios controlados por el gobierno se liberalizaron, la empresa
privada adquirió más independencia y se animó a los campesinos a
obtener beneficios. La razón dada por un funcionario del gobierno era
que tenía la intención de que los trabajadores “mostraran entusiasmo
por el trabajo”.
Claramente es un intento de destetar a los trabajadores
norcoreanos del estado e introducirles en la economía de mercado. Ya
hemos visto esto antes. Los trabajadores deben aumentar la
productividad si quieren un salario decente. Los trabajadores
occidentales están acostumbrados a estas medidas. La productividad no
es algo extraño para ellos. Implica una explotación para la clase
obrera.
El estado norcoreano también ha centrado algo de su inversión en
empresas capitalistas fuera de sus fronteras, asociándose con empresas
en China, Rusia, Tailandia y Japón (aunque la presión de EEUU ha
cortado severamente sus lazos con Japón). De cadenas de restaurantes a
hoteles de lujo, de software informático a suministradores de Internet
o medicinas genéricas, el estado norcoreano ha puesto sus pies en
varios países, en un intento de generar ingresos para su economía
escasa de efectivo. Pero este dinero procedente del extranjero, aunque
esté controlado por el estado, puede jugar un papel poderoso en la
aceleración del desarrollo de los nacientes capitalistas norcoreanos.
Dentro de la propia Corea del Norte, los elementos del capitalismo
están brotando lentamente pero seguros. No en las zonas económicas
especiales, sino dentro de la propia economía norcoreana. La crisis de
la hambruna de los años noventa llevó al aumento de los huertos
personales, como una forma de hacer frente al hambre. Pero en los
últimos años han surgido miles de microgranjas, pequeños bastiones de
capitalismo, produciendo para el mercado privado y personal, no para el
bien colectivo. A finales de 2002 se abrió el primer mercado del país
sancionado por el gobierno, no el estado, esto ha preparado un terreno
abonado para el mercado negro. Según los vendedores, la competencia
está creciendo y el mercado se ha extendido mucho desde que se abrió.
No es sorprendente que miles de empresarios chinos estén haciendo
cola para conseguir un pedazo de un “vasto territorio para el
capitalismo”. De un enorme mercado clandestinos (localizado debajo de
la plaza de Kim Il-Sung), a un centro comercial de 100 tiendas en
Pyongyang, la inversión se está acelerando. Los lugares de construcción
están apareciendo por todas partes, cada vez hay más coches en las
calles y tractores en los campos.
Asian Times (8/8/2006) informaba del salto de la inversión extranjera de los capitalistas chinos:
“La inversión directa no financiera de China en Corea del Norte fue
aproximadamente de 14,9 millones de dólares en 2005 y 14,1 millones en
2004, saltando de 1,1 millones en 2003, según las estadísticas del
Ministerio de Comercio chino. El comercio bilateral alcanzó casi los
1.400 millones de dólares en 2004, un nuevo salto se dio en 2005 con
1.600 millones de dólares, mientras que en los primeros cinco meses de
2006 subió 61 millones de dólares.
“’Creo que los productos de China suponen el 70 por ciento del
mercado de Pyongyang, los productos locales suponen un 20 por ciento y
el 10 por ciento restante es compartido por productos de Japón o
Rusia’, según dijo Xu Wenji, un profesor del Instituto de Investigación
del Noreste de Asia de la Universidad de Jilin, que hizo una visita de
20 días en marzo a Pyongyang”.
El razonamiento de la burocracia norcoreana recuerda al lenguaje
utilizado por sus homólogos chinos. Según So Chol, un portavoz del
ministerio de exteriores norcoreano, “Aún estamos construyendo nuestro
propio sistema socialista, pero hemos tomado medidas para expandir el
mercado abierto. Son sólo los primeros pasos y no deberíamos esperar
demasiado de ellos, pero ya están dando resultados positivos”.
Pero como en China, el desmantelamiento gradual de la economía
estatal y el movimiento hacia el capitalismo han provocado unas
contradicciones sociales tremendas. Los riesgos de una explosión social
son evidentes. Como decía en The Guardian (3/12/2003), Hazel Smith de
la Universidad de las Naciones Unidas de Tokio: “Los extremos de
pobreza y riqueza están creciendo como las relaciones de mercado que
cada vez son más definidas en la economía. Ahora no hay economía
socialista, pero tampoco gobierna la ley del mercado. Esa es la base de
la corrupción.
The Guardian continúa:
“Pero aún existen límites a la actividad capitalista. Los
campesinos dicen que tenían más dinero pero no tenían libertad para
gastarlo. Los académicos de la Universidad Tecnológica de Kimchek dicen
que les pidieron que vincularan su investigación de teléfonos móviles,
encriptación de software y ordenadores con las empresas privadas, pero
todavía no han podido encontrar oportunidades empresariales
importantes”.
Todavía no está claro el grado que ha alcanzado el
desmantelamiento del sector estatal y las relaciones de mercado en
Corea del Norte, pero es obvio que el ritmo se está acelerando. No se
puede decir claramente lo lejos que ha llegado el proceso. Parece que
va por detrás del proceso de China, pero la dirección parece bastante
clara. Será el vecino gigante quién determinará la dirección del
proceso en Corea del Norte.
Sin embargo, la burocracia norcoreana seguramente comprende los
riesgos implícitos en esta marcha hacia el capitalismo, en la que China
lleva décadas y no sin convulsiones significativas, como las protestas
de masas de 1989 en la plaza de Tiananmen. Pero la bancarrota de su
totalitarismo estrecho y burocrático les ha dejado pocas opciones.
Está por ver si pueden controlar o no el ritmo del desarrollo del
capitalismo dentro del país. Si van demasiado lejos y muy rápido, esto
podría ir acompañado de un tremendo malestar social y un repentino
colapso de la economía y el estado, como pasó en la Unión Soviética y
Europa del Este. Debido al extremo aislamiento y el adoctrinamiento
severo de su población, los riesgos de una explosión social violenta
cuando se elimine la máscara “comunista” de la burocracia es quizá
mayor que en cualquier otro estado estalinista de la historia. Kim
Jong-Il no quiere acabar como el rumano Nikolai Ceaucescu, tratado
ignominiosamente y ejecutado por sus propios oficiales.
El comportamiento de China en es importante. Ha sido el principal
aliado de Corea del Norte durante muchos años, sirviendo como
intermediario entre occidente y el régimen de Kim Jong-Il. Las
recientes pruebas nucleares de Corea del Norte le ponen en una posición
complicada, ahora sufrirá la presión de la “opinión pública mundial”
(es decir, EEUU) para que impongan sanciones, que afectarían a sus
intereses comerciales y políticos en la región. La administración Bush
en realidad está exigiendo sanciones, pero éstas sólo serán efectivas
si las impone China.
Y China no va a provocar el colapso del régimen norcoreano. Esto
tendría un efecto desestabilizador en toda la región y la caída también
afectaría a la propia China. La dirección china tiene otra estrategia
en mente. Utilizará su musculatura económica para presionar
caballerosamente al régimen norcoreano para que siga el mismo camino
que China. Después de todo, la experiencia de la vieja burocracia china
ha sido moverse cuidadosa y gradualmente, intentando en todo momento
evitar la dislocación social. Estará asesorando a sus amigos
norcoreanos para que hagan lo mismo.
Obviamente, estos burócratas no están verdaderamente preocupados
por el bienestar de las masas. Lo que les preocupa son sus prebendas y
privilegios. La burocracia norcoreana está en una fase muy avanzada de
degeneración. Durante décadas ha vivido totalmente separada de las
masas trabajadores a las que pretendía representar. Pero al menos
defendía la economía planificada. Ahora claramente han abandonado esto.
El capitalismo es muy tentador y hay más que suficientes capitalistas
chinos dispuestos a echarles una mano. Corea del Norte es un pequeño
país y no puede seguir solo durante mucho tiempo.
Con su destino tan estrechamente ligado al de China, la burocracia
norcoreana podría haber decidido ya ir plenamente hacia el capitalismo
en un intento de preservar sus propios privilegios. Este sería un
inmenso paso atrás para los trabajadores norcoreanos. El problema
principal al que se enfrenta la burocracia norcoreana es que no puede
jugar el mismo papel que China. China es un estado poderoso, con
enormes recursos económicos y ha emergido como una potencia importante
a escala mundial. El futuro de una Corea del Norte capitalista estará
determinado en primer lugar por China, pero también por Japón y EEUU.
Sobre estas bases sería lógico que surgiera un conflicto interno
dentro de la burocracia. En realidad, algunos de los aspectos más
bizarros del régimen, y su deseo de tener uno de los ejércitos más
fuertes del mundo, y ahora capacidad nuclear, indicarían que la
burocracia está interesada en primer lugar y ante todo en su propia
supervivencia como casta privilegiada. Si no lo puede garantizar
simplemente a través de medios económicos, lo hará por medios
militares. Pero a largo plazo esta no es una solución. Los factores
económicos en última instancia dominarán.
Para encontrar una solución genuina a los problemas de las masas
norcoreanas es necesario otro camino. El único camino verdadero para
defender las conquistas de la economía nacionalizada y planificada es
introducir una genuina democracia obrera basada en el control y
administración de los trabajadores, y que la clase obrera adopte una
política internacionalista en todas las cuestiones.
Un genuino régimen comunista se basaría en los siguientes cuatro
puntos planteados por Lenin como base para la democracia obrera:
elección directa y derecho de revocación en cualquier momento de todos
los funcionarios; ningún funcionario puede recibir un salario superior
al de un trabajador cualificado; no al ejército permanente sino el
pueblo en armas. Las tareas de la administración del estado deberían
ser realizadas por todo el mundo a turnos. Está claro que ninguna de
estas condiciones existe hoy en Corea del Norte. Y estas eran las
condiciones de Lenin, no para el socialismo o el comunismo, sino para
el período inmediato al derrocamiento del capitalismo, la “dictadura
del proletariado” (democracia obrera).
¿Unificación?
La reunificación de Corea sería apoyada por millones de
coreanos, muchos de los cuales están separados de sus familiares y
casas mediante una división arbitraria. Para los marxistas no es una
cuestión secundaria sobre qué bases económicas se produce la
reunificación.
Corea del Norte podría enfrentarse en algún momento en el futuro a
un escenario similar al de Alemania en 1989, cuando la poderosa
Alemania Occidental capitalista absorbió a Alemania Oriental. Corea del
Sur, con el apoyo del imperialismo norteamericano podría ser utilizada
de esta manera. Si el norte fuera absorbido de esta forma en una Corea
unificada dominada por las fuerzas amigas de EEUU, las ambiciones de
China de controlar una Corea del Norte capitalista serían más
difíciles. China por lo tanto está ejerciendo sus propias presiones
diplomáticas y económicas. Debemos dejar claro que de una forma u otra
esto significaría la victoria de la contrarrevolución capitalista.
En las condiciones actuales, la Península de Corea puede ser
reunificada de sólo dos formas: 1) La victoria de la contrarrevolución
capitalista y la anexión del norte por parte del sur siguiendo el
modelo alemán; 2) Una revolución proletaria desarrollándose más o menos
al mismo tiempo en ambos países.
Sin embargo, aquí debemos introducir una palabra de cautela. La
situación, aunque tiene paralelismos con Alemania en 1989, también
tiene diferencias importantes. El poder que estaba detrás del viejo
régimen de Alemania Orienta era la Unión Soviética. La economía
soviética sufría una severa crisis y no estaba en situación de ayudar a
sus satélites de Europa del Este. La Unión Soviética también se
encaminaba hacia el colapso, con la ruptura que tuvo lugar en 1991.
Corea del Norte tiene un poderoso vecino en China, cuya economía
todavía se desarrolla a un ritmo muy rápido. Lejos de estar debilitada,
China se está fortaleciendo. Corea del Sur está en la esfera de
influencia norteamericana y China no estará dispuesta a que Corea del
Norte sea absorbida por el sur. Por lo tanto, incluso sobre bases
capitalistas, no está garantizado que el capitalismo de ambas partes de
la frontera necesariamente signifique la unificación inmediata.
En cualquier caso, para que se produjera la unificación sobre
bases socialistas, en el norte tendría que desarrollarse una revolución
política, dejando la economía planificada intacta (mientras se reafirma
el control estatal de todos esos elementos de relaciones de propiedad
capitalista que actualmente el régimen ha dejado desarrollar), pero
eliminando la burocracia totalitaria y sustituyendo su dominio por el
control obrero democrático en las líneas de los soviets en la Rusia de
1917.
En el sur, haría falta una revolución social, expropiando a los
explotadores de Hyundai y Samsung, poniendo la economía bajo el control
y administración democrática de los trabajadores. La clase obrera de
Corea del Sur ha demostrado repetidamente su voluntad de luchar durante
años. En los últimos veinte años hemos visto movimientos de carácter
casi insurreccional por parte de la clase obrera surcoreana. El régimen
de Corea del Sur siempre ha respondido brutalmente, un ejemplo claro
para los trabajadores de las dos coreas de que en realidad el
capitalismo no tiene nada que ver con la “libertad y la democracia”.
Liberados de los frenos de la explotación capitalista en el sur,
de la ineptitud burocrática en el norte, los recursos naturales y
tecnológicos de la Península de Corea estarían en manos de la clase
obrera coreana. Sobre la base de una economía planificada
democráticamente y unificada, las privaciones sufridas por la población
norcoreana rápidamente desaparecerían y el nivel de vida de todos los
coreanos subiría.
La lucha revolucionaria por un genuino régimen socialista en las
dos coreas también tendría un gran impacto internacional,
particularmente sobre los trabajadores de China. En realidad, sin la
ayuda de los trabajadores chinos, cualquier revolución en Corea se
enfrentaría a enormes dificultades. Sufría la enorme presión de los
capitalistas chinos, de la burguesía japonesa y del imperialismo
norteamericano en particular, cada uno buscando sus propios intereses.
Lo que ha fracasado en Corea del Norte, una vez más, es la teoría
estalinista totalmente equivocada del “socialismo en un solo país”, y
en particular el intento de establecer un régimen autárquico, aislado
del resto del mundo, separándose de la división mundial del trabajo. Si
China no pudo mantener este régimen ¿cómo podía hacerlo la pequeña
Corea del Note?
Como marxistas revolucionarios, debemos señalar otra perspectiva.
La elección necesaria no está entre un régimen estalinista opresor por
un lado y el capitalismo rampante por el otro. El único camino adelante
es el internacionalismo proletario, una genuina democracia obrera tanto
en el norte como en el sur de la frontera.
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